Autor: Ansón Oliart, Luis María. 
   ¿Apóstoles o Apostatas?     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 5. 

¿APOSTÓLES O APOSTATAS?

SOLO hacía tres lustros que los campos de Waterloo habían sepultado con el orgullo infinito del águila napoleónica los principios de la Revolución francesa, cuando un clérigo de espíritu turbio iniciaba la dramática empresa de desenterrarlos fundando, en su defensa, el diario "L´Avenir".

Felicite de Lamennais sostenía que la Revolución había nacido del Evangelio y .que los principios revolucionarios y los católicos no sólo podían armonizarse, sino que se complementaban Con perfecta identidad. Semejante afirmación nacía de una carencia total de base teológica.

Cuando Lamennais publicó la primera parte de su "Essai sur l´indifíerence", el abad de Geneítes comentó: "¡Desgraciado! No sabe el catecismo." Sin embargo, aquel hombre ignorante, solitario y paradójico, fue el encargado de abrir, en Ja ciudad católica, la brecha por la que se introducirían el liberalismo católico y la peligrosísima democracia-cristiana. No escapó al Papa Gregorio XVI la gravedad de las teorías de Lamennais y, a pesar de la escasa altura intelectual del clérigo, condenó el naciente democristianismo en la encíclica "Mirar; vos´´. Se defendió, rebelde, Lamennais publicando "Paroles d´un croyant". E! ´libro también resultó condenado y aquel demócrata-cristiano, •el primero de cierto relieve que recuerda la Historia, quedó separado de la Iglesia y terminó sus días militando en la extrema izquierda política.

Distinto, pero también aleccionador, fue el caso del católico liberal Monta-lembert, que perteneció al grupo de "L´Avenir". En sus célebres discursos de Malinas, después de subrayar la conveniencia de la separación entre la Iglesia y el Estado, añadió estas palabras: "Nosotros aceptamos, nosotros invocamos , los principios y las libertades proclamadas el 89." Al año siguiente. Pío IX promulgaba la "Quánta cura" y el "Syl-labus". .donde, de manera rotunda, condenaba estas dos proposiciones del autor de "Moines d´Occident" y el resto de los postulados democristianos. Pío/IX consideraba, a estos grupos más perniciosos que la ´misma "Commune" y, en varias ocasiones, anunció que estaba, dispuesto, si fuera preciso, a condenarlos cien veces, pues el daño que hacían a la Iglesia era incalculable con "esa doctrina equívoca que, aun repudiando las últimas consecuencias de los errores,- guarda y nutre obstinadamente el primer germen de ellos". En honor de Montalembert y de su compañero de. ideas y de actos. Lacordaire, justo es decir que se sometieron a las palabras del Papa.

Entre los numerosos casos de demócratas-cristianos condenados expresamente por Roma merece destacarse el de los sacerdotes Naudet y Dabry. Ante la doctrina que vertían copiosamente desde "La Justice Social" y ."La Vie Catholique", monseñor Bougoin, obispo de Périgueux, y monseñor Dubourg, arzobispo de Rennes, hicieron una seria advertencia a ambos sacerdotes.

Llevaron éstos la cuestión a Roma y la Congregación del Santo Oficio dictaminó el 13 de febrero de 1908 que "los dos diarios, ´-´La Justice Social" y "La Vie Catholique", son reprobados y condenados.

Los sacerdotes Naudet y Dabry son formal y absolutamente requeridos ¿ara no publicar en adelante, con sus nombres o con seudónimos, .ni esos diarios ni otros ´escritos dé la misma naturaleza, so pena de suspensión "a divinis." Idéntico caso ocurrió con el sacerdote Lemire, ardoroso propugnador de la armonización de los principios de la Revolución francesa con los del cristianismo. Acusado por monseñor Delassus, director de "La Semains Religieuse", Lemire recurrió a Roma.

Allí afirmaron que al decir Delassus que "Lemire había desgarrado y pisoteado su dignidad sacerdotal, el director de la Revista . católica expresa una verdad que muchas gentes piensan y sienten". De igual forma puede enjuiciarse la acción del clérigo Trocha, que, al frente da, "L´Ouest Eclair", sumió en la confusión a los católicos de la Bretaña. Tampoco puede ocultarse ,el dañó producido por la revista demócrata-cristiana "La Quinzaine", dirigida por Fonsegrive, que, en ocasiones, sobrepasó el error para llegar a la blasfemia.

