Le llamaban Ballesteros     
 
 ABC.    03/02/1981.  Página: 4-5. Páginas: 2. Párrafos: 40. 

4/ABC ________________________ OPINIÓN

DOMINGO 3-5-81

Jornada de reflexión

Pedro RODRÍGUEZ

Le llamaban Ballesteros

«Francia nos hace un daño horroroso con su inhibición. "Los siete grandes" de

ETA viven, dirigen y actúan en su territorio»

«Este es el Comité Ejecutivo de ETA, a febrero de 1981: Domingo Iturbe,

"Txomin"; Eugenio Echeveste, "Ántxon"; Múgica Garrnendia, "Paco"; Juan Lorenzo

Lasa, "Txequierdi"; José Luis Ansola, "Pello el Viejo"; Juan Ramón Aramburu y

Juan Ángel Urrutieoechea»

«El policía del Norte» sí sabe por qué muere: incomprendido, solitario,

reconcentrado, sabe que su único amigo es su compañero. Les entra el orgullo

de una casta»

«Respeto y acato la decisión de los Tribunales, pero para mí el abogado Ruiz

Balerdi actuó en nombre de ETA, no de la familia Suñer»

«ETA es una Estado dentro de otro Estado: tienen un soporte social, una Hacienda

y un embrión de Ejército»

«Si confluyeran el rechazo de la sociedad vasca y la beligerancia de Francia, la

Policía acabaría la lucha armada a corto plazo. Pero el sustrato que ha dado

origen al terrorismo de ETA necesitará toda una generación»

«La Policía española ha aceptado la Democracia y está al servicio de toda la

sociedad»

Sale, la gabardina doblada en cuatro sobre el brazo izquierdo,

como un capote, como un tesoro; la corbata, perfecta; el traje como

de notario, irreprochable; las uñas cortadas a lo reglamento, tan lejos

de Poirot, tan lejos de Maigret, apenas un suavísimo acento, un

suavísimo sudor, las suaves miradas de reojo a las lunas de los escaparates, a

ningún policía nos gusta hablar; usted sabe por qué he accedido a esta

entrevista; pero en Inglaterra nadie conoce al jefe de los Servicios de

Información, a ningún periodista se le ocurre sacar su nombre a la calle, no

saben cómo se llama, y si lo saben, no lo dice, pero, en fin; y luego, están los

ojos, ojos de Smiley, eso sí, ojos de página 274 de John Le Carré, ojos

achinados de soñar con «Txomin» o con «Antxon», o de acorralar hermosos

niños rubios nazis, en mi pueblo me llamaban «Manolo el Estudiante», mi pueblo

se llama Pulianillas, muy cerca de Granada y nadie, desde un tío mío, había

estudiado; mi padre salía todos los días a las cinco de la mañana a pie hasta

Granada, era vigilante del servicio de riegos, y luego, a las ocho salía yo,

hasta que en tercero me pude comprar una bicicleta usada; llevaba la cestita de

mimbre con la comida, y por el verano iba a la recogida de aceituna, hasta que

empecé Derecho, y luego está, aquí, en Sol, el despacho, el viejísimo des-

pacho de las viejísimas cortina, las viejísimas maderas, el viejísimo

barómetro, con los viejísimos medallones desde los que Canalejas,

Dato, yo qué sé, se pasan ¡as madrugadas y los sábados y los domingos viendo a

Manuel Ballesteros, 46, dos hijas, no quisiera que se me rompiera mi vida

familiar, el comisario más joven de la Historia, el jefe principal más joven de

la Historia, el jefe superior más joven de la Historia, el comisario general más

joven de la Historia, el primer jefe antiterrorista de España, mister ETA, yo

tenía la ilusión de estos chavales, de mis veinte años, la sobaquera, la placa,

ya sabe usted, cuando me mandaron a la zona minera, a Aviles, y allí en

las noches de guardia me quedaba leyendo «El Capital», como en Valencia, cuando

los follones de la Universidad me puse a leer a Marcusse, la voz muy queda, la

mirada muy baja, sentado en el borde del viejo sillón, creo que nos van a dar un

edificio para nosotros solos, como cuando pudo cambiar la bicicleta usada por

una nueva, hasta que tú, maldita sea, le has tenido que preguntar, qué falta

hacía, eso:

— ¿El problema, Ballesteros, no es que ETA sabe por qué muere, o cree saberlo, y

los policías no?

