Autor: Calvo Hernando, Pedro. 
   El cíclico terremoto     
 
 Gaceta Ilustrada.    13/04/1975.  Página: 28-29. Páginas: 2. Párrafos: 23. 

El cíclico terremoto

A la vuelta de las vacaciones de Semana Santa nos hemos encontrado con un ambiente político gris en cuanto a hechos concretos, pero con un verdadero terremoto de declaraciones y de rumores de toda clase y para todos los gustos. El comienzo de la campaña electoral portuguesa y la visita de dos días a Madrid del vicecanciller alemán occidental eran hechos que, en un plano que desborda la política interior, también aportaban su granito de arena para incrementar la intensidad de los comentarios, de los rumores y de las especulaciones. En uno de esos momentos en que llega lo que cíclicamente ya es un hecho norma! entre nosotros, sobre todo cuando no se producen verdaderos sucesos políticos.

Incluso algunos ministros del Gobierno se habrían encargado de caldear el clima verbal mediante declaraciones periodísticas en sus lugares de descanso, que trascenderían al ámbito nacional justamente en los instantes en que el último tramo del curso político ya se había puesto en marcha. Así, el flamante ministro secretario general del Movimiento, Fernando Herrero Tejedor, organizaba su cruzada particular en favor del asociacionismo y de la consecución de un difícil prestigio para el Estatuto nacido al filo del año nuevo.

Las buenas intenciones

«Las asociaciones —son palabras suyas— queremos que sea un tema serio, y por eso hay que tratarlo con seriedad. Por nuestra parte, estamos abiertos a todas las iniciativas asociativas que surjan dentro del conjunto de las Leyes Fundamentales, y sólo con los límites institucionales que están marcados en el Estatuto. Nosotros no debemos tomar la iniciativa.» Estas eran unas declaraciones a «El Eco de Canarias».

Pero, por su parte, Rafael Cabello de Alba, ministro de Hacienda y vicepresidente segundo del Gobierno, reconocía en «Sol de España» que las asociaciones «están pasando por un momento difícil». Piensa uno que las asociaciones no es que estén atravesando ahora un difícil momento, sino que esa dificultad las ha caracterizado desde el momento mismo de la promulgación del Estatuto e incluso desde que reconocían los puntos esenciales del mismo. Y uno de los factores más decisivos para esas dificultades había sido desencadenado precisamente desde las áreas que más obligadas estaban a crear las condiciones objetivas para hacer posible un juego asociativo real y dinámico.

Porque tiene gracia todo eso de la neutralidad del Movimiento. Y tiene gracia la declaración de Cabello de Alba en el sentido de que nadie va a tener un trato privilegiado o que no es cierto lo que se ha dicho sobre algún tipo de asociaciones oficiales. Sin poner en duda que esas sean las buenas intenciones del Gobierno e incluso de la Secretaría General del Movimiento, lo cierto es que una maniobra de las áreas movimientistas fue la que espantó a Fraga Iribarne y con ello destrozó casi la única posibilidad de dotar de credibilidad al asociacionismo.

Espantar a Fraga: misión cumplida

La iniciativa o el anuncio de la llamada Alianza del Pueblo venía protagonizada por un grupo de personalidades perfectamente caracterizadas del Movimiento organización y de los sectores tradicionalmente más conservadores —e incluso reaccionarios— de todo el aparato político español. Aquellos cantos a la neutralidad del Movimiento y de los altos cargos llegaban tarde, pues el efecto ya estaba creado y era irreversible.

Los promotores que luego fueron nombrados para altos cargos no podían figurar en el «staff» de esa asociación. De acuerdo. Pero la imagen y la ¡dea ya estaban en la calle y en los medios informativos y la impresión de «asociación oficiosa» y antirreformista ya no se la quitaba nadie. El editorial de «Arriba» del día de San José —al margen o por encima, si se quiere, de la voluntad del Gobierno y del ministro del Movimiento— constituía un relanzamiento de la ¡dea de aquella asociación oficiosa y movimientista.

