Serrano Súñer habla en Burgos. 
 "A la representación orgánica hay que unir la ideológica"  :   
 "Sin justicia no hay orden verdadero". 
 ABC.    23/06/1971.  Página: 43-44. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

ABC. MIÉRCOLES 23 DE JUNIO DE 1971. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 43.

SERRANO SUÑER HABLA EN BURGOS

«A LA REPRESENTACIÓN ORGÁNICA HAY QUE UNIR LA IDEOLÓGICA»

"Sin justicia no hay orden verdadero"

INTERVENCIÓN DEL EX MINISTRO EN EL INSTITUTO FRANCISCO SUAREZ

Burgos 22. (Servicio especial.) «El planteamiento de una representación puramente orgánica de intereses

y grupos naturales puede ser boy en alguna medida insuficiente; en todas partes predomina la idea de que

la representación orgánica no basta y hace falta también la individual o ideológica para que una

comunidad civil funcione correctamente?, dijo ayer el ex ministro don Ramón Serrano Súñer en la

conferencia inaugural del curso académico del Instituto Histérico-Jurídico Francisco Suárez.

El señor Serrano Súñer, tras evocar los años fundacionales del Régimen en Burdos, dijo que entonces *no

temamos nada; no teníamos más que moral. Se vivía de espaldas a las relaciones provechosas de carácter

privado y nadie se hubiera atrevido en ese camino a adelantar una intención, ni a una tentativa venal. No

teníamos ^gangsters*, ni ^affaires* ni negocios confusos*.

Tiene el mayor respeto a. todos los que honrada y conscientemente se mantienen fieles a la fe política de

ayer, y también para el cambio o evolución de algunos de los que entonces creían estar ciegamente en el

mejor camino para España y que luego han rectificado honrada y desinteresadamente, incluso con su

sacrificio personal. La experiencia y la reflexión—dice—no son vanas y los tiempos nunca son los

mismos. No así tara algunos grupos que ayer profesaron una intransigente beatería política que ponía a

todos y a todo en entredicho, para ir luego a caer en la beatería de un relativismo oportunista y

acomodaticio, aunque sigan desgastando tópicos y quemando incienso en los altares de antaño.

NADA MAS REVOLUCIONARIO QUE EL QUIETISMO

«Hay que echar, a andar—dijo—, pues nada es más revolucionario que el quietismo: *el agua estancada

se corrompe>.

Piensan algunos que la solución está en la vuelta al pasado: al juego político´ de los partidos anteriores a

la guerra civil. Con todos los respetos, dice, a quienes honradamente asi lo crean, ello seria una locura y

es, por otra parte, un imposible histórico. El carácter de nuestro pueblo y, también hay que decirlo, la

estructura de la sociedad española, no permitieron vivir las instituciones democráticas más que de una

forma explosiva. Se pasó de golpe del parlamentarismo controlado que fabricó desde arriba Cánovas, por

referirme sólo al más ilustre de los hombres de la Restauración, a un radicalismo democrático

desenfrenado por la felfa de una preparación anterior adecuada. Creo que con rigor histórico podría

decirse que experiencias democráticas auténticas aquí no han existido. No hubo en ellas lo gue ahora se

llama la base; y asi resultó que en la democracia republicana no se trabajó por la libertad, sino por la

fuerza y la destrucción. Dicho sea salvando el Patriotismo, que no lo monopoliza en exclusiva ningún

grupo, de algunas personalidades señeras y bien intencionadas.

La enfermedad de la democracia parlamentaria en España y en otros países evidenciaron la necesidad de

su corrección y produjeron reacciones contra el bolchevismo y la anarquía que fueron en algún caso

nobles y fecundas. Me refiero al recurso mágico del fascismo italiano con el éxito deslumbrante de sus

primeros años. Para muchos, me incluyo entre ellos, la crisis de la democracia parlamentaria era ya un

dogma hacia el año 1930 y aún podrían recordarse desde más lejos las voces graves de Costa y Picavea

denunciándola.

Nosotros también sufrimos la enfermedad y ensayamos sit corrección. Pero es preciso atemperar a las

circunstancias de hoy el sistema correctivo; hemos visto que el orden y la pas hacen milagros. Hemos

experimentado que sin orden no hay libertad posible, pero también hay que reconocer que sin libertad no

hay orden verdadero, como tampoco lo hay sin justicia; el que comete injusticia atenía gravemente contra

el orden, y un críen sin más espíritu, sin más nervio que la coacción, se rompe en mil pedazos cuando

llega la hora del estallido.

ABC. MIÉRCOLES 23 DE JUNIO DE 1971. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 14.

