La cultura como universal patrimonio     
 
 ABC.    31/10/1972.  Página: 30. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

LA CULTURA COMO UNIVERSAL PATRIMONIO

El grande y decisivo condicionamiento que ejerce la cultura en los sistemas políticos, en las acciones y

reacciones sociales, en la convivencia ciudadana, en la orientación o tendencia vital de las comunidades,

es tema suficientemente conocido para los teóricos de la política y asunto qué, por experiencia directa,

atañe directamente a los políticos. En los últimos tiempos, en todo el mundo, aparece el problema de la

cultura —que es el problema de su difusión— gravemen acentuado. Por dos cosas: por su importancia

intrínseca y por el generalizado desarrollo material o económico de las comunidades, fenómeno este que

no ha sido paralelo al desarrollo cultural.

Sensible, atento, consciente en grado sumo de las inquietudes más acuciantes del presente político, José

Antonio Girón de Velasco, en su dilatado y profundo discurso ante el Consejo Nacional, ha dedicado

pensamientos que merecen, sin duda, comentario al importante problema de la cultura; de su expansión

social, de sus positivas consecuencias, de sus posibilidades y sus virtudes políticas.

El eje principal de su razonamiento resulta muy claro: nada separa más a las clases o estamentos sociales

que las diferencias culturales, y nada, en cambio, hace más posible, mas efectivo, el diálogo y el

entendimiento entre los mismos que el disfrute, logrado, de un análogo o igual nivel de cultura.

«L? segregación más irritante que puede producirse en una sociedad como la nuestra —ha subrayado

Girón— es, sin ningún género de dudas, la que produce una desigualdad de cultura. Esa desigualdad

malogrará siempre los mejores propósitos de entendimiento que puedan producirse entre las distintas

clases sociales.»

Lógico es suponer que predomina en la intención del discurso un propósito de incitación a la promoción

plena de una política cultural —coordinada, bien planificada y verdaderamente eficaz— sobre cualquier

propósito crítico concreto o circunstancia], pues por conocido queda al margen el esfuerzo realizado ya en

favor de-la extensión cultural.

Así lo entendemos porque Girón plantea, en su discurso, el tema de la cultura en ámbito muy amplio y

con hondura radical. Porque considera a la cultura clave de la libertad; con lo cual, por cierto, se asienta él

mismo, como político y como pensador político, en la estimación más noble y clásica de la cultura.

La cultura, clave de la libertad, porque es la única fuerza, una vez difundida a todas las clases sociales,

capaz de-proporcionar a todas iguales posibilidades y oportunidades de acceso al poder, a la opinión y a

la decisión políticos. Y sustentado un orden social en el equilibrio o identidad de la cultura, podrán las

libertades esenciales del hombre, podrá la libertad social, alcanzar su proyección máxima.

En el orden de estas ideas se propone, en el discurso que comentamos, el sugestivo propósito de una

revolución cultural, capaz de «crear el clima común en que la paz social puede servir de base a la justicia

social». Y en este sentido, la revolución cultural —sin adjetivos que no necesita, ni asociaciones de ideas

políticas que le estorban— es el presupuesto, obligado y cierto, de una razonable y necesaria revolución

social.

Una de las virtudes imprescindibles para cualquier política —aparte su peculiar signo— es su capacidad

de convocatoria; es decir, su capacidad de suscitar, en la opinión social, ilusión posible y apoyo a un

propósito. En una palabra, adhesión.

El propósito de la difusión cultural sin fronteras sociales, de clase o de privilegio, el lema o bandera de la

cultura popularizada como patrimonio universal, corno bien comunitario, es política con auténtica

capacidad de convocatoria.

Podrá argumentarse o analizarse, luego, cuáles sean los medios económicos para realizarla, o de dónde

deban salir, o sobre qué ´otras prioridades tendrá que prevalecer. Pero quizá es hora de advertir —sin

limitarnos a referir la realización a la acción administrativa— que ya existen en el entramado de

organismos, departamentos e instituciones del país, cuantiosos fondos dedicados a la expansión,de la

cultura y que, seguramente, con una correcta coordinación de los mismos, aparte normales incrementos,

quedaría ya suficientemente potenciada la plenitud de la política cultural. Forma o medio directos de

investir de plenitud la política toda; la que se escribe con mayúsculas.

¿Qué hace falta, en suma? El convencimiento, sin dudas ni vacilaciones, de que debe ser así. De que la

cultura tiene prioridad política indiscutible.

 

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