Autor: Calvo Hernando, Pedro. 
   ¿Por qué la prórroga?     
 
 Gaceta Ilustrada.    10/08/1975.  Página: 16-17. Páginas: 2. Párrafos: 27. 

PEDRO CALVO HERNANDO

¿Por qué la prórroga?

HEMOS asistido, en los últimos días que han precedido a las vacaciones políticas, a diversos acontecimientos, pero tal vez sea la prórroga de Ja legislatura el más resonante de todos y el más premonitorio de posibles novedades para los próximos ´meses. La semana pasada ´les hablaba yo de Ja pugna entre dos .líneas políticas, representadas por Arias Navarro y Rodríguez de Valcárcel, que se resolvía con una victoria del Presidente de las Cortes. Sigo considerando válido aquel planteamiento.

Pero posteriormente ha tomado cuerpo la tesis de que la decisión de la prórroga había sido adoptada personalmente por el Jefe del Estado, cuando todo el mundo daba ya por hecho que habría elecciones en otoño. Por este motivo, las especulaciones se han centrado después en las posibles intencionalidades de Franco al tomar una decisión tan grave.

Y ya nadie duda de que Jo invisible es mucho más importante que lo visible en este debatido tema de la prórroga y de que existen causas profundamente políticas por encima de las parlamentarias que se han venido alegando. Por 1o demás, esas causas parlamentarias no justificaban en absoluto la prórroga, como ha demostrado sobre todo Juan Antonio Ortega y Díaz-Ambrona en un importante artículo publicado en «Ya».

Las hipótesis

Se ha hablado mucho de un posible cambio en la Presidencia del Gobierno, por cese o dimisión de su titular, Carlos Arias Navarro. Tal acontecimiento se facilitaría con el aplazamiento de las elecciones, lo que permitiría además que otro presidente y otro Gobierno administrasen las elecciones de la primavera.

Otra hipótesis va todavía más lejos, pues añade la posibilidad de una renuncia de Franco a la Jefatura del Estado en favor del Príncipe don Juan Carlos. Según esa hipótesis, tal cosa sucedería cuando, mediante las operaciones políticas mencionadas, Franco tuviera la seguridad de un control institucional por parte de los sectores más ortodoxos def Régimen.

Naturalmente, todo esto no son otra cosa que rumores y especulaciones, sobre cuya verosimilitud nada se sabe y que surgen a partir del hecho indiciarlo de la prórroga de la actual legislatura de las Cortes, io que hay en medio de todo es el juego, más o menos soterrado, de los intereses, de las ambiciones y de las diversas concepciones sobre la configuración de nuestro futuro nacional.

El Jefe del Estado ya está pasando sus vacaciones en el Pazo de Meirás, lo que le permitirá probablemente unas muy profundas reflexiones sobre las decisiones a adoptar en los próximos meses.

Desde los puestos de observación política se tiene la impresión de que acaba de abrirse una etapa que puede conducir a cambios fundamentales en el panorama español, aunque de momento se observa una cierta pesadez en el ambiente, una gran incertidumbre y algo así como un cansancio o una desazón ante la falta de claridad o transparencia que ofrece el presente.

Carro defiende la imagen de Arias

Mientras el presidente Arias Navarro viajaba a Helsinki, al frente de la delegación española en la Conferencia Europea de Seguridad, su ministro de confianza, Antonio Carro Martínez, pronunciaba en el pleno de las. Cortes un discurso de difícil interpretación, en el que parecía estar ausente la posibilidad de esos próximos cambios fundamentales a que acabo de referirme.

Era meritorio su esfuerzo por presentar una imagen de Arias salvada del deterioro y libre de esa marca de retroceso que 1a caracteriza desde el discurso del 24 de junio en el anterior pleno de las Cortes. Los párrafos de aquel discurso citados ahora por Antonio Carro son precisamente los de un mayor sentido aperturista, pero los menos significativos si se sacan del contexto general en que fueron pronunciados.