Sería demasiado triste aceptar como definitiva la conclusión de nuestra incapacidad como fucilo fiara lo

que son capaces otros pueblos de nuestra misma cultura. La realidad es que pese a la crisis de sus

formalismos tradicionales la democracia está ahí; está ahí como un hacho que en el orden político se

identifica actualmente con la^ civilización misma. Y el propio José Antonio, que viví" como nosotros,

presionado por la imagen de la crisis de la democracia y reaccionó contra ella, dijo, sin embargo, que la

aspiración a una vida democrática libre y apacible será siempre el punto de mira de la ciencia política por

encima de toda moda».

SISTEMAS DE AUTORIDAD CONCENTRADA

Es que si mi pueblo necesita en ocasiones un sistema de autoridad concentrada no puede • "vivir

eternamente en esa forma. La autoridad es el quicio y fundamento de toda comunidad; y sin autoridad la

vida civil es imposible. Ahora bien, hace jaita que esa autoridad aglomere, interese y cítente con vita vida

civil rica; porque de otra manera la disolución social también se produce. Una autoridad no representativa

ni controlada está amenazada siempre por la anarquía como juicio final de su propia. irrcsponsabilidad.

Es preciso *que el poder frene al poder*. Ya sé que algún doctrinario me dirá que esto no es nuevo, pero

sigue siendo cierto y necesario. No se traía con ello de obstaculizar ni de entorpecer la acción del poder

publico ni de hacerle marchar hacia atrás; presentar las cosas así también es hacer demagogia. Se trata de

distribuirla y controlarla para que la marcha sea recta y se eviten daños, atropellos, despiltarros y todos

los peligros del arbitrismo. (Y digamos de foso que el insigne autor de la famosa teoría sobre los límites^

del Poder para evitar el abuso en su ejercicio no usó nunca la expresión ^división de poderes-».)

Tampoco es nuevo el tema de ala paríicipación> y, sin embargo, no puede ser mas actual y necesario para

hacer viables la convivencia y una obra de educación civil de las conciencias que entrene a los ciudadanos

en el sentido del deber y de la responsabilidad, cosa que nunca podrá lograrse sin poner o prueba esos

sentimientos abriendo vías faro la -intervención de todos en la tarea pública.

ASOCIACIONES Y PARTIDOS

Esta- consideración nos pone ante el debatido problema de las asociaciones políticas destinadas a

expresar la variedad de pareceres sobre materias de administración y de gobierno, tema delicado: pues o

se escamotea el problema o se tratará ¿e alejo muy parecido a los partidos políticos, por los que tenemos

tan poca simpatía porque fucron factores de disgregación. Pero hablando con rigor tal -vez pueda decirse

que los partidos en España, nunca han existido, pues los sedicentes partidos eran sólo grupos de

ciudadanos o camarillas en torno a, míos jefes que eran las más de los veces simples agitadores, y que en

las ocasiones que fueron personalidades brillantes de gran inteligencia y patriotismo, Prácticamente

hacían poco más que alardes de oratoria. Entretenidos en la busca de clientela y en la captación de

sufraqias—el sufragio prostituido, como apostrofó Maura.—, resultaban insensibles a los contenidos

esenciales de los fines políticos y faltos de proyectos de.vida en común. Sin embargo, diqamos

honradamente que no todo el rual era consecuencia del material humano que dirigía y enqrosaba aquellos

partidos, sino principalmente de la ausencia de una normativa adecuada que los regulase; que estableciera

derechos v deberes, límites y responsabilidades y que controlase la participación del pueblo en el

Gobierno para la que es necesario abrir con anchura cauces por los que discurran a cielo descubierto las

corrientes de opinión, entre márgenes firmemente establecidos para evitar desbordamientos. ^Conste que

yo no lomo partido: me limito a discurrir sobre el tema.*

Se trataría de buscar y encontrar, sin mengua del reconocimiento del pluralismo ideológico, los

expedientes, y recursos necesarios para impedir que el partidismo conduzca a la disolución. Hasta el

presente, que yo sepa, no existe otra_ posibilidad que la del estatuto de los partidos u organizaciones

políticas, cavío quieran llamarse, Para establecer los limites y condicionamientos indispensables y para

exigir requisitos de número, medios de financiación y respeto a una ley de juego excluyente de la

violencia y de la traición. «Reconozco que es tarea difícil, _ pero par otro procedimiento también es

difícil concebir tin esquema político de convivencia y seguridad, ya que lo, forma- de la representación

orgánica «parcializa* la visión de los problemas^ políticos en conjunto y deja la ^contestación* en la

calle filas, como para todo, por encina de las líneas formales, del sistema—y precisamente para su firme

establecimiento—, el problema es de calidades humanas: de mentes claras, de hombres competentes que

nada tengan que ver con la jerga patriotera sino con nn Patriotismo recto y profundo, como es el deseo—

manifiesto o silente—del mejor pueblo español y el. sentido ético y el instinto moralizador del Ejército,

qite es el pueblo mismo como bien se ha dicho.

 

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