Autor: Fanjul Sedeño, Juan Manuel. 
   ¿Cortes constituyentes? ¿Nueva Constitución?     
 
 ABC.    30/04/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

¿CORTES CONSTITUYENTES? ¿NUEVA CONSTITUCIÓN?

Por Juan Manuel FANJUL SEDEÑO

VIENE siendo cotidiano, a nivel de partidos, en la opinión de sus líderes y en

la dialéctica periodística, el tema del «apellido» y consiguiente función de las

futuras Cortes. ¿Constituyentes? ¿Legislativas? ¿Meramente constituyentes con

exclusión de otras tareas? ¿Autodisolubles después de dar a luz el texto

fundamental? ¿Deben hacer una Constitución de nueva planta partiendo de cero?

¿Podrían mejor limitarse a remendar o retocar las actuales leyes fundamentales?

El debate apasiona tanto por las múltiples soluciones que permite como por la

grave trascendencia que cada una de ellas encierra. Sin embargo, los que piensan

con mayor rigor constituyente y los que otorgan su beneplácito a un continuismo

constitucional retocado olvidan la realidad española y los condicionamientos de

la transición.

La serenidad del pueblo español, la prudencia de sus políticos, la unidad de las

Fuerzas Armadas y la proyección múltiple del prestigio del Rey no deben hacernos

olvidar algo tan extraordinario, tan sin igual en la Historia Universal que, a

mi juicio, impone su exigencia sobre las actitudes generales:

Empezamos con una guerra civil de tres años de duración, con más de quinientos

mil muertos en los frentes y en las retaguardias, con miles de expatriados

vencidos, miles de triunfadores excluyentes y miles y miles de nacidos, formados

y situados socialmente con posterioridad; pasamos por un régimen autocrático de

cuarenta años -prácticamente medio siglo- y ahora, en menos de dos años, vamos a

desembocar en una democracia, si bien con algunos dolorosos episodios, menos,

muchísimos menos, de los que hubiéramos «firmado» los españoles cuando

pensábamos en la muerte de Franco.

Todo ello no es mala carga para que la memoria se desprenda de ella así como

así.

Pues bien. Si éste es el telón de fondo sobre el que se van a plantear las

Cortes y sus tareas, seamos realistas y huyamos de purismos o posiciones

innecesariamente tesoneras y tratemos de hacer lo mejor posible aquello que hace

dos años no hubiéramos creído ni siquiera posible.

HAY un elenco de leyes Fundamentales del Régimen anterior que ni Derecho

ordenado ni como principio práctico de cambio se puede mantener. El hito qué

marque la separación de las dos etapas históricas tiene que ser una Constitución

íntegra de corte clásico. Pero el hecho de una Constitución nueva no implica que

se tenga que volver ni en su esquema ni en su retórica política a la de Cánovas

en 1876 o a la de las Cortes de Cádiz, pongamos por ejemplo. Debe formal y

sustantivamente ser de nueva planta, pero puede recoger materiales utilizables

de las leyes franquistas, democratizar sus textos y ordenarlos después

codificados en una nueva norma básica lógicamente estructurada conforme a los

modelos al uso.

No se puede pensar que continuemos sobre textos periclitados y retorcidos por

las exigentes características del pasado Régimen; pero que esa renovación

tampoco nos lleve ciegamente a arrancar las páginas del Derecho público para

reiniciar la línea improvisadora de nuestra copiosa historia constitucional,

prescindiendo de instituciones que, adecuadas al espíritu democrático, pueden

servir de útil falsilla al redactar los nuevos textos.

Se discute también, como hemos dicho, si estas Cortes son constituyentes y sólo

constituyentes, o son polivalentes y pueden hacer la Constitución y continuar

después su función legislativa normal.

Si consultamos los artículos III y IV de la ley para la Reforma Política

deduciremos claramente que a las nuevas Cortes se les encomienda no sólo la

reforma constitucional, sino «la tramitación de los proyectos de la ley

ordinaria». Luego no cabe dudar de la amplitud de su mandato y de que no tienen

que autodisolverse al terminar la Constitución. Esos artículos no sólo fueron

aprobados por las Cortes -lo que para algunos no significa nada-, sino que

fueron refrendados por la mayoría abrumadora del pueblo español, lo que para

todos debe significarlo todo.

SOBRE la base del recordatorio histórico que más arriba expuse debemos tender a

hacer lo que sea mas práctico, lo que engendre menos trastornos, lo que dé, con

menos riesgos de perturbación, la imagen pública y clara de la evolución

política. Hasta ahora estamos haciendo lo más difícil de la manera más

impensadamente sencilla; no abandonemos el camino del pragmatismo que tan útil

va resultando para encerrarnos en exquisiteces jurídicas.

¿Que se han cometido errores? ¿Que se han hecho cosas equivocadas? Claro; era

lógico. Yo invito a cualquiera a subir a la cucaña política en estas

circunstancias y a ver si me demuestra que alguna vez no se moja.

Para mí, la gran norma, que debe presidir el trabajo de las Cortes, de las

primeras Cortes democráticas, después de un seísmo histórico tan prolongado como

el que hemos vivido, es tratar de hacer en cada caso lo que sea más práctico,

más prudente y más sincero. En definitiva, hacer lo que todo el mundo entienda.

Que será, por entenderlo, lo que acepte de mejor grado.- J. M. P. S.

 

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