Una vez que se había conseguido el objetivo de espantar a Fraga y a toda la importante operación política que él representaba, los promotores de Alianza del Pueblo se quedaron un poco desenfundados y sin saber qué hacer. Pero todo parece indicar que han superado ese estadio de indecisión y que están dispuestos a volver a la carga.

Alianza para el predominio

De hace muy pocos días son las declaraciones de Emilio Romero —delegado nacional de Prensa y Radio del Movimiento— en Alicante: «Estoy seguro de que va a salir muy pronto a la palestra, en este mes de abril, la asociación Alianza del Pueblo». Y más reciente todavía está la noticia aparecida en «Ya»: Alianza del Pueblo está a punto para su definitiva puesta en marcha de cara al país y el manifiesto esta prácticamente redactado. El propio Carlos; Pinilla declaraba al periódico que hay más de doscientas personalidades de la vida política española adheridas a «Alianza». ¿Se necesitan más testimonios todavía?

Nadie duda de que la ¡dea cuenta con el incondicional apoyo de conocidas personalidades del Movimiento organización, aunque quienes ostenten cargos políticos no puedan figurar oficialmente en el «staff» de promotores, lo cual es irrelevante a efectos prácticos. Y —repito— todo ello a pesar de que ni Herrero Tejedor ni el Gobierno tengan que ver en el asunto. Los continuistas buscan su propia fórmula no sólo de subsistencia (cosa que me parecería inobjetable) sino de predominancia al amparo de un aparato que les es favorable y familiar después de no sé cuántos años.

El no de Fraga y las quejas de Cantarero

Tiene mucha gracia todo esto, especialmente si se tiene en cuenta eso que se está diciendo: que el Gobierno está muy interesado en «repescar» a Fraga para su participación en el asociacionismo. Se imagina uno que el embajador en Londres no está dispuesto a dar un paso en falso, ni a pasar por la competencia desigual de Alianza del Pueblo, ni a retirar de su programa aquellos tres o cuatro puntos que tantas dificultades le crearon pero que, al mismo tiempo, son ingredientes esenciales para un proyecto que pretenda ser distinto, convocador y con posibilidades reales de cara al futuro, ese futuro del que tanto se habla en estos días posvacacionales.

Incluso el líder de la única asociación ya en funcionamiento ha denunciado el problema de la «asociación oficiosa». Cantarero del Castillo era bien explícito al ser interrogado por un colega de «Ya»: «Lo que no ha quedado claro, por lo que está ocurriendo en algunas provincias, es si los funcionarios de la Administración, de Sindicatos y del Movimiento son libres o no de ejercer la opción asociativa que crean conveniente. Los funcionarios se encuentran inhibidos al respecto porque se les ha pedido que esperen de momento, que se abstengan, que no se comprometan con nadie. Esto da la sensación de que se está tratando de que se integren en una situación oficiosa».

¿Quién va a jugar aquí?

Pero, ¿quién ha pedido a los funcionarios semejante cosa y en virtud de qué derecho? Alguien tendría que dar una respuesta autorizada a tan justificada queja de la cabeza visible de Reforma Social Española, primera y única asociación política ya autorizada oficialmente, con carácter provisional. Si a Fraga se le espanta, si a Cantarero se le ponen dificultades y si persiste el intento de la asociación oficiosa, ¿quién va a jugar aquí?, ¿qué sentido tienen las reiteradas llamadas gubernamentales a la participación?

Tal y como están las cosas no se excluyen sólo las que se «autoexcluyen» sino también muchos españoles que no están dispuestos a participar con unas reglas del juego que no ven claras y sobre cuya equidad se formulan toda clase de interrogantes. Los excluidos son, pues, muchos más de los que enumera el propio Herrero Tejedor en «El Eco de Canarias». El ministro dice que se excluyen los que excluye nuestra Constitución: «los extremismos de todo género; los extremismos activistas de tipo terrorista; quienes desean hacer saltar el sistema; los que no desean una evolución constructiva, sino un cambio radical o una revancha».

