Autor: JOVELLANOS. 
   Cultivos en trance de desaparecer     
 
 ABC.    09/11/1977.  Página: 43. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

CULTIVOS EN TRANCE DE DESAPARECER

Por JOVELLANOS

En esta España de los pactos económicos, de la austeridad y de la reforma política hacia fórmulas

liberales se está produciendo una amplia crisis en el sector agrario, distinta a la permanente que venía su-

friendo desde hace décadas, y que no la sustituye, sino que se suma a aquélla.

Podría llamarse, si no fuera por lo tópico de la frase, la crisis de la agricultura de la época del franquismo,

la crisis de los pequeños cultivos en los grandes regadíos.

Hay casos muy patentes, muy a la vista del gran público, por su difusión en los medios de comunicación,

como el caso del algodón, cultivo que_ nació al calor de una política económica de autarquía y que va a

morir —de hecho ya puede darse por muerto— al enfrentarse con una política de mercados, porque en los

años transcurridos no se quiso, o no se pudo, convertirlo en una producción con vivencia propia, capaz de

marchar sin andaderas.

Pero junto al algodón se alinean otros muchos cultivos con sus días contados, al menos en la amplitud y

dimensiones que actualmente tienen. En ellos están incluidos el maíz, la mayor parte de los hortícolas y

una buena parte de los cultivos de frutales. Es decir, aquellos que más mimados fueron por la política

agraria de los pasadas Tiempos, política —si en realidad la hubo— basada en lograr un fuerte aumento de

las necesidades de mano de obra en el campo y en el lejano sueño de la incorporación de España al

Mercado Común Europeo.

ALTOS COSTES DE PRODUCCIÓN.—No hace muchos días Televisión Española, en el progra-

ma en que presenta las diversas provincias, al hablar de la de Badajoz planteó, muy de pasada, la

realidad actual del plan de regadíos: «Los "colonos" asentados, a los que se dio tierras, aperos y casa, han

emigrado en cierto número; los "latifundistas" que conservaron sus reservas de tierras no expropiadas

son los que ahora se aprovechan de la obra realizada», dijo el comentarista de TV.E. Lo que no aña-

dió es que las parcelas repartidas, que están cambiando constantemente de cultivos en busca de

rentabilidad, desde el primitivo y desaparecido algodón hasta el actual y conflictivo tomate, no pueden

dar a una familia un nivel de vida adecuado ni sostenerse, una vez los costes de la mano de obra

campesina se elevara a los actuales niveles.

La solución de repercutir los aumentos de costes en el precio final del producto no sirve; en el interior,

por la política de precios políticos; en el exterior, porque al elevar los precios, pierden competitividad.

Y esto no es un problema concreto de los grandes planes de regadío. El caso se repite tanto en la huerta

levantina, donde poco a poco van desapareciendo o disminuyendo cultivos florecientes en otros días —

alcachofa, cebollas, tomates, etc.—, como en los campos de frutas catalanes y en las huertas manchegas.

LAS SUBVENCIONES. — La pugna entablada entre el mantenimiento de precios políticos para el con-

sumidor y precios rentables para el agricultor dio lugar a una política de subvenciones a los cultivadores

de productos que se consideraban de interés. En realidad, para muchos tratadistas tales subvenciones se

concedían en favor del consumidor, no del productor, ya que equivalía al pago por el Estado de una parte

del precio.

Pero la política de subvenciones, que puede ser conveniente cuando se trata de lanzar una nueva

producción o de salvar una coyuntura difícil, de proteger una exportaciones o de ayudar a financiar

transformaciones en las estructuras, es incapaz de mantener, de forma permanente, unos precios ficticios

por debajo de los costes de producción, cuando éstos tienden a crecer inexorablemente.

Cada día que pasa crece el número de productos que han de ser protegidos y aumenta la cantidad

necesaria para la teórica protección. Pero lo más grave es que crea en el agricultor un ambiente de ficticia

seguridad, de conformismo con la situación.

Todo ello hace que, con los primeros choques de la economía de las explotaciones existentes,

principalmente las más protegidas y mimadas, con la realidad de una crisis económica y las presiones del

sector laboral con capacidad de exigencia, se derrumben cultivos nacidos para atender a un mercado con-

sumidor gigante —Europa—, que es una utopía, y creados pensando en una abundante y barata mano de

obra, que ha dejado de ser una realidad__J.

 

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