Autor: Casado, Antonio. 
   Manuel Murillo - Martínez Esteruelas     
 
 Pueblo.    11/03/1977.  Página: 6-8. Páginas: 3. Párrafos: 52. 

ENCUENTROS

MANUEL MURILLO

No creo que Alianza Popular represente al capital. Los que representan los intereses capitalistas son Areilza, Cabanillas y Fernández Ordóñez, entre otros" (M. Murillo)

Reanudamos hoy nuestros «Encuentros» entre líderes políticos de diferentes, o contrapuesta, significación política. Se Incorpora a los mismos, como moderador y como «preguntador» en los debates, nuestro compañero Antonio Casado.

Comparecen esta semana don Manuel Murillo, secretario general del Partido Socialista Obrero Español (histórico), partido de reciente legalización que, por otro lado, forma parte de la coalición Alianza Socialista Democrática (de centro izquierda, con P. S. D. E, R. S. E. y algunas parcelas socicridemócratas), y don Cruz Martínez Esteruelas, presidente de Unión del Pueblo Español, coaligado en Alianza Popular (con U. N. E., R. D., A. R., D. S. E, A. D. E., etc.), de ideología conservadora y neofranquista.

Este es el resultado del debate: "Manuel Murillo y sus compañeros representan la posibilidad de un socialismo sereno, europeo y dinámico, que es necesario en toda sociedad moderna"

(II. Esteruelas)

Los partidos-Casandras, los políticos-augures, los articulistas del maleficio, los pesimistas de turnó, hacen caer sobre el sufrido pueblo español la malaventuraza lluvia derrotista según la cual nuestro pais

posa de desventurado farolillo rojo de las democracias pimpantes del planeta, acaba de despertar del peor

de los sueños políticos, tiene que homologarlo todo, copiarlo todo, aprenderlo todo de esas maravillosas democracias del exterior que son, al decir de los partidos, el paraíso terrenal, comparado con nuestro

oscurantismo tremebundo.

ANTONIO CASADO. — A partir de este kilómetro cero de la reconciliación nacional, las elecciones de junio, señor Murillo, ¿qué puede aportar la ideólogia conservadora de Alianza Popular a la vida política del país? Señor Martínez Esteruelas: ¿qué puede aportar la ideología socialista representada en la alianza de centro izquierda a la que pertenece el P. S. O. E. (histórico) ?

MANUEL MURILLO. — La opinión conservadora existe, está ahí. Hay unos intereses económicos y sociales que respeto.^ Y desde ese respeto es ilesde´ donde se puede construir una sociedad democrática, desde el respeto mututo de esas posturas contrapuestas. £1 hecho de que nuestros intereses sean contrapuestos no.quiere decir que sean beligerantes. Nosotros podemos tener unos intereses, los de la clase trabajadora. Ellos pueden tener otros intereses, los del capital. Pero ambos, socialistas y conservadores, tenemos un interés común: los del país. Y otros puntos comunes, como la paz del país, la tranquilidad del país, la seguridad, el equilibrio, la justicia, nos harán forzosamente encontrarnos sobre la base de la mutua tolerancia, la mutua comprensión, un diálogo abierto, un ceder un poco todos para encontrar caminos de convivencia que alojen las soluciones explosivas, de fuerza, de ruptura. La rerrazóii al diálogo es lo que Jia hecho posible que los conflictos tengan que ser resuelto i i«ur i»oE)íernoa fuertes.

MARTÍNEZ ESTERUELAS. Personalmente, suscribo casi todo lo que dice Manuel Murillo. Desde el punto de vista de Alianza Popular, esos intereses y esos puntos comunes a los que él alude, tendrán una acogica preponde r a n t e. Ellos pueden tener una preocupación sociológica especifica, pero yo creo que la política social profunda es algo que debe perseguir cualquier partido político moderno, cualquiera que sea su denominación. Y Alianza Popular está dispuesta a, practicarla. En cuanto a la pregunta concreta que se me hace, responderé que lo que Manuel Murillo y sus compañeros de la Alianza Socialista representan, es f u n d amental para España, pues encierra la posibilidad de un socialismo sereno, europeo y dinámico que es absolutamente necesario en toda sociedad moderna. Sin ningún género de reservas, yo deseo que lo que Manuel Murillo representa sea rada vez más potente como fuerza socio-política.

