Autor: Calvo Hernando, Pedro. 
   Portugal está ahí     
 
 Gaceta Ilustrada.    23/03/1975.  Página: 26-27. Páginas: 2. Párrafos: 23. 

PEDRO CALVO HERNANDO

Portugal está ahí

Durante la última semana no se han aclarado grandes cosas en el panorama político español. El intento contrarrevolucionario portugués del pasado martes ha enardecido un poco más las pasiones y los sentimientos entre los diversos sectores del abanico político, pues todos miran hacia Lisboa con una invencible inclinación al paralelismo y a la contemplación con aires premonitorios del proceso político de nuestros vecinos. Lo divertido es observar las tan dispares conclusiones a que unos y otros llegan después de haber aplicado los más rigurosos métodos analíticos.

Portugal está ahí mismo. La campaña electora!, las elecciones (si se celebran) y toda la alta tensión de los próximos meses será seguida desde España casi, casi como si se tratara de un problema de propia política interior. Al margen de las innegables diferencias estructurales e institucionales entre los dos países, existe una gran interdependencia sicológica y una cercanía geográfica que no puede ser mayor ni de más largas fronteras. La vibración instantánea por el tema portugués la hemos venido experimentando desde que el 25 de abril del pasado año fue derrocada la dictadura caetanista. Así ha sido y así será, inevitablemente.

La política, neutralizada

En el plano político interior, como decía, no se han aclarado muchas cosas, aunque no han dejado de producirse sucesos, como la asamblea de ex combatientes de Zaragoza, las reuniones tradicionalistas de Madrid, una cierta reactivación del asociacionismo político, o el pleno de las Cortes Españolas en que se aprobó la ley del libro.

Pero, por encima de los concretos sucesos, hay una impresión que dominaba en ciertas esferas de las alturas políticas. Es la impresión de que la pugna inmovilismo evolución ha quedado un tanto neutralizada, tras la crisis de Gobierno del 4 de marzo y tras el discurso de José Antonio Girón en Zaragoza el día 9. Entonces, sería este un lapso en el que «no puede haber política», es decir, que atravesamos una etapa en la que no es fácil ni avanzar ni retroceder. Un cierto estancamiento, que puede muy bien prolongarse hasta después del paréntesis de la Semana Santa. Nada de esto quiere decir que las tensiones hayan decrecido. Lo más que sucede es que, por el momento, parecen algo neutralizadas.

Zaragoza y la convivencia

En Zaragoza se dijeron algunas cosas que no favorecen nada a la creación de un clima nacional de diálogo y convivencia democrática. Incluso se profirieron algunas extremosidades absolutamente impropias tanto de la ocasión como de las personas que las patrocinaban. Hubo incomprensibles ataques a la prensa y torpes proposiciones de mezclar a los curas en políticas sectoriales y de crear extraños comandos para garantizar el orden universitario, así como de militarizar pelígrosísimamente a los estudiantes de los últimos cursos para asustarles con la jurisdicción castrense. Me pregunto si estoy soñando o si es cierto que semejantes aberraciones gozan de circulación normal en la España de 1975.

Ha resultado que la actitud más moderada ha sido la de José Antonio Girón, presidente de la Confederación de Ex Combatientes, sin que ello signifique que haya retrocedido un ápice en su peculiar visión de los problemas del país y en sus personalísimos planteamientos políticos.

No hubo hachazo de Girón

Girón aceptaría como buenas las alternativas, evoluciones y actitudes reconciliadoras si no nos encontrásemos en la práctica con un movimiento subversivo ascendente y con una inquietante expectación ante el futuro. No veo por qué lo uno haya de condicionar a lo otro.

Que «una crisis de autoridad impediría cualquier clase de posibilidad democrática». Bueno. Pero, ¿quién entiende «por democracia o por libertad de expresión, o simplemente por libertad, el asesinato de un presidente del Gobierno, una matanza de inocentes en la Puerta del Sol de Madrid...?». Nadie, que yo sepa. Esta vez no hay ni sombra de contradictor de creación artificial.

Girón no ha asestado ningún hachazo al Presidente del Gobierno, contra lo que algunos se temían, dada la inmediatez de la crisis en que Arias Navarro se había desprendido de esos dos bastiones del gironismo que había en el Gobierno: Utrera Molina y Ruiz Jarabo. Tal vez el presidente de los ex combatientes haya recibido consejos o presiones de personas cercanas a él, o tal vez él mismo se haya dado cuenta de que no es político manifestar ahora enfrentamientos radicales, sobre todo cuando se ha producido una crisis que sólo ha venido a restablecer en parte el equilibrio roto con la salida de Pío Cabanillas y Barrera de Iirimo cuatro meses antes.

Luces y sombras

Y Girón ha elogiado al Presidente del Gobierno, pero de modo significativo sólo por aquellos aspectos de las declaraciones televisivas que más hablan de dureza y de autoridad. Y ni una palabra sobre las notas esperanzadoras no ya del programa del 12 de febrero sino ni siquiera de las manifestaciones presidenciales ante las cámaras de televisión. Las posiciones políticas nunca, como en este caso, se perfilan más por las omisiones que por las declaraciones expresas.

Incluso otros oradores de Zaragoza se habían permitido muy significativas alusiones a que aquí no hay más espíritu que el del 18 de julio.

