Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   Del pleno de las Cortes al Referéndum nacional  :   
 El otoño de la reforma (y II). 
 ABC.    20/02/1977.  Página: 10-16. Páginas: 7. Párrafos: 105. 

Próximo capítulo de nuestro coleccionable

U GRAN AVENTURA REL ARTE MODERNO

8) DADA Y SURREALISMO

Ante las numerosas peticiones de números atrasados del coleccionable de nuestro Suplemento dominical, rogamos a nuestros lectores que se dirijan a «Prensa Española". Serrano, 61. Madrid-6, indicando que desean recibirlo contra reembolso.

Fascículos aparecidos hasta la lecha:

1) El Impresionismo (9-1-77).

2) El posimpresionismo (16-1-77).

3) Simbolismo y modernismo (23-1-77).

4) Nabis y fauves (30-1-77).

5) El expresionismo (6-2-77).

6) El cubismo (13-2-77).

En este mismo número:

7) Futurismo y pintura metafísica.

SUMARIO

Págs.

* «Una profesión apasionante: Fotógrafo de animales*, por M. A. F. 4

* «El otoño de la reforma» (y 2). «De las Cortes al referéndum». Crónica a través de los almuerzos de «A B C» con los personajes de la serie «100 españoles para la democracia», por Pedro

J. Ramírez..................... 10

* «Puerto Cabello, la última plaza /fortificada de España en Venezuela», por Juan Manuel Zapatero ........................... 18

* Coleccionable: «Los ´ismos´ de la pintura» (7). «Futurismo y pintura metafísica.» A la violencia futurista sucede la calma de un arte metafísico, por Julián Gallego ........................... 23

* «Los coleccionistas.» «El museo inquietante de Fernando Calderón», por Tico Medina ......... 36

* Colaboración: «Las memorias de Cambó», por José Tarín Iglesias.............................. 41

* «Yamani, el gran jeque del petróleo», por Juan Fernando Dorrego........................... 42

* Humor: «Los mejores chiste de Mingóte» («Cosas de Madrid»). 45

* «Gran exposición en Bilbao: cuatro pintores montañeses» ... 46

* Colaboración: «La mujer y la Academia» por Manuel Mourelle

de Lema........................ 48

* «La cocina de los grandes ´chefs´»: «Las angulas preparadas por Nicolasa y Clara´s», por Xahda........................... 49

* Decoración: «En casa de los embajadores de los Estados Unidos», por Aurora Lezcano ...... 52

* «Pasatiempos para todos», por Tomás Herrero ............... 54

* Humor: «Marta y María», por Iñigo ........................... 54

Este Suplemento, «Los Domingos de A BC», se vende, conjunta e inseparablemente, con ABC del domingo, al precio total, ambos ejemplares, de veinte pesetas.

Informe internacional.

LAS CENTRALES NUCLEARES

Los pros y contras planteados en los distintos países en un análisis realizado por los corresponsales de A B C.

DEL PLENO DE LAS CORTES

EL OTOÑO DE LA REFORMA (y II)

Crónica a través de los almuerzos de A B C con los personajes de la serie "Cien españoles para la democracia"

Concluimos con esta segunda entrega la crónica de tos acontecimientos del «otoño de la re-forma», hilvanados en el diario de los almuerzos politicos organizados por ABC con los protagonistas de la serie «100 Españoles para la Democracia». Desde el 18 de noviembre —sexto almuerzo— hasta el 17 de diciembre—décimo almuerzo— Quedan cuatro semanas entreve radas de preocupación y esperanza cuyo batanee condicionará los próximos años de nuestro historia. Es la segunda parte del otoño: esa que transcurre entre el Pleno de las Cortes y el Referéndum Nacional, columnas de Hércules sobre las ojue se apoya la reforma política emprendida por el Gobierno Suárez.

Texto: Pedro J. Ramírez. Fotos: Sanz Bermejo, T. Naranjo, Luis Alonso y Ángel Carchenilla.

