Autor: Punto, E.. 
 Con Ricardo de la Cierva. 
 Pensando en voz alta     
 
 ABC.     Páginas: 3. Párrafos: 35. 

ABC REPORTAJE

Con Ricardo de la Cierva

PENSANDO EN VOZ ALTA

Publicamos a continuación una entrevista con don Ricardo de la Cierva, realizada por uno de los mejores entrevistadores españoles que utiliza en estas páginas el pseudónimo de «Punto».

La guerra civil es un capítulo histórico cancelado.

España debe ir hacia una apertura en el sentido menos tópico del término.

«Yo no veo que las evocaciones demasiado vivenciales de la guerra, de cara al futuro, sean representativas ni siquiera de aquella generación»

«¿Usted sabe que el «franquismo» lo inventaron los republicanos?»

«Fíjese: si los del Ruedo Ibérico no me han llamado fascista...Y yo a ellos les be llamado de todo: hasta fascistas...»

NO se sabe bien cómo pudo ocurrir, pero en la última página de la historia de esta conversación, el señor director general hablaba acerca de la .frase «guerra civil», y decía: «Yo he procurado utilizarla como título de libro. En mi "Historia básica de la España actual" —que estoy acabando— la guerra civil es el capítulo quinto. Después hay otros tres capítulos.» «Pues en estos días hay quienes...» «Es un capítulo histórico cancelado.» «Pero que se siga diciendo... «Yo no le veo horizonte posible.

De ninguna manera. Mire usted: yo tengo ana tremenda comprensión por la generación de la guerra civil. Aquello les marcó de Una forma indeleble para siempre. Lo que pasa es que, incluso aquella generación, lo debe superar. Y como generación lo ha superado; aunque algunas personas no. ¿Eh? Yo no veo que las evocaciones demasiado vivenciales de la guerra, de cara al futuro, sean representativas ni siquiera de aquella generación. Conozco miles de personas de aquella generación, traumatizadas por aquella guerra, que de ninguna manera la viven con horizonte de futuro.» «Pues a los que no hicimos la guerra, a veces nos da miedo: hay personas que .parecen querer descalificarnos, como si tuviéramos que hacer nosotros una guerra para que se nos tenga en cuenta...> «Eso es una barbaridad. Me parece ana imbecilidad total, una salvajada, dicho por quien sea. Sería muy grave si esto constituyera un síntoma. Yo confío en que sea una excepción.»

• «ES QUE TENGO MUCHÍSIMO TEMOR»

¿Cómo diablos se habría llegado hasta aquí si al comenzar el relato don Ricardo de la Cierva, cuarenta y siete años, hablaba de los teleclubs y recordaba que esta mañana se desayunó una tortilla de jamón, un zumo de naranja, un café con leche y una pera? Además, en ocasiones dejaba de acariciar el sillón y se acercaba a la estantería para enseñar algunos de los 300 libros sobre los que «tuvo que tomar decisiones hoy mismo. Entonces, quizá comenzara todo cuando se le planteó que a partir de su último artículo en ABC, algunos dijeron que Ricardo de la Cierva estaba preocupado políticamente; otros, que pedía árnica; otros, que Intentaba justificar su actuación oficial...

—Ricardo de la Cierva, en ese artículo, es un historiador y un periodista particular que, a título de tal, ni pide árnica, ni está preocupado políticamente, ni quiere justificarse; sino que quiere comunicar una serie de dudas o de hipótesis sobre los últimos treinta años de este país. En un artículo que sus compañeros de la Prensa parece que comparten, porque lo han reproducido en iodos los periódicos de Madrid y Barcelona, lo que no suele pasar a menudo.

—Pero parecía que tenía usted el temor de no lograr los planes previstos por su Dirección General...

—No es que tensa el temor. Es que tengo..., muchísimo temor. ¿Certeza? No, la certeza, no. Si la tuviera no estaría aquí.

—¿Y quién va a tener la culpa de que usted no pueda... ?

