Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Manuel Fraga Iribarne     
 
    Página: 13-15. Páginas: 3. Párrafos: 36. 

DIÁLOGOS CONSTITUYENTES

Por Jaime CAMPMANY

Manuel Fraga Iribarne

«La Monarquía ha demostrado que es capaz no sólo de traer la democracia, sino de

promoverla»

«Somos partidarios de dar al Monarca una función moderadora, a salvo de los

embates de la política»

«Hay que discutir y mejorar la Constitución, pero, una vez aprobada, tenemos que

ponerla todos sobre nuestra cabeza»

«Ha predominado el consenso por primera vez en la Historia de España»

Mal asunto. Ha habido un equivoco entre su secretaria y yo, y llego con media

hora de retraso sobre el momento en que me esperaba, «Perdona. Yo entendí

que...» «No te preocupes. ¡Adelante!» Está en un despacho blanco, luminoso,

moderno, en donde se amontonan libros, folletos, pasquines, carpetas. Ni un solo

recreo para los ojos. Los ojos, a los pa

peles. No me da un respiro ni para mirar el escenario. «Pregunta, pregunta, nos

queda poco tiempo. Tampoco él se concede respiro mientras habla. Debe de ser la

pesadilla de los taquígrafos.

Le salen las ideas a borbotones. Le salen las ideas de los labios, de la manga,

de los bolsillos, de los ojos, de las manos, de las orejas, de los tirantes...

Pero jamás pierde la ilación del discurso. Tiene la cabeza perfectamente

organizada, la memoria, el entendimiento. La voluntad. No se detiene ni un

segundo a recordar una fecha, a elegir un nombre, a escoger un ejemplo. De

pronto se pone a hablar de España como Nación, de la unidad esencial de España,

y entonces se convierte su palabra en un río caudal, en una catarata

incontenible. Es el Amazonas, el Niágara, el Igauzú. Es como si se te viniera

encima el racimo de piedra de las alturas de Macchu Picchu. Te das cuenta en

seguida de que tiene vitalidad para estudiarse tres Constituciones, leer las

obras completas de Menéndez Pelayo, el «Libro Blanco» sobre la autonomía de

Escocia.) devorar cuatro bogavantes, bañarse en las aguas difamadas de

Palomares, pronunciar tres discursos y bailar la muñeira, el aurresku y la jota

aragonesa. Todo en el mismo día. Y guardar tiempo para hacer los doce trabajos

de Hércules. No es un ser normal. Es una fuerza desatada de la Naturaleza.

-¿Hay en la Constitución algún punto con el que estés radicalmente disconforme?

-Esa pregunta digamos que esta contestada oficialmente. Yo he presentado un voto

particular, extenso, a la Constitución, que con tiene algunos matices de los que

podemos ahora hacer grada, pero que encierra una cuestión fundamental: al uso de

la palabra «nacionalidades» en vez del uso exclusivo de la expresión «regiones

autónomas», que es el que yo creo oportuno, y una enmienda a la totalidad del

Título VIII, que se ocupa justamente de esto tanto de las autonomías regionales.

Para mí es ésta la cuestión mas importante de la Constitución, la que va a

determinar su éxito o su fracaso, que salgamos de ahí con una Constitución para

años, o, por el contrario, con un pleito que puede llevarnos muy lejos en

enfrentamlentos civiles. Esa es mi discrepancia fundamental. Tengo la esperanza

de que eso se revise en la Comisión o en el Pleno del Congreso. En lo demás he

sido hombre de consenso; lo he cultivado a fondo,

creo que desde las actitudes humanas hasta las intelectuales. Nadie negará que

yo, en eso,

he hecho un esfuerzo considerable. También es verdad que los demás lo hicieron;

pero en

aquel punto yo no he podido llegar a un compromiso con mi conciencia, y al no

llegar a un

acuerdo con mi conciencia tampoco puedo llegar a un acuerdo con la de los demás

ponentes.

