Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   Urgentísimo     
 
 ABC.    19/10/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. MIÉRCOLES. 19 DE OCTUBRE DE 1977

URGENTÍSIMO

Por Ricardo DE LA CIERVA

LOS medios de comunicación del Estado, antigua Prensa y Radio del Movimiento, pueden caer en cuestión de semanas, p en cuestión de días, en manos de la izquierda. He hablado esta misma mañana con varios directores, que transmiten, sin que, por lo visto, nadie quiera escucharles, la voz de alarma. En el paquete de medidas a discutir dentro de la fase política de las conversaciones de la Moncloa figuraba ya sospechosamente este tema; y con un aire d« concesión y entreguismo perfectamente detectable entre lineas para quienes tengan una mínima experiencia política.

En pleno mes de agosto, cuando nadie había suscitado el tema, escribí en estos mismos recuadros de A B C, y con motivo de unas salvas de amistoso saludo al nacimiento del Ministerio de Cultura, estas palabras sobre política de información:

«La otra vertiente de comunicación pública dependiente del Ministerio de Cultura es la Prensa estatal. Sobre ella gravita, ante todo, un problema humano; luego un problema • político y por fin un problema económico. La Prensa del Movimiento ya era un anacronismo durante el final del régimen anterior; ahora es, como tal, incompatible con la democracia. Es una pesada herencia de ese régimen, que debe liquidarse con la prioridad indicada. Primero, el problema humano: ni un solo periodista, ni un solo trabajador puede ver comprometido su trabajo y en ello tiene el Estado un deber compensado de sobra por el coste histórico —relativamente bajo a pesar de todo— derivado de la transición. Con ese espíritu habrá que abordar el problema político, que sólo puede consistir en una transferencia de la cadena, por piezas, a otros propietarios políticos o sociales. Con la ayuda estatal de arranque necesaria. Todo intento de pervivencia en la actual situación pudrirá el problema hasta hacerlo insoluble.»

No ha sido, pues, la Izquierda quien ha adelantado su preocupación por el tema. Dentro de la legítima pugna por la preponderancia política, la izquierda ha desencadenado estos días una inteligente y tenaz ofensiva sobre los medios de comunicación del Estado. Frente a la torpe indiferencia del Gobierno, que tiene totalmente abandonados a esos medios y a esos trabajadores, socialistas y comunistas prodigan sus declaraciones en el sentido de mantener por encima de todo los puestos de trabajo, favorecer el control poco menos que asambleario de los medios, sometidos, más teóricamente que otra cosa, a un remoto control parlamentario. Y el Gobierno no solamente sin enterarse, sino sin quererse enterar. Nadie quiere saber nada de la información en el Gobierno; nadie quiere abordar este vital tema —la cadena de Prensa y Radio más importante de Europa— más que con la desidia y el entreguismo. No transcribo alguna conversación de representantes de la cadena con una alta autoridad de la información oficial para que no se sonrojen hasta las teclas de la máquina.

El panorama político de varias regiones puede cambiar a medio plazo si se consuma esta política de entreguismo informativo. El tema de los medios de comunicación del Estado debe abordarse con clarividencia y serenidad, no marginarse de manera irresponsable. Dicha alta autoridad atribuía a la Izquierda el propósito de dinamitar la cadena en la discusión sobre presupuestos. No es así. Al demostrar la izquierda interés primordial por el mantenimiento de los puestos de trabajo, muchas redacciones se están pasando en bloque a los partidos de izquierda; sin que U. C. D. y el Gobierno hayan dado hasta ahora la menor muestra de enterarse.

Todo nace de que el Gobierno carece de política de información, por mantener vergonzantemente en corral ajeno —el Ministerio de Cultura— los degradados servicios de información. Pero ahora no se trata de un problema administrativo de competencias, sino de un problema político gravísimo de consecuencias irreversibles. No estoy pidiendo al Gobierno que lo resuelva; pero si, al menos, que se entere.—B. dé la C.

 

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