Autor: Muñoz Alonso, Alejandro. 
   Un führer para Euskadi     
 
 Diario 16.    14/10/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

ALEJANDRO MUÑOZ ALONSO

Un führer para Euskadi

«La andanada dominicial de Arzallus ha sorprendido a políticos de todos los colores que no aciertan a entender el porqué del radicalismo demencial del presidente peneuvista. Pero lo cierto es que tarascadas como ésa son la consecuencia natural de unos determinados planteamientos políticos que nadie como Arzallus ha sabido llevar a sus no por lógicas menos delirantes consecuencias.»

Arzallus lia hecho de su trayectoria política la encarnación más lograda de ese pequeñonacionalismo agresivo, excluyente, insolidario, que tantos puntos de coincidencia tiene con el fascismo. Por eso no puede sorprender que hable de guerra, de armas y que cada una de sus intervenciones públicas, especialmente L-n actos de masas, tenga unas netas semejanzas con los ritos populares que Hitler oficiaba en Nuremberg, después lamosa por bien distintas razones.

Arzallus —que debió ser un magnifico orador sagrado de aquellos que describían el infierno con sobrecogedora viveza— ha secularizado sus prédicas y trata de espantarnos con apocalipsis profanos. Su verbo es tan encendido como el del dictador nazi, acaso porque su sueño secreto —cualidades no le tallan— sea el da llegar a ser f´ührer y conducator de una Euskadi, étnicamente distinta y superior, liberada por fin del informe yugo de Ja odiada Maquetonia.

La solución final

Una Euskadi que llevaría a su término la «solución final» ya puesta en marcha por ETA para acabar con los rastros de la secular presencia «extranjera».

Arzallus es, como buen nacionalista, un típico «anti» generador de conflictos, que goza creando situaciones de tensión para Jo que está excepcionalmente bien dotado. Típico representante del doble lenguaje nacionalista —que para muchos es doblez pura y simple—, Arzallus es capaz de decir en 6i Congreso de los Diputados: «Todo lo que sea matar, tanto en una guerra como en un atentado, es barbarie» (30-5-79) y algún tiempo después emitir oficialment un comunicado desde el EBB echando, más o menos, la culpa a Madrid de que «siga habiendo jóvenes que se sientan cargados de razón para... acudir a vías de acción violenta», explicando así «el apoyo de algunos sectores del pueblo a ETA» (20 II 80).

¿I presidente del PNV, acuso preocupado por el éxodo juvenil en su partido, ha halagado con la más burda demagogia a (a juventud vasca, de modo y manera que daba la impresión de estar cantando las glorias de ETA. Ha llegado, Arzallus, a insinuar que conoce a quienes manejan las pistolas en el País Vasco.

Y puesto a crear conflictos 110 ha perdonado a Garaicoechea, ti quien tranca inmisericordiamente, organizándole «movidas» tan increíbles como la rebelión de los 109 Ayuntamientos vizcaínos y guipuzcoanos en plena visita de Suarez al Pais Vasco.

«Legitimar» a ETA

Arzallus ha sido uno de Jos que ha hecho más en estos últimos años para «legitimar» a ETA, «entendiendo» sus razones, hablando y actuando como si la fuerza y la violencia fueran una aceptable última instancia. Una obsesión por Ja fuerza que le lleva a hablar de «la bota de Madrid» o a referirse, como el otro día, al 36 y a «las armas en la mano».

Como lentos de sus correligionarios nacionalistas, Arzallus tío ha condenado nunca nominativamente a ETA y se ha referido al terrorismo como una especie de plaga bíblica que viene no se sabe do dónde. Y cuando genéricamente ha lamentado ul terror, en sus palabras no fallaba un tono de añoranza >lt; la ETA de antes» que mataba sólo policías, - como si hubiera un terrorismo malo y otro bueno.

Cómo (¡i doctor Frankeistein, los nacionalistas han contribuido u crear un monstruo que, como era d¡; esperar, se ha vuelto tambien contra quienes tan irresponsablemente lo han construido. Cría cuervos...

Los pequeñonacionalismos con su estrecho aldeanismo sólo puede sobrevivir inventando un enemigo exterior. Para Arzallus, ese enemigo es España, a la que acusa hasta de llevarse el trigo (?) vasco. La receta es tan vieja y tan poco presentable que sorprende puedan tomarse en serio semejantes baladronadas. Y, lamentablemente, aquí sí se tomaron demasiado en serio a la hora de plantear el Estado de las autonomías. Si no, no se entenderían ni el artículo 2 ni el título VIII de la Constitución.

No hay mas remedio que insistir en que no se puede hacer un Estado autonómico con nacionalistas en vez de con autonomistas, porque aunque sea verdad que en política sólo cuentan los actos concretos, Ja distancia entre las intenciones y las palabras de los nacionalistas es tan grande que el entendimiento es imposible. Salvo cuando, como a Arzallus, le traicionan sus ocultos designios. Sería de aplicación un casos así el reproche escolar: «Callate niño, cjue se le entiende todo.»

Tristes pequeñoaacionalismos, capaces sólo de gestos enanos como ese de la supresión del carácter de fiesta en Cataluña al Día de la Hispanidad. Si catalanes y vascos no son «hispanii», ¿en qué vericueto de la historia podremos colocarlos?

 

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