-¿No nay ningún otro punto en el que tengas una disconformidad radical? ¿Crees

que en todos los demás puntos de la Constitución se puede llegar a ese consenso

que tú buscas y que tú pretendes?

-Voy a decirlo de otra manera. Yo redactaría de otro modo cada uno de los

artículos de la Constitución. Es dedr, yo soy de los que han hecho un proyecto

completo de Constitución y de los que, artículo por artículo, han ido haciendo

concesiones. Entiendo que todos los demás artículos son perfectibles, pero

entiendo también que en muchos de ellos ese consenso es posible. En ese punto de

las autonomías debería serlo también, pero las bases sobre las cuales se trabajó

en el primerborrador no eran aceptables para mí. Quiero decir que una

Constitucion, como es natural, comprende una serie de temas muy diversos;

no hay ninguno de ellos que no sea importante. Una Constitución, ¿qué es en

definitiva?

Pues es, por una parte, un acuerdo básico, en tre las fuerzas sociales y

políticas dominan

tes, de cómo se concibe la organización del país en la actualidad económica,

social, po

lítica, religiosa, etc. Por otra parte, es un acuerdo sobre el proceso político

ulterior, donde se dice: mire usted, esto se puede cambiar, pero con unas reglas

de juego, con una de

terminada rigidez constitucional, con una determinada manera de presentar los

proyectos

o las proposiciones de ley. Es decir, ni es una Constitución pétrea, en la cual

no se sabe

lo que va a pasar después, como fue la de Cánovas, que dijo que se le había

olvidado la

cláusula de revisión, ni es tampoco una Constitución que se pueda modificar cada

día: una

Constitución totalmente flexible como la que pueden permitirse los Ingleses.

Sobre esos dos

puntos ya hay, claro, una seríe de acuerdos concretos: acuerdos sobre la visión

religiosa,

social, moral de la sociedad. Yo creo que este tema, que fue vidriosísimo en

todas las Constituciones españolas desde la de 1812 hasta la de 1931, es hoy un

tema que se presenta mucho más pacificado, que tiene un consenso mayor. Las

fuerzas de la Izquierda no mantienen una posición radicalmente anticlerical,

aunque no han renunciado a algunos resabios, y las fuerzas que se llaman

integristas del país comprenden que, después del Concilio Vaticano II, tiene que

haber en eso una mayor flexibilidad y que es hora de que los católicos españoles

dejen ese complejo de cristianos viejos, que en el fondo consistía en decir: yo,

como cristiano viejo, hago lo que me da la gana; incluso ser, a veces, mediano

cristiano en ciertos puntos o sexuales o de orden social y, en cambio, soy

intolerante con los demás. Ha llegado el tiempo en que los católicos españoles

digan: voy a exigir más de mí, y voy a ser más tolerante con los otros. Bueno,

creo que hoy, en ese punto, no sera imposible un consenso satisfactorio.

-¿Habrá también consenso sobre el tema de la forma de Estado?

-Pienso que la mayoría de los españoles están convencidos de que volver a la

vieja e infecunda cuestión de plantear la República en un país donde ya ha

fracasado, dos veces y

en el cual, efectivamente, la Monarquía ha demostrado que es perfectamente capaz

de mo

dernidad y no solo de traer la democracia, sino de promoverla, supondría caer en

error

sobre un tema que debe estar superado. Me parece una equivocación gravísima, una

equi

vocación que espero sea rectificada por el Partido Socialista Obrero Español,

plantear

esto como una cuestión fundamental.

-Respecto del modelo económico-social...

-Para mí no tiene duda que. en este momento, España está preparada para un

perfeccionamiento del sistema de la economía libre social de mercado, en el

sentido de escribir con un subrayado inequívoco la palabra «social». Pero no

está preparada mayoritariamente, en modo alguno, para aceptar un planteamiento

socialista, y en ese sentido creo que el proyecto responde a esa concepción,

pero puede y debe ser depurado de alguna» adherencias socializantes que todavía

tiene. Sin embargo, como digo, la palabra «social» puede y debe ser

desarrollada.

-Seguramente hay otros temas...

