Autor: Aguilar, Emilio. 
   Los más fuertes aplausos     
 
 Pueblo.     Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LOS MAS FUERTES APLAUSOS

VIDA Nueva» dedica una gran atención en su último número al discurso de Girón en Valladolid. Un

editorial («La Iglesia según Giren-) y un comentarlo a doble página que firma Segundo Arteche. En

ambos espacios se subraya que el párrafo más entusiástica y largamente aplaudido del discurso de Girón

fue el siguiente: -...Quiero aludir a las muchas veces que los representantes de (a Iglesia, llevados de su

celo apostólico, se introducen, acaso sin proponérselo, en el terreno de la economía, en el campo de la

política, en el área de lo civil.» Es curioso recordar —todos los que estuvimos presentes lo recordamos

con claridad— que los mayores aplausos que se oyeron en el coloquio sobre relaciones Iglesia-Estado en

la Asociación para ef Estudio de los Problemas Actuales, correspondieron al canonista señor Pérez

AThama, cuando aludió a ía necesidad de la separación de la Igtesia y el Estado, a que la critica de la

Iglesia al Estado debe ser correspondida con una critica del Estado a la Iglesia y al hecho documentado de

que la confesión alidad del Estado español se debía a una imposición vaticana, que la pasó como requisito

«sine qua non» para pactar el Concordato...

EL problema general no es lo que haya dicho Girón —que no es una postura coyuntural en él, ya que no

hace sino ser consecuente con los puntos del programa político que profesó y profesa—, sino el de que el

ejercicio de la política por Jos clérigos se suele hacer dentro de la ambigüedad. Más claro: a la hora de

hacer manifestaciones de este tipo no se prescinde de la investidura sacra ni se deja de utilizar la cátedra

sagrada. £] problema no es de este Estado concreto, sino que lo fue de los pasados y será de los futuros.

El Estado español, particularmente —y no hablo del Estado actual—, ha tenido siempre en la Iglesia

católica una carga pesada (carga que no vamos a negar quizá haya sido compensada con bienes

espirituales invaluables). Mientras en otros países (la Inglaterra de Enrique VIH es el ejemplo más

significativo y conocido) la Iglesia ha sido convertida en instrumento del Poder pura y llanamente,

atribuyendo al mismo la cabeza de la Iglesia, en España, particularmente, el Estado ha tenido que luchar

contra un «papismo más papista que el Papa», cuya trascendencia puramente política se puede calibrar

fácilmente. O al menos eso es lo que piensa et español medio, y así deben interpretarse esos aplausos

sobresalientes que reseñamos.

EL problema —insistimos—, de siempre, de cualquier régimen, de cualquier Estado y de cualquier época,

es que los eclesiásticos actúen politicamente sin despojarse del carisma, sin abstraerse del sacramento del

Orden. Cuando Pablo VI, el 7 de mayo, recomienda el voto a la democracia cristiana no está hablando -ex

cátedra», pero es el Papa. Cuando, con lo que «L´ Express» llama -discretas presiones» sobre Pablo VI, se

trata de ampliar el llamado —por el mismo semanario— «clan francés en el Vaticano», y, al parecer, ha

sido llamado Danielou al Vaticano, para llamar después a Marty, es oportuno preguntarse qué sentido

tiene en una Iglesia universal el reforzamiento de los prelados vaticanos procedentes de éste o aquel país.

HABRA que reconocer que es anacrónico («coincidimos —dice "Vida Hueva"— literalmente con Luis

Apostúa»! prohibir a los eclesiásticos actuar políticamente (con esa salvedad de que utilicen el lugar, la

aureola, la ocasión sagrada), pero ese anacronismo que llama "Vida Nueva" «de siglos», sólo se ha

advertido hace muy pocos años por los que ahora lo denuncian; es un anacronismo de coyuntura. Y, ¿por

qué callarlo?, un anacronismo ideal, mientras los fieles no lleguen a un estado de madurez que les

capacite para distinguir al sacerdote y al ciudadano opinador, para despojar a las opiniones políticas de los

eclesiásticos de cualquier aureola sacra y ejercer una critica libre de las manifestaciones de la

superioridad eclesiástica. Y esa madurez debe llegar con ayuda de sus mismos pastores.

 

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