Autor: Calvo Hernando, Pedro. 
   ¿De qué cambio se habla?     
 
 Gaceta Ilustrada.    06/04/1975.  Página: 24-25. Páginas: 2. Párrafos: 24. 

¿De qué cambio se habla?

DEBEMOS prepararnos para el cambio», había dicho e! ministro de la Presidencia, Antonio Carro Martínez, en la toma de posesión del nuevo secretario general técnico de la Presidencia del Gobierno, Jaime Basanta, que ha sustituido a Fernando Suárez, el de la carrera meteórica. ¿Para qué cambio debemos prepararnos? Según el ministro Carro, «para el cambio que en el día de mañana se producirá hacia la monarquía social, representativa y democrática, que conservando todo lo conseguido hasta la fecha, habrá de abrir cauces, modos y formas adecuadas a las exigencias del nuevo momento>. Pero había advertido que mientras esté Franco, «no hay que temer ningún cambio político, que no tiene por qué producirse».

Sumamente ambiguas encuentro estas palabras del ministro de la Presidencia. Parece como si hasta que se cumplan las «previsiones sucesorias» aquí no tuviera que haber ningún cambio, y lo más que habría que hacer es «irse preparando» para ese futuro cambio.

¡Vaya por Dios! Lamento de veras que Antonio Carro nos salga ahora con semejante historia, cuando durante meses se le ha venido considerando como uno de los más cercanos colaboradores de aquella política preconizada por el Presidente Arias. Carro se salvó de la «depuración» del 29 de octubre, que costó la «vida ministerial» a Pío Cabanillas y Antonio Barrera de I rimo. Los tres formaban el soporte fundamental del 12 de febrero de Carlos Arias. .¡Qué ha pasado? Pues seguramente que no existe ya tal 12 de febrero, por lo que ni Carro ni nadie se ve en la necesidad de defenderlo.

Tienen que producirse ya

Puede ocurrir también que el ministro de la Presidencia no haya sido afortunado en la expresión, de su pensamiento. Pero me parece que se trata de un tema lo suficientemente claro como para que no tenga ninguna dificultad de exteriorización. Para mí, es evidente que los cambios tienen que producirse ya, pues son varios los años de retraso que llevamos. No hay que irse preparando para un futuro cambio, sino que hay que realizarlo ya en la praxis política.

Demorarlo me parece una actitud suicida, y digo esto haciendo un esfuerzo mental por situarme en la perspectiva de los responsables del Régimen. Serían precisamente sus peores enemigos los más interesados en mantener un inmovilismo a ultranza, en la convicción de que ésa es la forma más segura de hacerlo desaparecer por consunción.

Mientras que el Régimen no parece demasiado inquieto por pertrechar su propio futuro, el titular de esa futura Monarquía «social, representativa y democrática» acaba de culminar una semana de «presencia catalana», que constituye sin duda uno de los viajes mejor orientados desde que don Juan Carlos de Borbón fue designado sucesor a título de Rey en la Jefatura del Estado.

Juan Carlos: Viaje con autenticidad

En repetidas ocasiones recuerdo haber escrito sobre el carácter protocolario de los viajes de los Príncipes de España por las provincias españolas y de los abrumadores programas de actos oficiales sin la menor conexión con la realidad viva de regiones visitadas. Por ello tengo que congratularme de que el reciente viaje a Barcelona se haya inscrito en una línea bien distinta. La prensa catalana ha destacado con acierto la sensibilidad demostrada por don Juan Carlos al entrar en contacto directo con la cultura, la espiritualidad, las tradiciones, las instituciones peculiares e incluso la vida laboral y la problemática habitacional de la región catalana y muy especialmente de su capital, Barcelona.

Ha habido, sobre todo, una constante preocupación por impregnar de autenticidad a la estancia del Príncipe en Cataluña. La catalaneidad ha estado presente en sus diversas manifestaciones. Ello ha dotado sin duda de popularidad al viaje de los Príncipes de España, de una popularidad que en otras ocasiones es menos espontánea y menos auténtica, aunque sea más multitudinaria.

Y todo ello sin que yo quiera hablar aquí de enfervorizadas manifestaciones en

favor de don Juan Carlos y de la fórmula sucesoria y política que él protagoniza. No; en esta ocasión dejo ese tema al margen, para centrar la reflexión en lo que el viaje ha representado como prueba de sensibilidad ante lo que es y representa Cataluña en el contexto del Estado español.

El último Consejo de Ministros

También hubo Consejo de Ministros decisorio, con el decreto del nuevo salario mínimo, los nombramientos de altos cargos y el proyecto de Ley General Presupuestaria. El salario mínimo de 280 pesetas es eso, mínimo, pero no es el salario suficiente para la España de abril de 1975. ¿Puede un trabajador y su familia vivir con menos de nueve mil pesetas mensuales? Es una pregunta que no necesita una respuesta mía, pues cada lector tendrá bien clara su propia respuesta.

Pero el Consejo de Ministros no aprobó —contra lo que se había comentado previamente—ningún decreto de indulto general ni de huelgas. Son dos grandes temas que han quedado pospuestos. Uno y otro dependen de la iniciativa de dos nuevos ministros: José María Sánchez Ventura y Fernando Suárez González. ¿Cuánto tiempo tardarán en «tomar tierra», o en «tomar conciencia» del problema?

Sánchez Ventura, nuevo titular de Justicia, está considerando —al parecer— la posibilidad de un indulto más generoso que el considerado por su antecesor, Ruiz Jarabo. Se habla de que no se excluirá del indulto a los reincidentes. Algo es algo, y no importaría una demora de varias semanas si ello repercutiera favorablemente en una mayor amplitud de esa medida humanitaria en este Año Santo de la Reconciliación.

¿Por qué no la amnistía?

