Autor: Castelo, Santiago. 
 Ignacio Camuñas:. 
 "La actual clase política está desmoralizada"     
 
 ABC.    29/10/1974.  Páginas: 3. Párrafos: 34. 

SE que es diplomático y secretario de Embajada, aunque él me diga que se encuentra en excedencia voluntaria. Que es abogado y presidente del grupo «Nueva Generación»... Pero ahora, en este momento, Ignacio Camuñas Solís es ante todo un político, un político con una vocación irrefrenable, con todo el ardor de sus treinta y cuatro años y toda la serenidad de una madurez hace tiempo alcanzada... Con toda su vocación, sus temores y sus esperanzas...

—Existe en este momento en el país una situación de crispación y de nerviosismo que no corresponde a ningún dato serio de la realidad sociológica e ideológica del país... Yo afirmaría que en la hora de 1a sucesión hay una ancha base en el país que no quiere el caos ni el revanchlsmo y que apuesta definitivamente por la libertad...

—Entonces, ¿por qué esos nerviosismos?

—Lo que ocurre es que la vieja derecha española no cree en la libertad y tiende a apelar continuamente a fórmulas autoritarias para la resolución de los problemas de la convivencia nacional. La actual clase política está desmoralizada y no tiene programa ilusionante que ofrecer al país.

—¿A qué cree usted que se ha debido esa falta de programa?

—A que ha sido una clase política que ha vinculado su doctrina y su programa de acción a la inspiración política del General Franco, sin preocuparse de construir una doctrina y un programa propios, y ante el hecho inevitable de la desaparición de Franco se encuentran con que no tienen un programa, sino que se hallan en el vacío...

—¿Y la izquierda?

—La izquierda está ahí, preparada, y todos los indicios que existen es que será responsable y aceptará el juego democrático.

El centro

—¿Cuál cree usted que puede ser el cauce para un verdadero desarrollo político?

—Pues, desde mi posición, creo que es preciso articular una nueva mayoría para desarrollar una nueva política. Hay que organizar una derecha democrática y, lo que es más importante para mi, un centro democrático, que impida que el país se fraccione en dos partes...

—Y ese centro democrático...

—Ese centro debe ser auténtico y no la careta o el disfraz de una derecha vergonzante. Si esto ocurriera, seria mejor que no existiese. Para mí, si el centro es auténtico y no falseado debe estar dispuesto a gobernar en coalición con la izquierda.

—¿Y cuál sería su papel entonces?

—En una coalición de izquierdas el papel del centro consistiría en afirmar y defender

los valores, liberales y democráticos. Por el contrario, en una fórmula de coalición con la derecha el centro subrayaría los principios de justicia y solidaridad entre los hombres mediante un amplio haz de medidas so-clalizadoras...

El pacto nacional

El salón del despacho es amplio. Ignacio Camuñas es presidente del grupo editorial Guadiana y en el salón hay libros y revistas, y una chimenea francesa y el último número de «Le Monde»... Sobre la mesa, un crucifijo de plata. Ignacio Camuñas ha encendido un pitillo. Fuma tabaco rubio. Casi con el humo de la primera bocanada me ha ido desmenuzando su idea del «pacto nacional».

—Al futuro del Régimen español se le debe dar una solución civil, de pacto nacional.

—¿Y a qué llama usted el «pacto nacional?

—Vamos a ver. El pacto nacional es para mí un conjunto de pactos parciales: el pacto con el pueblo, número 1; el pacto social, número 2; el pacto regional, número 3, y, finalmente, el pacto político. Todos los cuales llevarían a resolver de forma pacífica y negociada los distintos problemas con los que ha de encararse inevitablemente la sociedad española.

—¿Cómo entiende usted ese pacto con el pueblo?

—Mire; es creencia absolutamente mayo-ritaria hoy, en la sociedad española, que el principio legitimador de todos los poderes es el principio de la soberanía popular; es decir, el Poder lo debe encarnar el Gobierno elegido por el pueblo soberano. En este sentido la Monarquía —en aquellos países en que existe— no es un poder, sino sólo un símbolo de la pervivencia nacional. La Monarquía en España, para afirmarse, debe contar con el apoyo expreso del pueblo español.

—Y el pacto social, ¿quiénes lo establecerían?

—Empresarios y trabajadores. De esta manera se intentaría establecer un es-quema de organización que sea capaz dtr dirimir los conflictos entre las partes sin la interferencia de elementos extraños a las mismas, pero con el arbitraje del Gobierno elegido, mayoritariamente, por el país. En cuanto al pacto regional, creo que debería resolver la autonomía de las regiones naturales e históricas, salvaguardando la unidad nacional.

—Nos queda el pacto político...

—Bueno, el pacto político se debe concluir entre el Poder civil y el militar, entre las fuerzas políticas y las Fuerzas Armadas, resolviendo .respetar las reglas del juego político, libre y mayoritariamente decididas por el pueblo español, sin que ninguno de los interlocutores en presencia resuelva ni decida liquidar al otro «que se opone a sus pretensiones».

Desde la legalidad

—Cuál es, en realidad, la ventaja que usted le ve a todo este «pacto nacional»?

—Hay una ventaja en todo este pacto nacional que implica, en definitiva, que ,la admisión del principio de organización de-mocrática puede efectuarse sin vacíos de Poder. Ahora bien, presupone una voluntad decidida y sincera de llevar a cabo este diseño, voluntad que no puede estar garantizada más que con la presencia en el Gobierno, que lleve a cabo el pacto, de aquellas personas que representan los distintos sectores y fuerzas presentes en el país.

—¿Usted piensa que todo esto puede salir de una manera ordenada?

—Sí, creo que se puede hacer sin necesidad de violencias ni revanchismos.

El tiempo justo

—¿Pero el país aceptaría una división entre derechas e izquierdas

—No. El país no puede permitirse el lujo de dividirse en dos partes —como en Francia que están a casi un cincuenta por ciento—. En España es muy difícil el juego de las dos mitades. De ahí que se necesite la formación de ese grupo de centro que sea el eje de la vida democrática del país. Debe ser el moderador de las partes, colaborando con la derecha pero tamban colaborando con la izquierda. Ahí tendrá un gran papel que cubrir. Sobre todo, para actuar como moderador e impedir, como sea, un enfrentamiento entre las dos partes..

—¿Usted cree que queda tiempo?

—Si, tenemos el tiempo justo. El tiempo justo para clasificar y para que salgan a flote los auténticos interlocutores de la vida nacional a la derecha y a la izquierda. Que existen, que están ahí y de los que sabemos sus nombres y apellidos. Ya te digo que tenemos el tiempo justo.

Santiago GÁSTELO

 

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