-Hay cuestiones múltiples: una o dos Cámaras, cómo se compone el Senado, cómo se

articula el Consejo del Poder Judicial, cómo funciona y se organiza el Tribunal

Constitucional, cuáles son los estados de excepción, cuál es la cláusula de

reforma constitucional... Todos son temas importantísimos; pero si se resuelven

bien esos cuatro temas esenciales: planteamiento religiosomoral, forma de

Estado, sistema económicosocial y el que podríamos poner antes de todos, el

sistema de las autonomías, en ese momento pisaremos terreno firme.

Para mí, los otros tres problemas admiten mejor, en este momento, un compromiso

razonable que este problema de las autonomías. Esa es la cuestión fundamental

porque, querido Campmany, hay dos maneras de entender España. En este momento

esas dos maneras están ahí, en la Prensa; están ahí, en los artículos de

revistas; están ahí, en los discursos.

Una manera de entender España, que es la que yo profeso, y pienso que es también

la que aceptarían mayoritariamente los españoles si se les diese la oportunidad

de optar sobre

este asunto, consiste en pensar que España es una nación, es decir, una realidad

sociológica, cultural y no sólo jurídica y política, no sólo un Estado, como

dirían algunos. El Estado español es algo que nace cuando Indivíl y Mandonio,

cuando todas las buenas tribus aquellas empiezan a sentirse más solidarias

frente al peligro griego, frente al peligro romano, frente al peligro

cartaginés, etcétera. Luego, los romanos logran una unificación; pero para eso

hubo que pasar por Numancia y darle a este pueblo una cultura básica de las que

vivimos todos. Porque, en definitiva, salvo el querido idioma de mi pobre madre,

el vasco, todo lo demás es romano y lo entendemos per fectamente desde los

gallegos a los catalanes, desde los catalanes a los castellanos, desde los

castellanos a los andaluces. Todo eso ha producido una lengua universal que ya

no es el castellano, es el español, a la cual han contribuido tanto Cervantes,

que era alcalaino; como ValleInclán, que era gallego; como Capmany y Montpalau,

que era catalán; como Basterra, que era vasco; como Góngora, que era cordobés;

como Pérez Galdós, que era canario. Esa es la lengua que hemos enseñado en

América y en todo el mundo. Con esto no quito nada al respeto por la lengua de

Ausías

March o de mosen Jacinto Verdaguer. Lo que digo ahí está: nosotros somos ya una

gran cul

tura nacional.

Por otra parte, «eso» se perfecciona como reino visigodo; se perfecciona con la

lucha

común contra los árabes; ahí estamos todos luchando juntos en las Navas de

Tolosa;

«eso», después del Compromiso de Caspe, vuela, inevitablemente, hacía la unidad

que

hacen los Reyes Católicos; «eso» se perfecciona con la Nueva Recopilación, con

la Novísima Recopilación y con las empresas de Indias; «eso», en definitiva, nos

lleva a que lo mismo

los conservadores que los liberales han hecho unidad en España: las propias

Cortes de Cádiz

fueron enormemente unificadoras. Este es un proceso absolutamente irreversible.

Ahora

bien, ese proceso puede ser compatible con las especialidades, con una

descentralización,

con una desconcentración, con una autonomía verdadera para las regiones que no

prefieran

un sistema de mancomunidad u otro semejante.

-¿Decías que había dos maneras de entender España. La primera ya la has

explicado. ¿Cuál es la otra?

La de concebir España como un Estado plurinacional, con derecho de

autodeterminación, con un principio de nacionalidades. Eso es otra cosa

completamente distinta, y yo a esa otra cosa no juego ni jugaré mientras pueda

evitarlo. Creo que en eso se está procediendo con una enorme ligereza y, sobre

todo, con unas prisas que son absolutamente intolerables. Vamos a ver. ¿Qué pasó

en España en 1931? Que el mismo 14 de abril, el señor Maciá proclama «l´Estat

Català». El 18 de abril se lo tuvo que tragar. Después hubo que establecer la

Generalidad. Luego, se hace la Constitución. Más tarde se va al Estatuto de

Cataluña del 32, después del famoso proyecto de Nuria. En el 34, ya estaba

planteada la revolución armada, precisamente, a instancias del señor Companys, a

pasar de que ya tenía todo eso del Estatuto, el Estatuto Interno, etcétera. En

el 35, Lerroux tiene que suspender el Estatuto. Lo restablece después el Frente

Popular. Y el 36 ya estamos en la guerra, y llegan el 38 y el 39.