Así, considera como «reafirmación nuclear» del discurso presidencial del 24 de junio el siguiente párrafo: «Precisamente ahora debemos servir la causa de hacer transitable el paso desde un Régimen personal y fundacional, a un Régimen objetivado e institucional; desde una legitimidad carismática, a una legitimidad racional; desde el protagonismo político de Franco, al protagonismo del pueblo español vertebrado en el entramado jurídico de nuestras Instituciones y culminado por la Monarquía tan dignamente titularizada».

No satisface a nadie

Pero en seguida, Antonio Carro se siente en la necesidad de infundir confianza a los sectores de la ortodoxia tradicional, cosa que le es absolutamente imposible, pues cuando estas gentes enfilan a alguien, ya no hay nada que hacer. Este es el que podía llamarse «brindis al bunker» por parte del ministro de la Presidencia: «Por supuesto que él Gobierno tiene bien presente de dónde parte y son superfluos los esfuerzos por recordárselo. El Gobierno parte de largos sacrificios y renunciamientos colectivos; de una paz dolorosamente conquistada; de un orden que es presupuesto y condición para cualquier proyecto de convivencia; de una resuelta voluntad colectiva de que nunca más las discordias ciudadanas ensangrienten nuestra geografía. El Gobierno parte de una historia próxima con la que se proclama solidario y cuya raíz se nutre en el 18 de julio, jalón fundamental de la historia moderna de España».

Es un discurso desigual, que trata de satisfacer a todo el mundo y que no satisface a nadie, pues ni unos ni otros le conceden la suficiente credibilidad. Y, por supuesto, menos todavía satisface a los partidarios del cambio político, pues sigue hablando de una continuidad evolutiva en la que no se adivina dónde está ni siquiera la evolución.

¿Qué reformas y cuándo?

Es cierto que afirma que la flexibilidad de la Constitución permite pensar en introducir en ella futuras reformas, pero no concreta absolutamente nada sobre cuándo se introducirían ni en qué consistirían. No vaya a pensar Carro que así va a vencer la resistencia de los reformistas de forma que éstos vayan a deponer de inmediato su actitud inhibicionista para empezar a participar con entusiasmo en el juego de las instituciones del Régimen.

Tampoco aclara en qué va a consistir esa sustancial analogía en la configuración constitucional de la Monarquía española con las de los países europeos de más alta cultura cívica. Cuando los hechos y los discursos nos están demostrando que la línea política es otra, difícilmente va Carro a convencer a nadie con esas tenues alusiones a futuras homologaciones. Aunque se le agradece al ministro la generosidad de decir que han sido cuidadosamente ponderadas todas las objeciones que en los medios informativos se ponen a las insuficiencias de la empresa política del Gobierno Arias. Así no tendremos la sensación de estar perdiendo el tiempo en cuanto a la eficacia correctiva de la prensa.

Reconocer la insuficiencia

Hay un aspecto muy interesante en el discurso de Carro Martínez. Recuerda Ja alocución televisiva de Carlos Arias al presentar el Estatuto de asociaciones, en la que «con gesto tan elocuente como la literalidad de las palabras, expresó ante toda la opinión nacional que aquel;

OPINIÓN PERSONAL

norma en su modestia, reconocida y aceptada, representaba la medida adecuada a la coyuntura del momento». Eso es tanto como reconocer la insuficiencia del Estatuto y la legitimidad del posibilismo a ultranza.

Y es lo que le permite luego decir que «hubiéramos querido que nos hubieran asistido con el concurso de su presencia hombres y grupos que han estimada preferible anteponer su escrúpulo abstencionistas a la ingrata andadura del posibilismo». En seguida lamenta tal actitud y asegura que son mayores los frutos de progreso político que cabe esperar de la esforzada entrega de los que dicen «sí». ¿Seria muy arriesgado suponer que An-~;o Carro se estaba refiriendo a las personas y grupos reunidos en FEDI, Sociedad Anónima? Creo que no hay la menor duda de que éstos son los destinatarios primeros de las lamentaciones de Carro, aunque —quién sabe— también podía estar pensando en aquellos «socializantes y democristianos» a quienes Arias había invitado a participar el día de su famosa rueda de prensa en TVE. Esas dos familias no tomaron en consideración el llamamiento, pero lo más grave es que lo mismo ´han hecho esas otras familias mucho más cercanas que han decidido fundar una sociedad anónima con fines políticos, la controvertida FEDISA. que tanto enfurece al «bunker».

