Autor: Otero, Carlos. 
 Economía. 
 ...Aunque sea mala     
 
 Gaceta Ilustrada.    23/03/1975.  Página: 30-31. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

ECONOMÍA

...AUNQUE SEA MALA

La bomba económica de la semana estalló con un comunicado del Consejo Nacional de Empresarios —organismo inserto dentro del ámbito sindical— en el que se mantiene una actitud pro-fundamente pesimista sobre la evolución de la economía.

Lo que ya se ha dado en llamar «Manifiesto de los empresarios» es un documento de cuatro folios que contiene las conclusiones de un informe más amplio sobre la coyuntura económica, en el que, por primera vez, los empresarios españoles adoptan colectivamente una postura profundamente crítica

INCERTIDUMBRE. — Lo más destacable del manifiesto se encuentra en la solicitud de una explicación sobre la política económica, que el Consejo concreta en «cuáles van a ser las grandes líneas de acción concordes con unas metas definidas a alcanzar. Una exposición clara y completa de esta política sería de suma importancia en los momentos actuales, en los que la incertidumbre económica es palpable».

No hace falta ser un experto lector entre líneas —ejercicio que todavía es conveniente saber realizar —para darse cuenta de que los empresarios, de verdad, están diciendo que no existe tal política económica. A nadie se le ocurre pensar que la sensibilidad y la capacidad de orientación del empresariado español sean tan escasas como para no darse cuenta de la existencia de unas directrices de política económica. Si existieran estas directrices no cabría hablar, como lo hacen, de incertidumbre; en todo caso, de descontento.

Y no hay que ser ningún lince para constatar este hecho cuando líneas más abajo piden que se evite, en lo posible, cualquier medida de política económica que pueda incidir realmente sobre los costes. Es evidente que el empresario español no puede caminar a oscuras. Es imprescindible conocer las reglas del juego, saber en qué terreno se van a desarrollar las expectativas de las empresas. Recuerdo que hace un par de años entrevisté al conocido economista y Premio Nobel Simón S. Kuznets.

Cuando le pregunté cuál era su opinión sobre la política económica española me contestó: No conozco cuál es la política económica española, pero le puedo decir que siempre es buena política tener una política.

Hay quien completa la frase del famoso economista con un irónico aunque sea mala. Entre otras razones porque se piensa que cualquier medida que se tome será mala. Pero otros dan la vuelta a la frase y creen que cualquier medida —aunque sea mala— será buena. En lo que todo el mundo parece estar de acuerdo es en que lo que no sirve para la economía es «hacer camino al andar»; tiene que estar trazado de antemano.

SOLUCIONES. — Lo más grave de todo esto no está en la inexistencia o la ambigüedad —lo que la hace prácticamente inexistente— de la política económica, sino en el retraso de soluciones terapéuticas cada día más inaplazables. Tenemos unos instrumentos económicos válidos hasta un cierto grado de desarrollo de la economía y de la sociedad española. Estos instrumentos —llámense sistema fiscal, incentivos de localización industrial, etcétera— saltan hechos añicos pasado un cierto nivel de crecimiento.

No sirven y su ineficacia puede ocasionar unos efectos perniciosos irreversibles. Por otro lado se están superponiendo los problemas estructurales de la economía española con los coyunturales, con lo que se está formando un coctel que puede ser explosivo. Y hay que tener en cuenta que mientras más se retrase la solución, más dificultades habrá en ella.

En otro orden de cosas, los empresarios señalan en su comunicado la posibilidad de que la economía se estanque o incluso registre una contracción. Ahora mismo estamos en un crecimiento cero y no apuestan por un crecimiento del producto bruto a lo largo del año superior al 3 por ciento. La inflación, a pesar de la recesión, sigue siendo preocupante y piden que se tomen medidas más enérgicas en la lucha inflacionaria, con cierto detrimento de la expansión.

Esta es una opción posible, aunque muy discutible, porque si el ritmo de crecimiento es nulo nos metemos en la recesión al contraer más la demanda para luchar contra la inflación. Parece más congruente lanzarse al crecimiento como ya han hecho todos los países occidentales (recuérdese la sucesiva disminución de los tipos de interés), aunque tengamos que soportar, una inflación algo más elevada.

Esta opinión está, en cierta forma, avalada por un hecho del que se deja constancia expresa en el comunicado del Consejo de Empresarios. Afirman que en el plano crediticio se sigue acusando, una menor demanda para financiar nuevas inversiones, al mismo tiempo que se incrementa la demanda para financiar la inmovilización de «stocks» dé productos terminados.

Carlos Otero

 

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