Laboral. 
 No me llames conflicto llámame huelga     
 
 Gaceta Ilustrada.    23/03/1975.  Página: 31. Páginas: 1. Párrafos: 2. 

LABORAL

NO ME LLAMES CONFLICTO, LLÁMAME HUELGA...

La noticia de la posible ascensión del salario mínimo (a las trescientas pesetas) no ha despertado el interés alcanzado en otras ocasiones. De las actuales 225 pesetas a las probables 300 hay un trecho poco considerable, aún si se olvidara que la escalofriante alza de precios no está precisamente controlada por decreto. Los trabajadores españoles están mucho más cerca del suelo y de los costes de! país que las sucesivas leyes relacionadas con ellos. Según la mayoría de las opiniones recogidas últimamente, nadie duda ya del peligroso desfase entre los dos sectores.

VERBORREA. — Don Juan Luis Cebrián escribe en «Informaciones», de Madrid, sobre el nuevo ministro de Trabajo, don Fernando Suárez, y explica: Dicen que el dia de su nombramiento estaba triste y preocupado en su despacho de presidencia. Motivos tenía para estarlo. El proyecto de regulación de la huelga que originó la dimisión de su antecesor es por supuesto uno de ellos. Se pretendía alumbrar en él un nuevo concepto para definir la huelga misma: Conflicto colectivo directo». La verborrea semántica y sin sentido de nuestra política se vería asi enriquecida. Y resulta —según el proyecto— que la huelga tiene que ser autorizada por el Gobierno, como quien dice, en cada caso. Vaya un invento.

Creo que el defecto de base es el planteamiento. Se pretende —teóricamente, claro— legalizar las huelgas, porque existen. Pero lo que falta es el reconocimiento moral de que la huelga es un medio licito de defensa de los trabajadores. Si eso no se produce, y para eso hay que cambiar el Código Penal, el Fuero del Trabajo y otras cuantas cosas, estaremos como otras tantas veces: inventando palabras y articulando leyes que no se cumplen.

Desde luego se producen otras opiniones de signo diverso. El Consejo Provincial de Empresarios valencianos ha dicho que no a la Ley de Relaciones Laborales —según cuenta en «La Vanguardia», de Barcelona, Vicent Ventura— porque cree que los obreros en huelga tienen que poder ser despedidos si la huelga se produce en condiciones extra laborales. Al obrero se le sube el sueldo, se le permite alguna reunión, se le dice cuándo una huelga es buena y cuándo mala. Demasiadas facilidades, parece pensar el trabajador. que, cada día más, deja evidencia comunitaria de que su opinión existe y debe ser tenida en cuenta.

ABRIR LOS OJOS. — Podemos ver, con sólo abrir los o/os... El artículo de don Juan Muñoz Campos publicado en «Ya, de Madrid, titulado «La táctica sindical», iniciaba así una serie de «qués», después de decir que las actuaciones de la Organización Sindical se quedan en meras manifestaciones verbales o escritas. ¿Qué es lo que podemos ver si abrimos los ojos? Que el Congreso Sindical, pese a las numerosas fundones que la ley le tiene atribuidas, todavía no ha

empezado a actuar (...). Que los Consejos de Empresarios y de Trabajadores, pese a sus manifestaciones, que todos hemos leído con interés —y en algunos casos con verdadero asombro y total perplejidad—, no parece que actúen consecuentemente para hacer eficaces sus acuerdos. No alcanzamos a entender las razones determinantes de ese actuar, tan poco claro: andar, luego pararse, y a continuación proclamar la andadura hecha / lamentarse por la que falta, pero sin dar otro paso. Así sus posibilidades reales para obtener una buena imagen pública cada día son menores...

El examen del señor Muñoz Campos alcanza críticas tales como que el Ministerio de Relaciones Sindicales no tiene ningún parecido con una central sindical operante, inquieta, bulliciosa, por lo que ese Ministerio no ofrece ningún signo que lo tipifique como un órgano sindical vivo, receptor. de inquietudes y dispuesto a utilizar sus facultades, desarrollar sus competencias, hacer actuar a todos los entes que integra y aplicar todos los medios de que dispone para justificar su presencia, con plena legitimidad de ejercicio, máxime cuando en lo doctrinal es tan reprochable. El artículo recuerda que la .realidad no perdona a quien la ignora y sugiere que hay que provocar en la realidad social que eí mundo del trabajo esté presente, por medio de una representación auténtica e idónea y no tutora y manipulante, en la empresa, en los órganos supraempresaríales, de carácter nacional y aun internaciónal. en todos los órdenes e instancias de la comunidad política.

En el artículo previamente citado del señor Cebrián, el periodista recuerda que conoció al actual ministro de Trabajo en el mismo lugar de reuniones donde conoció a don

Marcelino Camacho, trabajador actualmente encarcelado, de quien el señor Cebrián escribe: ...que es alguien desde luego en el mundo laboral español, y con cuya existencia, de una manera u otra, el actual vicepresidente tercero del Gobierno tiene que contar si quiere ser realista.

En Alemania, ocho mil trabajadores españoles están en paro. Ya empiezan a volver a su país, cargados de «costumbres sindicales» europeas.

 

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