Autor: Franco Pasqual del Pobil, Nicolás. 
   Evolución y Reforma     
 
 ABC.    24/01/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 26. 

EVOLUCIÓN Y REFORMA

AUN reconociendo el carácter convencional del cómputo del tiempo hay fases y circunstancias

en que nos parecen cobrar mayor sentido y profundidad lae campanadas del reloj

(aldabonazos, goteo, golpes de azada en tierra). Un primero de mes, el comienzo de un año,

Invita a programarse, como un treinta y uno sugiere cierre de balances; cada domingo, cada

estación, cada ciclo es frontera de lo que acaba y lo que empieza. Porque todo final lleva a un

principio en esta apasionante carrera por etapas que es la vida de los hombres y da los

pueblos.

Cada ciclo nuevo es nueva etapa en el proceso de la evolución incansable. Y a cada etapa

corresponden nuevos condicionamientos y nuevas exigencias.

El pasado diciembre aprobó el Consejo Nacional un documento sobre desarrollo político. Tanto

el Estatuto Jurídico del Derecho de Asociación Política como el debate que acompañó su

gestación son sintomáticos de que una nueva conciencia colectiva está alcanzando ya unos

niveles que hacen imposible ignorarla.

La evolución de un pueblo es ineludible por más que pueda temporalmente frenarse ¡\ ritmo de

su marcha. Evoluciona lo que está vivo, y ese desarrollo natural evita precisamente los traumas

y los saltos mortales que acarrearla una prolongada represión de tal tendencia.

Cuando Jenner lanzó su sorprendente descubrimiento de la vacuna, la reacción instintiva fue

casi unánime: ese hombre está loco; ¿cómo se va a poder curar una enfermedad Inoculando

una dosis del virus mismo que la .provoca?

Hoy, Jenner es uno de los grandes en la Historia de la Medicina y la viruela no pasa de una

amenza casi inofensiva por lo fácil de conjurar.

Algo de esto pienso que ocurre con el concepto de evolución: aparentemente es casi una

revolución {sólo le falta esa erre de refriega, de rabia, de resquebrajamiento). Podríamos decir

que la evolución contiene una fuerte dosis del virus, y que por eso mismo una evolución

adecuada constituye la vacuna (deal contra cualquier revolución.

En esta tierra nuestra no parece que hayamos sido muy dados a evoluciones ni a reformas. Lo

primero quizá sonaba a darwinista, y lo segundo a luterano (aquí se han dado siempre «mejor»

las contrarreformas).

La evolución es un proceso natural, despliegue espontáneo de virtualidades exigentes, y va

produciéndose como una cadena de respuestas ante otras tantas situaciones que actúan como

reto o estimulo.

La reforma, en cambio, implica reformadores y voluntad de cambio. Si para evolucionar

normalmente basta con vivir inmerso en una sana vida de relación y mantener despierta la

sensibilidad y la capacidad de reaccionar, la reforma exige algo más: voluntarias tornas de

posición, decisiones personales. Por ejemplo: la superación de los sistemas clasistas es

evolución; la expresa derogación de privilegios, reforma. El ocaso de los poderes personales,

evolución; introducir determinado sistema electoral, reforma.

La evolución no se programa; sencillamente se produce. Y las ideologías que se marginan de

la gran corriente evolutiva, mueren por inadaptación al medio.

Las reformas, si se programan. No hay más remedio que programarlas. Y con tanta

mayor urgencia cuanto más desfasado esté el organismo a reformar (desfasado en si mismo —

entre su sistema teórico y su realidad viva— o desfasado con respecto a sus contemporáneos y

vecinos).

Ante el umbral de un nuevo ciclo histórico se nos impone apremiantemente una doble tarea:

acelerar el ritmo de una evaluación que arrastra un paso lánguido y cansino, y efectuar una

serie de reformas, muchas de las cuales eran ya urgentes al empezar el siglo XIX.

Se nos presenta un reto, aquí y ahora: el de impulsar valientemente al país por donde éste

desea y necesita ser impulsado.

Se impone un proceso de democratización, que ha de aspirar al control del ejecutivo; que

requerirá un esfuerzo de sinceridad y madurez para la definitiva articulación y libre juego del

pluralismo político; que nos llevará a actualizar al máximo nuestra legislación electoral,

exigiéndonos una representatividad cada vez más depurada, y haciéndonos modificar cuanto

sea preciso para dar a nuestro sistema una credibilidad básica no sólo ante sí mismo, sino

principalmente ante el destinatario final de toda acción política que es el pueblo español.

