Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   Señales de alerta para el suicidio de un régimen     
 
 El Alcázar.    28/12/1976.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 28. 

SEÑALES DE ALERTA PARA EL SUICIDIO DE I \ RÉGIMEN

Por Ricardo DE LA CIERVA

Alo largo de los últimos años, el historiador y periodista Ricardo de la Cierva —cuya larga colaboración en EL ALCÁZAR de Dyrsa nos mueve a una renovada gratitud, por cuanto tiene de aportación al acervo historiológico de la España de Franco —ha ejercitado un dinámico trabajo, no sólo documental, sino prospectivo de la vida política española. Su labor, polémica por su propia naturaleza, tiene el valor testimonial derivado de la autoridad profesional del autor y, además, el que emana de la trayectoria, muchas veces discutida pero por ello mismo reconocida, del famoso historiador y periodista.

Como colaborador asiduo y apreciado de EL ALCÁZAR, Ricardo de la Cierva publicó el 9 de abril de 1970 un articulo titulado "Señales de alerta para el suicidio de un Régimen". Lo que en él se contiene, quizás resultase entonces un tanto extemporáneo o anticipador. En cualquier caso, su testimonio, a seis años y ocho meses de distancia, cobra un interés ^específico que nos aconseja ofrecerlo de nuevo a nuestros lectores.

"Desde el otoño de 1923 a la primavera de 1936 —trece años escasos— se registran en la historia de España cuatro suicidios de régimen: el de la Restauración, en 1923; el de la Dictadura, en 1930; el de la Monarquía, en 1931; el de la segunda República, en 1936. Estos suicidios consumados, junto a varios intentos mas o menos frustrados, forman parte de la experiencia histórica y personal inmediata de la sociedad política española actual; la experiencia pesa sobre todas las generaciones actuales, incluso las más jóvenes; si algún grupo generacional se declarase ajeno a tal experiencia, intentaría un suicidio todavía más profundo. Cierto que el acontecer histórico es irreversible;, cierto que desde la cumbre institucional del pais se nos advierte que todo está atado y bien atado; pero no es menos cierto que estamos —a escala mundial, a escala europea y a escala española— en un evidente momento de transición y no ^parece inoportuno que un historiador trate de analizar los ´cuatro momentos citados para establecer serenamente unas señales de alerta. No se ha dicho en vano que los pueblos que ignoran voluntariamente su historia están condenados a repetirla.

(Esta es una meditación surgida ante las páginas prodigiosas de esa lección definitiva del profesor Jesús Pabón, Cambó, que no es solamente la mejor biografía, sino sin temer a exageraciones, la mejor historia contemporánea de España; me ocuparé fríamente de estos tres tomos magistrales cuando logre evadirme de su hechizo).

Alguna de estéis señales de alerta —que no son sino sorprendentes— coincidencias reveladas por el análisis histórico— nacen de la experiencia de los cuatro suicidios; otras son características de dos o más de ellos. El tema es enormemente sugerente 1 y en este artículo no podemos hacer sino desflorarle. •

PRIMERA SEÑAL: "PARA ´CORREGIR EL EFECTO VOLVER A LA CAUSA"

Este es el lapidario —y exactísimo— resumen de Jesús Pabón que equivale a la condena histórica del auténtico "error Berenguer". A la vista del innegable fracaso político a largo plazo de la Dictadura, el sorprendente remedio de 1930 es reproducir con morbosa precisión las situaciones de conflicto que la suscitaron. Un error de semejante género había cometido la monarquía parlamentaria en 1923, cuando se creyó obligada a se el consejo de don Antonio Maura y dejar "que gobernasen . los que no dejaban gobernar".