Sexto almuerzo, jueves, 18 de noviembre de 1976

EN DONDE JOSÉ MARÍA GIL ROBLES CUENTA: "ANTES DE AYER VINO A VERME JOAQUÍN RUIZ GIMÉNEZ Y ME DIJO: «SANTIAGO CARRILLO ESTA EN EL BAR DEL WELLINGTON ESPERANDO A QUE USTED LE RECIBA»"

LA Corona no está en juego: que nadia emplea si nombre del Rey ni el de la Institución para defender ni combatir un proyecto de ley», tuvo que advertir ayer por la noche Torcuato Luca de

Tena desde la tribuna de oradores del hemiciclo de las Cortes. El clima de alta tensión en el que viene transcurriendo el Pleno de la Reforma Política ha subrayado el interés con que los miembros de la redacción política de A B C esperábamos el almuerzo de hoy. concebido como marco de concurrencia de un auténtico poker de ases.

En principio nuestros invitados iban a ser nada más y nada menos que Cruz Martínez Esteruelas —portavoz de «Alianza Popular» en los debates de la cámara—, Josa María Gil Robles y Quiñones, José María de Areilza y Martinez-Rodas y Juan Antonio Samaranch. Existía expectación por conocer los últimos detalles del pacto sobre el sistema electoral a punto de formalizarse entre el Gobierno y la potente federación de los ex ministros, y existia expectación por presenciar el careo entre Gil Robles y el conde de Motrico, máximos pontífices de cualquier ceremonia cuyo objetivo sea presentar una alternativa homogénea frente a conservadores y marxistas.

El director de Relaciones Públicas de «Prensa Española» ha recibido sin embargo hace unas horas una llamada da Areilza excusando su asistencia por complicaciones inesperadas. Y ahora, mientras ya formamos animada tertulia de aperitivo en tomo a don José Maria Gil Robles, nos anuncia que Martínez Esteruelas se ve retenido en las Cortes por el flujo de los acontecimientos.

«EL LLEGABA COMO UN RELOJ-.»

En seguida llega Samaranch y confirma que en su opinión el Gobierno tiene ya asegurado el voto afirmativo de la Cámara, y que se ultiman las condiciones que permitan un consenso masivo en torno al Proyecto. Aunque (os primeros minutos del almuerzo transcurren bajo el imperativo de la actualidad candente, pronto José María Gil Robles a instancias del director de ABC introduce el elemento distanciador de la historia y recuerda sus relaciones con Franco cuando él era ministro de (a Guerra y el Caudillo jefe det Estado Mayor:

«Todas las mañanas despachábamos a las nueve en punto. Et llegaba como un reloj y yo me levantaba y acudía a recibirle hasta el centro del salón. En seguida me sentaba y él, de pie ante mi mesa, comenzaba a pasarme papeles. Nunca hizo ni siquiera ademán de tomar asiento... Era un colaborador de gran valia y lealtad, pero ya entonces observé políticamente en él ciarla tendencia al arbitrismo.»

Todos escuchamos con interés al sabio patriarca. Gil Robles habla con entusiasmo de sus lances parlamentarios en aquellos furiosos años treinta. Nuestro otro invitado, Juan Antonio Samaranch. disfruta visiblemente con esta lección de historia y renuncia una y otra vez a hacer uso de la palabra.

Siguiendo el hilo de la historia, don José María llega hasta hace unos meses y recuerda el encuentro con José María de Areilza, todavía ministro de Asuntos Exteriores, en un vuelo de regreso de París. Se saludaron cordialmente y Areilza le dio a leer sus declaraciones a ´-Le Monde», todo un Everest en la orografía del aperturismo. Cuando le pidió su opinión, Gil Robles contestó: «Me parecen muy bien, pero estás tratando de vender una mercancía aún no fabricada y lo -malo será cuando llegue el primer pedido».

Del antes de ayer al hoy. La conversación deriva hacia el tema Carrillo —¿está o no en Madrid?—, y .don José María pone sobre la mesa una de esas muchas cartas que los buenos días perdidos van dejándole en la bocamanga. «Mire usted —don José María siempre comienza con ese "Mire usted" cuando va a decir algo definitivo—, el martes vino a verme Joaquín Ruiz Giménez y me dijo: "Santiago Carrillo está en el bar del Wellington —Gil Robles tiene su despacho justo enfrente, en Velázquez, 3— esperando a que usted le reciba". Yo le contesté: "Mire usted, ahora tengo mucho que hacer"*.

