Autor: Navalón, A.. 
 Ricardo de la Cierva. 
 El Régimen en crisis     
 
 Guadiana.     Página: 13-15. Páginas: 3. Párrafos: 22. 

RICARDO DE LA CIERVA. BIÓGRAFO DE FRANCO

EL RÉGIMEN ESTA EN CRISIS

Las horas, pasadas desde las ocho de la tarde del viernes 27 de septiembre hasta las 12,30 del miércoles 1 de octubre, son, o así al menos las consideran los hombres del momento, las horas más largas que el país ha vivido en los últimos años. Sin embargo, tal vez ahora más que nunca se echa de menos las opiniones de los que, desde la responsabilidad del mo-menfo y con la mirada en el futuro, deberían hablarles a los españoles de la situación y de sus consecuencias previsibles.

Ricardo de la Cierva es un hombre lo suficientemente conocido. Acaso merezca mención especial su paso por la Dirección de Cultura Popular en la época de Pío Cabanillas. Con Ricardo de la Cierva

GUADIANA ha hablado de España ahora, haciendo el recorrido por los acontecimientos más importantes transcurridos del viernes 27 al miércoles 1. Ricardo de la Cierva no sólo habla en función de su personalidad política, sino que además analiza históricamente el momento que atraviesa el Régimen surgido de la guerra civil española.

LA SITUACIÓN ES NUEVA

—Estamos en un momento clave de la historia de España, por las circunstancias exteriores e interiores que se viven. El historiador, con el profundo conocimiento de los años decisivos de este país, desde los acontecimientos que llevaron al nacimiento del nuevo Régimen y su configuración, ¿encuentra algún paralelismo con situaciones pasadas o es una situación nueva la que estamos atravesando?

—Yo pienso que es una situación fundamental y radicalmente nueva, porque nunca la situación económica, social y cultural de España ha sido la de ahora y esto es algo que hay que apuntarlo en el activo del Régimen, aunque el Régimen parece empeñarse insensatamente en ignorarlo, pero así es. Yo precisamente basé en esta tesis mi conferencia en el Club Siglo XXI, que fue criticada duramente por algunos ángulos del Régimen como hostil, cuando en realidad había sido, en gran parte, su defensa histórica.

Pero junto con esta radical novedad —que debería excitar mucho más a la imaginación de nuestros gobernantes que su recelo— no cabe duda que hay una serie de semejanzas formales, que yo veo más que en una manida comparación, creo que muy inadecuada, con la situación de 1930; yo la veo, digo como una situación de mucha mayor novedad potencial, como fue el final del reinado de Isabel II. Hace poco he citado unos textos dramáticos del profesor Miguel Artola referidos a la situación agonizante del Régimen isabelino en 1867-68. Y me parece que simplemente el poder aplicar ese diagnóstico, en una parte formal pero importante, a aspectos de la situación actual ya es suficientemente sintomático.

La tesis de Artola que yo me he permitido trasladar a la actualidad es: Que un Régimen, el de 1845, que había conseguido una importante mejora en el aspecto exterior de España; que había impulsado el primer desarrollo económico importante de la Edad Contemporánea española; que lo había logrado mediante un sistema de poder curiosamente, cuyo principal exponente es don Juan Bravo Murillo, pero no el único; que había intentado hacer un sistema de equilibrio incluso de centro, después, en la época de la Unión Liberal, este Régimen se va agotando por razones mas políticas que económicas y financieras.

Evidentemente que, como ha demostrado muy bien el señor Albornoz, existió una crisis financiera, la del 66, que fue muy importante; pero, claro, aquella España no era, digamos, una España financiera, era una España todavía muy subdesarrollada".

1868: AGOTAMIENTO DE UN RÉGIMEN

"El trasfondo de la crisis fue, con toda la seguridad que nos puede dar una visión histórica desinteresada y documentada hoy, un trasfondo político. Fue el agotamiento político de un Régimen que provocó el retraimiento de aquellas colaboraciones que pudo recabar, incluso de aquellas personas que habían estado colaborando estrechamente con él en épocas anteriores. El Régimen se endureció y logró que todo el mundo se pusiera de acuerdo en que la solución era que terminase como tal Régimen. Entonces la Corana quedó virtualmente aislada, sin ningún apoyo, y el Ejército ejerció, de una manera muy desinteresada y muy patriótica, el papel de arbitro, porque la famosa batalla de Alcolea fue una batalla arbitral mucho más que una batalla seria. Desde el punto de vista militar fue realmente insignificante. El Ejército vencido se sumó al día siguiente al Ejército vencedor, y juntos entraron en Madrid, donde la Capitanía General ejerció una inteligentísima labor de arbitraje.

