Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   Tres preguntas y una de perros     
 
 Gaceta Ilustrada.    03/08/1975.  Página: 12, 13. Páginas: 2. Párrafos: 12. 

LAS CRÓNICAS DE LA TRANSICIÓN

Por Ricardo de la Cierva.

Tres preguntas y una de perros

SENTÓ decepcionar a los maliciosas, pero la causa de que la semana pasada no llegase a ustedes mi crónica no es misteriosa; simplemente atípica. Una de las pocas cosas que don León Herrera dejó sin solucionar cuando fue Cartero Mayor de estos reinos fue la comunicación postal rápida entre la Sierra y Madrid durante el verano; y una de las poquísimas cosas qué no funciona bien en Navacerrada "es, por lo tanto, el correo. Veo. por cierto, que el ministro de Información ha aludido al millón de muertos en nuestra guerra civil; y con el respeto que .él sabe que le tengo me creo en el deber de recordarle que según una irrebatible convergencia de historiadores y demógrafos, conviene ya dividir por cuatro la redonda cifra. Que sigue siendo trágica; pero cuatro veces menos trágica de lo que pretendieron, en 1940, altas autoridades eclesiásticas y civiles empeñadas, por un falso sentido de la ejemplaridad. en divulgar el millón. Fueron, entre todos, en una y otra zona, y por culpa de todos, doscientos cincuenta mil.

En casi mil días de guerra fratricida; porque fue una guerra fratricida, y casi nada más. En sólo dos noches, me he hartado de repetirlo —la noche de Dresde, la noche en pleno día de ´Hiroshima—, el civilizadísimo Occidente causó los lirismos muertos que ´los españoles, ineptos para 4a convivencia democrática, en tres años.

Pero no voy a hablarles ahora de guerra sino de paz; si puede llamarse paz a nuestra angustia por el futuro, y al estado de guerra sádicamente ´ declarado por una civilizada horda de salvajes sobre las espaldas de nuestras fuerzas del Orden. Parece que la implantación de la guerrilla urbana progresa en nuestras calles desacostumbradas y atónitas. Creo que el error es, en este caso, tan notorio como cada tragedia individual. Porque los asesinos piensan, seguramente, en atacar a los defensores de un régimen; pero por lo visto ignoran que desde su primera definición constitucional en los tiempos modernos, la Policía es, por encima de todo, una fuerza del Estado y de la sociedad. Y no saben hasta qué punto la sociedad se siente herida con la misma sorpresa, con el mismo temor. Y no reaccionará en contra, sino a favor del régimen.

Quisiera centrar el cuerpo de esta crónica en tres preguntas. Están en el ambiente, o en el fondo del ambiente, o en la resaca del ambiente. Procuraré resumir la contestación indiscreta a estas tres preguntas necesarias.

Primera: Una misión inédita del Presidente

PRIMERA pregunta: ¿cómo se sitúa el presidente Arias en medio de la nueva efervescencia política del país real, incluso cuando su figura se eclipsa en torno al 18 de julio tras el Jefe del Estado, incluso cuando esa efervescencia parece precipitar en unas primeras marcas institucionales? No voy a analizar respuestas diversas porque no ´las hay; ahora se trata de concentrar la atención del público sobre el viaje presidencial a Finlandia. Aventuro la hipótesis de que el viaje será más importante para nuestra política interior que para la exterior; y que la oxigenación ártica del Presidente podrán infundirle nuevos argumentos para esa que llamo su misión inédita. Que podría consistir en lo siguiente: mientras contiene —con dificultades y concesiones dramáticas, desesperantes— los tirones de las atérrala —con éxito reducido y desconocido por las fuerzas progresivas— de forzar un camino propio para la democratización del régimen, permite a la vez, de forma que creo consciente, aunque trabada y cohibida, el nacimiento, desarrollo y conjunción de situaciones predemocráticas capaces, quizá, de cobrar, por sus raíces ´ reales, energía suficiente para abocar a una exigencia irreversible de evolución que arrastre a todo el país en un movimiento histórico.

