Interrogantes y paréntesis     
 
 Diario 16.    28/11/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Interrogantes y paréntesis

¿Qué prepara ETA (p-m) después de transcurridos diecisiete días del secuestro de Javier Rupérez? ¿Qué cabe augurar del aparente silencio observado en estas últimas jornadas po ETA (m), obligada a mantener una puja de prestigio en el terror sobre los vascos y sobre el resto de los españoles?

¿Estamos en vísperas de la liberación de Javier Rupérez, una vez hallado el camino preciso entre la firmeza y la intransigencia? O, por el contrario, ¿un nuevo secuestrado se unirá pronto al que hasta ahora mantienen en su poder los etarras (p-m)? En este último supuesto, ¿qué solidaridades podrían movilizarse después de las conseguidas hasta ahora?

Si el país ha digerido los asesinatos de ciudadanos, de obreros, de profesionales, de policías, de guardias civiles, de altos mandos militares, ¿por qué no habría de asumir como otro factor cotidiano la proliferación de los secuestros? ¿Cabe pensar, por ejemplo, que el Papa introduzca cada semana en su audiencia pública un ruego por el secuestrado español de turno? Para todos estos interrogantes ETA (p-m) y ETA (m) tienen no una, sino varias respuestas alternativas que ponderan distintas hipótesis y circunstancias. Enfrente, ni el Gobierno ni las fuerzas de oposición pasan de contemplar el diluvio que viene mientras el reino de la sutileza y de la puñetería se instalan y cunde la parálisis dialéctica y la operativa. Y nadie se siente concernido de comparecer ante el público.

Y de los interrogantes, vayamos a los paréntesis que anuncia en su actividad parlamentaria Juan María Bandrés en carta al presidente del Congreso y en rueda de prensa, celebrada en el palacio de la Carrera de San Jerónimo.

El paréntesis no impedirá al diputado seguir percibiendo sus emolumentos, ni le privará de la inmunidad de que goza, ni significa —como ha precisado el interesado— obstáculo para que eleve su voz o emita su voto en el Pleno del Congreso o en sus Comisiones cuando considere que deba hacerlo. No se sabe, en definitiva, qué sentido tiene aparte del logro publicitario. Es una muestra más de esas rabietas parlamentarias a las que DIARIO 16 dedicó su editorial de ayer. Pero de las razones de Bandrés nos ocuparemos mañana.

 

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