ANTONIO CASADO.-A mí me gustaría preguntar a Manuel Murillo si él cree, realmente, que se puede hablar de varios socialismos. Yo pensaba que socialismos no hay más que uno.

MANUEL MURILLO. — Sí; en realidad, el socialismo sólo es uno, pero hay varias tendencias. El socialismo que nos. otros_ representamos es un s o c ialismo posible, de corte europeo —como decía Esteruelas—. Hay un socialismo que no crea tensiones disparatadas y hay otro que es utópico, teóricamente justificable, pero sin viabilidad en • la práctica. Nosotros estamos obligados a hacer el socialismo que las clases trabajadoras españolas necesitan, que al tiempo sea creativo en un doble aspecto: el de crear riqueza económica para que vivan mejor las clases trabajadoras, y progresivo, para crear una riqueza cultural y social. Así es como lo entendemos nosotros. No es que sea un socialismo diferente, es una forma de interpretar el único socialismo que existe, sin que esto signifique descalificar otras respetables formas de entenderlo o de interpretarlo.

MARTÍNEZ ESTERUELAS. Yo añadiría simplemente que si las alternativas más importantes del país fueran el socialismo que ellos encarnan y Alianza Popular, aunque sus puntos de partida y sus metas finales, en una alternancia de poder, fueran distintos, creo que las soluciones funcionales serian lo suficientemente próximas como para que el pueblo español viviera sin sobresaltos.

MANUEL MURILLO.-Estoy de acuerdo. La solución ideal sería la de dos grandes partidos, cuyos centros estuvieran muy próximos. Para nosotros sería una satisfacción que Alianza Popular tuviera un ala izquierda que se aproximase a nuestra ala derecha, para que el equilibrio del país no diese esos saltos tan grandes. Así que yo soy partidario de pocos partidos, y fuertes, pero dejando que so desarrollen solos no que a priori se delimiten; es decir, que el pueblo español sea quien así lo determine en las elecciones.

FRANCO, SI; FRANCO NO

ANTONIO CASADO.-Nos guste o no. Franco y su época ya pertenecen a la historia y nosotros tenemos que asumirlo. Es inevitable, pues, que yo les pida un juicio —o mejor,´ una sentencia— sobre lo que tanto el personaje como la época significan para esa historia de nuestro país.

MARTÍNEZ ESTERUELAS. Yo no soy persona apta para emitir sentencias. Lo que puedo es dar mí opinión. Para mí, este período y sus realizaciones son los que están haciendo posible, si las minorías políticas no nos empeñamos en lo contrario, el camino hacia la democracia en un clima de serenidad.

MANUEL MURILLO.-Yo siempre critiqué a Franco y a su régimen, lo que me costó muchos disgustos y estar incluso amenazado por fuerzas nltrarreaccionarias. Ahora que ya ha muerto el personaje, no quiero opinar, porque no podría decir nada agradable. Las criticas ya las hice cuando el personaje vivía y cuando el criticar suponía arriesgar hasta la propia libertad.

ANTONIO CASADO.-¿Ni siquiera haría usted un balance entre lo positivo y lo negativo?

MANUEL MURILLO.—Bueno, las dictaduras siempre tienen cosas positivas. Entre otras cosas, se colocó a España en el décimo puesto de las potencias industriales. Hay cosas aprovechables y hay que aprovecharlas, pero el balance de conjunto es negativo y lo prueba-nuestro retraso con respecto a Europa.

MARTÍNEZ ESTERUELAS. Yo, obviamente, no estoy de acuerdo, porque partimos de posiciones distintas. No creo que se pueda hablar de retraso respecto a Europa, porque las naciones europeas después de la guerra tenían unas premisas industriales mucho más fuertes que las de España. En cuanto ,a calificar de dictadura esta época, tampoco estoy de acuerdo. La palabra dictadura es mucho más compleja y más profunda que lo que ha ocurrido en España en estos cuarenta años. Yo la calificaría como una etapa de autoridad previa a la organización de una futura democracia.

MANUEL MURILLO.-Para mi ha sido una dictadura, porque hubo una ausencia tota] de libertades.

