Autor: Calvo Hernando, Pedro. 
   Tiempo de prórroga     
 
 Gaceta Ilustrada.     Página: 14, 15. Páginas: 2. Párrafos: 25. 

Tiempo de prórroga

En el momento de escribir este comentarlo, todos ios indicios hacen suponer que la prórroga de la legislatura de las Cortes es un hedió, pendiente sólo de la tramitación exigida por las leyes vigentes. Antes de llegar a tal situación habían transcurrido unos días de grandes tensiones políticas entre los centros de poder protagonistas de la tesis contraria y de la favorable a Ja mencionada prórroga: Presidencia del Gobierno y Presidencia de Jas Cortes, respectivamente.

Esas tensiones venían planteadas desde hacía ya varios meses, con algunas exteriorizaciones solemnes, sobre todo por parte del presidente del Gobierno. Todavía el 24 de junio, en su discurso ante las Cortes, Arias Navarro decía: «Nos encontramos, por otra parte, ante un inminente proceso electoral. Las elecciones del próximo otoño serán la gran ocasión para que el movimiento asociativo se vea decisivamente consolidado». Y a continuación anunciaba tres decretos para antes del 31 de agosto, en relación con la comparecencia electoral y periodística de las asociaciones.

Arias Navarro no pensaba, pues, en una prórroga de la legislatura sino en la cancelación de la presente en el mes de noviembre y en las elecciones para •la renovación de las Cortes. Y mucho más explícito aún había sido en sus declaraciones televisadas del 26 de febrero. Refiriéndose a Jas medidas que habían de ser adoptadas para facilitar la presencia de las asociaciones en las elecciones del otoño, el presidente del Gobierno hizo unas afirmaciones que ahora alguien tendrá que matizar o explicar.

«Tenemos tiempo —decía literalmente—, porque hasta el próximo otoño no ha de renovarse la actual legislatura, la Ley de las Cortes dice que sólo por una causa grave puede prorrogarse la legislatura. Afortunadamente, esta causa grave no existe. Yo creo y deseo que no habrá de producirse y, por tanto, en otoño tendremos elecciones, y para entonces ya estarán dictadas las normas y disposiciones pertinentes que puedan concurrir.»

Difícil trance

Esa rotundidad le hace ahora más difícil todavía el. trance de tener que aceptar una prórroga que tan olímpicamente había descartado. Hay quien opina que el presidente debió hacer gala de una mayor dosis de prudencia, pues como ahora se demuestra, no las tenía todas consigo.

Los argumentos que se aducen por los partidarios de la prórroga son bastante razonables, sin duda. Pero tal vez no tanto como para que pueda hablarse de causa grave. Pero el «quid» de la cuestión está en otra parte: es la lucha por ía supervivencia o por la hegemonía entre dos líneas políticas diferentes, representadas hoy en esas dos altas presidencias que pugnan desde meses atrás y que se mantienen en tensión. Hay un hecho claro y primario que es el comienzo de una cadena de explicaciones. Con la prórroga continuará el Consejo del Reino con su misma composición actual. €1 mandato de Valcárcel termina el 27 de noviembre. Los actuales consejeros apoyan mayoritariamente a Valcárcel, por lo que éste tendría asegurada la reelección.

Líneas enfrentadas

Pero no es un mero problema de personas concretas, sino de líneas políticas enfrentadas. Y cada una ha defendido en este caso la tesis que consideraba más favorable a sus designios.

Por otro lado, también había razones de peso que aconsejaban que no se prorrogase la legislatura. La primera es de puro prestigio de los procuradores, que podían dar la impresión de un deseo de permanecer en sus escaños más allá del tiempo para el que fueron elegidos. Otra es la sensación de quietud o de inmovilidad que produce la prolongación de un cuadro parlamentario que tenía que renovarse en e! otoño. Pero Insisto en que los argumentos en favor o en contra han sido utilizados sólo como pretextos o coberturas de una lucha sorda por la hegemonía política.

