Autor: ÍBERO. 
   La "desintegración" del señor De la Cierva     
 
 Pueblo.    16/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA "DESINTEGRACIÓN" DEL SEÑOR DE LA CIERVA

E L profesor, periodista, historiador, polemista, aistinguido intelectual, conferenciante, funcionario y algo ilusionista don Ricardo de la Cierva, tía pronunciado una conferencia en éi elegante y acaso algo mesocrático barrio de Lisboa, donde ha hecho afirmaciones que merecen no so] o la información que ayer hemos recogido, sino la atención del comentario.

£ Opina el señor De la Cierva que nuestra alternat i v a política está entre «reforma o dictadura», lo cual pudiera ser cierto hasta donde llega el arte de hacer de Casandra. Posible es que un día volviese a tener España una dictadura, aunque difícil sería que el presidente de taí Gobierno dictatorial fuese el señor Silva Muñoz, que jamás parece haber aspirado a cosa seme: jante. Vamos, a admitir, y lo hacemos con gusto, que el «pinochetazo» es impensable, entre otras cosas porque los Pinochet llegan después de los Allende, y no parece éste nuestro caso. Es en el presente donde más se equivoca don Ricardo, incluso después de haber rectificado pasadas opiniones sobre Adolfo Suárez. Dicen verídicas voces que, desde hace días, el señor De la Cierva forma parte de una de las comisiones oficíales de España en la O. N. U. Allí siempre hará falta.

£ Donde el señor De la Cierva pisa arenas movedizas es cuando se refiere. a la Prensa española con la misma amable ligereza que si se tratase de periodismo chino, o de Uganda, digamos por caso. Según don Ricardo, el «A B C», que «antes ganaba un millón al día», está perdiecido 700.000 pesetas diarias, y cada cual es muy dueño de perder su camisa, que en el caso de nuestro buen colega de la mañana, será camisa propia y no prestada o pagada por nadie. Mayor suerte es la de «Ya», que, como portavoz, de la Editorial-Católica, «tiene 5a protección de la Santísima Trinidad», lo cual es siempre muy importante. No sabemos qué santo vela sobre los demás diarios españoles, si ´es que lo tienen, pero nos hiere la temeraria afirmación de que PUEBLO «se está desíntegrando». Aquí, señor De la Cierva, no se desintegra nada.

Este periódico sigue tirando, con devolución mínima —le invitamos al acto—, entre los 165.000 y los 180000 ejemplares día r i o s, cuenta con la adhesión de muchos cientos de miles de lectores y aún se puede permitir —porque los anunciantes van al diario qué más se vende—, una publicidad que sabe dónde se insería y por dónde se anda. Ni nos desintegramos, ni nos hundimos, ni siquiera nos cuarteamos.

El pueblo español siempre necesitará de un diario que esté sólo a su servicio y que refleje, .como nosotros lo intentamos cada día, las preocupaciones y anhelos generales. Estamos en el presente, sin manías, sin iras y, desde luego, sin nostalgias. Simplemente, vivimos por y para el hombre de la calle.

0 Conste aquí nuestra repulsa y tristeza ante una frivola agresión contra varios periódicos, que acaso han sido con el señor De la Cierva dem asi ado amables, y ése ha sido su pecado. No vamos a entregarnos a la apasionada lectura de la -´«ciervísta» biografía de Franco, pero sí a recordar cómo cierto día un académico francés acarició" el abrigo de visón de la esposa de Daniel Rops, autor de una famosa y muy vendida vida de Cristo, y sólo dijo: «Ese buen Jesús...» Si el señor De la Cierva usase abrigo de pieles, podríamos acordarnos de una biografía de Franco vendida en olor de santidad y en muchos miles de ejemplares, y a la cual parece haber contribuido el propio biografiado. Antes de atacar a ios periódicos, conviene pensarlo varias veces, y más todavía ai acusar en bloque «cuarenta años de corrupción», metiendo a 35 millones de españoles en el saco, Más o msnos son los que tiene el ´ señor De la Cierva, director general de Cultura Popular (que antes se llamó «de Propaganda»), nombrado por un ministro y fiel colaborador del Gobierno de Carrero Blanco. Todos sabemos algo de historia, y especialmente de la contemporánea.

£ Sin ira y sin rencor, incluso con afecto, rechaza m o s lo que es falso. PUEBLO no se «desintegra», y sus columnas están abiertas al señor De la Cierva, incluso si nos demuestra lo contrario.

 

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