Girón, en la Mutualidad Laboral de Comercio:. 
 "Juramos sobre nuestros muertos llevar a cabo la revolución nacional"     
 
   18/12/1973.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

VIDA POLÍTICA

GIRON, EN LA MUTUALIDAD LABORAL DE COMERCIO:

«JURAMOS SOBRE NUESTROS MUERTOS LLEVAR A CABO LA REVOLUCIÓN NACIONAL»

MADRID, 18. (LOGOS.}-«Tengo el deber de proclamar, aquí y ahora, la íntima satisfacción que me

produce este reencuentro con vosotros, hombres y mujeres de ía Mutualidad Laboral del Comer ció», dijo

ayer don José Antonio, Girón de la Mutualidad Laboral del Comercio.

Vivirnos tiempos difíciles. De una y otra orilla del mundo emerge, sombría, una ola de temor, una sucia

nanera de intereses enfrentados, un aire de presagios tormentosos, un oscuro vaho de confusión y

desorden, de corrupción y egoísmo, de insolidaridad y desentendimiento. ¡Qué fácil es amigos, el

diagnóstico de este abrumador cuadro patológico !... Por distintos caminos se encuentran, se funden y se

confunden dos interpretaciones materialistas de la vida y de la historia: el mundo comunista y el mundo

capitalista llegan a una misma y trágica encrucijada. Frente a ella se alzan, aquí y allí, las protestas

contestatarias y se anegan, en el cieno de ía podredumbre, las más curas fuentes del espíritu.

Y es precisamente en esta hora en la que, por paradoja el español medio se desayuna cada mañana con la

Inevitable divagación, servida. a domicilio, sobre la libertad en su exclusiva y excluyente acepción

política, tal y como si la panacea de los males de un mundo convulso residiese en la proclamación «Urbi

et orbi» de esa ¿nica libertad, en la versión -.ancia, conmovedora y estereotipada Que pudiera representar,

frente al despotismo, los gemidos balbucientes de las Cortes de Cádiz. Pero ¿cuántas veces «e les habla a

los trabajadores de la libertad económica, o de la libertad de cultura, o de lu libertad de mando y de

poder?. Esos predios estan ocupados siempre por quienes, con mayor empeño y ahinco, ponen en

circulaciónr en estos instantes de dimisión revolucionaria o de desorden unlversalizado, la vieja moneda

de cuño demoliberaL Es como si quisieran decirnos: "Señores, aquí no ha pasado nada" Pero nosotros

sabemos que en España han pasado demasiadas cosas que no va mos, que no queremos olvidar. No vamos

a olvidar nada y no vamos a olvidarlo precisamente por nuestro compromiso inicial con el pueblo

español, y por ese compromiso no podemos tranquilizar nuestras conciencias mientras un solo-niño

permanezca sin escuela o un peón irredento busque pan fuera de España. Nada de esto podemos olvidar,

pero exactamente por la razón contraria a la que quieren atribuirnos. No es la razón de la melancolía o :a

añoranza, es que juramos sobre la sangre de nuestros muertos llevar hasta el último de sus propósitos

Iniciales la revolución nacional y no podemos darnos por contentos aunque la obra realizada sea

gigantesca y haya cubierto, en treinta y cinco años, lo que en la vieja política hubiera necesitado dos

siglos.

PLURALISMO

Nadie predicó en la vieja Falange la necesidad de tapar «sine die» la boca del discrepante, y, en cambio,

desde sus primeras manifestaciones públicas hasta su defensa ante el Tribunal que le juzgó y le condeno a

muerte, en Alicante, nos explicó José Antonio que ía culminación tie nuestra obra tenia otro objeto que

consolidar unos siglos de vida democrática, capaz de devolvernos, en paz, la alegría de la patria, el pan y

la Justicia. Tampoco nadie, entre nosotros, aspira a la inmovilidad o a la simple nostalgia de un tiempo

que sólo representa una etapa en el proceso histórico del régimen del 18 de Julio, un proceso que fue

pluralismo desde su origen en aportaciones e individualidades y distribución del Poder. Somos los

primeros en desear que ese pluralismo se clarifique y no se uniforme; que ese pluralismo discurra

ordenadamente. Todo eso se espera, sí; pero lo que de verdad espera el pueblo español es la culminación

de la* empresa revolucionaria prometida, y si hablo de la vieja Falange y si cito constantemente a José

Antonio es por dos razones esenciales: primero, porque en ningún momento puedo, debo o quiero negar

mi origen, sin pretender con ello hacer una exhibición doctrinal en la que tantos nombres me superarían

por razones intelectuales y formativas, y segundo, porque, quiérase o no se quiera, José Antonio en su

verdad política —más allá de lo circunstancial— permanece vigente y esperanzador, quienes se apresuran

a nacionalizar su figura histórica de-~ben ser consecuentes y «nacionalizar», sin titubeos, su doctrina

revolucionaria.

Sí, representatividad; si. participación; si, gestión. Pero no para ponerlas como brillantes tapaderas de una

olla de caldo sucio, no para servir de triptico a un feroz materialismo económico, disfrazado de

benevolente y comprensivo, sino para constituir el sólido frente de un avance social que reclama, en la

vanguardia de esta triple frontera, la presencia de los mejores... de muchos de esos que embaucados por

no sé que extraños sortilegios, creen hoy encontrar la solución a sus justas reivindicaciones, acudiendo a

la convocatoria soez del grito, la algarada callejera o el ladrillazo contra unas Instituciones que fueron

creadas precisamente para recabar esa viril presencia y ponerla al servicio de la revolución y de la Patria.

 

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