La personalidad de Ruiz Giménez es, después, motivo de comentario y Gil Robles continúa Inagotable:

«Sus amigos le hacen ser más izquierdista de lo que seria por sí mismo. Padece de exceso de bondad. Mire usted, el no saber decir "no" a tiempo produce "embarazos" en lo fisiológico y en lo político».

Estamos prácticamente en los postres cuando Juan Antonio Samaranch Torelló, presidente de la Diputación de Barcelona, el político más conocido de Cataluña según una reciente encuesta, desarrolla por fin sus ideas básicas sobre el problema de las nacionalidades. Ciñéndose al hecho catalán defiende la necesidad de trasladar el máximo de competencias de la administración central a Cataluña, sin recurrrir a la fórmula federal. Explica que la propia Cataluña no es algo monolítico y uniforme: «Por ejemplo el hecho de que dos provincias catalanas limiten con el resto de España condiciona la actitud de sus habitantes».

Se refiere después a la sensatez habitual del pueblo catalán extrañamente quebrada en los momentos decisivos de su historia. «Cataluña va a vivir otro de esos momentos en los próximos meses y puede volver a equivocarse», añade.

La mesa se levanta hoy antes de lo habitual en estos almuerzos ya que en una medida u otra todos estamos pendientes de la reanudación del Pleno de las Cortes. Don José María Gil Robles todavía puede, sin embargo, transportarnos una vez más a su Ministerio de la Guerra: «Recuerdo que hubo una época en que el personal adquirió la costumbre de llegar por la mañana con retraso. Lo solucioné despachando con Franco varios días en el balcón, para dar ejemplo».

Séptimo almuerzo, viernes, 26 de noviembre de 1976

EN DONDE EL CABALLERO FRAGA, SIN ADVERSARIO DE SU TALLA, CAMPA RELAJADA Y PLÁCIDAMENTE POR SUS RESPETOS

NUESTRO almuerzo, que rutinariamente venía celebrándose los jueves, ha sido trasladado esta semana al viernes. La culpa ha sido —¡cómo no!— de Manuel Fraga. Cuando, hace más de un mes y medio, Rafael Muñoz Lorente le llamó por teléfono convocándole a pasar por nuestro pequeño agora. Fraga contestó taxativamente: «Mi primera fecha libre es el viernes 26 de noviembre»,

Y hoy viernes 26 de noviembre cinco minutos después de las dos, con su traje azul marino, su obesidad incipiente y su talante algo brusco, acude a la cita del «Black Bess». Inmediatamente después lo hacen Juan Antonio Ortega y Enrique Fuentes Quintana, completando asi nuestro trío de invitados.

El intercambio de saludos es cordial —muy cordial entre Fraga y Fuentes Quintana— y también la conversación que en seguida se inicia. Inevitablemente todas las miradas confluyen en Fraga, quien afectuosamente glosa la figura de alguien tan terco como él: Antonio María Castiella, ese vasco insigne que acaba de morir en el preciso instante en que todas sus tesis sobre política exterior venían siendo refrendadas por la lección inapelable del tiempo.

El recién nombrado secretario general de «Alianza Popular» parece disfrutar de la intimidad de la charla y se muestra mucho más relajado que de costumbre. Es la cuarta vez que le observo de cerca en los últimos treinta y cinco días. Recuerdo perfectamente las otras tres.

La primera fue el jueves 21 de octubre durante la presentación de «Alianza Popular» en tumultuosa rueda de Prensa en el Hotel Mindanao. Visto con la perspectiva de las cinco semanas que han transcurrido el cuadro aún parece más increíble. Allí, alineados tras una mesa cual insignes bustos de mármol, cubriéndole apretadamente los flancos, estaban mudos, impasibles y lejanos los grandes monstruos sagrados del sistema. Enfrente, a metro y medio escaso, nosotros, los perros de la Prensa, jadeando impacientes ante el comienzo de la cacería, seguros de que esta vez iba a ser posible cobrar la. presa, triturarla entre ios dientes, saldar viejas y hondas afrentas...

