Autor: Urbano, Pilar. 
   "En algún momento pensé que me mataban"     
 
 ABC.    13/12/1979.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Hilo directo

«EN ALGÚN MOMENTO PENSE QUE ME MATABAN»

Lo supo por la noche, en el mismo momento en que le metieron en el coche le dieron unas pastillas de inducción al sueño, le encapucharon y le dijeron: «Javier, te vamos a soltar.» Recuerda, en nebulosa, que «viajaron en coche muchas horas.,.» o se le hicieron largas. Como a la ida, aquel domingo del secuestro.

«También entonces me dieron pastillas de no sé qué y me dejaron medio "groggy".» Lleva unos vaqueros nuevos, zapatillas «tenis», camisa azul, jersey marrón y una manta encuna. Luego..., la «película» de la gasolinera, la Guardia Civil, el cuartelillo de la Agrupación de Tráfico... Allí le dan cafe caliente y un anorak. Pide ana maquinilla de afeitar. Telefonea a su hermano Nacho. Y a Geraldine. Amanece, Geraldine, Gerry, le habla en inglés. Luego ella comentará: «Me sorprendió su normalidad. Como si no hubiese pasado nada. Como si no hiciera un mes... Era ¡muy él!» Gerry despierta a su hija Marta.

«¡Vamos a esperar a papá, que vuelve ya de viaje!» Y Marta que, sin acabar de entender, oye: «Estaba enfadado porque tardábamos en ir a recogerle», «dice que ha pasado frió en la carretera», «estará muerto de hambre..,», va a la despensa, coge una galleta y se la mete en el bolsillo: «Para papá.»

La familia acude a la Moncloa. Javier llega a las diez y media. Hay algunos diputados centristas en el jardín, aguardando. Y la nube de fotógrafos. Guadalupe Ruiz Giménez, esposa del ministro Arias Salgado y miembro del Comité de Liberación, está allí también. Es ella la que cuenta algunos detalles «del largo mes de captura»: «Javier no ha visto —dice— en ningún momento los rostros de sus captores. Siempre que estaban con él iban encapuchados.» Ha padecido la ingratísima desazón de quien no ha contemplado un rostro humano en treinta días. V, sin embargo, ha estado con hombres que se movían, hablaban, le interrogaban, actuaban, decidían sobre su destino, junto a él,".. También se le notaba algo anquilosado: ha sido un encierro en espacio cerrado, sin posibilidad de movimientos. Apenas lo imprescindible. Sentado o tumbado todo el tiempo. Y sin referencia de tiempo. A oscuras o con luz eléctrica. Ignoraba el día en qué estábamos. Ha vuelto a fumar. Está más delgado. En algún momento pensó que le mataban. Rupérez contó que su sensación de soledad era tremenda. «Y cuando me dejaban periódicos estaban recortados, de varios días, atrasados...» Esta es una de las más lacerantes experiencias del encierro: la falta de respuestas y contactos con el exterior conocido, no saber dónde está uno, ni cuánto tiempo lleva allí, ni qué pasa fuera..., ni qué va a suceder mañana..., ni si habrá mañana. Algo sorprendentemente idéntico a lo que relataba Antonio María Oriol, hace tres años y un día, después de su secuestro.

En la calle, mientras Fernando Abril declara: «No ha sido una batalla ganada por el Gobierno, sino por el sistema, por la democracia», la gente, la gente política, empieza a hacer cabalas con «el precio». «De la prisión de Martutene, en San Sebastián, han excarcelado a cuatro "tipos"... ¡Seguro que es parte del canje!» Investigo. Enrique Galavís. director general de Prisiones me asegura: «De los 157 presos de ETA no ha salido ninguno.» ¿Quiénes son esos cuatro de Martutene? ¿por qué han salido de la cárcel? Se me da esta información: «No son condenados. Estaban en prisión preventiva, pendientes de juicio. Son «presuntos» todavía. Detenidos el 22 de noviembre pasado, en relación con el asesinato de un guarda forestal. El Juzgado de Instrucción número 2 de San Sebastián remitió el informe al decano de Madrid y éste al Juzgado Central número 2, que ha ordenado su libertad provisional. Peco no tienen nada que ver con la liberación de Rupérez ni con las demandas de ETA.»—Pilar URBANO.

 

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