El horroroso daño de Francia

— No, no. Yo no hablo de otros cuerpos, pero mis hombres saben por qué mueren en

el Norte. La prueba es que la mayoría escoge seguir allí. Tienen muy claro que

son la vanguardia de la sociedad, los seleccionados en esa guerra. Sí, saben por

qué mueren, ya lo creo. Pero el tema de «el policía del Norte» es otro: los

hombres del Norte ocupan, en principio, unas plazas que nadie quiere. Van las

últimas promociones y los últimos de cada promoción, porque, lógicamente, los

primeros van escogiendo otras zonas, aunque haya excepciones, no pocas, de

primeros de promoción que inmediatamente piden «Norte».

Pero una vez allí, esos muchachos van entrando en la dinámica, aguantan lo

inaguantable: el ser un incomprendido, un solitario, el no poder tener

relaciones sociales. Se va reconcentrando, haciendo un introvertido, de

veintitantos años, raro, sin otro consuelo que una copa por las noches,

sabiendo que su , único amigo es su compañero. Y, entonces, se convierten en los

mejores. Les entra el orgullo. Se transforman en una casta dentro de la

profesión: en «los vascos», como dentro del Ejército hubo una «élite» de «los

africanos»; y, ya le digo, es cuando empiezan a saber por qué mueren y a pensar

que España les debe algo.

— ¿Y tienen, Ballesteros, claro el papel de la Policía española en 1981?

— Sí. Al menos, yo, sí: un Cuerpo total y rigurosamente profesional entregado a

toda la sociedad, sin distinción de colores, grupos o clases sociales, dentro

de un Estado democrático. La Policía española ha aceptado la Democracia. Lo

tenemos muy claro.

— Entremos en el Norte: ¿quién está ayudando el terrorismo ETA?

— Bueno... Para empezar, ningún fenómeno terrorista puede subsistir sin apoyos.

ETA tiene un cierto apoyo de parte de la sociedad vasca que entiende que ha sido

marginada históricamente, que cree que sus derechos han sido pisoteados y su

cultura repudiada por el centralismo. Normalmente, el policía que va al Norte no

entiende esta última parte, ve que se habla libremente el idioma éusquera, no ve

los Fueros pisoteados; pero ese es, otro tema. Supongo que usted me preguntaba

quién está detrás, qué país hay ayudando a ETA. Bueno, los policías lo

suponemos, incluso lo sabemos, pero no tenemos pruebas. Es un hecho que ETA se

ha entrenado en Libia, en Argelia, en Líbano, en Yemen del Sur, y ahora está

entrenándose en las guerrillas de El Salvador y de Nicaragua. La conclusión

salta a la vista, nos guste o no: se trata de países en la órbita de Moscú, con

regímenes marxistas.

— ¿Y Francia, Ballesteros? ¿De verdad es tanto el daño como dicen nuestros

Gobiernos...?

(Y, entonces, se levanta, se ajusta los puños como buscando una paloma, se oye

el cric-crac de la llave en el cajón, y EI-Hombre-Contra-ETA regresa con una

cuartilla como una bandera blanca.)

Cuando nos dicen «Tenéis que matarlos»

—Francia no nos ataca, por supuesto. Pero nos está haciendo un

daño horroroso con su inhibición.

Los órganos directivos de ETA están en territorio francés, su estructura está

allí, la cabeza dirige desde allí. Mire usted: en esta cuartilla está el

organigrama, la cúpula de ETA, a febrero de 1981; me refiero a ETA militar,

desde luego. El Comité ejecutivo lo forman Domingo Iturbe, «Txomin»; Eugenio

Echeveste, «Ántxon»; Múgica Garmendia, «Paco»; Juan Lorenzo Lasa, «Txequierdi»;

José Luis Ansola, «Pello el Viejo»; Juan Ramón Aramburu y Juan Ángel

Urrutieoechea. Son «los siete grandes». Bueno, pues los siete residen

normalmente en Francia.

Esta cabeza tiene tres ramas: el Aparato Político, el Aparato Militar y el

Aparato Internacional. El Político lo manda «Ántxon», con una oficina de

propaganda en la que está Eloy Uriarte, que lleva el departamento de Prensa. El

Aparato Militar lo dirige Iturbe Abasólo, «Txomin», con Juan Lorenzo Lasa como

jefe de los comandos especiales. El Internacional está a las órdenes de

Urrutieoechea y tiene de segundo a Francisco Javier Larreategui.

