Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   Nueva derecha, nuevo centro     
 
 ABC.    18/11/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

NUEVA DERECHA, NUEVO CENTRO

LA democracia española se encuentra en ebullición constituyente. No hablo de nueva democracia, sino, simplemente, de democracia: porque desde el punto de vista histórico hemos llegado varias veces en España a situaciones predemocráticas y a formas externas´ de la democracia; pero aunque hayamos vivido bajo un Estado liberal nunca hemos sido una sociedad política democrática, ni menos una comunidad democrática. Para que nazca una democracia estable se necesita una infraestructura predemocrática en el plano económico, en el plano social y en el plano cultural que España no tuvo en todos los intentos anteriores, desde 1812 a 1931; por eso nuestra historia constitucional fa una sucesión de abortos entreverados ide guerras civiles. Para que cuaje y funcione la democracia son necesarias tres cosas y sólo tres cosas: un campo reglado del juego político, que se llama Constitución; un espíritu de concordia elemental, que se llama convivencia, y un grado ´básico de participación, que ha de ser mayoritario. En todo el siglo XIX, donde sobraban Constituciones, jamás hubo participación en una sociedad política que apenas llegaba al cinco por ciento de la sociedad vegetativa; durante la primera Restauración el juego constitucional era ficticio y las clases superiores no Admitieron más que como una concesión superficial la convivencia con las inferiores, mientras los movimientos políticos que. encuadraban a éstas surgieron con la intransigencia como respuesta a la cerrazón; y una falsa incidencia cultural de la Iglesia, combinada objetivamente con la noción militar del doblé poder, barrenó institncionalmente la posibilidad democrática. Por último, durante la segunda República, en la que se daban las condiciones de Constitución y participación, la convivencia degeneró en apoteosis del odio y del miedo, fuentes de la guerra civil de España como preludio de la guerra civil de Europa.

Es todo un síntoma: en toda esa frustración política que estudiamos con el nombre de Edad Contemporánea se han enfrentado a muerte una derecha r una izquierda con diversas formas y un mismo aliento. En todo ese período no ha existida hueco para una realidad política llamada Centro.

Ahora sí Todo el panorama político se halla en trance de cristalización; pero el centro como demanda política popular es una evidencia clarísima para quienes de verdad se asoman al pueblo; para quienes han pulsado directamente al pueblo durante la campaña electoral y no 1« han perdido después el contacto.

Frente a esta innegable realidad política de la España presente —el Centro es difícil de comprender porque en su estado actual, mayoritario como demanda, es rigurosamente inédito— surge una nueva derecha que, ante el relativo fracaso electoral de la coalición llamada Alianza Popular, pretende configurarse como derecha sociológica y reivindicar la hegemonía política en el sector del centro-derecha.

Declaraciones convergentes y muy interesantes de dos políticos tan notables y profundos como son los señores Silva y Osorio van en esa dirección.

De momento hay que saludar con toda esperanza la renovación de la derecha española, que cuenta con líderes de talla —los señores Fraga, Esteruelas y otros además d« los citados—. que tiene más garra de la que pa-ece entre la juventud y que puede sintonizar con el giro a la derecha que se advierte en Occidente.

Esa derecha está eliminando ahora interferencias e hipotecas de signo ultra, causantes de su derrota electoral en virtud de un clarísimo error estratégico del que fue culpable el noble ímpetu de don Manuel Fraga, a quien ahora volvemos a ver donde siempre estuvo; donde siempre convenció.

Pero esa nueva derecha —que debe encuadrar a muchos españoles dispersos— se equivocaría, seguramente., ti tratase de desgajar al Centro. Si juzgase al Centro como un artificio sin futuro; si sólo le valorase como un disfraz de la derecha; si confundiese los fallos de su oferta con la permanente realidad popular de su demanda. La derecha y el Centro son dos-historias, dos proyectos, dos horizontes, distintos.

Afortunadamente el Centro ha cambiado de manera decisiva en las últimas semanas. Sus tres soportes —Gobierno, Secretariado, Grupos parlamentarios— han superado lo peor de sus crisis internas. El presidente tiene, desde fines del mes pasado, un margen importante de maniobra. La crisis de Gobierno es una posibilidad desdramatizada. El Secretariado funciona a toda máquina. Los grupos parlamentarios superan, cada vez con mayor decisión, e] desconcierto inicial. Las provincias se organizan; e´ presidente acaba de verlo a fondo en una. Pero sobre todo —nadie sabe cómo ha sido— hay un nuevo espíritu de concordia y sacrificio del que el grupo senatorial de U. C. D. dio, el pasado viernes, un ejemplo que sólo conocen y valoran quienes lo vivieron. Se reducen los vetos internos. Los minipartidos pierden peso cada semana. Hay auténtica voluntad de partido; y para antes de acabar el invierno habrá un partido, dificilísima maquinaria que no se improvisa y que toma cuerpo casi por horas.

Quien ha criticado implacablemente, desde dentro, las aberraciones y las etiquetas falsas y los delirios personalistas tiene el derecho elemental de anunciar el cambio y la esperanza. Obstinarse en mantener la condena cuando se ha demostrado palpablemente la enmienda es sencillamente otra forma de ceguera.—

Ricardo DE LA CIERVA.

 

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