—Espero que nadie. Eh... Tengo la esperanza de que se mantenga esta línea política. Es decir: si quiere usted, como tercer oficial de un barco, debo tener fe en el rumbo seguido; pero como particular puedo manifestar mis dudas. Alguien ha dicho que aquél era un artículo oficioso, ¡qué disparate! Y... Bueno, él final del artículo era un presentimiento de historiador. España debe ir hacia una apertura en el sentido menos tópico del término; nos lo van a estropear, o vamos a estropear el término, de tanto usarlo...

Pero es una intuición: algo que se desea que no ocurra. Mire usted: esos artículos se escriben a las siete de la mañana, que es una hora muy lúcida... De todas maneras, fíjese usted que estamos en una «poca de transición, una época que se define por la transición y por el cambio. Yo concretaría así esa transición: de la paz de Franco I a la paz del Rey. El Presidente Arias lo dijo mirando al pueblo: de la, adhesión a la participación, Toda la historia es transición, aunque quizá en algunas épocas se acentúe más. Dése cuenta que en quince días ha pasado lo que ha pasado en Portugal, o lo que puede pasar en Francia. Y en un mundo tan intercomunicado como éste —no tan solidario—, lo que afecta a los demás nos afecta a nosotros. España es España y su horizonte.

—O debería serlo.

—No, no: es, es. Aunque algunos no lo quieran reconocer, es. Entonces, una persona que vive en el centro de la política cultural de España, claro que tiene que ser sensible a todo esto. Mi mujer me decía ayer que me había echado diez años encima, en estos últimos dos meses. Puede que tenga razón. Es decir: yo intento captar el momento político e histórico en. que estamos, y atemperarme a las indicaciones de mi ministro. Mientras que esté en esa línea, la cosa irá bien. Si me salgo de ella ya me lo dirán.

O sea, es una época de transición, en la que hay que esperar a ver cómo se aclaran los horizontes de esos otros países; pero para tomarlo como referencia, no para ir a ellos. A mí me dijo un insigne embajador de España hace una semana, que a España le interesa que en Francia gane Mitterrand, ¿qué le parece? Pero todo esto es muy difícil, y yo, como historiador, solo puedo ahora intuir. Creo que lo que ha pasado en Portugal no lo saben bien ni los propios portugueses. Imagínese usted que a un portugués le preguntan a las cuatro y veinte de la tarde del 17 de julio del 36, qué iba a pasar en Portugal... A mí me conmueven muchas veces esas personas que sacan una lección inmediata, y que dicen: «Como ha pasado esto en Portugal, resulta que...» Lo,que resulta, casi siempre, es: o que tenemos que volver a un salazarísmo —que nunca tuvimos— o que tenemos que ir a la democracia liberal total y formal.

—Nunca tuvimos aquí un salazarismo.

—>Nunca.

«SUBPRODUCTO .D£ LA PROPAGANDA REPUBLICANA»

—¿Qué es el franquismo?

—En un libro que dirige Fraga, «La España de los años 70», en el tercer tomo, yo escribo un artículo que se llama «Franco y el franquismo». Y no: el franquismo es una época. Tamames dice «la era de Franco». Yo no llego a tanto: es una época. No es un partido político, porque Franco se negó expresamente, en el 37, a que fuera un partido. No digo que sea una época circunscrita a la vida de Franco, porque la huella de Franco es algo perdurable en este país. Una época marcada de ana manera trascendental por una persona, pero también con un enorme apoyo a esa persona.

—¿Por parte de quiénes?

—Eh... ¿Usted sabe que el franquismo lo inventaron los republicanos?

—No, no lo sabía.

—Esto es algo sensacional. Cuando en la zona nacional había bastantes dudas, incluso cuando Franco no era aún Jefe del Estado, en la zona nacional se llamaba «caudillo» a mucha gente, incluso de segunda fila. En la zona nacional se consolida el franquismo en la primavera del 37, pero no antes. En cambio, en la zona republicana, desde el 20 de julio del 36, cuando aquella famosa portada de «Mundo obrero», con la foto de Franco a la derecha, Franco es «el enemigo». Y cuando la España republicana es liberada, ésta media España sólo conocía a Franco. De los demás no sabe una palabra. Un poco de Queipo, por la cosa de las charlas, pero las charlas se habían interrumpido en el 37. Así que no conocen a Queipo, no conocen a Várela. El franquismo como sistema es un tremendo subproducto de V» propaganda republicana.