Los comandos ilegales los dirige, como le digo, Lasa, y los legales, Múgica

Garrnendia. En fin, en los comandos ilegales hay subdivisiones operativas para

la margen izquierda de la ría de Vizcaya, Eibar, Álava, Guipúzcoa, y otro para

Madrid y resto de España. Luego, en los apéndices está la Logística, a

cargo de Gararde; los mugalaris para el paso de fronteras, y están las Finanzas,

que dirige Ibarguren Aguirre. Bien. Repito: una organización terrorista de

envergadura, y ETA lo es, es un Estado dentro de otro Estado. Y ETA funciona,

vive y se organiza dentro del Estado francés. Usted me preguntaba por el apoyo

de la sociedad vasca. Sin apoyo de la sociedad vasca la Policía terminaría con

ETA, incluso aunque algún partido legalizado la apoyara. Pero también

necesitamos que se acabe la tolerancia francesa.

—Llegamos a una triste conclusión, Ballesteros: que las fórmulas políticas están

agotadas en Euzkadi.

—Bueno, no me corresponde el tema; pero, desde luego, es para pensar que quedan

muy pocas. Mi opinión personalísima es que con el Estatuto el País Vasco ha

recibido, básicamente, todo lo que un Estado democrático puede dar dentro del

Derecho. O al menos hay que pensar que la sociedad vasca está muy cerca de haber

recibido todo aquello que se puede dar sin atentar a la unidad del Estado

español. Pero ya le digo: ése no es mi tema.

—¿Qué es lo más escalofriante que ha descubierto en ETA?

—No sé... Quizá la frialdad con que un comando legal recibe una orden de Txomin»

de «ejecutar» a alguien, como ellos dicen. Lo trágico es que no preguntan por

qué van a matar, por qué tienen que matar, por ejemplo, a un vecino, amigo de

siempre, con el que están cansados de chatear. Simplemente, pasan a Francia,

recogen la orden, se acercan a él, lo matan y se vuelven a casa tranquilamente.

Es la más horrorosa falta de libertad para pensar, para rebelarse, para decidir.

Es el fatalismo por el fatalismo.

—La pregunta, Ballesteros, es por qué, por qué demonios, el terrorista no muere

nunca, o casi nunca...

—Bueno, en principio ETA no corre riesgos. Actúa siempre con márgenes de

seguridad enormes. No se mete en ratoneras. No necesito explicarle que no hay

posibilidad de meter infiltrados en ETA; y sí, en cambio, en GRAPO y ya no

digamos en la «extrema derecha».

El terrorista casi nunca muere, efectivamente. Cuando nosotros llegamos al

etarra es siempre por investigación. Lo sorprendes, lo detienes, y va desarmado.

Cuando te lo tropiezas de improviso, en cambio, es cuando va armado, y la

peor parte le toca normalmente a la Guardia Civil, con las emboscadas. Pero el

comando legal tiene siempre su armamento y su dotación en el «zulo», o en un

tonel de uralita en el monté. Reciben la orden de actuar y una hora antes roban

un coche, van al «zulo» o al tonel, cogen las armas, actúan y vuelven a dejar el

armamento.

Claro, nosotros muchas veces sabemos que van a actuar, pero no podemos

permitirnos el lujo de darles carrete porque se pueden despistar y cometer el

asesinato. Los tenemos que coger antes, y antes van siempre desarmados. Y

un policía no mata jamás a un señor desarmado, sea terrorista o no. Es lo que

tenemos que contestar cuando vienen a apremiarnos, «Tenéis que matarlos»,

incluso gente de izquierdas.

(Juraría que se le ha ensombrecido la cara, como a Smiley, como el 23 de

febrero, cuando quince minutos después de entrar Tejero atraviesan las barreras

Ballesteros y Dopico. Tejero dice: «Hola, Manolo», y Ballesteros contesta: ¿Pero

qué pasa, Antonio?» «Nos conocimos en San Sebastián. El era el comandante de la

Guardia Civil, yo el comisario. Habíamos cenado algunas veces, de matrimonios.

Nos vio entrar, sabía que estábamos dimitidos y debió pensar otra cosa. Luego,

salimos, e informamos a Laína y seguimos trabajando»...)

Una generación, toda una generación...

— Sí, bueno. Normalmente, el etarra cuando lo interrogas y le vas echando encima

datos y pruebas, se hunde, se ya derrotando. También existe mucho el caso del

etarra que lo cuenta todo por fanatismo, por presumir, por iluminado. No,

nosotros estamos utilizando toda esa información. Lo que ocurre es que hasta

ahora había muy poca. Yo he comprendido siempre el idealismo del etarra. Al

niño vasco se le han proporcionado, en general, desde hace mucho, los

sentimientos clásicos de la .frustración de su raza, el sentimiento del

territorio ocupado, de los invasores castellanos. No entro ni salgo en la

justicia o no de esos sentimientos, pero el niño vasco crece con ellos desde

las «ikastolas» y siempre son sentimientos proporcionados por sectores

influyentes, como el cura o el maestro. .