«¿Es cierto que usted y Castiella conocían el golpe de Estado que se iba a producir en Guinea?» «¿Su amistad con López Rodó es ahora tan íntima como cuando estalló el caso Matesa?» «¿Y qué hay de la aplicación de la ley del 66, de los expedientes y cierres de periódicos?» «¿Pero oiga, cómo es posible presentarse a unas elecciones con toda la -Prensa en contra?» «¿Se acuerda usted de Montejurra?». ¿«Y oiga, oiga, se acuerda usted de Vitoria?»...

Contribuyendo íntermitentemente a alimentar la artillería, yo trataba de concentrarme en sus reacciones: ese ceño permanentemente fruncido, esas palabras atropelladas y duras, esos gestos secos y enérgicos, esos reflejos de felino sudoroso y combativo..., todo me hacía pensar en alguien a quien había observado hace algún tiempo. Ya saliendo del hotel recordé a Henry «Hank» Aaron, aquel tremendo bateador negro, casi infalible, que una tarde de abril de 1974 superó en el estadio de los «Bravos», de Atlanta, el «record» mundial de «carreras» de la historia del béisbol.

A Fraga le vi de nuevo veinte días después en el Palacio de Exposiciones y Congresos, tratando de taponar desesperadamente la brecha abierta por el «Libro blanco»: «Quiero asumir una sola y definitiva palabra de compromiso: el teniente de Infantería Manuel Fraga Iribarne se compromete a estar alli. en Ceuta y Melilla, si alguna vez hace falta».

Y he tenido, por último, ocasión de observarle hace tres días, el pasado martes, durante el debate organizado por el Club Convergencia. El público —abundaban los chicos del P. S. P., locos por Tierno— le era francamente hostil y ya era un milagro que consiguiera hacerse escuchar. No sólo lo logró, sino que se permitió incluso bromear con la celebración de su cumpleaños y no dudó en replicar duramente al profesor socialista cuando habló de la reforma como un simple «escalón» hacía el socialismo, «Esa es una afirmación muy grave —dijo—. Crear falta de confianza en ese terreno es hundir la democracia desde su fundación».

El Fraga de hoy, insisto, tiene. muy poco que ver con el de estas tres ocasiones últimas. Hasta su ceño parece menos apretado. Si ai otro lado de la mesa estuviera sentado un Gil Robles o un Areilza, la batalla hubiera sido probablemente épica. Sin embargo, las leves discrepancias que le separan de Juan Antonio Ortega —coincide totalmente con el dictamen riguroso y pesimista que Enrique Fuentes acaba de aplicar a nuestra economía— no justifican una lucha frontal, inevitablemente desigualada.

Algunos de mis compañeros de la Redacción política de AB C que no conocían personalmente a Juan Antonio Ortega y Diaz Ambrona se sienten un poco decepcionados. Tal vez porque esperaban mucho de él —al cabo de casi treinta entrevistas, sus respuestas están entre las dos o tres más interesantes de la serie «100 Españoles para la Democracia»— y tal vez porque el propio Juan Antonio Ortega mide sus fuerzas como nadie.

Con abierta ironía se limita, eso sí, a marcar la distancia política que media entre «Alianza Popular» y ese «Partido Popular» que él tuvo la intuición de registrar antes que nadie en el Ministerio de la Gobernación y al que ahora se han incorporado Cabanillas y Areilza, contraalmirantes de la apertura: «Nos encontramos en las antípodas de algunos miembros de la "Alianza". En relación a otros —y cuando lo dice mira candidamente a Manuel Fraga— estamos en el mismo hemisferio, pero a varios meridianos de distancia».

