Autor: Urbano, Pilar. 
   Javier, cuando vuelvas…     
 
 ABC.    16/11/1979.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. VIERNES. 16 DE NOVIEMBRE DE 1979. PAG. 5.

Hilo directo

JAVIER, CUANDO VUELVAS...

Querido Javier: ¿Cómo estás? Esta pregunta, tan trivial, es desde hace dias como un rejón caliente y doloroso en el cerebro y en el corazón de lo» tuyo». Díles, a esos que están contigo, diles que a tu gente le bastaría una palabra tuya, un indicio fiable, un garabato, «estoy bien», de tu puño y letra...

• He estado en tu casa esta mañana. Tu casa de siempre en Alberto Bosch. Ya sabes: El ascensor oval y renqueante. El felpudo gastado. Los ladridos de «Oscar», e1 perro polaco aquel que te trajiste de Varsovia... y que también te echa de menos. Tu madre. Tu madre sonríe, me hace un café bien cargado, y se va a una salita a escuchar por enésima vez la cinta con las palabras de Juan Pablo II en español...

«¿Has oído, Pilar? Le nombra dos veces, con su nombre y apellido...» Reza, labios adentro. Sufre, costillas adentro. Se yergue, sentada en el sofá color canela, cada vez que suena el teléfono. ¡El teléfono! En casa de tu madre. Nacho está literalmente cosido al aparatíto rojo. En tu propia casa, se turnan Paloma y Tote, porque Geraldine («Gerry») no está para relaciones pública». Y es que medía España telefonea, preguntando por ti, inquiriendo noticias, dando animes a tu gente. Adolfo Suárez llama varias veces al día y le dice a tu hermano que tengan confianza, que «el Gobierno está desplegando toda suerte de Iniciativas para lograr tu rescato.

• Ministros, diputados de todos los partidos, diplomáticos, periodistas, antiguos compañeros tuyos de El Pilar... ¡Un jubileo! Esta misma mañana, en menos de diez minutos, doce llamadas. ¡Qué se yo! Desde el embajador Giménez Arnáu, hasta la, madre Esperanza, o don Cecilio, el párroco de los Jerónimos, o Ruiz-Giménez. o... Tu madre estaba entretenida con la de Gregorio Peces-Barba. Nacho y yo nos fuimos a tu cuarto «de soltero»: tus cachivaches sobre los anaqueles repletos de libros... la «Summa Artis», el cuadro del «(luce» veneciano, impávido ante tanta consternación sofocada. Yo no quería saber nada del Javier Rupérez, diputado de UCD. Yo quería que me contasen de ese Javier Rupérez que toca la armónica y el piano y se ensimisma escuchando a Brahms... ¿Sabes? Cuando vuelvas tendrás en caga unos discos nuevos de Locatelli. Cuando vuelvas... Porque vas a volver. Pronto, ¿verdad? «La petición no es descabellada... es razonable», le decía tu hermano a un periodista de la SER, por teléfono, claro. Y el de la radio debió contestarle algo así como que «cinco, o cuatro, o tres etarras enfermos no son precisamente un botín de guerra, ni un reforzamiento de sus filas...

esos "tíos" se irían, de la celda, a la cama...» Y Nacho: «La firmeza del Gobierno no tiene porqué ser intransigencia. Cuando está en juego la vida de un hombre inocente y honesto, se puede pagar cierto precio sin ser tachados de débiles.» Y poco después, a un político amigo que preguntaba «si había negociaciones en marcha»; «debe haber algunos contactos, algún tipo de presiones, pero no tengo datos de negociación ninguna... No, ETA no nos ha llamado... Yo he pedido, he suplicado, algún indicio de que Javier está bien... porque la verdad es que nos hemos cogido a la esperanza, como a un clavo ardiendo; pero, ¿qué sabemos de mi hermano? ¡Nada de nada!»

• Geraldine, vaqueros y blusa de flores, está con tu hija, Marta. Nadie la ha visto llorar. Pero en el fondo de sus ojos hay una mansa mañana de tristeza. Va y viene en silencio por la casa, como una «dama gótica» cuyo caballero se hubiese ido a la guerra. Quizá Intuye que tú, ahora mismo, te sientes exactamente así: prisionero de una extraña guerra, rehén de un pago que te sobrepasa... «No tiene miedo.