ANTONIO CASADO.-Las personas no muy vinculadas al hecho político se han encontrado con el fenómeno terminológico de ver cómo partidos de distinta ó contrapuesta´ significación política dicen perseguir las mismas cosas, incluso utilizando los mismos términos. Sepamos, pues, qué significan para ustedes dichos términos: por ejemplo, corrupción.

MANUEL MURILLO.-Para mí, significa la utilización indebida de unos fondos públicos por unos individuos situados en puestos públicos y en beneficio personal. Indudablemente, esta situación se lia producido en España y en algunos casos, como el de Matesa, con unas proporciones alarmantes. Esto exige una revisión total para cortar estas situaciones, que suponen una tremenda sangría, para el país, un país que tiene que ser reconstruido con el esfuerzo de todos, aunque todos nos tengamos que apretar un poco el cinturón, y los organismos públicos deben de ser los primeros en dar pruebas de austeridad. De todas las maneras no ha sido tan importante la corrupción como se ha venido especulando. En todos los países existe corrupción y basta leer la Prensa para confirmarlo. Honradamente, y lo digo con toda sinceridad, no creo que hayamos sido especialmente corruptibles. Ha habido últimamente evasión de capitales —y esto si que yo lo condenaría muy duramente, porque esto sí que es antipatriotismo—, pero también hay mucha gente decente y mucho funcionario probo que ha salido de la Administración sin haberse cargado de millones. Otros, sí. Entonces es necesario que se sepa quiénes han sido unos y quiénes han sido .otros. Creo que personas que han sido significadas en estos escándalos van a ser señaladas y no van a ser queridas por el pueblo en las próximas elecciones. Aparte de esto, no soy partidario de la amnistía fiscal. O sea, que el que se ha llevado un dinero de un Estado, debe de devolverlo.

MARTÍNEZ ESTERUELAS.—En fin, yo creo que mi punto de vista es muy parecido. Yo definiría la corrupción como el poner los intereses personales por encima de los intereses de la colectividad, porque no sólo se trafica desde los Estados, sino que también se puede traficar desde la ciudadanía o desde los partidos .políticos. Entonces hay dos aspectos .a distinguir: uno la corrupción y otro la cobertura que sobre todo los políticos necesitamos frente a las sospechas de corrupción. Por eso yo soy partidario de que todo gobernante en el principio de su mandato, declare ante el Tribunal de Cuentas cuáles son sus bienes, y que al término de ese mandato se hagan la declaración y la investigación correspondientes.

ANTONIO CASADO. - Señor Murillo: ¿Acaso el tipo de organización política que ha estado vigente hasta ahora en el país favorecería la corrupción?

MURILLO.—Sí, creo que sí. El hecho de que el Jefe del Estado sólo respondiese ante Dios y ante la historia del ejercicio de su poder —y no ante sus conciudadanos—, contribuía a esto. Todas las dictaduras son vehículos de corrupción.

MARTÍNEZ ESTERUELAS.—Yo en esto discrepo de Manuel Murillo. Creo que quien tenía ese privilegio de responder ante Dios y ante la historia fue personalmente puro, y creo, como Murillo ha dicho, que en todos ´los regímenes políticos se produce la corrupción. Yo pondría como ejemplo el caso de la Loockheed, que está coleando todavía en muchas naciones que tienen instituciones democráticas de corte moderno, y sin embargo, en España el caso de la Loockheed ha sido una cosa relativamente pequeña comparada con otros países.

ANTONIO CASADO. - Vamos a ver ahora qué significa para ustedes la expresión «justicia social» y qué entienden´ustedes por el servicio a las clases trabajadoras. ¿Dónde está la diferencia entre lo que, en este sentido, proclama el socialismo de Manuel Murillo y la Alianza Popular de Martínez Esteruelas?

MURILLO.—La justicia social es un término muy amplio. No es lo mismo justicia social para un partido de derechas qne para un partido´ de izquierdas. Para nosotros es la posesión por las clases trabajadoras de los bienes de producción. Sabemos que hay un- camino muy largo para llegar a esa plena justicia social y normalmente no coincidiremos, porque nosotros vamos siempre más avanzados, vamos equilibrando cada vez más los intereses de las clases menos favorecidas con respecto a las más altas. Pero para poder crecer con libertad es necesario también tener unas libertades económicas, y a través de la libertad social y económica, conseguir la justicia social.