Esas prisas, ¿es que debemos reproducir las? ¿Es que debemos ahora ir con la

misma ligereza? ¿Es que no vamos a aprender; no digo ya de los ingleses, que

llevan estudiando la autonomía para Escocia y para Gales veinte años, sino de

los mismos italianos, que son un pueblo mediterráneo como nosotros y han

estudiado el asunto de las regiones veintiocho

años, desde el 47 hasta que lo desarrollaron? En una palabra: vamos a hablar de

autono

mías, pero en serio. Y esa es mi gran preocupación. Lo que acabo de contarte de

Cataluña

es un ejemplo para darse cuenta de que éste no es un tema para improvisar, y por

eso ahí

es donde yo tengo mis grandes preocupaciones y mis profundas desconfianzas.

Natural

mente, espero que ese asunto se arregle; porque, desde luego, según lo que

hagamos en

ese punto, más que en ningún otro, esta Constitución será medida y juzgada por

los que

nos sucedan.

A la Constitución se han hecho muchas criticas, algunas de ellas especialmente

severas. Son famosas las que ha expuesto en varias ocasiones Julían Marías. ¿Tú

crees que de este texto se puede partir para lograr una Constitución perdurable,

que pueda servir como ejemplo de duración dentro de nuestra alterada historia

constitucional?

-Yo tengo una gran admiración por Julián Marías, cosa que he demostrado

públicamente, porque fui el miembro español del Jurado que le dio un importante

premio europeo. Sus libros me parecen importantísimos, y creo que ha tenido el

gran sentido de mantener la filosofía si no como una «gaya ciencia», que diría

Nietzsche, sí como una ciencia próxima a la vida, como aconsejó su gran maestro

Ortega. Casi todo lo que ha escrito últimamente y, sobre todo, del tema de

nacionalidades y regiones, me parece muy bien. Pero Julián Marías no es un

experto en Derecho Constitucional eso supongo que lo reconocerá él mismo y

muchos de los juicios que ha hecho sobre la Constitución revelan quizás un

conocimiento limitado de estos problemas. Por ejemplo, criticar la expresión

«Estado social». Desde un punto de vista puramente etimológico, se pueden

criticar todas las expresiones que hay en Derecho. La doctrina de la causa, en

Derecho, no quiere decir lo mismo que la doctrina de la causa en Metafísica; y

la doctrina de la posesión tiene un sentido en Derecho y otro distinto, digamos

que en términos

sentimentales. Por eso hay que conocer esa terminología y meterse dentro de

ella. Salvo

el artículo sobre las nacionalidades, que comparto al cien por cien, creo que el

resto de

sus críticas a la Constitución no son profundas y quizás revelan, como digo, un

cierto alejamiento no sólo de la terminología, sino del conjunto de Ja

problemática. Esta Constitución no puede inspirar lo que inspiró la Constitución

de Cádiz. La Constitución de Cádiz nació en el momento de lo que podríamos

llaman el primer amor; no es lo misma tener

el primer enamoramiento que un amor senil después de haber tenido muchos

escarceos y experiencias. Con las Constituciones pasa lo mismo; cuando apareció

ese fenómeno nuevo

de las Constituciones en Francia y en Estados Unidos, la gente se creyó que esa

era la

panacea universal. Pero hoy ya hemos aprendido mucho de las Constituciones, y

con ellas

pasa igual que cuando uno se pone el primer pantalón largo o se compra un

pantalón trein

ta años después. No es lo mismo.

-Entonces, para ti, vale en principio la Constitución.