Nunca lo tuvo. Quizá por eso le gusta tanto volar. Ya sabes —me contaba Nacho— se hizo piloto en Burgos... Entonce», allá, arriba, entre las nubes, comprendió & Saint-Exupéry... No. no me preocupa su miedo. Pienso en sí tendrá frío, si tendré hambre, si estará incómodo...» Sobre un» mesita, un grueso libro de David Halberstam «The powers that be». Se lo prestaste a tu hermano el jueves por la noche, en tu despacho de UCD. El te llevó «Castilla», de Delibes, y volvió a recordarte que le interesaban las «Memorias de Kissinger». No te olvides, ¿eh?, en cuanto vuelvas... Porque vas a volver. Pronto, ¿verdad?

• No sabía yo de tus aficiones hortelanas, ni de los tomates y pepinos y calabazas que entre «Gerry» y tú habéis sembrado en el campito de Puebla de Almenara» tu pueblo de origen, «Gerry» acaba de telefonear.

Pide una estufa de 220 W. para los policías que montan guardia permanente en el portal. Dice que la pequeña Marte está bien. «Recuerdo —sigue diciéndome Nacho, aún con el teléfono en la mano—

que cuando el "caso Aldo Moro", y cuando "lo de Gaby Cisneros", hablamos mucho Javier y yo sobre el terrorismo. Me impresionó una cosa que me dijo; "No hay víctimas apropiadas o ínapropiadas para la violencia. Ningún hombre inocente merece morir. Ningún hombre inocente merece ser secuestrado o coaccionado o maltratado." Y entonces me comentó socráticamente "La peste", de Albert Camus: "El problema de la virtud o de la maldad es un problema de conocimiento. El hombre que mata... es un hombre equivocado, un hombre que no sabe...".»

• Tu madre dice que está segura de que rezas, «Esté donde esté, mi hijo está rezando. El tiene, fe. El cree en Dios...» Y pare demostrármelo, ¿sabes qué hace? ¡Ríete! ¡Me enseña una fotografía en 1» que estás inclinado besando el anillo * Pablo VI! Empieza entonces la sesión «álbum de fotos». De tu boda, en la iglesia de Monte Saléve, donde también se casó Verdi. en Collonges-Sous-Saléve un día áz primavera... y de tus tiempos de diplomático bisoño en Finlandia, en Suiza, en Etiopía, en Polonia. ¿Fue entonces cuando conociste al arzobispo de Cracovia. Karol Wojtyla?

Ha llamado Irene, la mujer de Gaby Cisneros. Ellos sienten tu ausencia y 1a zozobra, de tu familia, casi como un zarpazo incandescente. «Yo tuve más suerte. Yo corrí. Yo me escapé...», me confesaba Gaby el otro día. Y agregó algo inusitado, algo confidencial y muy sincero: «Sentirme ahora libre y sano y salvo... no sé... me parece un terrible egoísmo.»

• Dicen (yo no sé nada, pero... dicen) que tú tenías datos de las intríngulis internacionales de ETA. Y que habías intentado, alguna vez, ciertos «contactos» con cabecillas etarras en el País Vasco...

Nacho mueve I» cabeza vigorosamente de izquierda a derecha y de derecha a Izquierda: «Nada de eso. Javier no entraba ni salía en cuestiones de ETA. Me hubiese dicho algo, alguna vez...Un día hablamos del terrorismo de ETA. Afirmó que era «el» problema, asi, escuetamente, en singular. Y que la solución de todos los demas vendrían después, en cadena y por añadidura.»

• Hace frío y sol esta mañana madrileña. El café se ha enfriado en la taza rosa. La vieja lámpara de cristal violeta se refleja en el espejo oval de la salita, el que tiene un ramillete de floréenlas esmaltadas a fuego, ¿sabes cuál te digo? Abro tu libro «Entre el miedo y la esperanza» y leo «esa paz no será más que un peligroso sueño si no es una paz continuamente renegociada, abierta a la discusión...». Hablaremos de esto cuando vuelvas, Javier. Porque vas a volver. Pronto, ¿verdad?— Pilar URBANO.

 

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