MARTÍNEZ ESTERUELAS.

Alianza no pretende ser un partido de capitales, sino de clases medias, que es donde la democracia puede tener más aceptación. El término conquista no creo que deba ser exclusivo en una social-democracia. No se trata de concesiones por parte de un partido como Alianza Popular. Los partidos políticos como Alianza no tienen que plantearse el tema social como una concesión, sino como una conquista, porque creemos que una política que merezca el nombre de tal tiene que estar a favor de todas las clases sociales, y especialmente de las más desfavorecidas.

MANUEL MURILLO. — Bueno, yo no quería decir exactamente que los políticos de Alianza Popular fueran representantes del capital. He sostenido siempre que no son todos, pero que hay algunos de ellos. Concretamente, el señor Esteruelas, el señor Fraga . o el señor Licinio de la Fuente no representan al capital, ni mucho menos. Para mí, los representantes del capital en España son el señor Areilza, Pío Cabanillas o el •efior Fernández Ordóñez.

LA RECONCILIACIÓN

ANTONIO CASADO.-¿Qué significa para ustedes la reconciliación después del trauma de la guerra civil?

MANUEL MURILLO.-Para mí significa olvido de todo agravio, no mirar atrás. El tema hay que plantearlo con el corazón abierto y limpio de toda duda. Y después significa convivencia entre los qué discrepan política e ideológicamente. España debe ser para todos y todos tenemos que tener un sitio y estar dispuestos a compartirlo. Para nosotros la reconciliación significa algo especial: la posibilidad de recoger en un gran partido socialista a personas que han estado en el Frente de Juventudes o en los sindicatos, pero que se sentían socialistas. Nosotros no podemos hacer discriminación entre los que han estado en un lado o en otro, en la clandestinidad o no. Esa es la reconciliación.

MARTÍNEZ ESTERUELAS. El tema de la reconciliación es, ante todo, un tema de ética política. En sustancia lo definiría con la idea de que España es de todos. La reconciliación nacional es un hecho ´deseable y positivo. Por ejemplo, el padre del señor Murillo estuvo en un campo contrario al que estuvo mi padre y, sin embargo, en estos momentos, estamos los dos sentados dialogando amistosamente y con el pensamiento puesto en una España mejor. Esta es una reconciliación de hecho.

ANTONIO CASADO. — Toquemos ahora el tema de la legalización del Partido Comunista. Como ustedes saben, se ha planteado como un verdadero test a la democracia, mi pregunta es: ¿El hecho de que se reconozca o no la existencia legal del Partido Comunista determina que haya o no una verdadera democracia?

MURILLO.—Oreo que no debe haber partidos legales ni ilegales. Debe de haber leyes que sancionen las ilegalidades , que cometen los individuos que los forman. Soy.partidario de la legalización del Partido Comunista. En estos momentos es imprescindible que el Tribunal Supremo, por la paz de España y por el bien de España, legalice el Partido Comunista. No se puede dejar a un sector de la opinión, que puede ser de un seis o un ocho por ciento, sin la p o s i bilidad de contar con su partido. Me parecería un error muy grave dejar fuera al Partido Comunista, porque sería dejarle de partido testimonio contra la dictadura y sería un privilegio para él. Si el Partido Comunista se comporta antidemocráticamente, o sus miembros, ahí está la ley para sancionarles. Esto no quiere decir que yo identifique la democracia con el Partido Comunista y precisamente por no estar seguro de la democracia de los partidos comunistas, no queremos trato alguno con ellos, pero se necesita su juego por muchas razones: para que la reconciliación y la vuelta de los derechos civiles a todos los españoles. sean plenas. No puede quedar un español sin la posibilidad de ejercitar todos sus derechos civiles. El Partido Comunista tiene derecho a actuar con legalidad. No se puede mirar con la legislación anterior a la amnistía. No se puede decir que es un partido de obediencia extranjera. No se puede aplicar lo de la obediencia extranjera, después de ver públicamente que todos los partidos extranjeros están suministrando a sus homólogos en España dinero continuamente y que se están proporcionando apoyos de todo tipo e incluso diciéndoles lo que tienen que hacer, pues tendríamos que excluir a Felipe González del juego político y tendríamos que coger a José María Gil Robles y ponerlo en la frontera. En fin, no hay argumento válido contra la legalización del Partido Comunista. Y además es necesario que juegue y que pierda.