Enrique Fuentes Quintana es quien toma el relevo y plantea la urgencia de un «pacto económico» entre representantes de todas las fuerzas políticas. En su opinión, la situación es tan grave que ni siquiera puede prolongarse hasta las elecciones. Critica con dureza la actuación del equipo económico del Gobierno —hace unas semanas rechazó el cargo de asesor especial del presidente— y, en especial, el Proyecto de Ley de Presupuestos enviado a las Cortes.

Fraga comparte su preocupación y expone un vez más su convicción de que sólo un Gobierno fuerte podrá sacar al país de la crisis. Explica su nombramiento como secretario general de «Alianza Popular» como un paso más de cara a la operatividad unitaria de lo que es una federación de partidos. Reconoce que la selección de los candidatos que representen a la «Alianza» a nivel provincial deberá ser muy cuidadosa para evitar unas listas excesivamente llenas de nombres del pasado.

Una de sus principales preocupaciones —explica— es la actitud gubernamental de cara a tas elecciones. «Mis noticias dicen que et Gobierno será beligerante.» Prefiere no matizar el significado exacto del término «beligerante», pero comenta que lo adecuado sería la neutralidad más estricta.

Al fina! del almuerzo comento con Pilar Urbano y Ángel Antonio González las incidencias del mismo. Ambos coinciden en que ha merecido la pena escuchar a Fraga en un ambiente de distensión. Camino del periódico observamos a Juan Antonio Ortega y Enrique Fuentes charlando animadamente en una esquina.

¿Un fichaje para el «Partido Popular»?

EL director de ABC le ha preguntado a Federico Silva Muñoz cuál es el balance de la escisión de U. D. E. —¿ha salido él ganando o perdiendo?— a raiz de su incorporación a la «Alianza Popular». José María de Areilza, al otro lado de la mesa, ha dejado de bromear en voz baja con Pilar Urbano y espera con atención la respuesta.

Silva.—Nunca me he planteado la operación en términos de ganar o perder. Entré en «Alianza Popular» solamente porque aspiro a poder seguir viviendo el próximo verano en España.

Areilza.—>Eso no te lo crees de verdad, Federico.

Silva.—Y no hablo en sentido figurado. No quiero decir vivir tal y como lo hago ahora, sino vivir a secas.

Areilza.—Estoy seguro de que eso no lo crees tú de verdad.

Silva.—Te doy mi palabra de honor. Estaba pensando que éste podría ser un típico almuerzo entre periodistas y políticos de la República en agosto de 1936. Me refiero a la tranquilidad con que hablamos de una serie de temas. Entonces también se reaccionaba así. «¿Que han tomado Badajoz?... Bueno, ¡pero si está a más de quinientos kilómetros! Nosotros tenemos el oro, tenemos la flota, tenemos la calle...»

Quienes entonces hablaron como yo fueron tachados de pesimistas. Y nada se produce de la noche a la mañana. Para muchos, yo soy un nefando ex ministro de Franco, José María. Tú eres un nefando ex embajador de Franco y quién sabe si también un nefando ex ministro del Rey. (Dirigiéndose a Larroque, quien acaba de informar sobre el contenido de la reunión celebrada ayer por la oposición.) Tú no, tú no tienes por qué preocuparte. Tú estás incontaminado...

«ENTRE TANTO PODRÍAN GOBERNAR»

EN DONDE FEDERICO SILVA INVITA A JOSÉ MARÍA DE AREILZA A UN LEVE BUCEO EN LAS ACTITUDES CARACTERÍSTICAS DEL MES DE AGOSTO DE 1936

Octavo almuerzo, jueves, 2 de diciembre de 1976

Todos hemos quedado Impresionados en alguna medida por las palabras de Federico Silva a corazón abierto. Es como si se hubiese humanizado de repente destruyendo la distancia que imponen sus frías gafas de miope. Ni Larroque, ni Pedrol Rius, ni ninguno de nostros somos capaces de enlazar de un modo o de otro con sus argumentos. José María de Areilza rompe, por fin, el embarazoso silencio, cambiando radicalmente de conversación:

«¿Federico, cuánto crees que subirá estas Navidades el precio del petróleo?»