Hemos de acelerar, pues, en lo posible este impulso apenas iniciado de evolución política y de

reforma social y económica.

Y, ante iodo, si el futuro son las instituciones, es preciso que todas las instituciones de nuestro

orden politico, desde el Rey hasta los más reducidos Ayuntamientos del país, reciban el

máximo apoyo, que redunde a la vez en su prestigio y en su eficacia at servicio de España.

Sólo lo auténtico, respaldado por la legitimidad que sepa darle la voluntad mayoritaria del

pueblo, tendrá un lugar en nuestro futuro nacional.

Y entre las instituciones, requerirán especial protección y apoyo las asociaciones políticas, que

juzgamos deberán participar en los procesos electorales.

En efecto, la presentación de candidatos por parte de las asociaciones políticas constituye un

proceso de clarificación insustituible. El pertenecer a determinada asociación, y sobre todo el

haber merecido la confianza y el respaldo mayoritario de sus miembros, le da ya al electorado

unas coordenadas de referencia útilísimas para.situar políticamente a un candidato. Cualquier

otra cosa es elegir a ciegas. Y elegir a ciegas sería rellenar la cascara de un sistema

democrático con un contenido de insensatez.

Por et bien de España, nos interesa a todos saber qué piensa cada cual, dónde está y qué se

propone. Es preciso llamar a las cosas por sus nombres, mirar cara a cara a la realidad y no

ofuscarse en una política de tubos de escape. Cualquier otra actitud nos envolverla en una

tiniebla desorientadora, impidiéndonos contemplar, cuando más lo precisamos, un horizonte

despejado.

El extender el derecho de voto a los dieciocho años está en la misma línea de abrir horizontes y

de dar paso a una nueva primavera, que tiene el mismo derecho que han tenido todas las

primaveras del mundo. Las flores siguen brotando a millones por toda nuestra tierra, y cada

primavera, cada ciclo vital, trae una vida joven, nueva, restallante, para todos los que quieran y

puedan compartirla.

Hay que escuchar de1 una vez este clamor de juventud, de una juventud más madura, más

rápida en todos sus procesos vitales, con más prisas por actuar y por participar en las tareas

comunes.

Otro punto en que la evolución y reforma resultan apremiantes es el desarrollo de las libertades

y derechos, y en un sentido más amplio el desarrollo social en sus diversas vertientes.

En enero de 1972 dijo el Caudillo que «no sólo no somos enemigos de la libertad, sino que

aspiramos a un puesto de vanguardia en su defensa». Un país en que hoy dia no se reconozca

y respete el ejercicio de las libertades y derechos universalmente conocidos, es un país que no

ha cruzado aún el umbral de salida del subdesarrollo social y político.

En lo tocante a desarrollo social, es evidente que una plena y profunda reforma social aún no

se ha hecho en nuestro pueblo. Se han dado pasos hacia ella, pero como con miedo. Y nunca

hay que tenerle miedo a la eliminación de la injusticia.

He ahí una tarea inaplazable: evolución impulsada, encauzadora de la máxima cantidad posible

de adhesiones, del mayor caudal posible de consensus público; reforma social y económica

(reforma fiscal, distribución de la renta, nivelación de las cargas sociales, reforma de) suelo,

acceso indiscriminado al crédito, regulación jurídica de los conflictos colectivos —que deben

vertebrar libremente tanto las asociaciones patronales como las laborales—, reorganización

audaz de las estructuras de comercialización, de las explotaciones agropecuarias, etc.).

Es labor de todos,, por vía de ejercicio de Poder y por vía de critica, hacer posible esta

andadura de evolución y reforma. Quizá sólo así se pueda ofrecer una realidad convincente, de

brazos abiertos, a los sectores que siguen viendo con recelo este proceso democrático, y que

incluso se marginan por considerarlo muy lejano o extraño a sus aspiraciones.

En este momento, en esta hora de España en que es de justicia reconocer el fruto de una

ejemplar y prolongada labor que ha mantenido unidos a nuestros hombres y nuestras tierras

por encima de tantas divergencias; como testimonio de reconocimiento a quien se ha

identificado como nadie con un siglo entero de nuestra Historia, y como la mejor siembra para

un nuevo ciclo vital que nos aguarda, esta evolución política y esta reforma social y económica

serán la contribución más positiva y responsable para la construcción de ese futuro.

Nlcolás FRANCO PASCUAL DEL POBIL

 

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