Ante la legalización del maximo enemigo de la libertad     
 
 ABC.    01/02/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ANTE LA LEGALIZACIÓN DEL MAXIMO ENEMIGO DE LA LIBERTAD

Los tópicos propagandistas se caracterizan por su martilleante repetición y por su marca de fábrica. Uno

de esos tópicos, reiteradísimo en los últimos meses de el de «oposición democrática.» ¿Qué elementos se

agrupan bajo este título? Un colega de la mañana nos ofrecía muy recientemente una definición gráfica:

una muchedumbre con el puño en alto, salpicada de brazaletes rojos, con algún que otro símbolo de la hoz

y el martillo. Y entre los asistentes más significativos los nombres de Carrillo y Camacho. Cuando se

publican listas de esa presunta «oposición democrática" suelen figurar en lugar destacado el «Partido

Comunista» y sus compañeros de viaje. En este contexto, cualquiera que se resista al lavado de cerebro

tiene que preguntarse si es mínimamente adecuado este uso del calificativo «democrático».

Los países del Este se autotitulan «democracias socialistas»; pero también hay ciertos bebestibles

sudafricanos que se llaman Jerez. No es difícil imaginar qué pensará el ciudadano de la República Federal

Alemana cuando vea que del otro lado del «telón de acero» se encuentra un Estado que se apellida

República Democrática Popular de Alemania; en e! cual la férrea disciplina teutónica ha elevado a la

enésima potencia la dictadura soviética. Para salir de esa «democracia popular», como de todas las demás,

hay que salvar fosos, alambradas de alta tensión, campos de minas, muros de hormigón, barreras de

ametralladoras y jaurías de perros. ¡Una lección de la libertad de comunicación que nuestro Vitoria

consideraba como un derecho natural! Es la democracia como campo de concentración.

Es un sarcasmo atroz que se llame demócrata al comunismo. El comunismo es lo más totalitario y

antidemocrático que existe en el mundo: pretende imponerse en todo el planeta y a todas las gentes, aspira

a ser la única Ideología y la única alternativa política, sólo admite un partido y un único titular de todos

los poderes, de todos los medios de comunicación, de todas las aulas y de toda la propiedad. Es un

despótico monopolio de los bienes, los cuerpos y las mentes. Y el destino del heroico y excepcional

discrepante es el Archipiélago Gulag, el manicomio o, en casos de notoriedad mundial, el ostracismo y la

difamación. Desde que en 1918 se instauró el primer Estado comunista ninguno de esta especie ha sido

relevado, salvo por las armas. El comunismo, aniquilador de las disidencias, es irreversible. En resumen:

todo para el «P. C.» Es el totalitarismo supremo.

Quien nos predique que el comunismo es democrático o es un deficiente mental o es un corredor

comercial del leninismo. La insuperable marca histórica de la publicidad, la propaganda límite es afirmar

que el comunismo es «democrático». Por cierto que uno de estos plusmarquistas escribe «Oposición» con

mayúscula, quizá con ánimo de magnificación o de pleitesía. Pero, en cambio, escribe «democrática», lo

cual nos hace pensar que la ortografía le ha traicionado, revelando que todavía subsiste un cierto pudor

verbal en su subconsciente, el cual se niega a democratizar a la dictadura totalitaria por excelencia.

Somos contrarios a. la legalización del «Partido Comunista» porque sus hechos y su programa se

convierten en el máximo enemigo de la libertad. Pero comprendemos que haya quien preconice su

reconocimiento. Lo inadmisible es que se intente presentárnoslo como democrático, porque esto ya no es

un problema prudencial; es un atentado contra la lógica y contra la evidencia.

 

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