Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   Democratización y regionalización: nada fácil     
 
 ABC.    31/07/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. DOMINGO. 31 DE JULIO DE 1977.

DEMOCRATIZACIÓN Y RE6IONALIZACION: NADA FÁCIL

Por Ricardo DE LA CIERVA

LA práctica parlamentaria está im-p o n i e n d o, e impondrá cada día más. un juego bipartidista de la U. C. D. y el P. S. O. E., con la interferencia, la colaboración y en todo el caso el estímulo del P. C. E. y A. P.; y con la actividad simultánea —llevada en los primeros escarceos con notoria eficacia— del P. S P. y la constelación regional. Pero a pesar del profundo esquema trazado por el profesor Linz en su memorable análisis del Club Siglo XXI el núcleo de la política español? es, hoy, bipartidista: y las líneas de fuerza política, potenciadas por la práctica parlamentaria, puede que tiendan a reforzar ese juego bipartidista en vez de dispersarlo. En todo caso, el comportamiento interior de los dos partidos hegemónicos —la U. C. D., el P. S. O. E.— ofrece un Interés primordial para la consideración política.

Pues bien, uno y otro partido encuentran grandes dificultades a la hora, ineludible, de avanzar en dos frentes vitales: la democratización y la regionalización. El Partido Socialista, con mayor tradición, raíces mucho más profundas de experiencia democrática (con capítulos históricos, eso sí. que acabaron como «I rosario de la aurora) y notoria ventaja en el rodaje para la actual carrera política, ha solucionado aparentemente esas dos dificultades; pero no subrayamos a humo de pajas el adverbio. La disciplina del partido se basa, cada vez más, en el afianzamiento de la autoridad de su líder y el equipo central; sobre todo a partir del tormentoso congreso del Meliá Castilla. La estructura federal del partido parece más bien al observador exterior una concesión a las corrientes de opinión dominantes en las regiones históricas (antes de los correctivos electorales) que una convicción política; y, desde luego, frente a la tradición histórica del P. S. O. E. pudiera tildarse hasta de oportunismo. Prueba al canto: en las regiones que se creyeron centralistas, pero que hoy sienten vivamente el regionalismo aunque sea en fase confusa (Extremadura, Murcia, la Mancha, por ejemplo) el Partido Socialista no es hoy un núcleo descollante de regionalización, ni menos un fermento; sino que actúa en sentido muy conservador en este campo. Dicho sea con tanto respeto como sinceridad y ante observaciones directas.

La marcha hacia la democratización. y la vocación regionalista parecen todavía más difíciles en U. C, D., gran partido en ciernes sometido ahora a intensísimas acciones —mal observadas y menos comprendidas desde fuera— de ingeniería política. Dada la accidentada protohistoria de U. C. D. estas acciones se ejercen primordialmente de arriba abajo; y seguramente esto es necesario. Pero el impulso autoritario organizador deberá encontrarse urgen tísimamen te con el impulso de la base democratiza-dora; no se revela ningún secreto, al sospechar que este encuentro será muy trabajoso. Como las brigadas excavadoras de un túnel que corren el riesgo de no coincidir en la zona prevista. Sobre todo cuando nadie puede afirmar que se haya previsto de verdad esa zona.

Si U. C. D. se encuentra todavía en fase de articulación autoritaria (los seis millones de votantes no. sirven, de momento, más que para declamaciones y ´sofismas) la posibilidad regionalista del Centro, tan esgrimida en la campaña electoral parece cada día más verde. En buena parte por culpa de los representantes regionales, muchas veces pendientes de un gesto de Madrid mucho más que de la articulación de sus bases.

Hay una oculta, pero hondísima, ley histórica en la España moderna: los partidos centrales —aunque intentenverbalmente evadirse del centralismo—han actuado siempre como núcleos centrípetos y jamás han generado estímulos regionalistas auténticos. T.anto el P. S. O. E. como U. C. D. son partidos centrales natos. Les va a ser muy difícil su marcha a, la democratización interna; y alguna estructura filtrada por las agencias resuena con extrañas afinidades de Centralismo democrático, expresión que como demuestra la historia del Partido Comunista • es políticamente contradictoria..

La solución no es fácil; pero tampoco imposible en esta España felizmente imposible de 1977. La exigencia democratizadora es tan fuerte que acabará por imponerse a la ingeniería centralista. En cambio, la gestación regionalist» necesitará —como necesitó .en su di» en las regiones dr personalidad reconocida—- de una vigorosa acción intelectual. Puede que la creación del Ministerio para las Regiones haya, sido un exquisito reflejo centralista, a pesar d« la noble intención del legislador; y » pesar de la figura procer de su primer titular; A quien, sin duda, no escapó el parcial contrasentido cuando aceptó —por fortuna para todos— su arries-gadislma misión.—R. de la C.

 

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