Con todo, el más aceptable

Con muy santas intenciones, dignas del mayor encomio, Antonio Carro quiere jugar al juego de los imposibles. Si es cierto que lee la prensa con tanta atención, no ignorará las numerosas y convincentes razones que durante muchos meses se han venido exponiendo para explicar el abstencionismo de tantos sectores. No voy a repetirlas ahora, pues, además, hace sólo quince días que hice aquí un tratamiento exhaustivo del tema a propósito de FEDISA. Con todo respeto y cordialidad, yo le diría al ministro Carro que procure ser menos ingenuo y que no se atormente ahora con lamentaciones que ya no resuelven nada.

Con esto no estoy señalándole como culpable, pues él sabe muy bien que siempre he reconocido sus esfuerzos por imprimir otro rumbo a los acontecimientos. Por supuesto que son otros los responsables, pero con eso ya no se arregla nada.

Y tampoco ahora tengo el menor inconveniente en decir que el discurso de Carro Martínez en la presentación de la Ley de Incompatibilidades es el más aceptable de cuantos se han escuchado estos últimos días en boca de altas autoridades de la nación. Es también el menos triunfalista y el más realista. Pero repito que eso no arregla muchas cosas.

Solís:

«El Estatuto no es estrecho»

Y aunque las comparaciones suelen ser odiosas, ahí tenemos el discurso de José Solís en el pleno del Consejo Nacional del Movimiento, e! pleno en que se aprobó el proyecto de comparecencia electoral de las asociaciones, se autorizó definitivamente a la UPE y se denegó la petición de llamar Falange Española de las JONS a un proyecto asociativo. Es el discurso del «ahora somos todos reformadores» y del «ni cierre ni ruptura».

Es el discurso en que el ministro secretario general del Movimiento presenta un «rostro» bien distinto de la realidad asociacionista Frente a la modestia, el posibilismo y el reconocimiento de la insuficiencia del Estatuto, que es la actitud de Carro, ahí tenemos el panorama maravilloso que dibuja Solís. No tiene empacho en asegurar que ahí caben «todas las tendencias programáticas que de verdad pretendan la libertad, la justicia social...».

«El Estatuto no es estrecho», asegura. Y también: «El hecho de que las asociaciones políticas estén en el Movimiento, y en el territorio de este Consejo Nacional, asegura la participación política de los españoles y no la limita». De un plumazo está descalificando a todos aquellos que eran partidarios de residenciar las asociaciones en el ámbito del Estado, en el territorio de la Administración y bajo el control jurisdiccional de los Tribunales.

Y creo que es saludable y elucidativo recordar que ese era el marco que el Presidente Arias deseaba para las asociaciones. Y de ahí su tristeza y su disgusto en aquella alocución televisiva de diciembre, cuando ya el Estatuto había sido desvirtuado por causas ajenas a su voluntad.

Y para colmo. Solís dice también que todas las asociaciones tendrán el mismo trato y que «aquel que no participe será porque no le apetezca, o no quiera, o tal vez porque tenga miedo al fracaso». Curiosa manera de zanjar un problema que se sitúa en la zona más delicada de la presente coyuntura del Régimen, que es la respuesta social al Estatuto asociativo. Respuesta que, hasta el momento, apenas protagonizan otros que los que siempre han estado participando activamente dentro del propio sistema.

Ahora vienen las vacaciones. Espero que en septiembre, cuando esta sección reanude el contacto con sus lectores, existan indicios que permitan adivinar algunos motivos para un mayor optimismo. Así lo deseo de todo corazón.

GACETA ILUSTRADA

 

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