Gobierno. 
 Cinco por cinco     
 
 Gaceta Ilustrada.    16/03/1975.  Página: 28-29. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

PRENSA

CAMBIOS, SI. "CAMBIO", NO

El presidente del Instituto Internacional de la Prensa, señor Mayer, preparaba un viaje Zurich-Madrid con el fin de interesarse por recientes situaciones de varias publicaciones españolas. Que «Arriba- titule una noticia procedente de Italia: Violencia neofascista es tan sorprendente como que las tranquilas páginas de «ABC» se vean de pronto agitadas por docenas de recuadros Inspirados por el nervio periodístico de su nuevo director. Los cambios en los periódicos madrileños son manifiestos, pero la preocupación del señor Mayer y de la mayor parte de los profesionales de la información españoles proviene de otros campos. Las repetidas visitas de periodistas a los juzgados, las multas, las amenazas y los anónimos y, sobre todo, ios secuestros de diarios y revistas, sitúan a la Prensa del país en un plano de protagonista hasta hace poco inimaginable. La suspensión por tres semanas del semanario «Cambio 16» a nadie puede dejar indiferente.

ARTICULO SEGUNDO. — Sólo algunos días después se supo que la multa de cien mil pesetas al director, don Manuel Velasco, y la suspensión por tres semanas de «Cambio 16», de Madrid, habían sido decididos en el Consejo de Ministros del 21 de febrero. Según la Dirección General de Régimen Jurídico de la Prensa, la sanción venía motivada por infracciones muy graves al artículo segundo de la ley de Prensa, en varios artículos que salieron publicados en el número 165 de la revista, correspondiente al 13 de enero. Más de un mes de espera, pero no de «calma chicha». El director del semanario y el presidente del Consejo de Administración, don Luis González Seara, tuvieron que prestar declaración .en el T.O.P. a propósito de dos artículos publicados en el citado ejemplar: «Vascos y 13» y «En el umbral del cambio», este último firmado por el señor González Seara.

El anuncio de la durísima sanción coincidía con las amenazas de muerte recibidas desde luego anónimamente por el director y varios miembros directivos de ia revista, al parecer «motivados» por un artículo sobre el arresto del comandante Busquéts y el capitán Julvez, en Barcelona, y fuentes próximas a -Cambio 16» expresaron a «G.i.» su temor de que este número también pudiera ser objeto de una sanción todavía más grave. Tres o cuatro meses de suspensión después de tres semanas de «aviso» sólo puede hacer recordar la desgraciada historia del diario «Madrid», pese a que los años no deberían pasar en balde. La revista de Barcelona «Mundo», que dedicaba la portada y unas páginas interiores a explicar el «fenómeno "Cambio", fue en un primer momento secuestrada, aun que posteriormente se autorizó su distribución.

DUELO. — En su último número antes de la suspensión «Cambio 16» publicaba también un informe sobre los últimos acontecimientos sucedidos en «ABC», que motivó una violenta respuesta editorial del diario monárquico en el que más que desmentir algunos pormenores sacados a la luz por el semanario, abría un «duelo dialéctico» que evidentemente no podrá continuar por ahora tras el cierre de la revista. De cualquier manera, el relevo en la dirección de «ABC» se hizo notar desde el primer día en que don José Luis Cebrián puso patas arriba —en expresión de un redactor del diario— la reposada actividad de los profesionales a sus órdenes. Si «Cambio 16» tiene serios problemas para seguir acudiendo semanalmente a la cita con sus aproximadamente ciento cincuenta mil lectores, «los cambios» en la Prensa madrileña son literalmente espectaculares.

No paramos ni un minuto, decía un reportero de «ABC» que jamás había saludado a su antiguo director y ahora despachaba a diario con el señor Cebrián, aunque menos que tos redactores jefes y jefes de sección. Nos ve por el pasillo y repite: «Venga, a trabajar». No sé si para bien o para mal, los pasillos del periódico están llenos de gente que va y viene. Que la portada en huecograbado del periódico recoja una fotografía de jugadores del Real Madrid y de su entrenador, al día siguiente de un partido internacional, puede suponer una sorpresa para el habituado lector que no reparaba en las «puntas» posibles de

otra portada reciente referida al «Año del Conejo».

Los redactores del periódico «galopaban» —en expresión querida por el señor Cebrián— y la extrañeza de muchos de ellos sólo era comparable con la de un redactor de «Arriba», órgano del Movimiento, cuando vio que aquel pie de foto titulado «Fracasa la manifestación antiespañola en Lisboa», se reducía por el nuevo jefe de sección en «Manifestación antiespañola en Lisboa». En el edificio «Arriba» se producía una noticia interna por hora.