-Hoy una Constitución no puede ser me dida más que, justamente, en dos

dimensiones: Primera, ¿refleja un consenso básico? Segunda, ¿está redactada por

personas que tengan una idea aproximada de esto y con toda la publicidad

necesaria? Pues las dos circunstancias se dan aquí, salvo en esos dos votos

particulares: el nuestro sobre las nacionalidades, y el de la forma de Estado

del Partido Socialista. En lo demás ha predominado la tendencia al consenso. Eso

ocurre por primera vez en la Historia de España. Todas las demás Constituciones

nacieron o en medio de un conflicto exterior o en medio de un conflicto interno

grave. Así

como la de Bayona la habían hecho los afrancesados con Napoleón, la de 1812 la

hicieron los liberales de Cádiz con unos cuantos liberales más del resto de una

España que entonces no era mayoritariamente liberal; y recordemos que la palabra

«trágala» la inventan los liberales para hablar de la Constitución. Esta

Constitución, derogada por un golpe militar de Femando VII en Valencia el año

14, fue restablecida el año 20 por el golpe militar de Riego, por el Ejército de

Quiroga, que en lugar de embarcarse para América del Sur decidió cambiar el

régimen constitucional. El año 23 es derogada por los «Cien Mil Hijos de San

Luís», y asi estamos constantemente hasta llegar al año 31. La misma

Constitución de Cánovas fue hecha después del golpe de Sagunto. Esta vez en

cambio se está intentante un consenso, primera condición importante

sociológicopolítica que quizá no ha sido suficientemente valorada y produce que

el estilo sea menos directo, sea un estilo más pactado, más moderado; eso no se

ha considerado nunca por la experiencia constitucional como algo malo, sino como

algo bueno. Es, quizá, menos retórica, menos dramática; pero más positiva, es

más realista.

En segundo lugar, no se ha improvisado. La ponencia, buena o mala (algunos

especialistas en el tema estamos allí) ha trabajado durante bastantes meses a

un ritmo importante. Creo que hay un punto de partida razonable, y que las

críticas que se han hecho a la Constitución son, muchas de ellas, fáciles de

contestar.

Se ha dicho, por ejemplo, que la Constitución es demasiado larga. Tiene más o

menos la misma dimensión que el Estatuto de Bayona; es más breve, casi cien

artículos más breve, que la Constitución de Cádiz, y es poco más larga que la

del 31. Pero lo que sabe todo estudiante de historia constitucional es que la

dimensión de las Constituciones tiende a aumentar con el tiempo porque aumentan

las funciones del Estado que, antiguamente, no se ocupaba de muchas cosas de las

que hoy se ocupa. En eso yo he tenido una experiencia muy divertida,

porque, como es natural, en torno a la Constitución se han movido muchos grupos

de presión, en el buen sentido de la palabra; muchas personas vienen a defender

los derechos del niño, o una mayor protección a la Naturaleza, o una definición

mejor de los derechos de la familia en la educación, etc. Todos criticaban la

longitud de la Constitución, pero todos pedían un par de artículos más en el

tema que a ellos le interesaba. Así es como se hacen hoy las Constituciones:

recogiendo los problemas que están vivos, incluso ha habido un pequeño grupo

que se ha movido para pedir que se inscriban en la Constitución los derechos del

ani

mal. Yo creo que España tendría que mejorar su punto de vista sobre los

animales; paro

llegar a preferirlos a los niños, como sucede en algún país, me parece excesivo.

La Cons

titución griega o la de Portugal, recientes las dos, son más largas que el

borrador

nuestro.

Otra crítica que se ha hecho es la contraría: que remite muchos temas a leyes

orgánicas. Pero esto es una vieja tradición constitucional. O hacemos la

Constitución más larga todavía, o una serie de puntos tienen que desarrollarse

por ley orgánica; por ejemplo, una ley electoral. Los de Cádiz me tieron la ley

electoral dentro de la Constitución: fue un error; además, la hicieron demasiado

rígida. Nosotros tendremos que hacer una ley electoral. Lo mismo digo sobre el

Tribunal Constitucional: o hacemos cien artículos sobre el Tribunal

Constitucional, o hacemos seis o siete y remitimos el tema a una ley orgánica.

