Autor: Cisneros Laborda, Gabriel Fernando. 
   18 de julio día de la concordia     
 
 Pueblo.    09/07/1968.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

18 DE JULIO, DÍA DE LA CONCORDIA

Don Eduardo Tarragona, el batallador procurador familiar barcelonés, ha dirigido a la Prensa de la Ciudad Condal una carta abierta, solicitando que el próximo dia 18 de julio sea declarado Día de la Concordia.

El alcance de su petición no se agota en el mero hecho formal de la adopción oficial de tan generosa denominación, muy próxima, por cierto, a la que desde hace años eligió la Delegación Nacional de Juventudes para la recordación de esta fecha. Por encima de ello, reclama Tarragona que este reconocimiento comporte la puesta en práctica de una serie de medidas concretas, tendentes a la reincorporación de los funcionarios separados del servicio, otorgamiento de pensiones a mutilados de las tropas republicanas, cancelación de antecedentes políticos-penales e invitación al retorno de exiliados.

Suscribo, desde aquí, con el mayor ardimiento, el espíritu que anima las generosas propuestas de Tarragona y me adhiero del mejor grado a sus peticiones concretas. Se me suscita, sin embargo, de inmediato, la reserva de si don Eduardo Tarragona ha elegido el más adecuado de los caminos para hacer valer su petición. ¥ es que el señor Tarragona, un si es no es arbitrista, tiene la rara habilidad de conjugar las más nobles intenciones con el peor infortunio para postularlas.

Asi, por ejemplo, su indudablemente sincera y honda preocupación por el problema del paro le llevó a pergeñar un proyecto de reforma de seguro de desempleo, que desconocía las más obvias exigencias de la técnica actuaríal. Ahora tampoco parece haber tenido en cuenta las reglas de oro de otra técnica, mucho más sutil que la de los mecanismos aseguradores: la técnica política. A don Eduardo Tarragona, su estupendo apasionamiento le mueve a defender posiciones «maximalistas» de muy escasa viabilidad.

El pide al Gobierno que «tome en consideración este común sentir de muchos españoles». Pero ignora que existen españoles tremendos, españoles estremecedores que escriben a revistas no menos estremecedoras para decir cosas como éstas: «¡Combatientes (no ex combatientes) del 18 de julio... no me gustan las ideas basura, ni concibo, por ignorarla, la palabra cobardía, llámese prudencia, diálogo, política, «aggiorna-mento!» Podría hacer una aterradora antología de frases de este jaez, lo qne no hago, entre otras cosas, por respeta a los lectores. Pero lo cierto y verdad es que estos españoles existen, cuentan aun.

Por todo ello se me ocurre que, entre las cosas que Tarragona debiera haber hecho —y no ha hecho— figuran las siguientes:

a) Hacer uso de su condición de procurador en Cortes para buscar los vehículos legales en que materializar su petición, en vez de utilizar el sistema, sin duda mas brillante pero harto menos eficaz, de la «carta abierta»,

b) Renunciar a los honores del aislado protagonismo y buscar en el seno de la Cámara respaldos para su petición, que, a buen seguro, no habrían de faltarle, numerosos y pertenecientes a un amplio abanico do tendencias,

c) Renunciar al formalismo — incuestionablemente hermoso— del Dia de la Concordia y cargar el acento de su esfuerzo en la materialidad de tas peticiones pragmáticas. Por irracional que parezca y sea, hay muchos más hombres dispuestos a matarse por la magia oscura de las palabras qne por e] rigor de los conceptos,

d) Instrumentar dichas peticiones concretas con un mayor rigor técnico. Se conlleva mal con la condición de legislador el empleo de fórmulas tales como «soslayar las complicaciones legales», «saltando todos los inconvenientes», etc., etc. Reclamar, por ejemplo, que el abono de pensiones a los mutilados republicanos se produzca a partir del próximo primero de agosto, supone tener o muy poca confianza en la propia petición o ilimitada y excesiva en la capacidad de gestión de nuestra Administración.

Pido perdón por esta instrumentación metodológica y como docente de las objeciones que la tentativa de Tarragona me lia planteado. Este es un tema en el que importe, por encima de todo, la claridad.

En fin, a guisa de conclusión: que la convivencia civil española reclama la intensificación de todos los esfuerzos y el curso de todas las iniciativas tendentes a superar los antagonismos entre españoles; que la planeación de ambiciosos objetivos comunitarios con atractivo suficiente como para embarcar a todos los españoles en su consecución, es la mejor terapéutica política; qne todas estas sugestiones requieren ineludiblemente la articulación y el reconocimiento de las discrepancias. Y qne, por último, señor Tarragona, el tema tiene tan fabulosa trascendencia que abordarlo con demagogia es un pecado imperdonable.

Gabriel CISNEROS

 

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