SEGUNDA SEÑAL: "LA IMITACIÓN SERVIL DE EUROPA"

Desde que España perdió su pulso histórico, .nuestros políticos se han afanado en traducir literal y servilmente las soluciones europeas para los problemas españoles. Resulta increíble como un pais de historia tan profunda y de personalidad tan múltiple y tan específica no ha podido ofrecer a sus hombres de gobierno más que una perpetua invitación al papanatismo extramural. Posiblemente no ha sido culpa del país, sino de la pereza y el abandono mental de sus rectores, demasiado propensos a aplicar una máxima unamuniana tan poco comprendida —"que inventen ellos"— antes y después de que el genio de la paradoja la arrojase, como uno de sus mil retos, a la conciencia helada de los españoles. Y lo peor no es la imitación de Europa, sino el desfase crónico con que suele emprenderse esa imitación.´ Este es un vicio común de izquierdas y derechas, de progresistas y reaccionarios. La acción francesa se importó aquí, casi sin traducir, cuando en Francia ya estaba degenerando en fascismo; los prohombres de la segunda República, de espaldas a la realidad viva e histórica de España, buscaron su modelo constitucional en un extraño revoltijo de cartas fundamentales vacilantes y caducas, como sus abuelos decimonónicos. Son las desventuras de la imitación en cadena. La constitución de Weimar, inspirada en la que hacia brotar un Roosevelt en la América de 1933, producía, con semejantes clausulas, un Adolfo Hitler, y la constitución de la República inspirada en la. de Weimar, elevaba primero á" don Niceto Alcalá Zamora y acababa por desbordarse en la guerra civil.

TERCERA SEÑAL: "EL INCREMENTO DE LAS CONVERSACIONES POLÍTICAS"

La cumbre del libro de Jesús Pabón es el capítulo agónico sobre el final de la Monarquía. Aterra seguirle en la sucesión de abandonos de 1930 y 1931, concretados en .discurso tras discurso, desde el discurso de la República de Obispos a la brevísima puntilla de don. Juan Bautista Aznar sobre el país que se acostaba monárquico y se levantaba republicano. Pero en los más suicidios de régimen que estamos evocando sucedía algo paralelo. Entre los primeros .entusiastas de la Dictadura de 1923 formaban dos hombres que en 1930 y en 1931 ocuparían posiciones muy diferentes tras los correspondientes virajes: don José Ortega y Gasset y el general Eduardo López Ochoa, entre otros muchos ejemplos. Aquel político de la Celtiberia social —y lo digo como elogio— que se llamó don Francisco, Largo Caballero— experimentó varias conversaciones, quizá no tan espectaculares para los hombres de la derecha, que jamás comprendieron a nuestro socialismo, pero no menos oportunistas, por más que se disfrazasen de cambios de táctica. En casi todas esas conversaciones hay factores estéticos nada admirables. Cuando influye en ellas el mimetismo exterior, la fe en posibles milenios ideológicos europeos, en nuestros caminos de Damasco suelen presentarse graves problemas de tráfico, que al cesar o mitigarse los espejismos parecen autenticas "operaciones retorno". Jamás me ha gustado el retorno de los brujos en los turbios caminos de la política.

Este es un país complaciente y olvidadizo. Si a los brujos aludidos se les exigiera en cada viraje la publicación de un auténtico curriculum vitae, • sabe Dios los claros que aparecerían -en nuestras nóminas de eternos disponibles.

CUARTA SEÑAL: "EL DIVORCIO ENTRE EL PAÍS OFICIAL Y EL PAÍS REAL"

Hay muchas formulaciones para esta importantísima señal de alerta, que funcionó hasta desga-ñitarse en los cuatro suicidios estudiados. Equivale al silencio despectivo de Ja opinión pública mientras los círculos rectores del pais se enzarzan en polémicas que a nadie interesan, discuten el sexo de los ángeles tras ,ios muros cuarteados de Bizancio. Des- , de el punto de vista de la dina- { mica institucional, esta señal de alerta puede formularse así: las instituciones básicas del país —las instituciones vivas se inhiben, o lo que es peor, se convier- I ten en arbitros neutrales. Me ha sobrecogido siempre, como historiador, la neutralidad del Ejército en 1930, y todavía más la neutralidad de la Iglesia en los primeros meses de 1931, cuando el buen nuncio Tedeschini, decano i del Cuerpo Diplomático acredita- I do ante el rey, se entrevistaba de j tapadillo con los representantes del Comité Revolucionario. El contraste entre la artificial zarabanda del país oficial y el silencio tremendo del país llega, en los casos que estudiamos, a un punto crítico que puede tomar dos formas: un abismo de ridiculo o un abismo de tragedia.