MARTÍNEZ ESTERUELAS. Aquí tengo que volver a discrepar del señor Murillo. Creo que la trayectoria de los partidos comunistas es la de que allí donde logran el triunfo, es imposible el ejercicio de las líber t a d e s más elementales, aunque en algunos sitios se han tenido que adaptar a ciertas normas de convivencia, porque no han tenido otro remedio. Por tanto, España no debe correr ese riesgo.

MANUEL MURILLO. — Insisto en que aunque fuera cierto lo que dice mi amigo Martínez Esteruelas. a los comunistas no se les puede cerrar el camino por la violencía ni por una ley. £1 camino, rn todo casó, se lo debe cortar la voluntad democrática.

MARTINEZ ESTERUELAS. To no estoy de acuerdo. Entiendo que él hecho de aplicar una ley, como puede ser en el caso actual, con el tema del Tribunal Supremo, no es utilizar una violencia institucionalizada.

MANUEL MURILLO.-Con todos mis respetos para el Tribunal Supremo, entiendo que —al no ser ésta una decisión jurídica, sino política—, el Tribunal Supremo cometerá u n grave error histórico si falla en contra del Partido Comunista. Y yo lo consideraré un acto ilegal.

ANTONIO CASADO. - Entonces,-y resumiendo, ¿se resiente la democracia con el no reconocimiento del Partido Comunista?

MARTÍNEZ ESTERUELAS. To creo que no se resiente. Por el contrario, creo que se fortalece.

MANUEL MURILLO. - Yo ereo que sí, qne sí se resiente.

O LA MONARQUÍA DE DON JUAN CARLOS

ANTONIO CASADO. – Los socialistas tienen una larga tradición de militancia republicana. No es el caso de Alianza Popular, entiendo. Quiero que me digan ustedes si esto seguirá siendo asi o el pueblo español llegará a poner en cuestión el tema de la forma del Estado.

MANUEL MURILLO. -Efectiva mente, mi Partido tiene una tradición republicana. Pero ahora estamos viviendo unos tiempos nuevos •y los hechos no admiten discusión. Con este Monarca estamos a v a n zando a pasos agigantados hacia la libertad. Si esta Monarquía de Don Juan Carlos nos deja un espacio de libre juego político n la izquierda, y no hay preferencias hacia la derecha, nosotros no seremos beligerantes contra la Monarquía. Incluso colaboraremos con ella. Hay repúblicas como Chile o la Unión Soviética donde no hay libertades, y hay sirios donde impera la Monarquía y gobiernan los socialistas.

Hay que moverse en esferas de lo posible, de lo real. Y está claro que el pueblo español, en el referéndum, votó a la Monarquía.

MARTÍNEZ ESTERUELAS.—La frase de- que la Monarquía representa la ciudad del Estado, para mí no es una frase teórica, sino un hecho político. El pueblo español está en la línea de la Monarquía qne representa el Rey Juan Carlos. No es que la Monarquía esté dejando ese espacio a la izquierda, sino que (>st¡5 queriendo que lo ocupe. Pero esos espacios, tanto a izquierda como a derecha, tienen qne ser utilizados por izquierdas y derechas razonables. Estoy de acuerdo con la Monarquía.

MANUEL MURILLO.-Con libertades democráticas, nosotros también estaremos de acuerdo en colaborar con la Monarquía.

ANTONIO CASADO.-En el programa de Alianza Socialista Democrática hay un pronunciamiento a favor de la propiedad privada, de la libertad de mercado, ¿no es esto una renuncia al dogma socialista, señor Murillo? Y a Martínez Esteruelas. ¿la existencia de la propiedad privada en el sistema capitalista no ha sido un generador de injusticia social?

MANUEL MURILLO.-Distinguimos dos tipos de programas: el mínimo y el máximo. En la sociedad socialista desaparece la propiedad privada. Sólo existen las pequeñas propiedades, como la casa, el vehículo, los bienes pequeños que no suponen posibilidad de explotación del hombre por el hombre.