Esta interpretación sobre el designio profundo del Presidente difiere sensiblemente de la que adelantó para el terreno táctico don Fernando Suárez en su conferencia del Club Siglo XXI que le valió, según dicen, una cartera; pero, aunque temo que no va a obtener tan alto galardón, ésta me parece más acorde con la realidad estratégica. Con una breve decisión de don Carlos Arias Navarro las situaciones predemocráticas —convergencias, terceras vías, sociedades— que se gestan estas semanas no contra el régimen sino al margen de su actual restricción política, quedarían borradas y probablemente canceladas en un nuevo ambiente enrarecido que, si el Presidente quisiera, se convertiría en dictatorial y políticamente estancado en cuestión de horas.

No le faltarían al Presidente, para semejante barbaridad, ni elevados consejos ni consecuentes apoyos ni coribantes incondicionales del inmovilismo. Claro que entonces la situación acabaría por pudrirse, y no tendría más salida que la catástrofe. Pero desde estas crónicas, que tantas veces han criticado con tocial, no podía eludirse el atisbo —¿o. sólo es una ensoñación?— de su misión inédita, su misión imposible.

Segunda: ¿Qué es FEDISA?

EN breve: lo que han dicho sobre ella el grupo Tácito, Rafael Arias Salgado, en «Informaciones» (perfecta interpretación ad extra) y Pedro Calvo Hernando en estas páginas donde personalmente no noté mi ausencia de la semana pasada; ya que bien pude firmar junto a él su opinión personal. No soy un portavoz de FEDISA sino un simple socio. Lo que aquí pueda decir sólo me obliga a mí.

El viernes 11 de julio de 1975. á las dos de la tarde, setenta y cinco españoles firmaban Ja constitución de una sociedad: Han hecho eso que dicen algunos actuales portavoces del régimen que van a hacer ellos: aprovechar hasta el último rincón de la legalidad para ensanchar a Castilla. No van a salirse un ápice de la legalidad. Van a seguir empujando desde dentro de la legalidad, pero hacia fuera, como quisieron hacer quienes, entre ellos, sirvieron a España en puestos políticos de los que ni reniegan ni se avergüenzan; porque saben que no son infalibles, ni absolutos, ni irreprochables, ni angélicos, como algunos de sus detractores.

Su gesto, plenamente meditado y responsable, cuando lo cómodo sería el.silencio y el ejercicio aséptico de su profesión, ha provocado, una por una, las reacciones previstas. Quizá un poco más desesperadas, o desesperanzadas, de lo previsto, eso sí. La sociedad anónima., gracias a la reveladora precipitación del señor Mendoza ganó, sin haber nacido aún, su primera batalla parlamentaria. Otro señor, dijo lo que tenía que decir, y alguno de sus escuderos debe quizá de estar algo abochornado por la punta de grosería que aflora cada vez con mayor descoco en su cansino vocabulario, formado ya casi exclusivamente por excesos analógicos. Algo más grave me parece el córner del señor Solís —que entre fraudes, carcajeos y latines no tuvo su semana grande— pero debemos pensar, en su descargo, que el dinámico ministro corrigió públicamente ya su lapsus humanístico; y que no deslizó su exabrupto en unas declaraciones oficiosas sino entre los brindis de un almuerzo en Prensa Española, casa en la que desde hace algún tiempo puede surgir cualquier sorpresa. Por ejemplo, el milagro de la resurrección de….Luis María Ansón, y en tan breve tiempo que quizá pueda ser-i/ir para algunas reconsideraciones sobre lo atinado y lo menos atinado de algunos cambios recientes en la mansión y en la saga de los Luca de Tena.

FEDISA es, por tanto, una sociedad para pensar sobre el futuro democrático de España.

El paso del pensamiento a la acción dependerá de la ley y del futuro, ignoro en qué porcentaje. El Interés de la Prensa abona la originalidad y quizá la Importancia del intento. Y eso que algún comentario ha filtrado insinuaciones de perjurio, nada menos. ¡Qué obsesión por tos cargos que escapan a la propia pequeñez de quienes, voceros ultramontanos de este régimen, ni siquiera son capaces de conseguirlos en este régimen! ¡Qué incontinencia verbal acompaña, por lo visto, a la menopausia política! Quienes así se expresan no parecen conocer lo que es un alto cargo visto, o sufrido, desde una posición profesional independiente o relevante; pertenecen a la especie de quienes, cuando al fin logran el negociado digital y después cesan, reclaman ´lacrimosos cualquier otro para sobrevivir. Algún hipercrítico de FEDISA debería recordar que ciertos promotores —sin cubrirse demasiado en esta tierra de garbanzos— quisieron realizar su programa dentro de los cauces típicos; typical más bien, como después se ha visto. No se 1es dejó ni proponerlo. Quienes sean responsables de semejante exclusión carecen de toda autoridad moral para condenaciones farisaicas.