Entonces, esta meditación a mí me parece en estos momentos muy importante. Aunque en los aspectos formales puede hablarse de crisis de sistema político casi con las mismas palabras que la que experimentó el sistema político del 45 al 68 del siglo pasado. Sin embargo, la radical novedad, digamos, de la infraestructura económica, social y cultural de la España de hoy, nos permite pensar que de esta crisis política puede salir una situación radicalmente nueva, o la clave de una sana continuidad histórica, ya más que política, pudiera estar en que esa situación nueva no tiene por qué repudiar a la anterior, partir de cero: Es decir, que todo lo anterior ha sido falso. No, esto sería absurdo y supondría incidir otra vez en nuestra eterna ley del péndulo."

—¿Es la crisis más grave del Régimen?

—Evidentemente, sí; porque es una crisis de Régimen, y yo creo que este Régimen tuvo su última crisis de Régimen al filo de un resultado distinto del que se había pensado aquí acerca de la segunda guerra mundial. Desde entonces no ha habido en este país crisis de Régimen. Esta lo es.

EUROPA NOS CONSIDERA EUROPA

—¿Qué opina de las reacciones exteriores?

—Toda esta marea exterior en torno a España es algo que se debe ante todo racionalizar y de ninguna manera simplificar, y creo que para las decisiones de nuestra política interior esa marea exterior es un hecho, es un dato y es un contraste, pero de ninguna manera puede ser una coacción, y en ese sentido yo estoy completamente de acuerdo con la reafirmación de la dignidad española por parte del presidente del Gobierno en su discurso.

Ahora bien, España no es hoy un país aislado, creo que el aspecto positivo que puede haber entre tantas inmundicias, entre tantas incomprensiones de Europa y del exterior puede ser que ese exterior no sé sí queriéndolo, nos considera parte integrante suya. Es cierto que nos considera parte de Europa para la agresión o para lo peor, pero no por eso dejamos de ser parte integrante de ella. El hecho de que Europa no esté condenando unánimemente las arbitrariedades del señor Idi Amin

Dada y, en cambio, se esté centrando digamos en una condena evidentemente distorsionada de lo que está sucediendo en España puede parecer una grave injusticia, pero yo creo que tiene también en el subconsciente europeo un elemento positivo y es que Europa nos considera como parte suya.

Esto está sucediendo dentro de ella. Entonces se permite opinar sobre algo que sucede no solamente en España, y en ese sentido es verdad que es una injerencia intolerable en asuntos dentro de un país, pero, en cambio, es también una opinión sobre lo que está sucediendo en una parte de Europa, y esto puede tener una interpretación que a largo plazo resulte, si no alentadora, por lo menos positiva y constructiva. Comprendo que esto es muy delicado decirlo ahora, pero es que los historiadores y los escritores tenemos el deber de decir con serenidad las cosas delicadas en el momento que nos preguntan.

DEFENDER LA SOCIEDAD

—Hablemos del interior, de España.

—Es muy difícil centrar el tema sin apasionamientos cuando la respuesta del terrorismo ha sido una

nueva cadena de asesinatos de las fuerzas del orden. Yo creo que lo que están defendiendo esas fuerzas, y lo he dicho ya desde antes que se iniciara todo este guirigay exterior, no es al Régimen, no están defendiendo a una institución política concreta y determinada, no están defendiendo al Gobierno, claro que también están defendiendo a eso, como es natural, porque son la expresión de otras realidades superiores.

Pero lo que de hecho están defendiendo las fuerzas del orden es el Estado y la sociedad. Esto es una cosa que el pueblo español ha captado y en este momento la labor del Gobierno y de cualquier Gobierno y de cualquier Régimen es reasegurar la solidaridad entre las fuerzas del orden y la sociedad a la que defienden, porque si las fuerzas del orden, que van muchas veces a la muerte en sus misiones rutinarias, no sienten esa solidaridad profunda de la sociedad a quien sirven, naturalmente les fallaría su base moral y eso sería una catástrofe. Esto por un lado, pero por otro lado está, claro, el problema concreto de estas cinco penas de muerte, y vuelvo a decir lo mismo, creo que este problema hay que observarlo dentro de un contexto político...

SE APOYO A ESPAÑA

—¿Qué le pareció a Ricardo de la Cierva la manifestación del 1 de octubre en la plaza de Oriente?

—Como siempre, hay que matizar mucho. Yo he de confesar que el recurso al apoyo de las masas, digamos para justificar o apuntalar una línea política o la unidad del Régimen, no es una cosa que me agrade de una manera especial, yo pienso que esto es un sistema que, por ejemplo, el Portugal post-autoritario ha llevado a su máxima expresión, y todos sabemos lo que eso vale. Creo, sin embargo, que la manifestación del día 1 tiene un origen y una evolución distintas. A juzgar por los grupos que lo convocaron, no era representativa, porque esos grupos no representaban ni mucho menos a toda la opinión nacional.