Llegar a la socialización de todos los bienes de producción es un proceso lento, que no se puede realizar

en una sola etapa. Nuestro socialismo es positivista y quiere dar los pasos que sean posibles de acuerdo con dos cosas fundamentales: con la economía de nuestro país —que forma parte de una economía mundial— y con los deseos de la clase trabajadora/española. Nuestra economía no permite en estos momentos un sistema de nacionalizaciones, que sólo producirían su derrumbamiento y una fuga de capitales aún mayor. Tampoco mejoraría los rendimientos ni ta producción. Sería, en fin, un desacierto económico y la clase trabajadora sería la que más pagaría esto. No queremos socializar el hambre y el raoi, queremos repartir mejor la tarta nacional. Hemos preguntado a nuestra gente —la mayoría trabajadores— y todos han coincidido en que son partidarios de reforma. Nuestra clientela no sólo es obrera, sino que estamos abiertos » toda la pequeña y mediana empresa. Nosotros no vamos a ir en contra de las clases medias, sino que vamos a potenciarlas incluso. En el contexto general, de lo que se trata es de producir más y más eficazmente. Debemos entrar en el Mercado Común en unas condiciones competitivas. Queremos dar garantías a los empresarios mediante el pacto social. Todo esto es un proceso de reestructuración económica y social y no se podría hacer desde una postura maximalista. Por otra parte, el problema que pesa mucho es el de los emigrantes. Nosotros propugnamos unas medidas radicales en materia económica. España necesita un capital extranjero para desarrollarse. La gran masa de trabajadores españoles repartidos por el mundo —en un exilio largo y penoso— no seríamos capaces de recuperarlos, sino que Jos perderíamos. Esta es una. de las mayores injusticias sociales que puede dar nn país: no ser capaz de estructurar una economía que permita a las personas que nacen en este país trabajar aqui. En nuestro programa propugnamos tinas medidas económicas de respeto a la iniciativa privada, respeto al capital y de presión fiscal y al mismo tiempo de crear riqueza y no crear pobreza.

MARTÍNEZ ESTERUELAS. La diferencia entre el pensamiento de Murillo y el nuestro está en que en todas las razones que él ha dado para exponer los objetivos inmediatos del Partido Socialista en relación con la riqueza y el bienestar social, para nosotros son razones de convicción. La ´ iniciativa privada y la propiedad privada de los medios de producción, es el camino de las riquezas de las naciones. La Iniciativa privada tiene algo tan importante como son las libertades creadoras del hombre, cuanto más sean las fuentes concurrentes a la creación de riqueza, más posibilidades habrá de que esa riqueza exista y de qne sea adecuada. El Estado no debe de renunciar a la función correctiva de todos loa excesos qne se puedan cometer, y eso para nosotros está representado por dos cosas: el salario de continuidad y un sistema fiscal progresivo y justo. Un sistema fiscal que, por una parte, permita una lucha contra la desigualdad, y, por otra, (¡IIP el Estado tenga la masa de recursos necesarios para tener servicios públicos. Hasta el presente sólo se ha materializado el socialismo a través de una estatificación, y resulta que el Estado, que ya tiene poderes de suyo muy fuertes, acaba siendo el único donador de puestos de trabajo, lo cual es un atentado contra la libertad humana; y, finalmente, hay un problema de eficacia, es decir, que sin riqueza no puede haber prosperidad social, ni personal, ni familiar, ni colectiva. La iniciativa privada se ha acreditado lo largo de los años con mayor acometividad y mayor capacidad de riqueza, si existe por una parte una convicción moral de que los bienes están en la tierra para satisfacer las necesidades de todos, y de otra parte una convicción política de que el Estado tiene qn« rectificar y abortar y eliminar los abusos. Para mi la solución ideal, por convicción, es conectar la iniciativa privada con el mínimo de nacionalizaciones y con un poder-permanente ordenador del Estado que se manifieste por la vía de los impuestos. A través de los impuestos, «1 Estado haga la distribución de las rentas de la riqueza. Creemos qne esto está en el fondo de la naturaleza humana y que en régimen de libertad hay más posibilidades de crear riqueza. La socialización siempre acaba teniendo como portaestandarte y como ejecutor al Estado, con lo cual se pasa del capitalismo privado al capitalismo de Estado.

MANUEL MURILLO A MARTÍNEZ ESTERUELAS.-¿Admitirías la socialización del crédito mediante el control de los obreros de la concesión de créditos?