Por supuesto que Girón dijo varias cosas con las que es preciso estar de acuerdo, al menos en su expresión literal, sin escarbar en las motivaciones, en las intenciones o en las descalificaciones que puedan llevar implícitas.

De acuerdo en que «no se regatee al pueblo español lo que se le debe en orden a su plenitud social y económica, a su libertad, a su participación en la vida política y sindical».

OPINIÓN PERSONAL

El eterno argumento

A continuación viene e! eterno argumento de los que no pueden evitar su escase inclinación por la democracia política y su ardor semántico por una justicia social que nunca podrá ser plena en un contexto político no plenamente democrático. Oigamos a José Antonio Girón:

«Porque es muy fácil hablar de participaciones formales y escamotear, en un juego malabarista, la participación que de verdad importa: aquella que reduce la distancia que aún separa a las clases y a los hombres de España».

Es muy curiosa esa manía de tachar de falta de inquietudes sociales a quienes defienden las libertades políticas formales. Es curiosa y además disparatada. No conozco mejor procedimiento para garantizar e! progreso social y la reducción de distancias entre las clases que el consistente en que sea e! mismo pueblo el que lo garantice. Y la representación popular garantizadora de tales cosas tendrá que formarse de alguna manera. La menos falaz que conozco es la que resulta de la expresión democrática de la voluntad popular, mediante las elecciones libres y el sufragio universal.

Las libertades formales

Para que ello sea posible es absolutamente necesario que antes se instauren las libertades formales, esas que tantas reticencias parecen inspirar a José Antonio Girón y a los hombres de pensamiento afín

De manera que no hay escamoteo ni juego malabarista,-sino al revés: la aspiración a crear las garantías para que la justicia social sea una realidad. Y hasta podría volverse por pasiva aquel argumento: ¿no será que bajo el pretexto de hablar entusiásticamente de una justicia social (sin garantía popular) lo que algunos buscan es el escamoteo de las libertades políticas? Pregunto, simplemente.

Y de nuevo otro aspecto del discurso de Girón que me parece muy acertado y que desearía ver confirmado por los hechos y las conductas: «No somos inmovilistas, porque nuestro estilo reside en el pensamiento y en la acción, y por eso estamos aquí. Tampoco miramos hacia atrás porque no nos gusta convertirnos en estatuas. Nuestro ánimo y nuestro corazón acampan resueltamente en el futuro, junto a la dificultad y al riesgo; pero también junto al amor y a la esperanza». Lástima que no haya sido este el lenguaje habitual entre los oradores de Zaragoza...

Cantarero: La primera asociación

Mientras tanto, continúa el proceso dinámico en otras áreas de experimentación política extra gubernamentales. Me refiero al mundo asociacionista. La Comisión. Permanente del Consejo Nacional del Movimiento, en su reunión del miércoles día 12 (la primera presidida por el nuevo ministro secretario general, Herrero Tejedor), ha concedido la autorización de funcionamiento provisional de la primera asociación política, Reforma Social Española, promovida por Manuel Cantarero del Castillo y un grupo de animosos «correligionarios» de tendencia social democrática y de ubicación centro izquierda, al menos dentro del contexto de las fuerzas políticas que actualmente se mueven en la legalidad.

Ahora es cuando realmente ha nacido ya una asociación política en España y desde ese momento es cuando comienza a correr para ella el plazo de seis meses en e! que deben reclutar los 25.000 socios que la lleven al reconocimiento definitivo. Cantarero y sus amigos piensan que, a pesar de las estrecheces y de. las dificultades, pueden hacer llegar a las Cámaras un grupo de representantes de ideología democrática e influir positivamente en el proceso de democratización y en la creación de una conciencia pública proclive a la consolidación de una convivencia en la libertad.

La alternativa silvista

Aun en el caso de que el sistema asociativo terminara en fracaso, no dejaría de ser útil la existencia y el rodaje de una serie de organizaciones políticas, con unos cuadros organizados y con un peso en la opinión pública. Eso siempre sería positivo de cara al futuro.

Supongo que Cantarero y sus amigos estarán muy interesados en que cristalice el intento de Silva de crear otra asociación, Unión Democrática Española, que sería la teórica alternativa centro derecha dentro del juego asociativo. Probablemente sería una corporeización asociativa de lo que ideológicamente han venido representando el diario «Ya» y la Editorial Católica, expresiones de uno de los sectores más interesantes y presentables del Régimen. Con la convicción, por una y otra parte, de que en un eventual ensanchamiento de las opciones políticas, tanto Reforma Social Española como Unión Democrática Española experimentarían un corrimiento situacional hacia la derecha.

La lucha contra el tiempo

Los falangistas y los tradicionalistas tienen esbozados también sus respectivos esquemas doctrinales y programáticos, al menos en las versiones de los Círculos Doctrinales José Antonio y de la Hermandad de Antiguos Requetés, respectivamente. Aunque es bien conocido que ni uno ni otro sector agotan el repertorio de fuerzas de origen falangista y tradicionalista. Es de suponer que esos y otros intentos asociativos se irán clarificando a lo largo de las próximas semanas. Sin olvidar la llamada Alianza del Pueblo, que reclutaría a buena parte de las actuales fuerzas «movimientistas».

En cualquier caso, y si no hay prórroga de la legislatura, lo que nadie cree ya es que las asociaciones nacientes o en ciernes lleguen a tiempo de concurrir a los procesos electorales del próximo otoño. Es esta una lucha contra el tiempo, a la que no se le ve una fácil salida.

 

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