Conferencia de don Gabriel Cisneros en el Club siglo XXI. 
 Sintonizar al Rey con la nueva sociedad  :   
 "Las asociaciones son necesarias y oportunas". 
 Informaciones.    15/05/1974.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

CONFERENCIA DE DON GABRIEL CISNEROS EN EL CLUB SIGLO XXI

Sintonizar al Rey con la nueva sociedad

MADRID, 15. (LOGOSJ—«La restauración de la Monarquía reclama un coherente despliegue de las medidas políticas que la aseguren y la articulación de las fuerzas de unión en las que haya de asentarse. El enraizamiento social de la Corona no •puede quedar fiado a la sola abstracción de las leyes», manifestó el consejero nacional por Soria don Gabriel Cisneros Laborda en una conferencia pronunciada ayer en el Club Siglo XXI

«LAS ASOCIACIONES SON NECESARIAS Y OPORTUNAS»

El jefe del Gabinete de Estudios de la Dirección Genera] de Relaciones Institucionales y conocido comentarista de la actualidad política trazó, ante una nutrida concurrencia, el bosquejo de una reforma de nuestros procedimientos y hábitos parlamentarlos, desde el marco de los principios y de las Leyes Fundamentales vigentes, con objeto de asegurar el normal juego de las instituciones.

Respecto a las Cortes, comenzó por sugerir que «la Ley Orgánica del Estado no dice que cualquiera de los órganos titulares de las funciones deba aparecer en posición vicaría y degradada con respecto de otros. Confundir los órganos por la confusión en sus titulares o por la dependencia entre ellos es hacer un flaco servicio a la concepción de! poder de nuestras Leyes Fundamentales».

Con relación al Consejo del Reino, dijo que se advierte una paulatina dependencia respecto de las Cortes, y propuso la acentuación del carácter electivo de algunos de sus miembros como el de presidente del Instituto de España. Subrayó que, como ha dicho el señor Fernández Carvajal, «la sombra de la "terna" que en su día esté dispuesto a sostener cada CBJH didato a consejero del Reino, isefiralgo asi como su programa electoral ante los procuradores» que le eligen

LAS CORTES Y EL GOBIERNO

Sobre las relaciones entre las Cortes y el Gobierno, el conferenciante dijo que «una cosa es sentar que formalmente nuestros Gobiernos no dependen del evento de una moción de censura y otra, muy distinta, ignorar que las Cortes pueden tener muchos instrumentos para expresar su voluntad al Consejo de ministros, señalarle rumbos y manifestar operativamente su disconformidad con los adoptados por el Gabinete».

Para incrementar la función fiscalizadora de las Cortes, el conferenciante propuso que los ruegos y preguntas al Gobierno se sustancien oralmente en el Pleno; que no sea necesaria la prenotificación al Gobierno del tema de las interpelaciones; que el Gobierno no pueda negarse a contestar a una interpelación: que pueda abrirse debate general tras las interpelaciones y que en este debate se suscite una moción, susceptible de votarse por el Pleno. En definitiva, afirmar medios jurídicos que eviten el riesgo de un Gobierno formado y actuando contra -el sentir dominante de las Cortes.

Aludió después a que las incompatibilidad e s es tarea primordial a resolver y que Ja ley pendiente de envío a la Cámara puede tener excepcionales virtualidades de cambio.

Hizo referencia después a la interpretación doctrinal hecha por el presidente del Gobierno en su discurso del .2 de febrero, cuando dijo que las Cortes eran «cotitulares de la soberanía nacional y propugnó una acentuación del principio de representatividad de los diversos grupos orgánicos que componen la Cámara. «Porque —dijo— si confundimos cauces por sujetos de la representación, no estamos ante una democracia orgánica. Estaríamos ante un corporativismo, para el que el propio José Antonio reservó la más enérgica de sus condenas.»

Sobre la representación, familiar en las Cortes, sugirió que se extienda .el voto a los miembros de la familia con mayoría de edad civil —proponiendo unificar en dieciocho años la determinación de la madurez política—, haciendo coincidir el censo de los electores familiares con el de la consulta para el referéndum.

