La Democracia Cristiana como problema     
 
 Arriba.    16/09/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LA DEMOCRACIA CRISTIANA COMO PROBLEMA

«Para un observador timparcial. que edemas estime muy sinceramente e los políticos democristianos -que suelen ser cumplidos caballeros y mantienen contactos con profundes velas populistas del electorado— (a Democracia Cristiana como opción política está muerta- y enterrada por la decisión —que creo irreversible— del pueblo español el 15 de Junio. 0 Partido Demócrata Cristiano logró colocar en las Cortes o un numeroso grupo de diputados porque era el partido del Centro y el partido de Suárez. a pesar de sus pardales veleidades democristianas; esto es eJgo que el señor Alvarez de Miranda comprendió en (a madrugada del 16 de junio, pero parece haber olvidado ahora por razones de oportunismo harto discutible.

El señor Suárez se lo ha recordado en 4a agria reconvención que acaba de propinarle; y que ha producido te retractación del disidente, el declarar que sus opiniones eran sólo personales.

Un Presidente del Congreso que enjuicia temas de alta política no tiene opiniones personales, cosa que suelen olvidar muchos políticos cogidos en renuncios semejantes.

Daban en la diana aquellos políticos democristianos desahuciados el 15 de junio que acusaban a (a Iglesia de haberles dejado en la estacada. La institución de la Iglesia al abandonar el apoyo formal el partido católico ha sido un gran acierto y un gran servido a la comunidad; la Iglesia española ha aprendido todos los errores de la italiana. El electorado español no entendía el absurdo reiterado de que la Democracia Cristiana no era un partido confesional; porque lo que es cristiano es confesional o es una tomadura de pelo. El electorado español piensa que la iglesia se ha dedicado en toda su historia, sobre todo la reciente, e hacer política en directo y sin rebozos; y con «u rechazo a la DC ha repudiado esta dimensión política de la Iglesia. Providencialmente, la propia Iglesia ha colaborado en «I repudio, que es une auténtica conversión histórica digna de una experienda multisecuiar. depurada en el último de los Concilios.

El problema, ahora, .consiste en capitalizar políticamente esas profundes y auténticas vetas populistas que hubieran sido la clientela natural de una Democracia Cristiana en 1945, pero que ehora rechazan la etiqueta. A ese objetivo de enorme trascendencia, y no a resurrecciones Imposibles condenadas a fracasos como el del 15 de junto deberían dirigirse los esfuerzos de (os líderes ex demócrata-cristianos, si no quieren pasar, con sus nostalgias, a la Historia.

(Ricardo de la Cierva, en ´Diario de Barcelona».)

 

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