Las dos críticas se contrarrestan. Cuando leo opiniones ya más reposadas, o más

ponderadas, o más expertas, como, por ejemplo, la del profesor García Pelayo, me

quedó bastante tranquilo de que nos hemos salido del nivel medio que cabía

esperar en un trabajo preparatorio de esta

naturaleza.

-¿Y en cuanto a los poderes del Rey?

Nosotros, como grupo de Alianza Popular, somos claramente monárquicos, somos

claramente partidarios de una Monarquía parlamentaria, somos claramente

partidarios de que se defina ésta de forma que pueda durar y que dé al Monarca

una función moderadora o arbitral, a salvo de los embates mismos de la política.

Consecuentemente con eso nos hemos manifestado en la Ponencia, y nos

manifestamos ahora. Nosotros, ahí, no tenemos problema de ninguna clase salvo

defender, claro, este punto de vista.

-Respecto de la polémica sobre el nombramiento de Jefe de Gobierno: o por parte

del Parlamento, que se lo propone al Rey, o por parte del Rey, que lo propone al

Parlamento...

-Ese es un tema opinable y la verdad es que las dos fórmulas tienen

inconvenientes y

ventajas. Evidentemente, el darle al Rey (a iniciativa para el nombramiento del

jefe del

Consejo de Ministros tiene determinadas ventajas; tiene también el inconveniente

de que

si es rechazada la propuesta eso crea problemas. El Rey, más que proponer

debería

nombrar. Ese es un tema ampliamente opinable, y como opinable hay que dejarlo.

La

verdad es que lo ideal sería que este tema no se planteara. En Inglaterra este

tema no

se plantea; cuando un partido gana las elecciones, el Rey, automáticamente,

llama al

líder del partido vencedor para ofrecerle que sea primer ministro. Por éso

nosotros de

fendimos siempre el sistema mayorítario en las elecciones y el sistema de

simplificación

de partidos políticos a través de una ley electoral adecuada. Mientras exista;

como

existe hoy, con siete u ocho partidos y otros menores, la posibilidad de que una

Cámara

contenga más de una mayoría, esa Interferencia en el nombramiento de primer

ministro será siempre una función muy delicada de ejercer; pero hoy, tal como

están las cosas, posiblemente sea el mal menor. Por eso la solución de ese

problema no vendrá por los poderes del Rey, sino que vendrá, en su día, por la

racionalización del sistema de partidos a través de una ley electoral que

permita llegar a dos o tres partidos, con lo cual la elección sea automática.

-¿encuentras algún punto mas cuyo comentario te parezca Interesante?

-No hay ningún punto que no sea Importante en la Constitución y, por lo tanto,

que no pueda ser polémico. Los rasgos más originales de este texto son, en

primer lugar, la extensión del Titulo donde los derechos y las libertades

públicas quedan regulados, en mi opinión, de una manera muy moderna y muy

inteligente. Ahí surgirán algunos temas delicados en torno al derecho de

familia, a la disolución del matrimonio, etc.; pero en conjunto me parece un

Título bastante bueno, bastante bien trabajado. El Tribunal Constitucional es

otra pieza original; siempre es opinable si la garantía constitucional debe

estar en la jurisdicción ordinaria, en el Tribunal Supremo o un Tribunal

especial, y cómo ha de funcionar éste. La verdad es que, en los últimos tiempos,

la experiencia del Consejo francés ha sido muy buena y en cambio otras

experiencias, han sido menos buenas. Luego, en materia legislativa hay también

algunas cosas modernas muy Interesantes: está el principio de reserva de ley,

para que el Parlamento esté en su sitio, legislando, y el Gobierno en el suyo,

es decir, reglamen

tando, administrando y actuando. Hay una regulación, mucho más perfecta que la

que había hasta ahora, de los decretosleyes, que ahora sí pasan a ser

controlados por el Parlamento, aunque se pueden dictar por razones de urgencia.