Con unas cosas y con otras, cunde el desánimo en las filas del llamado aperturismo político, pues se desvanecen sus esperanzas. Sus hombres tendrán que optar entre apuntarse a la UPE (con lo que dejarían de ser aperturistas) o abrirse a las sociedades anónimas de fines políticos, que aparecen como un refugio muy presentable. Al menos tos que no estén comprometidos con Reforma Social Española o Unión Democrática Española.

Él presente y el futuro próximo parece que se definen, pues, bajo el signo de la inmovilidad, una vez definitivamente desterradas aquellas «locas aventuras» en que estuvieron mezclados algunos que ahora protagonizan esa «sutil tentativa de buscar presencia política por cauces distintos a los que se han abierto al respecto-, como cariñosamente ha definido a FEDISA el ministro León Herrera a ingenua Instancia de este modesto comentarista.

León Herrera o el diálogo razonable

Quiero, por cierto, aprovechar esta oportunidad para una puntualizaron que me parece justa. Habítualmente asisto a las reuniones informativas con León Herrera después de cada Consejo de Ministros decisorio para aprovechar esas escasísimas ocasiones de diálogo público entre la Prensa y el Poder. Por eso el ministro sabe que normalmente las preguntas que le formulo son pocas pero directísímamente encaminadas a tratar de escudriñar cuáles son «los vientos del Poder» en lo que se refiere a los temas políticos de más hondo calado entre los que sirve la más rabiosa actualidad o entre los que me parecen más definitorios de los .rumbos del futuro.

Y es de justicia decir que el ministro de Información jamás me ha negado una respuesta y nunca ha considerado improcedente una pregunta mía ni de ninguno de mis colegas, cuando estaría en su perfecto derecho de hacerlo así. Y él ha creado las condiciones objetivas para hacer posible un diálogo razonable, aunque ´las cuestiones sean espinosas en alto grado. Naturalmente, nuestra curiosidad periodística no se ve satisfecha en muchas ocasiones con las respuestas ministeriales, algunas de tas cuales consisten precisamente en decir que ´lamenta no estar en disposición de proporcionarnos una más amplia información.

Pero ello forma parte de unas superiores reglas de este juego político, que difícilmente el ministro podría alterar a instancia nuestra, lo que no es obstáculo para que yo considere esas ruedas de prensa como una positiva manifestación de buena voluntad del ministro, por grandes que puedan ser mis discrepancias con sus puntos de vista o por grande que pueda ser el grado de insatisfacción profesional que sus contestaciones me proporcione. Máxime, cuando, además, se conduce con una exquisita cortesía e incluso cordialidad.

Martín Villa y Ansón, ante la Monarquía

Pero decía yo volviendo al hilo del comentario— que vivimos bajo el signo de la inmovilidad, en el campo de los hechos presentes y previsibles a corto plazo. Por eso volvemos a atribuir una mayor importancia a «lo que dicen» determinados personajes políticos y a «lo que se escribe» en los órganos periodísticos de información y opinión.

Es el caso reciente, por ejemplo, de las opiniones en torno a la futura Monarquía, que son bastante dispares, en función de ´la personalidad y trayectoria del opinante. Aun coincidiendo ambos en el elogio a la persona del Príncipe don Juan Carlos, ahí tenemos esas dos concepciones bien diferentes en cuanto a su futura misión como Rey de España, sustentadas por Rodolfo Martín Villa y por luis María Ansón.

El primero —gobernador civil de Barcelona y hombre generalmente tenido por aperturista «desde dentro»— declara lo siguiente en «la Vanguardia»: «A mi-parecer la forma con que las Leyes Fundamentales contemplan la figura del futuro Rey es acertada, ya que éste no solamente reinará sino que también gobernará. Y este gobierno no lo efectuará solo sino con el Consejo del Reino y e! Consejo de Ministros».

En cambio, Luis María Ansón —periodista y monárquico de siempre— declaraba en «Ya» el mismo día lo que sigue: «Yo nací en 1935 y, por lo tanto, tampoco he conocido la ´Monarquía en España. Sí he conocido la Monarquía en otros países europeos, y en ellos el ´Rey, aunque reina, no gobierna. Es impensable que en el siglo XX pueda establecerse una Monarquía en la que el Rey asuma un papel diferente al de arbitro y moderador».

