Autor: Marín, A.. 
 Vida cultural. A B C en Nueva York. 
 Joaquín Calvo Sotelo en el Spanish Institute  :   
 Disertó sobre "Cartas de amor en la literatura y en la vida". 
 ABC.    11/05/1975.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

A B C EN NUEVA YORK, JOAQUÍN CALVO SOTELO, EN EL SPANISH INSUME

Disertó sobre «Cartas de amor en la literatura y en la vida»

Nueva York, 10. (Recibido por télex.) télex.) Tras dictar una serie de conferencias en distintas Universidades del Mediodía de la nación y en California, disertó sobre tema tan sugestivo como «Cartas de amor en la literatura y en la vida», en el Spanish Institute, el dramaturgo y académico español Joaquín Calvo Sotelo, autor, entre otras obras, de «Nueva York en retales».

Los primeros billetes amorosos —señalóse cincelaron en la piedra, luego se escribieron en papiros, para después convertirse en «fenómeno social» con el descubrimiento por China del papel y de la tinta, que calificó de «portadora de la idea del ser humano». Explicó ampliamente cómo es chispa inefable, el amor, ha inspirado tiernos y galantes sentimientos en todas las épocas y estamentos sociales. Se refirió a «La Dorotea», la evocación autobiográfica de Lope de Vega, al paralelismo entre el relato romántico «Ultimas cartas de Jacobo Ortis», de Foscolo, y el «Epistolario de Werther», de Goethe, y a «Manor Lescaut», de Prevost d´Exiles.

También leyó fragmentos de cartas de Musset, de la «barroca» carta «perdida» del caballero de la triste figura a Dulcinea y la transcripción imaginativa de Sancho, de las cambiadas por Abelardo y Eloisa, la serie que va creciendo en apasionamiento, escrita por Fernando VII a su prometida María Cristina en las diversas etapas del viaje de la futura Reina, desde Italia a .Madrid, y la carta despreciativa e hiriente de la patriota quiteña Manuelita Sáenz rechazando el amor de su marido inglés por el del libertador Simón Bolívar. «Este gesto —dijo irónicamente— nos consuela del dolor de la espina que tenemos clavada con la cuestión de Gibraltar.»

Tras señalar el perjuicio causado por la precipitación de la vida actual y por el «teléfono», con su casi monosilábico diálogo de «sí» y «no», al arte de escribir una carta de amor, leyó veinte reglas que los enamorados habrán de tener en cuenta para hacerlo con eficacia. Terminó diciendo que las calamidades que padece el mundo, sacudido por el odio, son de orden transitorio y la Historia se encargará de enterrarlas. Frente a esa transitoriedad —subrayó— habrá siempre en algún rincón del mundo un alma

´¿morada que escribe y otra que aguarda ´´´inte la carta.—A. MARÍN.

 

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