El almuerzo transcurría hasta hace unos momentos en un tono francamente desenfadado. Estaba siendo de alguna manera el almuerzo de las anécdotas. Areilza ha contado sus peripecias de hace tres décadas buscando por las tiendas de anticuarios de Buenos Aires un regalo adecuado para el nuevo presidente del Paraguay, Natalicio González; Larroque se ha referido a sus arduos meses en Hong-Kong tratando de propiciar las relaciones diplomáticas con China y Pedrol Rius, con su especialisima ironía catalana, nos ha deleitado con algunas pinceladas coloristas sobre las interioridades del Colegio de Abogados.

El tono festivo de la reunión le ha llevado a Areilza a esbozar la siguiente foto fija del momento político: «El actual Gobierno goza de la confianza del Rey para desarrollar una operación específica que hemos venido a llamar "la transición". Entre tanto desarrolla esa operación, el actual Gobierno muy bien podría gobernar. No hay nada que se lo impida». El sarcasmo final no pasa desapercibido y Silva corrobora sus palabras sonriente: «Si, si, claro, entre tanto podrían gobernar. Nada se lo impide».

Ha sido inmediatamente después cuando Larroque ha expuesto su desaliento ante la manipulación por parte de los comunistas de la cumbre que celebró ayer la oposición en el despacho de Raúl Morodo —ahí en Eduardo Dato, a un lira de piedra del «Black Bess» y del periódico—, con vistas a designar la comisión negociadora con el Gobierno. Sentados en uno de los Descansillos de las escaleras de la finca permanecimos unos cuantos periodistas hasta el final de la raunión casi al filo ¿3 !a medianoche.

Personalmente pude hablar entonces con algunos líderes de los sectores moderados y encontré en sus palabras, con uno u otro matiz, el mismo desaliento y la misma queja que ahora formula Enrique Larroque.

Su intervención y la ya relatada de Silva imponen a la conversación un ritmo diferente al de la primera fase del almuerzo. El propio Areilza, reacio hasta entonces a profundizar en los temas más candentes, expone, sin ambages, su estrategia ante las elecciones. Sus palabras adquieren doble valor, ya que ayer, en el transcurso de la presentación oficial del «Partido Popular- —el miércoles, 1 de diciembre, pasará a la historia como una de las jornadas más intensas de este otoño de la reforma—, quemó de alguna manera sus barcos: «La hora de la decisión llega siempre, a nosotros (se refería también a Pío Cabanillas) nos llegó cuando decidimos integramos sn 3\ "Partido Popular"».

Especialmente interesado se muestra el conde de Motrico ante el tema del congreso del P. S. O. E., cuya sesión inaugural tendrá lugar dentro de tres días. ¿Imperará la moderación o se ccnlirmarán las ¡mprssicnss cía quienes apuntan hacia una mayor radicalización del partido? Configurada de alguna manera entre todos los comensales, la pregunta qua queda sobra al manta) sin respuesta satisfactoria.

Alguien no puede por menos que recordar las palabras pronunciadas la semana pasada por Willy Brandt inmediatamente después de ser elegido presidente de la Internacional Socialista: «Ya no nos enfrentamos solamente al comunismo de Moscú, de Pekín y sus variantes de comunismos nacionales. También nos enfrentamos al fenómeno que en forma vaga y ambigua es calificado como eurocomunismo».

LA RESPUESTA DE OSORIO

Considerando los recodos del binomio legalidad-tolerancia, Antonio Pedrol Rius comenta: «Me decía hace poco un magistrado que ya no sabia si el asesinato sigue penado en el Código...». El presidente del Consejo General de la Abogacía pasa después a considerar la posible desaparición del Tribunal de Orden Público, deteniéndose en un aspecto casi siempre soslayado: el grave problema que se les puede plantear a los magistrados vascos si una vez liquidado el T. O. P. prosigue la escalada terrorista. «O sus vidas correrán peligro, o saldrá perdiendo la justicia.»