Esto en cuanto a la teoría. En la práctica, mucho más sencilla, quien desee asociarse a la Federación de Estudios Independientes puede comunicarlo al domicilio social: Núñez de Balboa, n.° 88, 1°. Madrid-6; a la vez que transfiere el valor de una acción totalmente desembolsada —que son mil pesetas, y no cuatro mil como alguien informó equívocamente— a nombre de la firma en el Banco de Crédito e Inversiones: Velázquez, n.° 32. Madrid-6.

Tercero: ¿Dónde está Froga?

EN ´Londres, camino de Madrid, pasando por Galicia; y cuando termine el viaje, en FEDISA. Una de las líneas de ataque contra la nacíente sociedad (jamás unas sencillas siglas armaron tal revuelo) fue quizá el intento de que el embajador no se uniese al grupo; en vista del fracaso, se trató entonces por otro lado de forrar la Imagen contraria, es decir. plataforma fragulsta. Entre muchos ejemplos de rigor y objetividad dentro de la prensa, yo no me atrevería a decir que la agencia Europa Press, siempre tan incisiva, y 4a revista «Guadiana», otras veces tan certera, hayan jugado muy limpio en este asunto, vencidas quizá por una interpretación fácil y fantasmagórica de Fraga. Ni Fraga ni nadie me han inspirado este comentario; no he hipotecado mí independencia informativa al firmar en FEDISA y por eso sigo Importunando a mis lectores con estas crónicas, que perderían todo su valor en cuanto cayesen en el partidismo, y digamos en él mesianismo de algunos partidarios de Fraga.

Desde su inexplicable y antihistórrco cese en 1969 he venido afirmando, entre rasgueo de algunas túnicas de azul multicolor y otras de blanco sucio, que no puede concebirse, sin Manuel Fraga Irlbarne, el futuro de España. No por devoción de mesnadero incondicional, ya que durante su paso por el ministerio de Información, Fraga me trató desde una cortes lejanía, y mi amistad con él data de fechas muy posteriores; sino por convencimiento objetivo e independiente de esa amistad. La predicción resulta facilísima sin más que superponer y proyectar la trayectoria del régimen y el curriculum de Fraga.

No creo cometer indiscreción grave si recuerdo que en una de esas reuniones predemocráticas a las que se tía referido Pedro Calvo Hernando en un comentario anterior, un ilustre profesor qué fue, junto a Cantarero, la estrella del encuentro, y que rima con él por más señas, repitió con lúcido interés al eficaz representante de Fraga, Cortina, que el embajador encontraría su gran papel histórico no en forma alguna de oposición sino en la posibilidad de recoger la herencia política más limpia y perdurable del régimen para establecer, desde ella y hacia las zonas más limpias y perdurables de la oposición, un sólido puente para el futuro. Siempre he estado de acuerdo con tal tesis.

Líbreme el dios de las tormentas de pretender mostrar a Fraga su camino histórico; pero debo insistir en que ese camino existe, y que probablemente puede ahora estar próximo a una etapa pública de singular relieve. Esto es tanto un pronóstico como un deseo. No precisamente para bien de Fraga sino para bien de España. Me consta que el Fraga de 1975, gracias a sus fracasos y a sus errores, gracias a su fabulosa capacidad política y a su providencial noviciado británico, ha evolucionado profundamente, sin deteriorar una sola de sus lealtades, hacia un nivel de experiméntame que España no deberla desaprovechar. No hay otro político del régimen que pueda desencadenar, desde los campos agostados por el arribismo y las trampas verbales, una auténtica marcha hacia el futuro. En los sectores politizados hay españoles que le temen e incluso que . le rechazan, con razones comprensibles, de forma que a veces se diría alérgicas; pero hay otros muchos españoles que están de acuerdo con su enorme e Inmediata posibilidad.

