Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Cortes Constituyentes y Gobierno     
 
 ABC.    26/03/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

SABADO 20 DE MARZO DE 1977. PAG. 4.

APUNTE POLÍTICO

Cortes constituyentes y Gobierno

HAY una tesis que comienza a cobrar cuerpo y que está inteligentemente jaleada

por parte de la Prensa y algunos sectores políticos. La tesis es ésta: las

elecciones de junio, no son unas elecciones para gobernar; las Cortes de ellas

resultantes deben ser unas Cortes constituyentes en el sentido

Por José María RUIZ GALLARDON

de que tendrán cómo fundamental y casi única misión redactar una Constitución

democrática. Tales Cortes, se añade incluso, no deberán «apasionarse» por los

problemas de Gobierno.

He ahí una especie que puede, sencillamente, conducir a España al caos. Si algo

necesita nuestro país con urgencia es ser gobernado y gobernado bien. Lo

necesita bastante más que hacer una Constitución de nueva planta, empezando por

el artículo primero para terminar con su disposición derogatoria final. Son

muchas las razones que creo que apoyan esta opinión, tantas que no me caben en

el espacio habitual de esta columna. Pero daré algunas:

1 En política hay siempre objetivos prioritarios. Y, entre éstos, cuentan con

marcado carácter de indispensable los que permiten la normal convivencia

ciudadana. En este aspecto el tema del orden público y en el terreno económico

los de la estabilidad en el empleo, la lucha contra la inflación y la

disminución del paro, tienen evidente necesidad de ser enfrentados con criterios

de realismo que no permiten su posposición a ningún otro afán. Unas Cortes que

no facilitaran un Gobierno que se enfrentará con esos temas -y otros- urgentes,

serían unas Cortes entorpecedoras e inadecuadas para resolver los problemas

reales que tenemos planteados.

2 Frente a esos problemas nada teóricos ni fácilmente solubles, hay otros, como

los relativos a la reforma de la Constitución española que no tienen tanta

urgencia ni inciden en la realidad de cada uno de los ciudadanos con el mismo

signo de gravedad. De la Constitución española habrán de reformarse algunos

puntos extremos y adaptarse otros sin duda importantes. Pero no sería tarea

esencial -ni sería, por otro lado lógico- que estas nuevas Cortes rechazaran en

bloque y porque si todo nuestro ordenamiento jurídico público que, si exige

retoques, no comporta una condena explícita total y en bloque.

3 De seguirse la teoría contraria, continuaremos en la pendiente de un proceso

de Gobiernos de marcada interinidad, con daño grave para la cosa pública. Desde

la Coronación del Rey hemos tenido dos. Probablemente el tercero surgirá de las

elecciones y será distinto del actual. ¿Vamos a acortar su vida, dejándola

reducida a lo que dure la redacción de una nueva Constitución? ¿Vamos a

imponerte, por esa misma corta duración, el lastre de no poder hacer, al menos,

una política coherente a plazo medio?

4 En resumen. Detrás de la tesis que estoy criticando se esconde -ni más ni

menos- que el deseo de ver triunfar la vieja ilusión de la ruptura. Sus

muñidores comienzan a percatarse de que tampoco en las eleciones van a triunfar.

De ahí que lo que pretendan sea acortar el plazo de vida de las nuevas Cortes,

circunscribir sus competencias a los solos efectos de hacer la Constitución,

provocar unas nuevas elecciones legislativas... y ¡a ver si entonces consiguen

la deseada ruptura!- J. M. R. O.

 

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