Autor: Serrano Suñer, Ramón. 
   Hacia un patriotismo europeo (I)     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 6. 

HACIA UN PATRIOTISMO EUROPEO

Por RAMÓN SERRANO SUÑER

QUIENQUIERA que lea este artículo (partido por su extensión en dos), acaso piense que pudo escribirse

antes, cuando apareció el libro del comandante Oroquieta, titulado "De Leningrado a Odesa"; pero si ello

es cierto, también lo es que puede escribirse ahora, o mañana, o en cualquier otro día, siquiera sea porque,

desde hace muchos años, desdi que el comunismo se lanzó, por medio de la revolución universal, a. la

conquista del mundc—y pese a las conferencias que. en la altura o en el llano se celebren—parece que

vivemos siempre en un mismo día. en un día que nunca ss acaba, o que se repite siempre idéntico y con

un mismo´ afán. Hablar de aquel libro es tratar del gran problema por el que ´el libro .ha visto la luz: la

pesadilla del comunismo ruso.

El envío por parte de España de una unidad combatiente a la Unión Soviética en ia primavera de 1941 se

interpretó entonces,,y se ha interpretado después, de los modos más diversos. No es mi intención discurrir

ahora polémicamente sobre el tema, pero sí me interesa decir que no lograrán nunca una explicación

exacta de aque hecho los que lo consideran como una mera decisión de gobierno inspirada por el

oportunismo, ni" los que se explican la exuberante afluencia tía voluntarios (de verdad jos hubo para

formar varias divisiones), por el socorrido expediente de hablar del espíritu aventurero de la raza más

dado a las empresas de riesgo que a la más modesta de cumplir deberes cotidianos. Ambas cosas—

oportunismo político y carácter ¿venturero di la raza—no pasarán de ser semiverdades o verdades

parciales. La verdad completa sólo se obtiene poniendo en la misma línea la decisión política yr la

asistencia popular indudable que días ant:s de aquella era ya manifiesta, con el tono de una presión

intervencionista. Presión que. en cambio, no se sentía mientras el conflicto mundial se limítaba sólo a lo>

pueblos de Occidente, pero cue—y me parece significativo—no había dejado de hacerse presente durante

el conflicto de la Union Soviética con Finlandia.

Diciendo lo mismo de oirá manera, creo que se puede afirmar que la intervención de España en la guerra

del Eje contra la ´Unión Soviética venía a ser para todos los españoles que en ella tomaron parts, y para el

conjunto de Ja masa nacional—esto es. la que se consideraba triunfante en abril de 1539 y la que se

adhería a esa victcria^-un nuevo episodio de la guerra civil española que de algún modo, con la entrada de

Rusia en la guerra, se consideraba replanteada. Nadie podrá negar—con independencia de_lo que pudiera

resultar de un riguroso, análisis histórico de los orígenes de la contienda—que la guerra española fue

vivida por los . combatientes nacionales corno _una guerra defensiva de la España tradicional contra el

"comunismo asiático". Ahora donde estuvo la.palabra España se pondría la palabra Europa, como

un poco más tarde aún se pondría la palabr-a Occidente. (Hablo, claro es, de una coincidencia subjetiva y

no pretendo contribuir al manoseado juego de ´las identificaciones que hacen cobrar la misma

significación al Cuartel General de Burgos, al Alto mando aleman y al Pentágono americano para caer en

la simplificada conclusión de que estamos donde estábanles y de que todo es uno y lo mismo. No era ni es

lo mismo la España nacional que el Eje combatiente, ni ambas cosas timen mucho que ver. con. lo que

hoy se llama el miando libre. Lo único común—a los efectos de la vivencia-subjetiva—es si antagonista:

la amenaza, soviética que en determinados momentos de las trís situaciones sucesivas adquiere un

carácter principal.)

