Desarrollar la Constitución     
 
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Ver, oír y... contarlo Desarrollar la Constitución Ortí Bordos escribe en "La Vanguardia:

"Soy de los que piensan, y asi lo manifiesto, que aunque en nuestra Constituclón existan normas de aplicación Inmediata que todavía esperan ser llevadas a la práctica, otras hayan sido desarrolladas de manera restrictiva y algunas no hayan sido completadas a nivel de ley ordinaria, lo cierto es que en ella se dan los supuestos mínimos necesarios para hacer factible nuestro prolongado entendimiento como pueblo.

A mayor abundancia, las "Leyes Fundamentales actuales permiten, utilizando un criterio amplio en su aplicación, una extensa gama de opciones políticas de corte evidentemente macho más democrático y liberal que la que ofrece nuestra actual realidad política", tal y como «e puede leer en un reciente informa o dictamen constitucional que va a acaparar, sin dada, mucha atención en los próximos meses.

Creo que estamos de acuerdo en que una Constitución conocida y respetada exige siempre la rigurosa aplicación de todas y de cada una d« sus normas. Quiero decir con ello que, a mi entender, ha llegado el momento del desarrollo legal de los principios de la Constitución española, algunos de los cuales, pese a su trascendental relevancia, pese a su continua Invocación desde las áreas oficiales y pese a las indudables potencialidades que albergan, todavía signen residenciados en una especie de limbo de la snperlegalldad, del que no sé derivan las debidas consecuencias prácticas.

A la hora de pergeñar una brevísima lista de ejemplos de los principios consagrados por I» Constitución española que todavía no han tomado encarnadura real no vamos a referirnos una vez más al que en su día suscitó las más frescas esperanzas en la vitalidad, capacidad de respuesta y ánimo de futuro del régimen, es decir, al del contraste de pareceres sobre la acción política, pero si a otros dos de capital Importancia.

El principio de unidad de poder y coordinación de funciones, al que no cabe considerarlo tan sólo como Una contraposición a la separación de poderes en la que se basan lo» sistemas liberales ni como una mera concreción del pensamiento corporativism, ya que late en él el vivo deseo de aproximar al Estado a la realidad de nuestro tiempo, Impera, en efecto. que las funciones del Estado estén debidamente coordinadas. Lo que no exige es que éstas se encuentren conjuntadas, mezcladas o confundidas. En realidad, la novedad que en el orden constitucional entraña tal principio puede resultar falta de valor o de eficacia si-persiste por más tiempo el enorme vacío en el que en materia de Incompatibilidades nos encontramos. Vacío que, además de no estar en consonancia con uno de los principios más destacados de nuestra Constitución, limita hasta el despilfarro el número de miembros activos de la clase política del régimen y mlnimaliza en exceso la posible aportación al bien común de aquellas personas que simultanean su presencia en los altos cargos de la Administración con su pertenencia a las cámaras del país. De la misma manera, el principio de representatlvldad es uno de los que, con acierto Indudable, proclama la Constitución española. Nuestro sistema político es- un sistema de carácter representativo, y tal" carácter obliga a la adopción de determinadas decisiones en todas tas esferas de nuestra vida pública.

Pienso, en muy principal lugar, en nuestras corporaciones locales y provinciales y me pregunto st tiene justificación que desde 1967 estén esperando que se haga verdad para ellas un principio constitucional como el que nos ocupa. La elección de sus presidentes es algo que no admite nuevas esperas, cualquiera que sea la suerte que se le tenga reservada ni proyecto de ley de bases de régimen local, sobre el que urge una definición del actual Gobierno, en virtud precisamente de sus declarados propósitos de proceder al desarrollo de nuestra Constitución."

 

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