Autor: Calvo Hernando, Pedro. 
   Otro 12 de febrero     
 
 Gaceta Ilustrada.    23/02/1975.  Página: 16-17. Páginas: 2. Párrafos: 23. 

Otro 12 de febrero

Este otro 12 de febrero ha llegado en una coyuntura ciertamente delicada, en la que a la ya larga crisis económica se ha unido la agudización de una serie de tensiones, en torno sobre todo al «proceso 1.001», al deterioro de ia situación universitaria (con el resonante cierre de cuatro Facultades en Valladolid), al problema de los actores de teatro y a la confrontación dialéctica con Marruecos, como consecuencia de su maniobra anexionista de unos territorios españoles.

El 12 de febrero llegaba también precedido de la famosa declaración del ministro León Herrera en el sentido de que existía un reto político subversivo ante el cual el Gobierno adoptaba una postura de firmeza. Han sido unos días, pues, de enrarecida atmósfera política, en los que parecían desvanecerse las esperanzas de los más esperanzados, pero al tiempo se confiaba en que realmente se tratase de una coyuntura difícil y no de una situación con visos de permanencia.

En todo caso, esa coyuntura venía a enlazar con doce largos meses durante los cuales se había librado una batalla constante entre los que, para entendernos, llamamos los inmovilistas y los aperturistas, aun a riesgo de simplificar demasiado las cosas. Está muy extendida la opinión de que los inmoviíístas llevan las de ganar, aunque el asunto no está concluido ni mucho menos. Una prueba -de lo que digo es la opinión generalizad? de la prensa independiente en el sentido de que el presidente Arias sigue concitando el apoyo y la confianza de amplios sectores que esperan un desenlace favorable y un relanzamiento del programa reformista expuesto por el presidente aquel 12 de febrero y del que se han cumplido, al menos parcialmente; varios capítulos.

Un «reto» distinto

El ministro de Información ha hablado de un reto. Pero no son pocos quienes ven el reto en otros campos completamente distintos de los señalados por León Herrera. A estos efectos, me ha parecido especialmente lúcido el comentario editorial que el periódico´«Diario de Mallorca» dedicaba a la conmemoración del 12 de febrero.

A juicio de aquel periódico, el verdadero reto político «no está en una opinión y en una calle que acogieron ejemplarmente el programa de Arias, sino en la pronta realización de lo que se esbozaba hace un año: la progresiva democratización del sistema de acuerdo con las necesidades de una España real que ya no encaja en moldes estrechos. Quienes, entonces y ahora, se opusieron y se oponen a la apertura son los que auténticamente han desafiado y desafían al "señor Presidente"».

Efectivamente, muchos -de los deterioros a que hemos llegado no se habrían producido si el programa de Arias Navarro no hubiese sido torpe y tenazmente torpedeado desde las laderas del inmovilísimo. En un proceso social acelerado como´ es el que España conoce desde la desaparición del almirante Carrero, doce meses son muchos meses y, al no haber sido enteramente aprovechados, tampoco ha avanzado suficientemente la eliminación de! abismo entre la España oficial y la España real.

El análisis de «Diario de Mallorca»

Tiene mucha razón «Diario de Mallorca» cuando asegura que la presión de los anti asociacionistas consiguió recortar drásticamente él proyecto de! Estatuto de asociaciones y. aún ahora desconfía de su puesta en práctica. Casi no es necesario recordar que el proyecto en principio patrocinado por Carlos Arias era bien distinto y mucho más abierto. También es cierto que e! proyecto de Incompatibilidades Parlamentarias ha sido combatido por los «atrincherados en posiciones de privilegio», que no quieren perderlas.

Otro tanto puede decirse del proyecto de Régimen Local, ya que la electividad de alcaldes y presidentes de Diputación ha sido mal acogida precisamente por la que el diario balear denomina «minoría centralista».

Aquél periódico completa su análisis asegurando que los «retadores» de la promesa de desarrollo de la Ley Sindical no fueron quienes ahora, expresan su malestar ante el punto muerto de muchas negociaciones colectivas, «sino quienes están encastillados en verticalistas posiciones de mando». Y, por fin, que no fue la opinión pública quien pidió el cese de quien llevó la apertura a sus cotas máximas en el terreno informativo (Pío Cabanillas), sino que quienes «retaron» desde el primer momento una política abierta y a un ministro concreto «son los mismos que se han ido oponiendo a que el espíritu del .12 de febrero se desarrollara con la plenitud que exigía el realismo político y la voz de la calle».

Los principales responsables

Me ha parecido muy útil e ilustrativo pasar revista a esos terrenos concretos en los que puede contrastarse con claridad toda una dialéctica de posiciones y de acontecimientos que han ido llenando los doce meses transcurridos desde aquel 12 de febrero de 1974, instante en que, por primera vez, se proponía al pueblo español desde las cúspides del poder un programa sugestivo, un lenguaje, inédito .y un salvoconducto válido para el tránsito hacia el futuro.

¿Dónde están, pues, los principales responsables del presente deterioro de la situación y de las esperanzas? Creo que esta es la profunda pregunta que tenemos que hacernos, en espera de lo que el propio Arias Navarro pueda decir en esa comparecencia televisiva anunciada para el próximo día 26 de febrero, en forma de diálogo con un grupo de periodistas. En el buen entendido de que, hace ya meses, se ha pasado el tiempo de las palabras, por muy hermosas que sean, si no son el anuncio de inmediatas medidas y decisiones de Gobierno que pudieran restablecer la confianza y devolver al país aquel optimismo de los primeros meses de la vida del Gabinete Arias.