—usted es franquista.

—Total. Hasta, la raíz.

«Imagínese usted que a un portugués le preguntan a las cuatro de la tarde del 17 de julio del 36, qué iba

a pasar en Portugal...»

Cuando se presentó recientemente un libro de Editora Nacional había en la sala tenientes generales del Ejército Nacional y jefes de División del Ejército republicano

«El Ateneo de Carmen Llorca no va a ser en nada inferior ni va a desmerecer al de Cela. Y que conste que el Ateneo de Cela me ilusionaba muchísimo»

• «AUNQUE SEAN DE MARX...»

Pero no se consigue saber cómo ss trataban estos temas. Porque primero fue lo de la campaña combinada con la Real Academia Española para editar un diccionario popular con el fin de defender el castellano; luego, el viaje a Barbastro para dar una conferencia sobre «La Historia como reconciliación...> (Aquí fue cuando dijo: «Una buena parte de la historia que se publica ahora es de reconciliación. Nadie ha anotado que cuando se presentó el fabuloso libro de Ramón Salas "Historia del Ejército popular", en la sala había tenientes generales del Ejército nacional y jefes de División del Ejército republicano...»)

Y a ver: luego contó que el primer libro que compró, a Jos nueve años, fue «La Historia del Alcázar»; que, cuando puede, navega en su barquito de cinco metros anclado en Alicante; que, como vive a cincuenta metros del Ministerio, apenas utiliza el coche oficial; que por las tardes lee libros en su despacho de la planta octava, «fíjese, leer y encima me pagan»; ah: ¿le preocupa pensar que los otros historiadores le consideran un historiador fascista?: «Yo estoy seguro que no me considerarán como un historiador fascista, porque no. lo soy. No me ha llamado fascista mucha gente, de momento.

Ni siquiera ahora. Fíjese: si los del Ruedo Ibérico no me han llamado fascista... Y yo a ellos tes he llamado de todo: basta fascistas...»; al poco reconoció su debilidad por Barcelona: «Los catalanes no barceloneses me acusan de centralismo barcelonés.» Pero aquellos temas surgían, a pesar de que el señor De la Cierva insistía en que no era político y sonreía no con entusiasmo, pero sí cordialmente.

Por ejemplo —acaso hablando de supuestos problemas recientes de su ministro—, don Ricardo quitó importancia a los rumores: «So; bre esto tengo la misma teoría que Pío Cabanillas: hay ¡tantas cosas de las que preocuparse en la tarea diaria, que no hay tiempo para los rumores.» Y ahora:

—Bueno, pero si lanzan andanadas contra el hecho de que ciertos periódicos extranjeros se vendan indebidamente, más podrán lanzar contra los libros que...

—Contra el libro que se venda indebidamente harán muy bien en lanzar torpedos. Yo no lanzo torpedos, lanzo inspectores. Pero los libros que se venden en España están todos dentro de la ley. Aunque sean de Marx. ¿Qué algunos dicen que se venden más libros sobre Marx que sobre José Antonio? Yo diría que eso es falso. Segundo: ¿y por qué no escriben más libros sobre José Antonio? Si, claro que yo soy joseantoniano. Mire: el 29 de octubre de 1969 —anote bien la fecha— yo hablaba sobre José Antonio en Murcia, una conferencia que se llamaba «José Antonio y el futuro»; allí dije que yo no era falangista, pero que si alguien me confundía con mi auditorio me hacía un gran honor. Y el 29 de octubre del año en que el señor Girón hablaba de José Antonio en el Consejo Nacional del Movimiento, exactamente a la misma hora hablaba yo sobre el mismo tema en Barcelona.