Tras un paréntesis de silencio. Federico Silva toma de nuevo la palabra y expresa su preocupación ante el difícil momento económico que vive el país. La política de «parcheo» —así define a las medidas del Gobierno— le parece insuficiente a todas luces y considera imprescindible hacer decrecer la conflíctividad laboral: «Tan sólo el combustible perdido a causa de la huelga de consoladores aéreos ya equivale at que estamos ahorrando gracias a las restricciones energéticas».

Los últimos minutos del almuerzo están presididos por el recelo que la trayectoria del Partido Comunista provoca en amplios sectores de la clase política. ¿Aceptará el Gobierno a los comunistas como interlocutores en el proceso de negociación próximo a iniciarse? ¿Será legalizado el P. C. antes de las elecciones?

Casi con estas mismas palabras transmito ambos interrogantes, cuatro horas después, al vicepresidente Osorio, con quien precisamente he quedado citado para poner en marcha su aparición en la serie «100 Españoles para la Democracia». En el interior de su automóvil oficial —vamos juntos a la conferencia del ministro Reguera en el Club Siglo XXI—.Osorio es taxativo y contundente: «El Gobierno no negociará con una comisión en la que esté representado el Partido Comunista. Una cosa es negociar con los partidos legalizabas, y otra hacerlo con el Partido Comunista; eso es imposible mientras esté vigente el actual Código Penal». Mientras el titular de Información expone sus ideas sobre liberalización informativa, yo apunto las palabras de Osorio, procurando recordar hasta la última de las comas.

Noveno almuerzo, jueves, 9 de diciembre de 1976

EN DONDE EL GOBERNADOR DEL BANCO DE ESPAÑA APORTA UNA CLAVE DE INTERPRETACIÓN SOBRE EL COMPORTAMIENTO DE LA BANCA ANTE LAS ELECCIONES

JOSÉ María López da Latona, gobernador dal Banco da España, / Julio Nieves Borrego, prasidanla de la Diputación de Segovia y consejero del Reino desda haca una semana, son hoy nuas-Iros invitados.

Cualquiera qua haya seguido su trayectoria o simplemente leído sus declaraciones an la serie «100 Españoles para la Democracia» comprenderá que la crisis económica y el problema regional serán inevitablemente tos dos temas que ocupen la mayor parte del almuerzo.

Los primeros minutos se ven, sin embargo, invadidos por la exigencia de la actualidad mis inmediata: ese Congreso del P. S. O. E., clausurado ayer sin que se despejaran ni una sola de las incógnitas planteadas sobre la línea de decantación del socialismo español en el futuro próximo. Entre todos repasamos las incidencias de estas cuatro jornadas, desde el hábil ejercicio de relaciones públicas que supuso la acumulación de presencias tan notorias como la de Willy Brandt. Mitterrand y Olof Palme en los primeros momentos del Congreso, hasta ese lamentable y espeluznante final cuando aquel muchacho descamisado, de barba rala y pelo hirsuto, enarboló la bandera amarilla, morada y roja, recorriendo en acelerada danza, con visos de aquelarre, todo el pasillo del salón Dos Castillas, del hotel Meliá, mientras el golpe seco de los puños cerrados subrayaba con súbita ira el «España mañana será republicana».

Julio Nieves y José María López de Letona, con ayuda de algunos miembros de la Redacción de ABC, van poniendo sobre la masa sus conclusiones: 1.a) El Congreso ha demostrado que la base del P. S. O. E. está impregnada da radicalismo comuntstizante. 2.ª) Es incompransibla cómo la socialdemocracia alemana financia un partido de dicho corte. 3.a) El afianzamianto da Felipe González y su Ejecutiva no quiere decir que sean capaces de controlar el partido en un momento de desbordamiento político.

LA AUTOPSIA DE LOPEZ DE LETONA

Tras un breve paréntesis, en en el que se habla de la grave responsabilidad de la Prensa durante la transición, todas las miradas confluyen en el gobernador del Banco de España, quien se aviene sin reserva alguna a realizar una especie de autopsia de ese casi-cadáver que es la economía española. En su opinión, cuatro son los principales problemas que tiene planteados el país en ese ámbito:

1. El desequilibrio interno de los precios, que provoca fuertes tensiones inflacionistas.

2. Desequilibrio exterior o de balanza corriente (incluye el déficit por balanza comercial —importaciones menos exportaciones— y el déficit por balanza de servicios), que provoca un endeudamiento progresivo.