En su aparentemente poco disimulada idea de «desmantelar» el diario sindical «Pueblo», don Emilio Romero, actual delegado nacional de Prensa y Radio del ´Movimiento, había «tirado» de la mayor parte de sus hombres de confianza. El mismo señor Romero iniciaba una colaboración —«Ruedo político»— que se publica en los cuarenta periódicos —generalmente con poca tirada, con excepciones— que la Cadena oficial tiene en todo el país, y se llevaba con él a algunos subdirectores y a comentaristas políticos como Pedro Rodríguez, que resucitaba «La colmena», y Fernando Onega. Algunos veteranos periodistas de «Arriba» de conocida línea «duramente leal» se veían desplazados de sus posiciones azuloscuras con evidente desagrado, pero el intento de revitalizar la Prensa del Movimiento —inmediatos cambios en la dirección de algunos periódicos de provincias, «consignas» menos estrictas y más «abiertas»— depende claramente de la revitalización de la propia Secretaría General.

El cambio de ministro no parece haber afectado al ánimo del señor Romero, que parece contar con sus habituales seguridades de maniobra.

DEFENSA. — Sin embargo, las variaciones en determinados medios de información no empequeñecen la preocupación de los profesionales que se ven cada vez más acosados por diversos tribunales. Periódicos como «El Correo de Andalucía» y diversos periodistas se ven en rotundas dificultades para ejercer su profesión. Al tiempo que la Policía «puntualiza ciertas versiones» de informaciones realizadas por profesionales a los que previamente habían creado «por error» todo tipo de problemas, el jefe del Gabinete de Prensa de la D.G.S. abandonaba su cargo por causas desconocidas hasta ahora.

La Comisión de Defensa Profesional de la Asociación de ia Prensa no tiene más remedio que lamentar la frecuencia de las medidas restrictivas o sancionadoras, así como las amenazas de que son objeto los periodistas, y ha de referirse en concreto a los siguientes hechos: Prohibición durante tres semanas para la revista «Cambio 16» y multa de 100.000 pesetas; reiteradas dificultades administrativas sufridas por la revista «Posible»; secuestro de «Mundo Social»; secuestro reciente de las páginas en hueco de «ABC»; procesamiento de don Ernesto García Herrera, corresponsal de tres diarios europeos; de don Antonio ivorra, director de «Gaceta de Derecho Social», y de don Bernardino M. Hernando, director de «Sociedad y Familia»; (as repetidas convocatorias por el T.O.P. recabando declaraciones a diversos periodistas; amenazas anónimas contra la integridad, física de responsables de «Cambio 16». Por último, se pronuncia por la libertad de expresión, unidad jurisdiccional, garantías profesionales y fin de las sanciones administrativas. Al propio tiempo recuerda la petición hecha en la reciente reunión de la Junta General de la Asociación de la Prensa en pro de una amnistía para los periodistas y publicaciones sancionados.

GOBIERNO

CINCO POR CINCO

El señor Utrera Molina fue de (os primeros en abandonar el salón de la Presidencia del Gobierno, después de permanecer durante el acto de relevo ministerial con expresión inamovible, casi pétrea, según un comentarista. El cese del ministro del ´Movimiento había sido el más manejado por los observadores, pero al señor Utrera no le ha producido tristeza alguna, según el breve despacho de Pyresa sobre su despedida en Secretaría General: Si para un romántico partir es morir un poco, para un falangista, partir es comenzar otra etapa en la línea que ha dado sentido a su vida, dijo. En el palacio de Castellana, 3, de Madrid, tampoco había tristeza ni, aparentemente, cambio: Ni la más leve rectificación en el programa del 12 de febrero, dijo el presidente Arias, que repitió igualmente la frase: No está arriada la bandera del 12 de febrero, pero añadió: ni arriaremos ninguna de las que Franco quiere que flameen al aire de España.

A los nuevos ministros de su Gabinete, el señor Arias les recomendó que fueran humildes y el joven y deportivo ministro de Trabajo comenzó por hacerle caso al interpretar así la idea de su Jefe: No confundir la progresiva evolución de unas Leyes Fundamentales abiertas con su irresponsable destrucción. El Presidente también había aconsejado que no cayeran en la tentación de reinventarlo todo. Políticos de otros campos opinan que, efectivamente, ya está todo inventado.