La condenación más espectacular de un grupo demócrata-cristiano fue la que cayó sobre el movimiento "Le Sillón", fundado por Marc Sangnier. Maurras había profetizado el anatema vaticano en su libro "El dilema de Marc Sangnier". Es cierto que "Acción francesa" también resultó condenada años más tarde. Pero hay alguna diferencia. El movimiento maurrasiano fue condenado por supeditar la religión a la política, pero el resto de sus postulados doctrinales resultó íntegramente respetado y doce ,años después, tan sólo, la excomunión fue levantada, hecho casi único en la historia de la Iglesia.

En cambio, a la, democracia-cristiana de Marc Sangnier dedicó Pío X nada menos que toda una encíclica de impecable perfección: "Nuestro cargo apostólico." Anatematizaba el gran Papa santo los conceptos doctrinales democristianos de igualdad, libertad, fraternidad, justicia, dignidad humana origen de la autoridad,´ porque "no se pueden "establecer entre el Evangelio y la Revolución paridades blasfemas". Justo es decir que no todas las democracias-cristianas son condenables. Las que no sostienen los principios de la Revolución francesa y quedan al margen de toda agrupación política desplegando simplemente "una acción benéfica en favor del pueblo" merecen la aprobación vaticana.

Pero quede claro que la Iglesia ,no necesita incorporar las novedades de la Revolución francesa, porque, contó dijo Pío X, "la Iglesia jamás ha traicionado la felicidad del pueblo con alianzas comprometedoras y no tiene que desligarse del pasado, antes bien, le basta anudar con el concurso de los verdaderos obreros de la restauración social, los organismos rotos por la Revolución y adaptarlos, con el mismo espíritu cristiano de que estuvieron animados, al nuevo medio creado por la evolución material de la sociedad contemporánea, porque los verdaderos amigos del pueblo no son revolucionarios ni innovadores, sino tradicionalistas".

¿Qué hicieron los nuevos grupos democristianos surgidos tras la, guerra? ¿Abjuraron de sus excomulgados antecesores ? Todo lo Contrario. Maurice Guérin, el 26 de noviembre de 1944. decía en el primer Congreso de los demócratas-cristianos franceses, que el M. R. P. "encuentra a sus miembros reunidos en torno al movimiento de "L´Avenir" con Lamannais. Lacordaire y Montalembert".

Jacques Maritain se alistaría- en el camino del error. Julio Meinvieille ha escrito un libro titulado "De Lamennais a Maritain" en el que fulmina incuestionablemente la parte heterodoxa del autor de ´ "Cristianismo y democracia". Mauriac. ´´el gran escritor católico", según "L´Humanite", que, con Maritain, se puso de parte de los rojos en la guerra civil .española, añadió a las palabras de Guérin: "No han tenido jamás (los demócratas cristianos) sino una misión aquí abajo, la que Lamennais, el primero, había concebido." No. no había renunciado el grupo de "L´Aube", con Bidault a la cabeza; a las teorías anatematizadas. "Los católicos de izquierda o de extrema izquierda—escribiría Bernanos—me han parecido siempre como los rezagados de la tribu marxista en marcha hacia la tierra prometida.

Exacto. El comunismo. ha utilizado, siempre a la democracia-cristiana como caballo de Troya para introducirse en la ciudad católica y barrenar peligrosísimamente desde dentro. Ahí • está el deslumbrador ejemplo italiano denunciado cien veces por la pluma lumi-.nosa de ´Sánchez Mazas. Y ése es, precisamente, el gran peligro del democris-tianismo: que no, lucha contra el mal, sino que le hace proposiciones. Un buen conocedor de los demócratas-cristianos, Havard de la Montagne, después de abundar en estas mismas opiniones, concluye diciéndoles con justicia implacable: "No sois los únicos culpables, pero la falta del cristiano es mayor porque él tiene mayores obligaciones. Y vosotros habéis´ obrado torpemente. Habéis hecho el mal."

Luis María ANSON

 

< Volver