Autor: Iglesias Selgas, Carlos. 
   El debate constitucional     
 
 Pueblo.    18/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

EL DEBATE

CONSTITUCIONAL

ENTRE los temas que cabe presumir se susciten durante la campaña

electoral, uno de los más trascendentes es el de los criterios con que se

hayan de reformar las Leyes Fundamentales o Constitucionales.

Teóricamente, al menos, cabe pensar que buena parte de los sectores

conservadores pueden plantear su apoyo a que las Leyes Fundamentales

subsistan en su forma actual o, quizá, con retoques del tenor de los

sugeridos en el proyecto de reforma constitucional de la primavera del año

pasado. Esto supondría, en realidad, que se descartara la continuación de la

reforma política. Convendría que sobre este particular se pronunciaran

los conservadores progresistas y, en general, los distintos medios que

han visto con prevención las reformas constitucionales.

Las Leyes Fundamentales, que ya de por sí constituían un complejo

legislativo inorgánico formado por aluvión, no pueden subsistir razonablemente

en su forma actual cuando las contradicciones son patentes entre el principio

VIII de los del Movimiento y la ley de Reforma Política, que

introduce el sufragio inorgánico.

España necesita una nueva Constitución, entre otros motivos, porque el

sistema de nuestras Leyes Fundamentales resulta ya ininteligible incluso

para los expertos, de lo que se derivan serios inconvenientes. Además. los

cambios sobrevenidos en los últimos tiempos — como consecuencia del

restablecimiento del sufragio universal, de la agudización de la cuestión

regional y del nuevo sistema de relaciones laborales— obligan a una

Constitución que los recoja y dé expresión a los nuevos criterios. Entre

éstos no es el menor el hecho significativo de que la Constitución no puede ser

objeto de enseñanza en las escuelas, con lo que se malogra su indudable valor

educativo. Es hora ya también de que viejas declaraciones de nuestros textos

vigentes, como, por ejemplo, las relativas a la propiedad — que

responden incluso en su terminología, al pensamiento de los años treinta — ,

sean totalmente remozadas.

¿Qué extremos de la legislación constitucional actual podrían verse

afectados dentro de una reforma que imponga coherencia al conjunto de

textos fundamentales?

Las declaraciones de derechos y doctrinas que se contienen en las

Leyes Fundamentales -Fuero de los Españoles y del Trabajo y Ley

de Principios — deben ser actualizados, acabando con las contradicciones

existentes y poniéndolas en consonancia con las nuevas convicciones sociales.

Es particular mente obligado poner al día las declaraciones relativas a las

relaciones entre la Iglesia y el Estado, el matrimonio y la propiedad. La nueva

Constitución ha de ser en este orden lo suficientemente abierta como para

que los Gobiernos puedan afrontar políticas de muy di versas

orientaciones en función de los deseos del pueblo. Estas políticas

tienen que moverse, sustancialmente, entre el neocapitalismo y el

socialismo lo que no quiere decir que la nueva Constitución tenga una u

otra significación.

Los preceptos relativos a la Corona. cuya reforma ya fue

contemplada en los proyectos de la primavera del año pasado, han de

ser profundamente replanteados. Las reformas más inmediatas debieran ser las

relativas a la mayoría de edad del Rey (excesivamente elevada); a la

exclusión de la discriminación femenina, incomprensible en el país de

Isabel la Católica; a la regencia y a la tutela regia, con el expreso

reconocimiento del lugar que corresponde a la Reina. Hay también que abordar

todo lo relativo a las relaciones Rey-Consejo del Reino, pues este organismo,

si ha de subsistir, tendrá que transformar su fisonomía y

funciones, ya que los cometidos que hoy se le atribuyen no resultan

compatibles con un sistema democrático de gobierno.

La composición de las Cortes sólo puede considerarse una primera

aproximación. Resultan inexplicables las cifras de 350 diputados y 244

senadores, y todo hace presumir que el número de parlamentarios y la forma de

designación de los representantes han de ser alterados. Esto parece tanto más

evidente cuanto que los preceptos correspondientes se contienen en

disposiciones transitorias de la ley de Reforma Política. Como ya expusimos

-en desconsoladora soledad durante el Pleno de las Cortes, no tiene el

menor sentido que por dificultades — según dicen, arquitectónicas — , España

haya reducido el número de diputados de 473 a 350, y el número de senadores de

360 a 244. En cuanto al sistema electoral, es fácil que conduzca, como en otros

países, a Cortes ingobernables. A los hechos nos remitimos.

Las relaciones Gobierno-Cortés y su natural consecuencia, la

responsabilidad parlamentaria del primero, no pueden continuar en su forma

actual. Un Congreso elegido por sufragio universal no podrá admitir la

intervención intermedia de un organismo como el Consejo del Reino en

lo relativo al nombramiento ´y cese del presidente del Gobierno. De no llevarse

a la práctica a tiempo tal reforma, se corre el riesgo de que se

planteen serios problemas políticos.

Hay que reconocer constitucionalmente las regiones y adaptar unas estructuras

territoriales que faciliten la convivencia entre los españoles de las diversas

regiones. El sistema de organización territorial establecido a comienzos

del siglo pasado, trasunto de los departamentos franceses resulta incompatible

con las exigencias de la convivencia en la sociedad española actual. El

recurso de contrafuero y su sistema de tramitación tienen que ser variados

sustancialmente y confiados a un Tribunal de Garantías Constitucionales de

suerte que el Rey quede al margen de las cuestiones de este

orden. Asimismo y dentro de un orden instrumental debería ser creado un

Concejo de la Magistratura. A uno v otro organismo hemos aludido

sin resultados positivos, en más de una ocasión en las Cortes.

Estas son algunas de las cuestiones verdaderamente trascendentes sobre las

que esperamos se pronuncien los partidos en la campaña electoral No obstante,

hasta ahora y salvo excepciones muy cualificadas, tales temas han sido

olvidados por los puntales de los diversos partidos.

Carlos IGLESIAS SELGAS

 

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