FAMILIA. — Mientras el nuevo Gobierno recibía los moderados parabienes de casi todos los expertos en el sentido de que ahora el señor Arias tendría menos problemas para llevar adelante su cauto programa, algunos líderes de grupos «poco afectos» al Sistema seguían desoyendo la convocatoria presidencial y no se sentían precisamente entusiasmados con los cambios ministeriales: Se trata de un relevo dentro de la familia, decía a «Informaciones», de Madrid, don Dionisio Ridruejo, preguntado sobre qué significado atribuía al reajuste. Ninguno, dijo, y don Raúl Morodo respondió así a la encuesta: A mi juicio, se trata de un simple reajuste ministerial, provocado por las tensiones internas de la actual clase política del Régimen, pero en ningún caso una respuesta política a los problemas reales del país. Es decir, continuar en la ambigüedad de la política de ganar tiempo. Con excepción de una persona, no veo aperturismo por ninguna parte. ¿Lo veía alguien? Don Ricardo de la Cierva, tampoco: Por supuesto que el Presidente se ha quitado de encima un par de anacronismos y ha mejorado un tanto la comprometida situación en que le dejó, ante el país real, su última rueda de Prensa. Pero el cambio va por otra vía. Las remodelaciones del país oficial no rebasan demasiado el efímero interés de la noticia. En efecto, los nuevos ministros tienen ante sí algunos problemas que resolver. «Ya», de Madrid, los ha resumido así, en una «agenda inacabada de los ministros salientes»:

Trabajo: Ley de relaciones laborales y conflictos colectivos; plan gerontológico, plan de higiene y seguridad en el trabajo y reforma de la empresa.

Justicia: Problema del indulto, política penitenciaria y, en general, adaptación de leyes desfasadas.

Secretaría General del Movimiento: Nueva estructura del Movimiento y estudio de las experiencias de asociacionismo político.

Industria: Planes nacionales de abastecimiento de materias primas y energéticas de explotación de hidrocarburos: proyecto de ley de aprovechamiento de residuos sólidos.

Comercio: Problemas concretos de la balanza de pagos, de precios e importaciones; promoción exportadora de las empresas.

4 DE MARZO. — En la relación de fechas claves de la etapa Artas ya se ha incluido la del 4 de marzo como el largo día en que se encontró la solución a la más prolongada crisis gubernamental del Régimen. Desde las once de la mañana, el señor Arias daba los últimos toques a la lista más secretamente guardada de los últimos tiempos. A las doce se reunía con los miembros de la Junta de Defensa Nacional, con quienes estuvo despachando hasta las primeras horas de la tarde. A las siete y cuarto emprendía viaje hacia El Pardo para presentar al Jefe del Estado los nuevos nombres. A las ocho y media regresaba a Presidencia con el visto bueno de Franco. A las nueve y cuarto de la noche, el Ministerio de Información daba a conocer oficialmente las sustituciones.

Dos de los nuevos ministros se encontraban lejos de Madrid: el titular de Industria, don Alfonso Alvarez Miranda, estaba en Canadá, y don Fernando Herrero Tejedor, ministro del Movimiento, en su ciudad natal, Castellón. Las declaraciones de urgencia no revelaban lógicamente nada especial y los expertos buscaban en las biografías de los recién nombrados algún detalle que descubriera los cauces de influencia por los que habría llegado su nombramiento: en algunos casos, estaban a la vista. De cualquier modo, la crisis había terminado y la impresión de que todo sería «un poco mejor» para el señor Arias coincidía con las preguntas en tono malicioso acerca de posibles reacciones de parte de sectores «ultras».

Automáticamente se señaló que pronto se sabría: el señor Girón iba a hablar muy pronto en Zaragoza pacíficamente, pero no pacifistamente, matizaban los organizadores de la reunión.

GESTIONES. — Arias ha demostrado en el pasado año que ve la necesidad de las reformas —escribía el prestigioso «Frankfurter Allgemeine» alemán—. Quizá vuelva ahora, tras el retroceso de los últimos meses, a su programa originario. Los comentarios en torno a las dificultades del Presidente son ya proverbiales, igual que su decidida postura de seguir adelante en la medida de lo posible.

Las gestiones para que la crisis fuera «la justa» debieron de ser ciertamente arduas si fuera cierto el rumor de que, por ejemplo, don Fernando Suárez tardó en decidirse para aceptar la tercera vicepresidencia o si, por el contrario, el Presidente no hubiera podido «distribuir» a su entera satisfacción a los hombres nuevos. Incluso hubo resistencia de más alto nivel, a juzgar por la crónica de UPI publicada en el «Herald Tribune». Así y todo, la repercusión internacional y nacional del nuevo gabinete fue favorable en términos generales. La relativa juventud de los incorporados —cincuenta y un años de edad media— podría ser síntoma de que se puede intentar verdaderamente la repetida idea de democratizar la política del país pasando de una vez de las palabras a los hechos y modificando razonablemente los corsés que impiden el juego político de grupos y personas que, por más que se insista en su ilegalidad, tienen para algunos una valía indudable. Y, sobre todo, existen.

 

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