Era una opinión digamos conservadora, a veces ultraconservadora. Sin embargo, de lo que sí estoy convencido es que millares de personas, decenas de millares de personas que se sumaron a esa convocatoria no iban para apuntalar ninguna unidad política, no iban para seguir a la convocatoria de unos grupos en cuanto que esos grupos eran conservadores o ultras, y sí, sin embargo, iban a reafirmar con su presencia y con su serenidad la razón y la dignidad de España. En ese sentido yo estoy completamente de acuerdo con la manifestación que además me pareció una cosa muy ejemplar.

Se vio muy claramente que lo que allí se estaba apoyando era a España como tal España. Eso es muy importante, y creo que así se ha recogido con suficiente amplitud en la prensa extranjera. Lo que podría llegar a ser grave es que los mismos grupos que intentaron hacer una convocatoria restringida y partidista traten de aprovechar de manera también restringida y partidista lo que fue un acto importante de afirmación nacional. Esto sí que me parece que sería absurdo y no tendría ninguna justificación. Y me preocupa mucho ver un indicio de esto en las dos versiones que RTVE dio del suceso. Yo lo vi con toda claridad, porque me parecía que era muy importante verla y asistí en parte a la manifestación y en parte la vi por TV.

EL DISCURSO DE ARIAS

—¿Se puede hacer un juicio crítico de las palabras del presidente de la nación en la noche del martes?

-----Sí, creo que se puede y que,

además, se debe. Creo que en el discurso del presidente hay, digamos, tres aspectos distintos. Primer aspecto: la reafirmación de la dignidad de España frente a lo que, simplificando, se llama la campaña del exterior. Creo que en esa reafirmación que incluye la solidaridad con las fuerzas del orden y la protesta contra las injerencias exteriores el tono del presidente fue acertadísimo, y comparto plenamente su contenido. Hay un segundo aspecto: Los puntos simplificadores de esa campaña exterior y concretamente

"Que Europa condene a España y no a Idi Amin, tiene un aspecto positivo.´ la reticencia en torno a ciertas peticiones. Yo creo que ahí el presidente tal vez incidió en una simplificación explicable, pero que debía quizá haber matizado mucho más. Ese mismo día, el cardenal de Holanda hizo una de las declaraciones, para mí más impresionantes de estos días. En función de estos datos no se puede sacar de su contexto una intervención de determinadas autoridades eclesiásticas, cuando hay otras que no han estado por ahí.

La actuación del Episcopado español en todo el contexto, y concretamente el telegrama del cardenal Tarancón después de los asesinatos del día 1, desde Roma; la declaración previa de los obispos españoles; en fin, todas estas cosas que han venido sucediendo, debían de haber exigido una puntualización mayor. Porque, a fin de cuentas, la Iglesia no es sólo una persona, aunque esa persona sea su cabeza visible. Y creo también —y soy tremendamente consciente de lo política que puede ser esfa opinión— que el Sumo Pontífice es, por encima de todo, el jefe y la cadeza visible de la Iglesia Católica, vicario de Cristo, y cuando el Papa intercede por unas vidas está en su papel en cualquier hipótesis y en cualquier caso.

Que el Papa cometiera una incorrección o una imprudencia de tipo político después de hecha la intercesión es muy posible, pero estoy completamente seguro que actuó dentro de un talante eminentemente religioso por sus motivaciones humanas, e incluso políticas, que pudieron llevarle quizá a una distorsión.

Yo esto no lo discuto. Pero una matización como la que modestamente estoy intentando ahora, no por defender al Papa, creo que sí, que la tiene que hacer el presidente de una nación que.tiene en sus leyes fundamentales la aquiescencia a la doctrina de la Iglesia. Aquello, ¿era o no era doctrina de la Iglesia? No soy teólogo, pero creo que la respuesta está muy clara: Matización en vez de simplificación.

Luego hay otro aspecto en las palabras del presidente, al decir o al insinuar que esa evolución que él había propugnado quedaba ahora virtualmente frenada. Pienso que esto es políticamente poco aceptable, porque equivale a reconocer la influencia política de la acción terrorista.

Creo que la respuesta del estadista, después de reafirmar con la dignidad que él lo hizo la dignidad de España por encima de todo (bueno, todo lo exterior nos puede servir como contraste), nos puede servir como referencia; es un dato que no podemos ignorar. Puede fundamentar nuestra protesta, pero de ninguna manera puede servir para que frenemos una evolución interna que no se hace ni en favor de Europa ni en beneficio del mundo, sino en interés nuestro. Si se le concede al terrorismo la posibilidad de frenar una evolución, se le está concediendo una beligerancia política tremenda. Que, por otra parte, de ninguna manera merece. • A. NAVALON.

 

< Volver