—¿ETA trata de exportar su esquema, su revolución, su terrorismo?

—Lo intenta. ETA tiene un objetivo final que es, literalmente, «un modelo de

sociedad socialista en un País Vasco independiente». Llegar a ese objetivo es

más fácil si el Estado central tiene que atender a sofocar el problema en otras

regiones. Lo que no hace ETA es exportar su organización. Lo que sí hace es

instruir, facilitar armas, técnicas de guerrilla a otros grupos de otras

regiones, como al «Pesan» o a pequeños grupos gallegos.

- ¿Y el dinero, Ballesteros? ¿Qué está pasando con los impuestos, los

secuestros, los intermediarios?

— ETA tiene una excelente Hacienda. Ya le he dicho que es un Estado dentro de

otro Estado. Todo grupo terrorista grande lo es. ETA tiene las características

de un miniestado: un soporte social, una recaudación de impuestos, y el embrión

de un Ejército. La organiza-ción cuesta mucho. Hay que mantener a los liberados

y a sus familias, hay que adquirir armamento, coches, pisos...

Los intermediarios, decía usted... Mire, Rodríguez: yo, como español respeto y

acato las decisiones judiciales, pero esta última de la liberación del abogado

Ruiz Balerdi no la comparto. No tengo la menor duda, por supuesto, de la

honestidad dei Tribunal y de que ha actuado libremente en conciencia, pero

permítanme como policía que esté convencido que el señor Ruiz Balerdi actuó en

el secuestro del señor Suñer como representante de ETA. En el caso Suñer hay dos

actuaciones de abogados. Una, del señor, Ortiz Cañábate, correcta, rreprochable,

en nombre de la familia. Y otra, la del señor Ruiz Balerdi, que no actúa como

representante de la familia, sino de ETA. Estos son mis datos como jefe del

Mando Antiterrorista; y eso, para mí, es «cooperación con banda armada».

—¿Y cuál es el final de esta pesadilla; Ballesteros? ¿La «tierra

quemada» de la derecha o, bueno, la tesis de la izquierda de que ETA

acabará el día de mañana entregándose, viniendo aquí, a este

despachó de los medallones o al nuevo que le pongan y tirando sus

metralletas encima de la mesa le dirán: querido señor Ballesteros, no

va más, nos retiramos...?

—Ninguna de las dos, claro. En el puro terreno de los principios caben todos los

pactos, pero me parece imposible la retirada de ETA. La gente se olvida que la

mayoría de los elementos que integran ETA son ya, de por vida, pistoleros. Por

encima de su idealismo, de sus supuestas motivaciones, se han acostumbrado ya a

vivir del crimen y a punta de pistola. Las organizaciones políticas que traten

de respaldar a ETA no deben de olvidar que los hijos de la revolución devorarán

siempre a sus padres. Que después de diez o quince años de estar viviendo

liberados, de un sueldo y una «browning», o una «stern», o ahora de un «cetme»,

ya no saben hacer otra cosa ni quieren hacerla.

(Y de pronto te das cuenta que en la vieja biblioteca de Dato y Canalejas, entre

los libros despeluchados por cien años de terror, hay uno: «Inside Story»; y

entonces, vas y le preguntas, Manuel Ballesteros, 46, si el Estado tiene derecho

a defenderse. ¿Usted me entiende, Ballesteros, usted me entiende?)

—Yo creo que la pena de muerte nos repugna a todos, Rodríguez. Sólo cuando un

Estado está desesperado, acorralado; como única medida de supervivencia. Pero no

es el caso. No es necesaria la pena de muerte, no debe serlo, en una sociedad

democrática, al menos si en esa sociedad hubiera consenso para acabar con

el terrorismo. Yo veo un rayo de luz: el Estado se está dando cuenta, antes no,

que al terrorismo hay que atacarlo desde todos los ángulos.

Que la Policía es sólo una parcela, la de delante. Que estamos ante un cáncer y

que la decisión fundamental es saber coordinar el esfuerzo del país. Pero que

tampoco estamos ante un imposible: si confluyeran el rechazo de la sociedad

vasca al terrorismo, y está empezando a producirse, y confluyeran nuestros

vecinos los franceses, que se produjeran con beligerancia, yo le aseguro que el

plazo para acabar con la lucha armada sería corto. Eso sí: borrar el sustrato

espiritual que ha hado origen al terrorismo español, eso, necesitamos una

generación...

(Entonces se pone de pie y coge la gabardina como la bicicleta para empezar el

interminable viaje hasta Granada...)

 

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