Entre las modificaciones que debiera abordar una reforma de la vigente ley electoral, apuntó las de reforzar el secreto del voto con unas medidas técnicas adecuadas, unificar el régimen de reclamaciones y recursos, articulándose un auténtico procedimiento contencioso - electoral, sometido en sus últimas instancias a unos órganos de la jurisdicción ordinaria; asegurar la igualdad de oportunidades estableciendo el catálogo de causas de inelegibilidad y la subvención estatal de las campañas; la permisión de comisiones electorales: ampliación de la duración de la campaña y lograr la diferenciación política de los candidatos, aunque esto, según su criterio, sólo puede venir ie-terminado por la regulación del ejercicio del derecho de asociación política, insustttuible rtest» real de la apertura.

ASOCIACIONES

Después de rechazar las pretendidas razones de los inmovilistas, que sos tienen que las asociaciones podrían demedular el sistema, el señor Cisneros dijo que por ese camino se llegaría a la paradójica conclusión de que un sistema inspirado en una concepción espiritual del hombre y de la vida abocara en el materialista resultado de propiciar el agrupamiento de los ciudadanos por su condición biológica de padres, su condición geográfica de vecinos y su condición económica de productores y entorpecería la posibilidad de agruparse en base al ejercicio del más noble atributo humano, la razón, buscando la proximidad de quienes piensan como uno. «La representación de los intereses —afirmó— completará y enriquecerá la representación del pluralismo ideológico; lo que nunca podrá aspirar es a excluirlo.»

Enumeró después las notas afirmativas que justifican la necesidad de una regulación de las asociaciones políticas para la formación e información de la opinión pública; para el ejercicio ordenado y solvente de la critica ¿e la acción del Gobierno; para la formulación de alternativas; para restringir las fórmulas de pupilaje político sostenidas sobre la amistad, el paisanaje, la fraternidad religiosa, la comunidad de intereses privados, la solidaridad de un Cuerpo de funcionarios, o tantos otros motivos, más o menos respetables, pero que jamás deberían proyectarse a la esfera pública.

Consideró la oportunidad de las asociaciones para que la política no esté en los periódicos; para ensanchar, activar y racionalizar el consenso social del régimen; para evitar que unas Cortes incompatibilizadas se conviertan en quinientos y pico francotiradores de laboriosísima vertebración; para sacar a los españoles de la tendencia a transferir hacia arriba la carga de la responsabilidad comunitaria; para identificar y definir las opciones electorales; para allanar la labor del hombre con responsabilidades de Estado por el Gobierno, evitándole recurrir a virtuosos ejercicios de radioestesista, para desalojar obstáculos residuales de nuestro acercamiento a Europa, sin necesidad de desfigurar el Régimen; para evitar la vigencia de la denuncia orteguiana de que «España está en todas partes, menos en el Parlamento»; asociaciones, en fin, para el enraizamiento de la Corona». «Las asociaciones —dijo— no deben ser para el Movimiento, aunque si deben ser y estar en él. Excluir a las asociaciones de !os fines electorales equivaldría al intento de confeccionar sin liebre un pastel de liebre.

El fin electoral de las asociaciones se manifestaría de forma primaria en los procesos electivos de los consejeros nacionales por las provincias y, secundariamente, se proyectaría a las elecciones por los cauces orgánicos. Las asociaciones producirían como resultado necesario la formación del grupo parlamentario, el cual, excluido cualquier exceso disciplinario, podría introducir un principio de racionalidad y orden en la vida parlamentaria. Debiera evitarse cualquier riesgo de atomización antifuncional de las asociaciones, pero no pasarse su número. Para su control, debieran idearse —propone— órganos mixtos de coparticipación del poder judicial v el Consejo Nacional.»

«En definitiva —concluyó—, lo que se pretende es sintonizar al Rey con la nuera sociedad, permitiéndole que encuentre en la composición y actividad de las Cortes la fisonomía real, el paisaje auténtico de la plural vida española de su tiempo, sin los espejos distorsión antes del dogmatismo, la intolerancia, el privilegio o el miedo.»

Asistieron a la conferencia, entre otras personalidades, los ministros de la Presidencia, de Información y Turismo, de Relaciones Sindicales, ios ex ministros señores Monreal Luque, Garicano Goñi y también los señores Martin Villa, Chozas Bermúdez, don José Manuel Romay y don Ricardo de la Cierva.

 

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