Hay una regulación, mucho más perfecta, de la legislación delegada, que es un

tema importantísimo. Creo que también es muy original, y ha quedado muy

equilibrado, el sistema de cómo se define el Poder judicial y su Consejo. Luego

hay unpunto que también está incluido en mi voto particular. Yo creo que la

Constitución ha quedado demasiado flexible, porque el proceso político debe

tener garantías, y yo propongo en mi voto particular que en la posible reforma

de la Constitución se distinga

entre reforma total y reforma parcial, entendiendo por total la que afecta al

conjunto de

las instituciones, o por lo, menos a un Título entero; por ejemplo, al de la

forma de Es

tado, o al de los derechos y libertades, y por reforma parcial la que se limita

a modificar tal o cual articulejo secundado. Yo pido para lo primero una mayor

rigidez, y sobre todo una medida fundamental: que en ese caso hay que disolver

las Cámaras. Porque no es lo mismo decir: esta reforma me parece tan necesaria

que estoy dispuesto a pasar por una nueva elección, que decir: yo lo acuerdo por

mí y ante mí en el Congreso y luego que vaya a referéndum. Hay que redactar el

preámbulo, que espero nos salga literariamente bello e inspirado, y donde

tradicionalmente se pone un poco de retórica. Y quedan las disposiciones finales

y transitorias, que también van a dar mucha guerra y que quedan, como es

natural, para ser redactadas después de la versión definitiva del cuerpo del

proyecto.

-Muchas gracias. Creo que has repasado todo lo esencial de la Constitución y...

-Una última cosa. Creo que la Constitu ción, y este es un punto importante,

depende tanto de los que, modestamente, artesanos del tema, estamos haciéndola,

como de los que luego, ya con mayor distancia, la van a aprobar en las dos

Cámaras. Pero depende también de su presentación. A mí me parece que ha sido

bueno todo lo que ha pasado: la filtración primera, la discusión pública

anticipada, las críticas severas a la Ponencia para hacerle mejorar su trabajo.

Todo eso me parece que ha sido bueno; pero hay un punto en el cual, como dijo ya

don Nicolás Pérez Serrano y no le hicieron caso, cuando se redactó la

Constitución del 31, una vez aprobada tenemos qué considerarla todos la mejor de

las posibles, o por lo menos, la menos mala de las posibles, y defenderla. Y en

ese sentido creo, que hay que incidir desde ahora en los medios de información.

Que la gente, ahora, critique la Constitución, la mejore, influya, escriba a los

parlamentarios para conseguir este u otro punto; pero que luego, al día

siguiente de ser promulgada, diga que ésta es la Ley de todos, que la vamos a

aprender todos y vamos a cumplida todos; porque es después, en los diez, quinde

o veinte años siguientes, cuando se hace realmente la Constitución. Se hace

cumpliéndola todos,

que es lo que hasta ahora no ha pasado en este país. Ahí es donde, a mi juicio,

está la

cuestión fundamental y, en ese sentido, yo te pido, te ruego y te encarezco, que

con tu

trabajo de periodista empieces a hacerlo. Porque desde ahora hay que distinguir

entre

un período en el cual podemos hacerla mejor y otro en el cual debemos aceptarla

sin reservas. Es como el señor que se casa: usted, primero elija bien a su novia

y, des

pués, téngala usted por su mujer para toda la vida Las Constituciones: o nacen

de esta

manera, con esa misma seriedad con qué se deban contraer los matrimonios, o bien

pueden terminar mal como tantos matrimonios que se contraen frivolamente.

Mejoremos

la obra y después cumplámosla todos y respetémosla poniéndola encima de nuestra

cabeza con todas las consecuencias. Ese es, a mi juicio, el punto importante y

es donde está el trabajo de todos los españoles empezando por los que tienen

influencia sobre la opinión pública.

- Pues, nada. Manos a la obra. En mi modestia, claro.

Jaime CAMPMANY

 

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