3. Bajo Índice global de productividad.

4. Alto índice de desempleo.

López de Letona considera que el más grave de estos problemas es el segundo, ya que conlleva un agravamiento de los otros tres. «Es preciso lanzar un toque de alarma», dice. «El país no ha pagado la factura del petróleo y en 1976 el desequilibrio de nuestra balanza corriente es superior al de 1974. Entre todos tenemos que concienciar al país sobre la dificultad de la sistuación.»

En esta misma linea. López de Letona nos hace reflexionar sobre lo que supone un índice de crecimiento inferior al 2 por 100: «Estamos incluso por debajo de nuestro aumento vegetativo».

El gobernador del Banco de España explica que el Gobierno deberla poner en marcha medidas mucho más drásticas que las vigentes, pero reconoce la incidencia paralizante del momento político: «La elevada conflictividad laboral tiena, por ejemplo, rafeas absolutamanta políticas. Las propias céntralas sindícalas son conscientes da qua la igualdad no sa puede producir por vía de remuneración».

La cuestión de fondo no es otra que la qué con tanta valentía como crudeza apuntó hace meses Juan Miguel Villar Mir en las Cortes y ahora repite López de Letona con sus mismas y exactas palabras: «Los españoles estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades y entre tanto el país se está descapitalizando».

«SE VOTARA A LAS PERSONAS´

Julio Nieves, hombre con una sólida preparación económica, ha ido asintiendo punto por punto de forma gestual a las manifestaciones de López de Letona. Presidente de la Diputación de una provincia arquelípicarnente castellana como Segovia, es consciente de las graves repercusiones de la crisis en las zonas menos desarrolladas det pais.

Por eso, entre otras razones, es inflexible a la hora de formular los postulados básicos de un regionalismo igualitario y solidario, e intransigente ante quienes defienden fórmulas federalistas o autonomías prioritarias cuyo resultado sería arrojar en un oscuro pozo sin fondo a tas provincias más deprimidas.

A este respecto fue muy enérgico en la entrevista que hace un par de semanas sostuvo conmigo: «Todo concierto económico o régimen especial debe ser objeto de discusión y aprobación por las Cortes Españolas».

Habla también Julio Nieves de la despolitización absoluta del pais real y culpa de etlo en gran parte a los partidos que no están siendo capaces de acercarse a tos auténticos problemas de la gente. «Por eso en las elecciones contarán más los candidatos locales que las siglas que representen. Se votará a las personas y apenas si habrá disciplina de partidos».

A pesar de formar parte del Grupo Parlamentario Regionalista, embrión del Partido de Acción Regional de López Rodó, Julio Nieves ha preferido mantenerse al margen de «Alianza Popular». El es ante todo hombre de confianza del Presidente Suárez y áspera qua se instrumente una opción electoral que sea de alguna forma eco de su filosofía de gobierno. Centro Social, podría llamarse.

López de Letona se declara simpatizante del «Partido Popular», pero prefiere mantenerse independiente por el momento. A la altura de los postres, y tras defender la política de oferta monetaria del Banco de España, hace una interesante consideración sobre la posible actitud de la Banca española ante los próximos comicios: «La Banca apoyará a quien vaya a ganar tas elecciones. No os quepa duda de que si el P. S. O. E. sa perfilara como vencedor, la Banca apoyaría al P. S. O. E.».

El almuerzo ha empezado con el P. S. O. E. y ha terminado con el P. S. O. E. Mientras un taxi me lleva at Eurobuilding, continúa reflexionando sobre el Congreso que tan de cerca he vivido los pasados días.

Estoy citado con Raymond Aron, el gran escritor y periodista francés, quien desde la autoridad propia del intelectual que ha franqueado la barrera de los setenta, despeja hasta el último vestigio de duda de mi pensamiento: «Si el socialismo español se alia con los comunistas estará haciendo imposible su acceso al gobierno durante muchos años», dice.

 

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