¿Gobernará o moderará?

Para Martín Villa, el Rey gobernará. Para Luis María Ansón, el Rey sólo será arbitro. Es decir, para el primero, el Rey tendrá que intervenir y comprometerse en la política activa, mientras que para el segundo deberá limitarse a una función moderadora de la política que hagan los demás. El gobernador de Barcelona invoca los textos constitucionales vigentes.

El director de «Blanco y Negro» invoca el ejemplo de las Monarquías europeas y la altura del tiempo en que vivimos. Los dos tienen la misma edad. Los dos dedican expresivos elogios a la figura del Príncipe don Juan Carlos. ¿Deberá primar la Constitución vigente o será conveniente modificarla para ponerla en línea con Europa y con el último cuarto del siglo XX? Si todavía tenemos planteado este dilema en orden a la misión de la más alta cumbre institucional, calculen ustedes lo que sucede cuando la polémica se centra en otros temas menos elevados pero que también afectan a los modos de organizar la convivencia política.

Garrigues y nuestra originalidad

He aquí arranca la razón que se atribuyen aquellos que se manifiestan partidarios de una inmediata reforma constitucional y que tan «mal vistos» son en las alturas, con toda evidencia. Son los convencidos de que las vigentes Leyes Fundamentales no contienen una respuesta adecuada a ese tiempo nuevo que tenemos que vivir todos juntos.

Y la mejor forma de preparar ese tiempo no es precisamente haciendo necesario el recurso a «sutiles tentativas» de presencia política, como son las famosas sociedades anónimas y otras originalidades nuestras. Joaquín Garrigues Walker, protagonista de una de esas sociedades —«libra», anterior en el tiempo a FEDISA— acaba de escribir que esa originalidad «es mucho más producto de la originalidad de nuestro sistema político que de la idiosincrasia española». Y añade que no es que aquí seamos diferentes, sino que nuestro ordenamiento constitucional nos hace serlo.

Con lo que de nuevo está planteando la necesidad de una reforma constitucional, que muy altas instancias han calificado de inoportuna. Lo que no acierta uno es a encontrar por ningún lado dónde está esa inoportunidad. La presión está por completo generalizada y no ya desde la oposición, que exhibe sus particulares fórmulas para el cambio político, como en el caso del programa mínimo de la Plataforma de Convergencia, sino desde dentro mismo del sistema y de sus cercanías.

Asociaciones, ¿para quién?

Y sobre el fundamental tema del derecho de asociación política, Joaquín Garrigues —que es un hombre de la derecha— se ve obligado a trazar este desolador diagnóstico: "Cuando el Régimen ofreció la fórmula de las asociaciones, los cauces y filtros fueron tan estrechos que por ellos no pasaron los que el día de mañana integrarán las fuerzas de izquierda del país. Tampoco pasaron los hombres que militaban de antiguo en la derecha democrática. Intentaron hacerlo y no pudieron otros hombres del Régimen, moderados en sus actitudes, que no eran dudosos por sus antecedentes, pero que hablaban en sus programas del sufragio universal de las Cortes y de reformas constituyentes que parecieron inadmisibles».

Estas reflexiones del conocido hombre de la llamada «derecha civilizada» son muy oportunas cuando estamos a punto de asistir al pleno del Consejo Nacional del Movimiento. Sirven de hilo conductor para preguntarse seriamente si vale la pena esperar algo positivo de la presente operación reglamentado ra del Estatuto asociativo y de la participación de las asociaciones en los procesos electorales.

A esta reglamentación ha decidido esperar la asociación encabezada por Federico Silva (la ÜDE) para tomar una decisión definitiva sobre si continuar o no su camino hacia la ´«bendición» del Consejo Nacional. Me parece que debe tratarse más bien de una duda metódica y que la decisión en favor o en contra realmente ya la tendrán tomada. Porque lo esencial ya está perfectamente determinado, más o menos según el esquema que ha trazado Joaquín Garrigues y que acabo de transcribir.

De todos modos, habrá que seguir atentos a ese desarrollo jurídico, aunque sólo sea para cumplir con una obligación profesional como comentarista del acontecer político.

 

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