QUINTA SEÑAL: "RESPONDER A LA PROVOCACIÓN CON EL APLAZAMIENTO

O lo que es lo mismo: presen-,tar desnudamente la propia falta de fe ante los que a fuerza de gritar se han convencido a si mismos de que son los dueños del futuro. Aquí, de los intentos negociadores del Gobierno en septiembre de 1923; aquí, del increíble telegrama del dictador a los capitanes generales; aquí de las concesiones del. Gobierno Berenguer a los rebeldes universitarios —abyectas las llamó un critico contemporáneo y certero—, y aquí hay que recordar la visita del jefe del Gobierno encargado, don José Sánchez Guerra, a los enemigos jurados de la Monarquía, presos en la cárcel Modelo, para .ofrecerles, ¡la participación en el Gobierno!. ; Otro ejemplo clásico de la política suicida de aplacamiento político es la de los jacobinos de la República —¡que, maravillosa intuición de Pabón resucitar el adjetivo!— en 1931 ("Todos los conventos de España no valen la uña de un republicano") y sobre todo en 1936, cuando entregaron la República al desenfreno revolucionario reglamentado en el Pacto del Frente Popular.

SEXTA SEÑAL: "IGNORAR LA PROPIA FUERZA PARA SOBREVALORAR LA

PROPAGANDA DEL ENEMIGO"

Los dirigentes monárquicos de abril de 1931 no miraron a los miles de firmas populares que rubricaban de fidelidad el santo del rey; desconocieron sistemáticamente la "mayoría silenciosa" que les apoyaba y hasta estuvieron insensatamente de acuerdo con sus enemigos en privarla antidemocráticamente de, vigencia, como si el voto de las ciudades —aquellos poblachones engreídos de 1931— fuese de calidad superior al voto de los campos. El gran mérito político de José Mana Gil Robles fue, por el contrario, corregir ese error de principio, dar una soberana lección de democracia real a los demócratas profesionales, que tanto la necesitaban. (A lo largo de la lucha el mismo caería en ese error, pero las consecuencias históricas de su gran servicio serían permanentes). La detección de las "mayorías silenciosas" es el arte más difícil, el experimentum crucis del político del siglo XX.

SÉPTIMA SEÑAL: "HUNDIMIENTO DE LA MORAL COLECTIVA PROPIA FRENTE A LOS ATAQUES NEGATIVISTAS DEL ENEMIGO"

Esta es una señal de alerta muy relacionada con el complejo mecanismo de la "mayoría silenciosa": volveremos mas a fondo sobre el tema, que es de una acuciante actualidad. En España, las coaliciones se montan invariablemente contra algo; luego fracasan en la formulación del proyecto sugestivo de vida en común", 1923 fue un alzamiento contra la podredumbre política de la Restauración; 1930, una conjura contra la Dictadura; 1931, un arrebato en torno al "Delenda est Monarchia", y el carácter de protesta del 18 de julio se enarbpló desde las primeras justificaciones. Precisamente en las enormes posibilidades latentes de una explosión de protesta de la actual "mayoría silenciosa" vemos uno de los puntuales más firmes de la estabilidad española actual, pésimamente analizada por sus enemigos de siempre y ahora. Pero no adelantemos otros trabajos.

Estas señales de alerta, fruto de un sencillo análisis histórico, no pretenden sembrar el alarmismo; muy al contrario, son fruto de la confianza, en nada reñida con la prudencia. Pueden funcionar, y eso no quiere decir nada si se corrigen oportunamente las causas.. Pero eso ya no es misión de la historia, sino de la fe y de la energía política de quienes orientan cada oía el futuro de España".

EL ALCÁZAR

 

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