Autor: Meseguer Sánchez, Manuel María. 
   Gabriel Cisneros: "Se equivocan los funambulistas del cambio"  :   
 "Se va a necesitar imaginación, esfuerzo y coraje". 
 ABC.    06/05/1975.  Página: 11-12. Páginas: 2. Párrafos: 26. 

GABRIEL CISNEROS: «SE EQUIVOCAN LOS FUNÁMBULISTÁS DEL CAMBIO»

«Se va a necesitar imaginación, esfuerzo y coraje»

La una de la tarde en Castellana, 3. Siguen las reformas en la Presidencia del Gobierno. Hasta llegar al despachito de Gabriel Cisneros Laborda hay eme caminar por pasillos tapizados de papeles de envolver. Los pintores, sin duda. Gabriel Cisneros —Gaby, para sus incontables amigos—. treinta y cuatro años, consejero nacional, jefe del Gabinete de Estudios de la Dirección General de Relaciones Institucionales de la Presidencia del Gobierno, uno de los veinticinco políticos oara el futuro y por alguien llamado maduro cachorro del apeturismo se dispone a leer por fin su conferencia en el Club Siglo XXI. pospuesta, sesún sus propias palabras: «Por razones de trabajo. No hubo ninguna intencionalidad política.»

Para Gabriel Cisneros, el aperturismo se está muriendo y su tesis va a girar sobre este presupuesto: —I.a antítesis aperturismo-inmovilismo, que ha venido protagonizando un poco el debate político nacional de los últimos ocho o diez años, se ha cancelado y está siendo sustituida por una nueva dialéctica, que es la bipolaridad aperturismo-reform» o aperturismo-cambio. En mi minianatomía del aperturismo establezco la conclusión de que el drama consiste en que ha llegado tarde en el tiempo y, en consecuencia, temo que carezca de videncia social.

—Siempre se ha dicho que la derecha se ha unido en función al temor de la izquierda, ¿pero no es posible que en estos momentos se encuentren tan desunidas la una como la otra?

—Yo creo que si. que ese fenómeno de ?a atomización se produce y realmente veo muy difícil subsanarlo si no es en función del establecimiento de unas condiciones democráticas más plásticas y resueltamente más flexibles. La limitación más grave que yo veo en la teoría asociacionista está en que las asociaciones pueden tener virtualidad para agrupar y ordenar la concurrencia de las fuerzas de la derecha, la situación se estabiliza en el tiempo suficien´e-mente. Pero creo muy difícil, por no decir imposible, que lleguen a tener ninguna virtualidad integradora de la izquierda real por la intrínseca naturaleza del régimen.

EL DOCE DE FEBRERO: UNA LINEA QUEBRADA

—Últimamente, desde ciertos órganos de Prensa, se ha dado por descontado ciertos contactas con los ilegales PSOE y USDE.

—Creo que es falso. Aunque niegue la existencia de cualquier dato medianamente solvente que apoye eso, creo que está tan en la naturaleza de las cosas que es normal que surja y que cristalice el rumor, porque ese entendimiento, visto con una perspectiva histórica, es tan inexorable que me parece normal que se dejen sentir, digamos, impaciencias por hacerlo cuajar. Creo que el gran telón de fondo que ha provocado ese clima no es sino la histeria ante los acontecimientos portugueses y el reflejo de» temor que se ha adueñado de toda la Europa Occidental, incluidas tas social-democracias, la Internacional Socialista y las fuerzas de las izquierdas domésticas.

—Asistimos a una política de pactes y buena prueba de ello es la línea, a menudo quebrada, del doce de febrero...

—En mi conferencia analizo un poco esta opinión con la que no estoy do todo de acuerdo. Es decir, creo que lo que sí ocurrió es que el doce de febrero disparó unas expectativas que, desde luego, llegaban mucho más allá de lo que la letra y el espíritu del doce de febrero, lógicamente, podían decir y podían albergar. De suerte que yo diría que aún aceptando que en la vida política puedan existir —por unas condiciones, poco propicias— algún tino de retrocesos o de enfriamientos, creo, sincreramente, que las posibles retenciones obedecen a que la realización de aquel programa no es que se desviara de su línea, sno que evidentemente, no podía alcanzar lo que las interpretaciones más audares del doce de febrero pudieran haber concebido.

