Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
 Cultura y seriedad. 
 I. El bienestar     
 
 ABC.    20/08/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

CULTURA Y SERIEDAD

I. EL "BIENESTAR

Por Ricardo DE LA CIERVA

CON el pie en el estribo d« las vacaciones, el director de este periódico me pide una atención específica, dentro de estas columnas, al tema de la cultura. ¿Qué misión más ¿rata puede asignarse a quien se siente profesional del periodismo y de la cultura? De la cultura cultivo, esfuerzo, riesgo; porque no creo en la cultura infusa, une es contemplación; ni en la cultura en pildoras, que es sucedáneo. Dejé pasar unas semanas de voluntario embargo, para reponerme de algunos asombros; 7 recuperar el necesario nivel de serenidad e independencia. Esto puede ser un apunte de la política cultural española vista desde alta mar.

La meditación es triple´ porque se centra en los tres aspectos (sólo se suele perorar y desbarrar sobre uno) que parecen, de momento, competencia del amasijo administrativo mal-llamado Ministerio de Cultura y Bienestar. Que comprende tres sectores: el «bienestar» la información y la cultura propiamente dicha.

El bienestar como objeto de un departamento administrativo. ¿Quién habrá parido tal ocurrencia? Con «bienestar» se ha querido traducir —pésimamente— e] "welfare" de la administración anglosajona; porque en Francia «bienestar» es la marca de una colonia. Pues bien, en el mundo anglosajón «bienestar» no es eso; no tiene nada que ver con las competencias (clarísimas, pero vergonzantes) del actual Ministerio español; y encajaría mucho más en otros: Trabajo y bienestar, Sanidad y bienestar.

Este «bienestar» de nuestros pecados administrativos es, políticamente, un saldo del Movimiento-organización aue, como bien dijo don Manuel Fraga en 1969, había degenerado ya en una burocracia; pero administrativamente, en cambio, agrupa una serie de competencias muy importantes, como la familia, la juventud, la condición, femenina y el deporte. (La delegación cultural del Movimiento se trasladó a Educación; como era sólo una entelequia animada por la gentil figura de Carmen Llorca, y a Carmen Llorca la echó cierto grupo desahuciado, al levantar un nombramiento de la misma mesa del Consejo de Ministros, en brazos de Alianza Popular, de la tal delegación nunca más se supo.)

A la juventud, hoy por hoy, sólo puede dar el Gobierno y la sociedad una cosa: empleo que la libere de su angustia. No es este Ministerio el encargado de tan ineludible tarea; que es hoy el primer problema nacional a plazo medio. El Ministerio del Bienestar sólo puede dar a la juventud caramelos; la juventud no es, objetivamente, competencia suya.

A la familia, que politicamente trae resonancias orgánicas, nadie ha sabido meterle el diente en este país desde la Administración; y así seguirán probablemente las cosas. La evidente1 crisis de la familia, sí tiene arreglo, lo tiene en otra parte.

El interés del nuevo Ministerio por la condición femenina se ha traducido, hasta el presente, por una audiencia a grupos feministas más o menos Injustamente marginados. Pero la misión del Ministerio, y del Gobierno, y del partido que le inspira no consiste en secularizar añejas secciones femeninas sino en dejar de considerar a la mujer como un simple y hasta incómodo pretexto político. Debemos suspender el juicio sobre la política feminista del Ministerio que nos ocupa hasta ver cuántas mujeres son designadas directores generales en la renovación, todavía pendiente en parte, del equipo que prepara el señor Cabanillas. De momento el tanteo antifeminista en altos cargos es el previsto: cuatro a cero. Hasta ahora, con violación de unas promesas electorales que sonaban ya entonces a hueco, el Interés real del Gobierno, del partido del Centro y del Ministerio de Cultura por la condición femenina es puro olvido lo que equivale, después de aquellas promesas, a puro sarcasmo. Pero esperemos a ver si el sarcasmo se consuma en una proporción parecida a la de mujeres en el Parlamento, o en el elenco de senadores reales, cuarenta y uno a dos. O si más bien las mujeres españolas deben conformarse, que ya sería un éxito, con sn condicidn.de pretexto permanente.

¿Qué decir sobre el deporte, que en estas semanas anda revolucionado en vista de los peligros de recaída en todas las argucias del viejo caciquismo que algún optimista creyó desmontadas? Si queremos bajar de las nubes, política deportiva significa proliferación de instalaciones, y preparación olímpica. De momentó ni lo uno ni lo otro. Todo hace pensar que sin una renovación profunda de objetivos y métodos, sin una recarga fulminante de ilusión y de efectividad, la actuación de España en Moscu será tan ridicula como la de la olimpiadas anteriores; sin esperanzas de rebasar el nivel somalí. Eso sí, con la compensación de que don Juan Antonio Samaranch obtenga la presidencia del Comité Olímpico Internacional. lo que seguramente nos permitirá organizar el próximo ridículo cósmico sin movernos de casa.—B. de la C.

 

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