La nómina de los excluidos —y el señor ministro lo sabe perfectamente— es mucho más extensa que todo eso. Ni extremistas ni revanchistas son, por ejemplo. Fraga Iribarne, Areilza, Fernández Ordóñez, los «Tácitos», Ignacio Camuñas, Joaquín Garrigues Walker, González Seara... Ni extremistas ni revanchistas son Dionisio Ridruejo, Tierno Galván, Felipe González, Ruiz Giménez, Gil Robles, Pablo Castellano, etcétera. Quiero decir que ni lo son esas personas ni los grupos e ideologías que de una u otra forma representan. Y, sin embargo, ¿participan en el juego asociativo del Estatuto? Es evidente que no. Por algo será.

Ridruejo y la España diferente

El socialdemócrata Dionisio Ridruejo, por ejemplo, acaba de declarar en «El Correo Catalán» que la opción en la que él pretende integrarse no puede actualmente integrarse dentro de la ley. «Esa alternativa —argumenta— exigiría una reforma constitucional. La Constitución actual es un modelo de las que sirven a corto plazo. Pienso que habría que concebirla a largo plazo para tener asegurado el dinamismo político. Si se piensa que la Constitución vale porque fue sometida a un plebiscito, no hay ninguna razón para que no sea sometida a plebiscito su reforma. Debería estar dentro de las posibilidades actuales.»

¿Por qué no puede tener circulación legal una opción política como esta social-democracia de la que Ridruejo es cabeza de serie? Esa imposibilidad no tiene sentido en la España de 1975. Esa opción, como la socialista, como la cristianode-mócrata, existe, está ahí, en perfecto paralelismo con la realidad sociopolítica de la Europa democrática. ¿Es sostenible por más tiempo esta muestra tan palmaria de la «España diferente» ¿Por qué y en beneficio de quién?

¿Quién frena el futuro?

Esas opciones abrían dentro de una Constitución «a largo plazo». ¿Es o no es necesaria y urgente la reforma constitucional? ¿Quién está echando en saco roto las propuestas más moderadas y menos revolucionarias para un cambio político que esté en todas las conciencias? ¿Quién está frenando el futuro?

Dionisio Ridruejo sigue hablando: «Creo que hay una minoría que propone soluciones revolucionarias, otra que las proponen reaccionarias y una mayoría que preferiría una orientación reformista. Esas posiciones están latentes. Para conocer su clientela habría que ponerlas en curso. (...) Lo que el país necesita es que se transcriban las diferentes orientaciones sociopolíticas de la población española con toda libertad y espontaneidad».

Es claro que de esto al Estatuto asociativo y a las posibilidades de la presente Constitución hay un abismo. Es claro que ese es un gran tema de la actualidad, en unos días en que tanto se habla del futuro y de la sucesión. Es claro que´, o nos planteamos con seriedad y rigor el tema de la reforma democrática, o pronto será definitivamente tarde, como con gran brillantez advirtió semanas atrás Juan Antonio Ortega y Díaz Ambrona en su conferencia del Club Siglo XXI.

Lo que es discutible

Lo que es discutible es el acierto de seguir retirando pasaportes a «los de Estrasburgo», o añadir desconfianza a la libertad de expresión (caso, por ejemplo, del director de «El Correo de Andalucía»), o cerrar en falso la herida de la Asamblea Cristiana de Vallecas, o seguir con una política de bellas palabras y de feas obras, que sólo conducen al desaliento, a la decepción y al escepticismo.

Lo que no es discutible es el error de persistir en la violencia criminal como vía para la solución de los problemas (caso, por ejemplo, del subinspector asesinado en San Sebastián).

Ya sé que esta «Opinión Personal» de hoy no va a ser recibida con especial entusiasmo en algunos ambientes. A éstos les recuerdo que es eso, una opinión personal, que no es tributaria de nada ni de nadie y que sólo está guiada por la honradez y el patriotismo de quien la firma. Es independiente quien puede, y no quien solamente quiere serlo. Y yo —lo que son las cosas —quiero y puedo.

 

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