Autor: ;Castillo, Itziar. 
 Euskadi. 
 La feria de la abstención     
 
 Interviú.    21/12/1978.  Página: 98-101. Páginas: 4. Párrafos: 45. 

EUSKADI

Por FRANCISCO JAVIER

URRUTIA, ITZIAR CASTILLO

y JUAN ANTONIO HERVADA.

Fotos: RAMÓN FRANK

"Será naranja, será limón, aquí en Euskadi saldrá abstención", se cantaba en los bares. La abstención en Euskadi es como la feria: cada uno habla de ella según le ha ido. Quienes estaban a favor intentan capitalizarla; quienes estaban en contra, explicarla. Martin Villa (Martín) echa la culpa del alto índice de abstencionismo al miedo y la inseguridad producida por los atentados. La izquierda "españolista" se queja de que les han hecho la vida imposible durante la campaña y que, durante la votación, el PNV se ha dedicado a presionar y coaccionar a los electores. ETA —invitado de piedra en la discusión— sigue con su linea de metralletas y goma-2, que nadie en Madrid puede o quiere explicar

Para buscar las claves del laberinto vasco, ÍNTERVIU recorrió el Euskadi del posreferéndum.

Prólogo sangriento al referéndum en Euskadi: tres muertos en atentado. Colofón: otro muerto en Santurce. Las victimas fueron tres policías y un militar retirado, ex miembro de la Guardia de Franco.

—Se han cargado a otro en Santurce.

La gente se agrupa un momento encima del periódico de la tarde. Ha muerto un militar retirado, antiguo miembro de la Guardia de Franco. Nadie hace comentarios en el bar de la parte neja donostiarra. Las conversaciones prosiguen, la gente toma sus vinos y sus banderillas. Los atentados mortales han dejado de ser noticia para entrar en la cotidia3neidad. Nuestro acompañante —un periodista local— comenta:

—Esto va camino de convertirse en el Ulster.

—Pero, ¿por qué matar a un militar jubilado? —preguntamos.

El colega echa una mirada a su alrededor, ese tipo de miradas de precaución que fuera de Euskadi son ya un recuerdo amargo. Y nos cuenta cómo los hombres de la Guardia de Franco actuaban de cuadrillas de la porra contra las manifestaciones obreras, armados y vociferantes.

—Esos no podían decir que eran unos mandados —concluye.

Está lloviendo en San Sebastián. El agua resbala sobre los carteles que cubren las paredes de las casas, llamando a votar NO o a la abstención en el referéndum. Por el bulevar circulan cuatro microbuses de la Policía Armada en convoy. Los policías van provistos de chalecos antibala y llevan los cañones de los Cetme asonando por las ventanillas traseras, apuntando al infinito.

LA ABSTENCIÓN VA POR BARRIOS

Los mayores índices de abstención en el referéndum constitucional se han jado en las áreas rurales de Vizcaya y Guipúzcoa, en los pequeños pueblos donde el PNV tiene su feudo. Allí, quienes han votado se han inclinado por el NO. Lekeitio y Ondárroa han dado el triunfo al NO, dentro del escaso 28 por 100 de votantes. La participación ha sido mayor y el SI ha vencido en los núcleos urbanos industrializados.

En Álava y Navarra, la consulta electoral ha tenido un cariz marcadamente distinto, más próximo del que se ha dado en otras partes de la Península: mayor participación y un voto negativo dividido entre dos tendencias políticas contrapuestas: los abertzales —más o menos simpatizantes de ETA— y los ultras de derecha, generalmente gente escindida del carlismo. En Navarra es notable el contraste entre los resultados de la zona de habla vasca al Norte de la provincia, donde se ha reproducido el modelo de Guipúzcoa, y los del Sur de habla castellana, donde la participación, por ejemplo en Tudela, ha llegado al 75,5 por 100, con un 85 por ciento de sies.

Con este telón de fondo, la llamada del Partido Nacionalista Vasco (PNV) a la abstención —secundada por el Movimiento Comunista de Euskadi— y el voto negativo propugnado por los simpatizantes de ETA y otros grupos menores ha sido presentado como "voto de rechazo a la Constitución". Sin embargo, el contenido real del voto y de la abstención es mucho más complejo y se presta a interpretaciones divergentes si a través de él se pretende medir la influencia real de los distintos partidos vascos, como ha podido comprobar INTERVIÚ.

En líneas generales, las interpretaciones son de dos tipos:

— La de los partidarios del NO y de la abstención, que tiende a sumar votos negativos más abstenciones y presentar el resultado como rechazo a la Constitución;

— la de los partidarios del SI, que hace hincapié en el estado de inseguridad y temor creado en Euskadi por la ola de atentados de ETA y acusa al PNV —sobre todo en Vizcaya y las áreas rurales— de coaccionar al electorado, poniendo pegas e intimidando a los que querían votar.

NI ESTÁN TODOS

LOS QUE SON NI SON TODOS

LOS QUE ESTÁN

Un joven ingeniero de Hernani dice a INTERVIÚ: —Ni ha habido tanto miedo como

dicen los del PSOE ni la votación ha sido tan libre de presiones como dicen los del PNV. En Vizcaya y Guipúzcoa hay un ambiente de inseguridad.

Sin embargo, Jesús Eguiguren, del PSOE donostiarra, es de opinión distinta:

—Nos arrancaban los carteles o pegaban los suyos encima. Ha habido más dificultades para nosotros que durante la época de Franco» Durante la campaña se han producido cosas intolerables, como por ejemplo que hayamos tenido que pegar tres veces los carteles para el mitin de Felipe.