• «UN LADRILLO POR DEBAJO DE LA PUERTA»

Bueno, pues tampoco debió de ser en este momento, ni cuando el señor director

general no quería fumar, .pero que usted sí podía, si quería-I ni cuando sobrevoló el amplio! despacho el recuerdo del hijo mayor, ocho años, que va todos los días al colegio, y no deja de ir ni cuando en la ciudad han asesinado al presidente del Gobierno. ¿O sería cuando se le preguntó si él era fraguista? «Quisiera serle. Yo le tengo que decir a usted, porque es verdad, que yo hice oposiciones a este Ministerio en el momento en que vi que Fraga llegaba a él. Y que a mí me influye cada día la línea de Fraga. Pero más o menos lo que hay son vinculaciones personales: hablar de líneas políticas me parece prematuro, porque no está estructurado un asociaciónismo político...» No se sabe si fue aquí. Lo del Ateneo está más claro: del Ateneo habla que hablar.

—¿Que se dice que mi gestión en el Ateneo ha sido un fracaso? Pues se dice mal. ¿Qué es lo que ha fracasado? Dije que se abriría en mayo, y abrimos el Ateneo en maye. ¿Eso es un fracaso? ¿Usted cree que, de verdad, el Ateneo de Carmen Llorca va a ser inferior al Ateneo de Cela?

—¿Usted cree que el Ateneo de Carmen Llorca va a ser inferior al Ateneo de Cela?

—>No va a ser en nada inferior ni va a desmerecer al de Cela. Y que conste que el Ateneo de Cela me ilusionaba muchísimo. Saber «todo lo de Cela...» Tenga usted en cuenta que la Historia siempre tiene menos prisa que la novela, pero dice siempre la última palabra.

—¿Qué le pareció la justificación de Cela para abandonar la idea.

—A mi me recordó una frase que se decía: -mucho cuando era pequeño, en tiempos de la guerra: «Como a ti te gusta mucho el chocolate con churros, te meto un ladrillo por debajo de la puerta.» ¿Por qué dice usted si a mí no me afectó lo de Puig? A mí me tocó profundísimamente. Lo que no veo es la relación.

—Ya ha visto usted los ataques que le han ofrecido a Carmen Llorca.

—Sí, y Carmen ha dicho frases muy bonitas. Primero: todo partió de una frase equivocada. Segundo: pudiera ser en algún caso que alguien que no se confíese antifeminista, se desahogue freudianamente por ahí... Pero, vamos: no hay Ateneo de Cela ni de Llorca: hay Ateneo de Madrid. Y esto es lo que va a hacer Carmen Llorca. Mire: no conozco, entre la media docena de peticiones fórmales que he tenido para formar la presidencia del Ateneo, a nadie tan capacitado como ella.

Digo media docena, que siempre son más de seis. No, ella no me lo pidió. Ella me pidió ser secretaria del Ateneo hace diez años, cuando yo era jefe de sección del Ministerio: «Sí alguna vez puedes, hazme secretaria del Ateneo...» Eso de pedir cargos es una cosa que yo creía que no existía. Una vez me dijo un insigne periodista español, aún vivo: «¡Pida usted ese cargo!» Me dejó muy impresionado. Perqué en mi capacidad mental no entra el pedir una cosa: entra el luchar por algo y ganármelo a pulso. Porque el pedir... ¿Ve usted como soy franquista...-

Algún historiador aficionado quizá quisiera recoger también un breve diálogo: «Lo que no hay en esta Dirección General es paternalismo de ninguna clase. Nos pasa que creemos en la madurez del pueblo español y la ejercitamos. Si alguna persona no está madura para la lectura de nn libro, pues que madure.» «Que no le oigan algunos, don Ricardo.» «Pues que me oigan. Para eso se lo digo a usted.» Y tampoco cabría despreciar la ampliación a un cierto prólogo: «Bueno, yo le dije por teléfono que si no estaba ya muy visto para «na entrevista. Pero después he pensado que el desgaste -se produce cuando no hablan de uno...»

PONTO

 

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