En sectores de politización media, de quienes depende el futuro mediato y decisivo, los españoles que creen en Fraga son, estoy seguro, innumerables. No puedo ocultar mi preocupación creciente al recordar que ya en dos ocasiones anteriores los celos, la pequeñez política, el egoísmo y ´la envidia rabiosa de sus adversarios en el ´interior del régimen han conseguido retrasar y hasta amenazar la realización de la gran hora de Manuel Fraga Iribarne. Quienes lograron que se le marginase en 1969, quienes saltaron con impúdica alegría política al conocer la noticia y años después, quienes provocaron su apartamiento de las asociaciones, serán hombres del régimen, pero se .incorporarán probablemente a la historia como los peores enemigos objetivos del régimen. No estoy personalizando el futuro, la política va a colectivizarse, a colegiarse cada vez más. Pero las grandes crisis nacionales —y estamos inmersos en una de ellas— necesitan, junto a la conciencia colectiva y la acción anónima en el seno de los nuevos grupos, la presencia enarbolada de grandes personalidades y grandes voluntades políticas. Que, mientras el hombre sea hombre y la política sea política, son atributos del individuo excepcional, no del laboratorio esterilizado.

Por todo esto la Incorporación de Fraga á FEDISA me parece un acierto tota). Fraga sabe que FEDISA´ no podrá ser nunca su plataforma personal; no se ha creado para eso. Pero en ella tiene Fraga una zona vital de encuentros políticos que podrá serle muy útil, como a otras primeras figuras que se han incorporado o se pueden incorporar al amplio equipo de coincidencias.

En todo este comentario no he dicho nada de Pío Cabanillas en relación con los primeros pasos de FEDISA. Está clarísimo. Con ser la condición necesaria y suficiente, el pensador de Pontevedra ha convertido-su oculto protagonismo en profunda credibilidad. En algunas torres señoriales de Galicia el mar se adivina; pero sin verse mes que al decidir la travesía.

Cuando se apagó el eco de confusos ladridos —original concierto al que también pueden cooperar algunos falderos—pensé concentrar en una de estas crónicas un cursillo libre de francologia estival, como el que acabo de explicar en Salamanca y pienso ampliar a primeros de agosto en La Rábida. Nunca se han acumulado tantas Inexactitudes sobre los matices de Franco como a propósito de cierta ¡ornada de metáforas caninas. La culpa es de un concreto sector, desorientado quizá por esa biografía modernísima de Franco por el señor H. G. Dahms, tan bienintencionada como elemental, plagada de desenfoques y lugares comunes, sin una sola aportación al conocimiento profundo del personaje, y ¡aleada para la propaganda política, no para la penetración histórica; aunque excelentemente traducida y editada. Refrené unas semanas este diagnóstico para no perjudicar al lanzamiento del anodino aunque simpático.

La cumbre exegética se alcanza estos días en una peregrina tesis: Franco, cuando habla, no Improvisa jamás». Sabor a los años cuarenta del mismo periódico: *La augusta sonoridad del nombre invicto, etcétera. Disparate tras disparate. En las intervenciones de Franco —ese es uno de sus secretos— hay huellas abundantísimas de improvisación; sobre todo en las audiencias. Quizá ios Improvisadores de dogmas biográficos me concedan alguna autoridad para adelantar esta otra tesis: Franco suele moverse, en las audiencias, en el terreno de los sentimientos y de los símbolos; casi nunca las utiliza para comunicar Instrucciones, ni menos para fulminar excomuniones institucionales.

Franco no hace política en las audiencias; ni menos en las colectivas. Quien trate de llevarse, desde e//as, e/ agua a su molino, debería recordar algunos ejemplos. Como aquella audiencia de 1946, tras la cual pensó don José María Escrivá de Balaguer que pronto recibiría su nombramiento de vicario general castrense. O la última de don Juan Beigbeder y Atienza. Lejos de mis fichas creo recordar que fue el 14 de octubre de 1940 cuando Franco le felicitó efusivamente —y además sinceramente— por Jo bien que estaba llevando las conversaciones con el embalador británico ´sobre renovación de créditos para abastecimiento de trigo. Todavía radiante, el ministro de Asuntos Exteriores se enteró de su cese por la prensa del día 16. Y ahora quien desee interpretar ladridos, que lo haga sin ignorar a lo que se expone.

 

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