El problema de determinar la incidencia real del miedo en la abstención es insoluble. Sin embargo, un análisis numérico de los resultados, comparándolos con los de las elecciones del 15 de junio de 1977, apunta en el sentido de que la abstención por miedo", si se ha producido, no ha sido en todo caso superior a un 7 o un 8 por 100. Lamentablemente para los amantes de la claridad, el PNV no llamó a votar en blanco, con lo que hubiera sido posible desglosar la abstención "militante" de la de los que "pasan de política" o, simplemente, están descorazonados con una situación a la que no se ve salida.

En el sorteo realizado para cubrir los puestos de presidentes y apoderados de las mesas electorales, se produjo un porcentaje alto —siempre en Guipúzcoa y Vizcaya— de renuncias, salvo en el caso de los simpatizantes 100

Euskadi y sus cadenas.

PNV, lo que apuntaría en d sentido de que ha podido haber miedo a significarse, más que miedo a votar. Lo mismo cabe decir de las dificultades que han tenido los partidarios del SI para que sus militantes saliesen a pegar carteles.

En todo caso, parece claro que se han dado casos de intimidación: INTERVIÚ pudo comprobar que, al menos en dos colegios nacionales dona iban a situarse las mesas de voto, se produjeron amenazas de bomba sucesivas en los días previos a la votación. Estas amenazas difícilmente podrían partir del sector cercano a ETA ya que éstos propugnaron el NC

Una persona que se confesó partí daría del SI, pero que no fue a votar nos explicó asi su postura:

—Mire usted, aquí todos estábamos convencidos de que la Constítución se iba aprobar, que es lo Importan te. Al mismo tiempo, el día ante hay ese atentado en San Sebastián con tres muertos, los policías exasperados y con las armas cargadas por ahí, que a la menor chispa se ponen a disparar. Yo me quedé en casa jugando con mis hijos.

ETA, CULPABLE IDEAL

El miedo que hay en la calle en Euskadi no proviene exclusivamente de ETA que, dentro de lo que cabe es selectiva en sus atentados. El ciudadano de a pie tiene miedo de verse atrapado en una manifestación y que le pille un balazo "disparado al aire". Tiene ese miedo inconcreto que generan las situaciones de violencia o de guerra latente. En los últimos meses proliferan en el País Vasco nuevas "listas negras" y amenazas de muerte que, en todo caso, no tienen su origen en ETA, según pudo comprobar INTERVIÚ. Se trata de listas en que se acusa a enseñantes, pequeños empresarios, etc., de "soplones de la Policía" o "antivascos". Algunas son

bra de espontáneos o resultado de

querellas personales. Otras son de

un origen más oscuro. Si bien es

vidente que existe ese miedo a signi-

carse o a ser tachado de "centralis-

ta", también es verdad que hay gente

iteresada en espolear y aumentar ese

miedo, quizá con la esperanza de con-

sagrar la división psicológica que se

apunta en el País Vasco, provocando

un enfrentamiento entre autóctonos e

inmigrados en Vizcaya y Guipúzcoa.

De ahí partirían los rumores increí-

bles, tales como el de que no se

permitirá a los nacidos fuera del País

Vasco poseer pisos allí.

Es significativo que la campaña de ´terror sin firma" se dirija preferentemente hacia sectores tan esenciales como el de la enseñanza: más de la mitad de los profesores estatales de EGB en Guipúzcoa han pedido el traslado. El nivel de frustración que ello puede generar en el 43 por 100 de los guipuzcoanos de origen inmigrante es obvio: por pertenecer mayoritariamente a la clase obrera, los inmigrantes envían a sus hijos a colegios estatales, que pueden pronto verse en grandes dificultades para cubrir sus necesidades de personal. ETA, encerrada en su propia dinámica de actividad militar, se ve impotente ante ese terror anónimo que, por cierto, es una de las viejas tácticas antiinsurrección.

"NO NOS ENTIENDEN"

El cartel del bar representa a un musculoso levantador de piedra que

arranca un Euskadi adornado de la ikurriña de un mapa de la Península al que está alegóricamente unido por cadenas. Todo Guetaria está en la calle entregado al rito del txikiteo. El fotógrafo se dispone a fotografiarlo. Un grupo de pescadores se aparta y uno de ellos comenta:

-Bonito, ¿eh?

Le preguntamos qué representa el cartel, en su opinión.

—Bueno, que queremos ser libres, ¿no?

—¿Pero libres de qué?

—Mire, Euskadi y España es, como decía mi abuelo, como una vaca.

Una vaca que come en Euskadi, pero que la ordeñan en Madrid...

—Hombre, eso es demasiado decir...

La tesis de que un Madrid centralista explota al País Vasco por medio de tos impuestos es tan vieja como el PNV de Sabino Arana, el que decía que ser socialista y vasco es imposible. Sin embargo, la canalización bancaria del ahorro de los españoles hacia la industria vasca es antigua... Nuestro acompañante, periodista de Bilbao, dice:

—Lo malo no es que no sea verdad. Lo peor es que el Gobierno de la democracia no hace nada para que

la gente de aquí de verdad sepa cuáles son las relaciones entre Euskadi y España o el resto del Estado español, o como quieras llamarlo.

—Bueno, la democracia...

—Mira, Franco tuvo a esta tierra ocupada militarmente. ¿Es mucho pedir que retiren a esas fuerzas de ocupación? ¿Por qué mantener a esos hombres aquí? ¿Para que los maten? ¿Por qué no entender, de una vez, que la única forma de solucionar el problema es ver lo que de verdad quiere la gente? ¿Por qué, si quieren negociar con ETA, no hacerlo públicamente?

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