MARTÍNEZ ESTERUELAS. En la empresa, el que tiene el poder debe de tener la responsabilidad. ´No puede ejercer el poder quien no tiene la responsabilidad, porque por esa vía se podría dar un tipo de concesión de créditos que podía tener muchos ideales, pero que podría no estar a la medida de la entidad que concede el crédito. Más que la socialización de créditos, hablaría de la ordenación de créditos. Las sociedades crediticias deben concurrir al desarrollo de la nación, parte con la libertad en la concesión de créditos y parte concediéndola en porcentajes determinados a sectores específicos de la actividad nacional que sean acordados dentro del pacto social como prioritarios.

El tema de la eogestión es un tema tremendamente difícil. Mientras las Ideas de poder y responscabilidad no estén verdaderamente entran a d a s, será muy difícil de llevarlo p la práctica.

* «El Tribunal Supremo cometerá un grave error histórico si falla en contra del Partido Comunista

(M. Murillo)

0 «Ai «Me logran 01 triunfo ios comunistas, es imposible el ejercido de las Ibertades más elementales*

(M. Esteruelas)

SERA así como dicen, pero nosotros no nos suicidamos. Debemos ser unos masoqui s t a s tremendos, porque pese a TÍrir en la más negra de las patrias, no nos decidimos a abandonarla, y ofrecemos a las estadísticas el más bajo nivel de suicidios de Europa. ¿Qué les parece?

Los prósperos japoneses, campeones mundiales del desarrollo económico durante años (seguidos de cerca por los españoles durante toda la década de los sesenta, que también hay que decirlo), se hacen el hara-kiri con una facilidad sorprendente; pero también deciden abandonar voluntariamente este mundo con i cierta facilidad esos escandinavos de la socialdemocracia que, según dicen, debe m o s imitar, y son fuertes los índices de suicidio de la riquísima Alemania Federal y los de la distinguida Austria, y los de la pulcra y acaudalada Holanda, y en los poderosos EE. UU., y en la potente U. R. S. S., mientras que en España, en toda una década, la cifra de suicidios no ha conseguido aumentar en más de cien casos, lo que representa un récord de estabilidad en la falta de desesperación.

Mientras que en la -malaventurada» España, farolillo rojo de las democracias occidentales, sólo se !e ocurre el suicidio a un 4,3 por 100.000, en la pacífica y neutral Austria de los. valses y del «Danubio azul» la cifra se establece en e¡ 23 por 100.000. Austria, no obstante, ocupa el quinto lugar europeo de esta lista negra. detrás de Alemania Federal, Hungría, Checoslovaquia y Finlandia, y por delante de los países escandinavos, que tienen índices muy por encima de los 10 por 100.000.

El dato resulta escalof r i a n t e, pero «s cierto: en Suecia mueren anualmente más personas por suicidio que por accidente de automóvil. El estudio de la cuestión lo han hecho los profesores Lars y Joahanssen, de la Universidad de Upsala, sobre los estudios oficiales y la muestra de 1962 a 1975.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, el suicidio representa hoy en el mundo llamado civilizado la tercera plaga de la Humanidad, detrás de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. ¡Añadamos que una gran porte de aparentes accidentes de automóvil son, en realidad, suicidios camuflados; la horca, el veneno, el tirarse a la vía del tren, que eran suicidios clásicos, van dejando el paso al accidente de automóvil, difícil de controlar y con menos complicaciones que el gesto teatral de tirarse por el acueducto o por el Arco del Triunfo.

En España se suicidaron en 1976, según la estadística que acaba de aparecer, 17.302 personas; de ellas, 5.187 solteros, 9.437 casados y 2.678 viudos; como hemos dicho, el 4,3 por 100.000, y para no establecer comparaciones únicamente con países eslavos o anglosajones, añadamos que nuestra vecina latina Francia, con un 15 por 100.000 de suicidas en sus estadísticas, supone que la cifra real puede multiplicarse por 10.

El mal de vivir, amigos míos, es una peste, la tercera de los países occidentales; pero una peste que nosotros los españoles hp parecemos muy decididos a «homologar». La realidad está ahí: los españoles estamos encantados de vivir en la España que tenemos

11 de marzo de 1977 PUEBLO

 

< Volver