Puede decirse que- algo muy parecido a un. patriotismo europeo empieza a nacer y a desarrollarse entre

los españoles" cuando en 1^41 Alemania ataca a Rusia, comprometiendo el destino de sus armas frente a

los aliados occidentales. Éste desarrollo del patriotismo europeo es una transferencia del patriotismo

español que ya durant; nuestra propia guerra había ido ensanchando su significación originariamente

nacionalista, incluso, por referencia a los países dominantes, ligeramente xenofobo. Todos—unos y

otros— habían tenido interés en conceder a la guerra d¡ España una significación trascendente, más allá

del simple pleito español, para presentarla como el primer episodio de una.probable guerra ideológica

europea e incluso mundial. A la coalición de republicanos, socialistas, anarquistas y comunistas que

resistían con estilo revolucionario el embate de la ofensiva nacional, les interesaba ampliar el significado

de la contienda como si sí tratara de una agresión dé- los países fascistas ´contra !os países democráticos.

Y a ciertos círculos de opinión intervencionista en estos últimos países también les interesaba sostener esa

interpretación o significación para presionar sobre la pasividad o la falta de efectividad de sus Gobiernos.

A los comunistas les interesaba para justificar la intervención de la Unión Soviética en la guerra de

España y sus. propias intenciones de imponerse sobre e! país; y a tal efecto su propaganda empezaba ya a

dar a la palabra fascista un valor extensible a cualquier sistema político que no reprodujera el soviético o

que, al menos, no se aviniese a su juego. Nosotros, por nuestra parte, teníamos interés en demostrar—s

incluso lo creíamos sinceramente—que nuestra lucha era la réplica necesaria a una amenaza ce

sovietizacíón que podría muy bien afectar a Europa entera, al norte de África y a todo el mundo

occidental;. Los mismos propagandistas de> Eje, especialmente los italianos, presentaban la guerra d´s

España como cosa propia y de interés genéricamente europeo. Por otra parte íran los mismos hechos los

que parecían-dar la razón a nuestras tesis encontradas, pero coincidentes; las potencias de! Eje ayudaban,

sin duda, a la empresa nacional, aunque, como he dicho en otro lugar (i)j su intervención política fuera

casi nula. (Lo que no era óbice para qua el Estado español adóptate en la zona nacional formas exteriores

muy próximas a las de aquellos regímenes fascistas.) La Unión Soviética, por ^su parte, aprovecharia la

.16 intervención de las demo cracias para «mplearse a fondo sobre España, no limitándose al envío de

armas y técnicos, sino imponiendo en el conjunto republicano la hegemonía del Partido comunista

español e interviniendo directisimamente en todos los ´asuntos militares y políticos.

Todos estos factores—los propagandísticos y los reales—explican suficientemente el desarrollo o

transformación gradual de-una conciencia nacionalista hacia un patriotismo europeo e incluso,

genéricamente, occidental. Y ha bastado la. persistencia de la "identidad invariable del enemigo

comunista"_ para que ese desarrollo o transformación haya salvado todos los obstáculos que

representaban las esenciales-diferencias que en orden ai contenido positivo de ese patriotismo significa el

paso de un plaríteamieto ideológico de la guerra mundial y luego —en un : salto todavía más difícil—ai

de la guerra fría del mundo libre con el esclavizado por la U. R. S. S. Es, pues, insistimos, un sentimiento

negativo y circunstancial—el sentimiento anticoimunista de defensa—lo único que define esa continuidad

espiritual o de conciencia. Los otros elementos—los positivos—han cambiado sin duda alguna y sería

ilícito tratar de deducir que la persistencia de lo uno significa también la invariabilidad de lo otro. No diré

yo que la apertura de la guerra europea dejara indiferentes y moralmente neutrales a las masas nacionales

españolas. Eso hubiera sido imposible, pues de igual manera que los vencidos y exiliados declararon

tornar como causa propia la de los aliados (pese al escasísimo apoyo que dieron Francia e Inglaterra a su

ejército) porque en clio abrazaban la esperanza de anular el resultado adverso de la guerra civil. la masa

nacional consideraba que la (continua)

(1) Mi libro "Entre Hendaya y Gibraltar",

 

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