En el terreno informativo, me parece ineludible contrastar la inquietud reinante por causa de tan repetidos sucesos desagradables que afectan a periódicos, revistas y periodistas y que no es necesario enumerar aquí. Lo peor que podría suceder es el retroceso a situaciones de temor y de excesivas cautelas, pues son el peor, caldo de cultivo para que ía prensa ejerza sa excelsa función de ser reflejo fiel y onciencia crítica de la sociedad circun-"nte.

A los que «ya están»?

el mundo de las asociaciones polí--con la excepción de la encabezada ntarero del Castillo— nadie ha da-Javía un paso por la senda de la su-.ion de conceptos estáticos e inmovili-J. Al cierre de este número de «G.i.», ignora aún qué destino aguarda a la a asociativa de la que se viene hablan-y que tendría a Manuel Fraga como rncipal protagonista. Si quienes se van asociar son casi exclusivamente las fueras originarias del Régimen tradicionalistas, falangistas, «movimientistas» o similares), me parece que para ese viaje no se necesitaban alforjas.

El «reto» (abusaremos hoy un poco de esa palabra) no puede ser agrupar a quienes «ya están» desde siempre, sino sentar las bases para una verdadera democracia política en este país, lo que comporta, entre otras cosas, la participación de las grandes mayorías (cualquiera que --•--» «,,„ hasta el momento han permanecido forzosa o voluntariamente marginadas de la escena política real. Si hasta Fraga no ve la cosa clara, imaginen lo que les sucederá a quienes están más alejados que él.

El Régimen Local

Otro tema es el de la ley de Régimen Local, sobre cuyo proyecto —largos meses ya en las Cortes— hay muchos interesados en desvirtuar incluso las conquistas que el texto gubernamental contiene respecto de la legalidad actualmente vigente. No sólo no se debe dar ni un solo paso atrás, sino que sería muy importante ir más lejos que el texto del proyecto en materia de representatividad, autonomía y disponibilidades financieras de las corporaciones locales.

En el caso de los alcaldes —hoy designados «a dedo»—, el proyecto preconiza su elección por los concejales, cuando no creo que exista ningún inconveniente para que sean elegidos por sufragio universal, como deseaba la inmensa mayoría de -los interrogados en una reciente encuesta sociológica. Otro tanto hay que decir de los concejales, aunque es cierto que en el proyecto gubernamental la fórmula propuesta cae bastante más cerca del sufragio universal que en el caso de los alcaldes Otro aspecto del proyecto que debería ser mejorado es el de la regionalización, la cual queda excluida, pese a que la Ley Orgánica del Estado (artículo 45) abrió una puerta para las regiones que, a! parecer, no va a ser franqueada fácilmente. Lo sensato sería que en las Cortes se dejaran prosperar las enmiendas de diversos procuradores que solicitan que el reconocimiento jurídico de las regiones sea incorporado al texto del proyecto de Régimen Local.

La reforma del sindicalismo

En cuanto al desarrollo del sindicalismo, aún se escuchan los ecos de la tempestuosa reunión de la Comisión Permanente del Congreso Sindical, que no fue a puerta cerrada y en la que estuvieron presentes algunos periodistas. Después de referirme aquí al tema por primera vez, se han publicado amplios e interesantes análisis, que me reafirman en la tesis de la «bunkerización» pretendida por conocidos hombres del sindicalismo oficial, entre los que no figura el ministro del ramo.

Evidentemente, la Comisión pidió la regulación de la huelga,, pero casi todo el resto de sus energías lo consumió en repartir mandobles a diestro y siniestro, que es la peor forma de ocuparse eficazmente de la insoslayable y profunda reforma del sindicalismo. En el «espíritu del 12 de febrero» subyace la reforma. Y ya por mi cuenta creo que hay que llegar a un sindicalismo acorde con el contexto occidental en que vivimos y acorde con aquel famoso informe de la O.l.T. que se publicó cuando la vigente Ley Sindical estaba en gestación y que sólo muy parcialmente fue tenida en cuenta.

Con ocasión de la vista de los recursos del «proceso 1001» ante el Tribunal Supremo, se han reverdecido conceptos que estaban literalmente en aquel informe, como es el de la consideración delictiva en España de actividades sindicales que en otros países son perfectamente legítimas. Ya sé que el tema es delicado y vidrioso, pero eso no significa que haya de ser ignorado.

El comienzo de la operación

La operación habría que comenzarla por la figura del ministro de Relaciones Sindicales como cúspide de la Organización Sindical. A la cabeza del sindicalismo tiene que haber un presidente surgido electoralmente de las propias filas sindicales. Después, cualquier ministro del Gobierno (por ejemplo, el de Trabajo) podría ocuparse de ser interlocutor gubernamental con los Sindicatos.

Y habría que comenzar también por extremar al máximo la separación entre la línea representativa de los trabajadores y la de los empresarios, ya que un sistema capitalista como el vigente así lo exige. Los intereses de unos y de otros son divergentes y no es preciso sostener por más tiempo la ficción de un sindicalismo mixto, que más contribuye a entorpecer la claridad de las relaciones obrero patronales que a facilitarlas. Al diálogo y al entendimiento se llega mejor arrancando cada uno de su verdadera posición y siendo conscientes cíe su propia identidad.

 

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