UN CIERTO FUNANBULISMO

—Efectivamente, la palabra apertura ha sido sustituida por la de «cambio». ¿No existe la Impresión, latente quizá, de que éste sea inminente?

—También creo que hay algo de funambulismo. Si alguien piensa que ese cambia se va a producir festivamente, poco menos que por arte de magia, se equivoca. Yo creo que el proceso va, a ser muy duro, muy trabajoso, y va a necesitar mucha imaginación, esfuerzo y coraje.

Yo te expondría dos tesis contrapuestas: la de la ruptura democrática y la de la reforma constitucional. La primera tiene un nombre suficientemente expresivo y postula la apertura de un proceso constituyente con la invocación a las distintas fuerzas políticas. He parece innecesario decir que yo estoy en contra de esta tesis y estimo que sus objetivos pueden ser también alcanzados por una voluntad de reforma constitucional, reflesiva. gradual y estratégica. Lo que sí me parece inexorable para reconocer ese cambio social es la reforma constitucional.

—Recientemente se ha apuntado la posibilidad de la integración o la federación en una macroasociación de los grupos capitaneados por Fraga, Silva y López Rodó. Al margen de que haya habido o no intentos, ¿crees posible tal integración ante una inminencia de cambio?

—Me parece que no es deseable, y creo que entre tales personas, que protagonizan esas tres posiciones, me parece encontrar perfiles suficientemente diferenciales como para no considerar esclarecedor, sino confusionista, su fusión, aunque sí su entendimiento.

LOS REMEDIOS ORTOPÉDICOS

—¿No crees, entonces, viable el planteamiento de tres grandes grupos: el «blanco», el «azul» y —para entendernos— el «rojillo»?

—Pero es que eso es una manipulación de la realidad; son remedios ortopédicos.

—¿Y no se ha venido manipulando la realidad?

—Creo que no, y la prueba está en que la realidad es mucho más pujante y produce, como resultado, la pobreza de la respuesta social al Estatuto de las asociaciones políticas. Si se hubiera manipulado, creo que sería posible ofrecer hoy un panorama más satisfactorio desde la perspectiva oficial.

—¿Quizá es que se va caminando detrás de la realidad?

—Esto ocurre en todo el mundo y lo considero una ley universal. El problema estriba en los erados, en el «decalage» y en el hecho de que existan unas condiciones suficientemente porosas para que esa realidad pueda proyectar su existencia sobre el aparato político.

—¿Cómo ves el panorama de las fuerzas políticas con el Rey?

—Yo aspiro a que el futuro inmediato sea heredero de este presente. El que tal deseo sea viable creo que está, muy en función de lo que en este momento se haga o se deje de hacer. Cuanto mayores sean las omisiones, mayores serán los riesgos. Pienso que la Monarquía del veintidós de julio puede coronar un orden democrático sustancialnente homologable con el de las democracias occidentales. Quizá, inicíalmente, con alguna exclusión comprensible. Pero con una clara vocación de homologación.

UN PROBLEMA DE TIEMPO

—Desde determinadas pracelas políticas se ve con una especie de «divertimento» la proliferación de proyectos asociativos. ¿Cuál es tu opinión?

-y creo que las próximas semanas van a sedimentar un poco esa impresión. Estoy seguro de que el Consejo Nacional va a administrar con seriedad y con solvencia la política asociativa. Para mí se trata de un problema de tiempo. Si la situación presente se dilata suficientemente en el tiempo, yo pronostico que algunas asociaciones llegarán a cuajar. Creo que las asociaciones tienen virtualidad para agrupar lo que sociológicamente se llama derecha. En cambio, si estas situaciones presentes de poder no se prolongasen, estimo que el Estatuto no tendría virtualidad ni siquiera para organizar la moderación, como diría Luis María Anson.

—¿Y queda tiempo, Gabriel?

—No soy profeta, te lo aseguro.

—Pero, ¿queda?

—Lo dudo.—

Manuel María MESEGUER

 

< Volver