Autor: Ansón Oliart, Luis María. 
   "Catolicismo de izquierdas"     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 6. 

«CATOLICISMO DE IZQUIERDAS»

RECIENTEMENTE la revista francesa "Testimonio cristiano" fue vendida por jóvenes comunistas en las puertas de las iglesias de Francia, Esta revista ha sido, desde hace bastante tiempo, uno de los órganos de difusión de la tendencia llamada "catolicismo de izquierdas". Sus lectores se recluían entre esos sorprendentes católicos que suelen afirmar solemnemente:´

—Yo soy católico..., pero católico de izquierdas.

Tal afirmación produce, en cualquier mente con un mínimo de rigor intelectual, un regocijo inacabable. Porque el catolicismo no es, no puede ser, de izquierdas, _ ni de derechas, ni de centro. La doctrina católica se basa en verdades eternas e inmutables confiadas al magisterio de la Iglesia.

Es inaceptable, en. consecuencia, cualquier interpreta c i ó n tendenciosa al margen de lo que enseña la jerarquía eclesiástica.

El "catolicismo de izquierdas", al que hace muy poco se referia el padre Messineo en. "La Civilta Cattolica", es un movimiento que pretende armonizar los principios del catolicismo con ios de la Revolución francesa. El intento no es nuevo. Ha sido condenado en numerosas ocasiones por los Papas, desde el liberalismo católico de Lamennais. pasando por la democracia-cristiana de Marc Sasgnier, hasta las; tenderncias modernas del llamado progresismo. No se pueden establecer entre el Evangelio y la Revolución atea, según decía San Pío X, "paridades blasfemas".

Sin embargo, esta tendencia del "catolicismo de izquierdas" parece encontrar aceptación e, incluso, apoyo e identificación en determinados grupos de democracia cristiana, no en todos, por supuesto. Tales demócratas cristianos interpretan a su modo el cristianismo, sustrayéndose a la dirección de la Iglesia, lo cual es una gravísima infracción de la disciplina católica. Por otro lado, sus fines son fundamentalmente políticos y como partido político se estructuran, desoyendo las palabras de León XIII. en "Graves de communi": "No sea empero lícito referir a la política el nombre de democracia cristiana."

Y más aún, las de Pío X en "Motu pro-prio": "La democracia cristiana no ha de entrometerse en la política, ni ha de servir partidos ni fines políticos; no es éste su campo, sino que ha de ser acción benéfica en favor del pueblo, fundada en el derecho natural y envíos principios del Evangelio." De donde se deduce que los demócratas cristianos, a ios que antes me refería, ponen alegremente la religión al servicio de su política y, en mucha: ocasiones, !a interpretan a su modo, creando un grave y peligroso confusionismo.

El catolicismo es todo lo contrario a una doctrina de estrecha cerrazón. La doctrina católica, nacida de la verdad revelada, es amplia, generosa, abierta y universal, defensora de la libertad humana, propugnadora ardiente de todas las reformas sociales justas. Predica- la comprensión, la caridad y el amor, incluso para los enemigos. "Amad a vuestros enemigos." La fórmula es válida. Lo que pasa es que una cosa es amar a nuestros enemigos y otra muy distinta dejar que nuestros enemigos nos tomen el pelo.

El sistema que sigue el "catolicismo de izquierdas", en su absurdo ´y anatematizado intento de armonizar los principios revolucionarios y los católicos, puede hacer a la Iglesia un daño incalculable. "Los que tal hacen, decía Pío IX, de todo punto son más peligrosos y funestos que los enemigos declarados." Y anadia: "El ateísmo en la ley, la indiferencia en materia de Religión, y esas máximas perniciosas llamadas católico-liberales, éstas, sí, éstas son verdaderamente la causa de la ruina de los Estados; éstas lo han sido de la perdición de la Francia. Creedme: el daño que os anuncio es más terrible que la Revolución y más aún que la Commune. Siempre he condenado el liberalismo católico y volveré cien veces a condenarle."

La política de la mano tendida empleada por el "catolicismo de izquierdas" resulta peligrosísima. Es cierto que el católico debe hacer lo posible por convertir a los socialistas y comunistas. Que debe tender la mano para salvarles. Pero debe andar con mucho cuidado para no recibir una solemne bofetada cuando tenga la mano tendida. Y, sobre todo, es inadmisible confundir la doctrina católica, aceptando que un socialista verdadero pueda ser a la vez un buen católico, proposición condenada por Pío XI. Y. en consecuencia, no se puede prestar adhesión a sus doctrinas ni se las puede difundir en los órganos católicos. Eso no es amar y convertir al enemigo, eso_ es meterlo dentro de casa, darle la posibilidad de que descomponga el catolicismo en su propio seno. Ante manos tendidas con tanta estupidez los comunistas deben dar saltos de alegría.

El caso de Italia, por ejemplo, donde el partido comunista ha crecido apoyado en un ala de la dentócracia cristiana, resulta de una claridad cegadora. El "catolicismo de izquierdas" se convierte así, en ocasiones, sin saberlo quizá, en la quinta columna del comunismo, en el caballo de Troya, cuya panza gigantesca alberga al hambriento oso moscovita. De esta forma, el comunismo consigue penetrar en las sociedades católicas, las cuales, sin la existencia de ciertos grupos de demócratas, cristianos y de "católicos de izquierdas" hubieran permanecido inaccesibles.

Y el resultado es que los que creían beneficiar a la Iglesia terminan por rendir el mejor de los servicios a la Revolución marxista. Por.lo visto, a esto de difundir las ideologías socialistas y los principios de la Revolución francesa en los periódicos católicos le llaman algunos cristianismo y democracia. Dan ganas de contestar: "Mi querido amigo, usted entiende el cristianismo y la democracia de la forma que más le conviene a Kruschef, que, por cierto, también se proclama, demócrata y cuya ideología no debe andar muy lejos de ese extraño "catolicismo de izquierdas" que usted profesa."

El peligro se encuentra ahí, presentado crudamente al desnudo. En su libro "Los rojos cristianos", Augusto Cavalier lo descubría hace unos años, poniendo el dedo en la llaga dolorosamente • abierta sobre el cuerpo católico. Hoy. que los comunistas gastan miles de millones de dólares en la creación de una gigantesca quinta columna propagadora del confusionismo en todo el mundo occidental, es imprescindible montar una guardia eficaz y permanente. Porque la existencia de osa quinta columna, más peligrosa que todas las divisiones, soviéticas, no es un producto de la imaginación, sino una realidad imposible de desconocer. El cardenal Saliege ha mostrado públicamente en Francia su preocupación por esa corrients "que tiende a preparar en el seno del catolicismo un movimiento para la acogida del comunismol" El obispo de Nueva York, Fulton Sheen, ha sido todavía más claro y, en un discurso pronunciado en Roma, ha revelado que, desde 1936, los comunistas americanos procuran, infiltrarse en todos los órganos orientadores de la opinión católica. "Al mismo tiempo—precisó Monseñor—ha comenzado la introducción de fuerzas comunistas en el seno de las comunidades religiosas para destruirlas desde el interior.

Un llamamiento fue lanzado a los voluntarios para entrar en las órdenes y hacer los estudios, aun a .costa de grandes sacrificios, en los seminarios." Un agente comunista intento instalarse, incluso, en la propia secretaría del señor obispo. Esto me recuerda de nuevo a ciertas revistas, llamadas católicas, que difunden ideas favorecedoras del marxismo y que son vendidas por jóvenes comunistas a las puertas de las iglesias francesas.

Luis María ANSON

 

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