Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   Cataluña no merecía una puerta falsa     
 
 ABC.    29/09/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

CATALUÑA NO MERECÍA UNA PUERTA FALSA

LA p r esentadón de Ja autonomía catalana a toda España por Jos servid o s Informativos del Estado —Televisión Española— en Ja noche del 29 de septiembre de 1977 no fue solamente una lamentable demostración de Incompetencia; constituyó, entre otros, un fraude informativo de primera magnitud.

Premioso, superficial, el señor Sánchez Terán cabalgó a ciegas por una delicadísima historia; yuxtapuso sin tino ni medida acontecimientos cuyo engarce debió hacerse con purísimo encale de matices; cantó el final de Ja Mancomunidad sin dignarse evocar su inteligentísimo principio, y ofreció cabal Imagen pública del triste procedimiento escogido por el Gobierno para escamotear a las Cortes Jo que era primordial asunto de éstas; Jas cuales, esa tarde, discutían temas tan vitales .como el perfil gramatical de las mociones de censura. Bien está que se eluda el conflicto, pero no conviene encogerse asi ante la grandeza.

No rayó a más altura técnica, aunque sí elevó noblemente el nivel emocional de] hecho, la información de la otra parte, a través de una defectuosa comunicación telefónica del señor Tarradellas sobre imágenes de archivo. Asi se despachó la más importante noticia de los últimos años; una noticia digna de la comparecencia de un presidente y que por su trascendencia mereció, sin duda, que el propio Rey de España Ja transmitiese y explicase a Jos españoles.

A Jas dos y media de Ja tarde del 29 llegaba a una reunión, a la vez íntima y política, ese caballero sin miedo y sin tacha que se llama Fernando Alvarez de Miranda, presidente del Congreso. Venía precisamente de Ja Comisión de Urgencia Legislativa, donde acababa de aprobarse por unanimidad Ja urgencia del proyecto del Gobierno. Alvarez de Miranda pensaba, como la gran mayoría de Jos parlamentarios de todo signo, que ¡a Generalidad debió restaurarse en un pleno conjunto de Jas Cámaras, pero sometió su luido a la disciplina de partido y votó a favor de Ja urgencia. Estuve a punto, entonces, de enviar un comentarlo a este periódico, pero me asaltó, incontenible, la seguridad de que ABC no falla ¡amas en estos momentos históricos; y ya vieron ustedes ese perfecto editorial que suscribiríamos millones de españoles y por supuesto Innumerables catalanes. Si absoluto a la Generalidad; si a Ja autonomía de Cataluña; sí a Ja aleqría de Cataluña. No al procedimiento; a Ja forma apresurada (y seguramente viciada) con que se ha consumado y comunicado la restauración de la Generalidad.

En medio, además, de una nube de contrasentidos se restablece una Generalidad "provisional*; no se puede restablecer lo que nunca existió, y nunca existió una Generalidad provisional. Se da carácter provisional a Jo que por naturaleza histórica y exigencia política es irreversible: se condiciona de manera absoluta \/a futura acción de Jas Cortes y se trata de engañar cínicamente a la opinión pública con la ficticia provlslonall-dad. Se margina a las Cortes —representación del pueblo— por desconfianza hacia ellas; por gratuita exhibición de sobreentendidos sobre los peligros de un debate, cuando el Pleno de Jas Cortes hubiera aprobado clamorosamente, pero a Ja vez racionalmente, el restablecimiento de Ja Generalidad. Se de¡a al pueblo español con el amargo sabor de que un hecho esencial para todos se ha cocinado entre unos pocos. A través de sus parlamentarlos, Cataluña ha participado más; pero el resto de las Españas mira tan profundo suceso como algo ajeno, porque no ha participado en él. Claro que el Gobierno no ha cometido ilegalidad formal: ha tramitado el decreto-ley a través de la Comisión de Urgencia Legislativa. Pero quienes estuvimos presentes en el montaje de esa Comisión vimos de cerca el pucherazo* con que se fraguó y en el que participó tanto el hoy dimitido ministro Camuñas como quien le sustituye, según la Prensa, en una parte de sus funciones. Precisamente tal ministro aseguraba hace unos días a este parlamentario: ´Concédenos Ja posesión de cierta inteligencia política. La aprobación de la Generalidad se hará abrumadoramente por centenares de votos.» Un pequeño engaño personal que apenas aumenta el tremendo engaño nacional a que acabamos de vernos sometidos. Y que no abona el reconocimiento de esa inteligencia política.

Desde el punto de vista histórico yo hubiera comprendido que el último de Jos Borbones devolviera a Cataluña Jo que le arrebató, por reflejos del centralismo francés, el primero de los Borbones; en una repetición del gesto del Rey ante el Papa cuando renunció, desde el plano institucional de Ja Corona, al privilegio de presentación. Pero no ha sido éste el procedimiento, ni Ja explicación, que so)o

han apuntado desmañadamente los servicios gubernamentales de información, despeñados ya con este colofón en un abismo de negligencia y en un vacío de horizonte.

Vean ustedes Ja reticencia con que todos los comentarlos aluden al método seguido por el Gobierno, mientras aprueban el retorno de Ja Generalidad. Los españoles más lúcidos coinciden, no faltaba más, en esa aprobación v se alegran hoy intimamente con la alegría de Cataluña. Si por esos españoles fuera, olvidaríamos inmediatamente el desaguisado formal y el fraude informativo, porque desde hoy •nos sentimos un poco más catalanes y un poco más españoles a Ja vez. Cantaríamos el ejemplo de Ja serenidad catalana y el fortalecimiento, desde bases mucho más reales, de Ja unidad española.

Y así lo hacemos, por supuesto. Pero no podemos dedicar todo nuestro tiempo a la alegría porque ´debemos ocuparlo también, y con urgencia, en convencer a millares de otros compatriotas no catalanes de que el Gobierno ha acertado en el horizonte aunque no en el camino; porque con este desaguisado formal puede haber aumentado del Ebro para abajo la incomprensión hacia Cataluña y la convicción de que todo el proceso autonómico del Principado ha sido un asunto particular entre el palacio de la Moncloa y un personaje tenaz y poco conocido que vivía en Francia.

Ahora nuestro deber es explicar a esos millones de españoles desinformados culpablemente por el Gobierno lo que el sentimiento catalán ¡ueaa en Ja vida histórica de Cataluña; cómo ha llegado a concentrar el señor Tarradellas ese sentimiento; por qué la nueva Generalidad, a pesar de experiencias anteriores conflictivas, va a ser un factor de unión estable y no de dispersión; cómo Ja autonomía de Cataluña puede, y debe, y va a ser cimiento de unidad -en el marco de la Corona», como fue de hecho factor de disgregación *en el marco de Ja República»; por qué debemos cooperar todos a que el ´Visca Catalunya», *Viva España» del señor Tarradellas -(velado absurdamente por Ja transmisión de TVE) sea un nuevo pacto de siglos; porque puede serlo, porque va a serlo. Porque los dos *vivas» han sido pronunciados por la persona que encarna hoy la continuidad histórica de la personalidad catalana, mientras en su versión anterior los dos vivas se pronunciaron por personas diferentes y después de un discurso en que la nueva historia de Cataluña se separaba artificialmente de Ja historia común de las Españas.

Quizá podamos así, desde una y otra orilla de la misma corriente, abrir, a golpe de comprensión, y de Historia, y de horizonte común, esa puerta falsa que no merecía Cataluña, y que todavía es tiempo de convertir en una puerta grande.

Ricardo de la CIERVA

 

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