Pero, ¿eso quiere decir que la amnistía ni siquiera va a ser considerada por el Gobierno? La auténtica reconciliación entre los españoles difícilmente podrá producirse sin pasar por el meridiano de la amnistía de todos los condenados por delitos de intencionalidad política y de objeción de conciencia, a los que se refiere la petición de «Justicia y Paz» y las ciento sesenta mil firmas de españoles que la avalan.

Un indulto es un simple perdón o una reducción de penas, sin poner en cuestión la naturaleza del delito que las originó. Una amnistía política entraña no sólo la supresión de la pena sino la desaparición del delito y de sus vestigios, es decir, la profunda modificación legislativa, en el sentido de un cambio de orientación que deje de considerar delictivos a comportamientos que no lo serían si los derechos fundamentales del hombre fuesen reconocidos tal y como vienen formulados si le declaración de la ONU y en la Convención Europea para la Salvaguarda de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales.

Naturalmente, se trata de una importante decisión política que compromete a mucho. Pero cuando se habla de cambio, de reconciliación o de proceso democratiza-dor hay que ser conscientes de que tras las bellas formulaciones semánticas aparecen unos compromisos en forma de hechos concretos. ¿Será posible la amnistía?

Huelga: ¿Hubo pacto Arias - Suárez?

Y, por su parte, el nuevo ministro de Trabajo, Fernando Suárez, se encuentra en una delicada situación respecto al tema de la regulación de la huelga laboral. La dimisión de Licinio de la Fuente se centró precisamente en su discrepancia con un endurecimiento que el Gobierno pretendía introducir en el decreto preparado por el Ministerio de Trabajo.

Nadie sabe a ciencia cierta si Fernando Suárez pactó con Arias Navarro la solución del tema de la huelga, antes de aceptar su nombramiento como ministro de Trabajo. Si hubo pacto, ya tenía que ´haber salido a la luz; Si no lo hubo, no sería disparatado pensar en una fulminante salida del Gobierno de quien lleva un mes escaso formando parte del mismo. El decreto de huelgas es uno de los más trascendentales asuntos que puede tener entre manos un ministro de Trabajo e incluso un Gobierno.´ ¿Cuándo habrá noticias?

Hace varios meses, al enviarse a las Cortes el proyecto de Ley de Relaciones Laborales, se justificó la exclusión de la huelga en tal proyecto por razones de urgencia. Todo hacía pensar que la huelga iba a ser regulada por decreto durante el mes de febrero. Ya vemos que han pasado febrero y marzo y seguimos igual. ¿Había o no había razones de urgencia para hurtar a las Cortes el conocimiento de un asunto de tan especial envergadura? Una vez más, el problema de la arbitrariedad en la apreciación de si concurre o no una determinada circunstancia.

Paro con inflación

También se encuentran en estudio una serie de medidas económicas que el Gobierno tiene que adaptar para salir al paso en lo posible tanto del constante deterioro del valor adquisitivo de los salarios como del incremento perceptible y continuado del índice de desempleo. El coste de vida aumenta vertiginosamente. Cuando escribo este comentario, aún no se han hecho públicas las cifras correspondientes al de febrero, pero se teme una tasa superior al 2 por ciento sólo con referencia a ese mes.

La inflación es galopante y el paro laboral no deja de aumentar. Es decir, reunimos en este momento los dos grandes males que antes aquejaban a las economías nacionales por separado. Había paro o había inflación. Nosotros tenemos ahora las dos cosas y en proporciones verdaderamente alarmantes. El índice de paro ya ha alcanzado el 2,19 por ciento de la población activa del país, que es una cifra desconocida en España desde hacía muchísimos años.

¿Se ocupará de todo ello el Consejo de Ministros del próximo 4 de abril? Eso es lo que el país espera con auténtica impaciencia.

Jiménez Ouílez y Rodríguez del Castillo

Menos mal que ahora tenemos a dos periodistas en altísimos cargos oficiales relacionados con ía información, Manuel Jiménez Quílez, subsecretario de Información y Turismo, y Gonzalo Rodríguez del Castillo, director general de Coordinación Informativa. A ver si ellos nos echan una mano y nos hacen más fácil la ascensión de este durísimo año de 1975, que también se está poniendo francamente difícil en el terreno periodístico, como lo demuestran las noticias que cada día se publican relacionadas con dificultades y sanciones a medios informativos.

Jiménez Quílez —que fundó esta revista de ustedes— y que es un hombre amable y campechano, además de fraguista, nos ha dicho al menos, al tomar posesión de su nuevo cargo, que «vamos a intentar lograr el necesario drenaje informativo de la Administración, porque conocemos las dificultades, más que necesarias e inútiles, contraproducentes, que se oponen en demasiadas .ocasiones a la tarea profesional

de nuestros compañeros». Hablaba en su nombre y en el de Rodríguez del Castillo.

Que no nos pongan trabas

Ya se sabe que en estas ocasiones se dicen muy bellas cosas, como se ha visto en los numerosos actos de toma de posesión de estos días, consecuencia de los últimos nombramientos políticos. En todos esos discursos hay que entrar con una fuerte rebaja lineal del importante componente protocolario y para la galería que conllevan.

Pero conociendo a Jiménez Quílez y a Rodríguez del Castillo —dos perfectos caballeros y dos esforzados hombres del servicio público— se hace uno la momentánea ilusión de que ahora todo nos va a ser más fácil a los periodistas porque hemos conseguido «situar» a dos compañeros en tan estratégica y decisiva zona de la Administración informativa.

La verdad, la verdad es que no aspiramos nada más que a una cosa bien sencilla: a que no se nos pongan trabas en nuestra labor de información y de enjuiciamiento crítico de ía realidad que nos circunda. ¿Es mucho pedir?

 

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