Autor: Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. 
   Acción Española     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ACCIÓN ESPAÑOLA

QUIZA sea Acción Española nuestro movimiento cultural contemporáneo más menesteroso de justicia

histórica porque, salvo juicios aislados sin eco bastante, todavía no se ha, valorado fielmente ni su rango

literario, ni su nivel intelectual, ni su carga política. Una impetuosa • y argumentada instancia para

replantear la cuestión ante el alto tribunal de los,tiempos es el recentísimo libro "Acción Española" de un

vigoroso escritor dé veinticinco años, ja habitual en estas columnas, Luis María Ansón.

Desde que arribaron a nuestros puertos los dieciochescos navios de la Ilustración impulsados por un

transpirenaico mistral, los valores culturales empezaron a cambiar de signo. El saber se hizo

revolucionario y heterodoxo. En conjunto, nuestro XIX registra un considerable retroceso del

pensamiento tradicional. La Institución Libre de Enseñanza y el movimiento noventayochista consumaron

el giro. Desde principios de siglo las patentes de navegación intelectual las expidió, prácticamente en

régimen de "monopolio, la llamada izquierda, un nombre que por fortuna ha perdido casi todo valor y

sentido. Excepción insigne fue aquel solitario, erguido como un volcánico alcor sobre la rojiza llanada:

Menéndez Pelayo. Cuando se produjo el derrocamiento de lo que Azcárate llamaría el último ´´obstáculo

tradicional", es decir, la Monarquía, la tradición se encontraba ya ideológicamente inerme, "sin las

razones de su razón", según la certera fórmula de Montes. Para reparar este desnmparo se aunaron en la

obra fundacional los esfuerzos de Ramiro de Maeztu. de Eugenio Vegas y del marques de Quintanar. Así

nacieron la solidaridad .amistosa y el esclarecedor diálogo, -el equipo meditador y la revista que portaba

su voz: "la más bella escuela—como quintaesencia Ansón—para los enamorados de la Tradición

española".

El mensaje de Acción Española no vino dicho en el agarbanzado castellano del Filósofo Rancio sino en la

prosa culta y recamada de Eugenio Montes, en la enjuta pulcritud de Rafael Sánchez Mazas, en la

seductora elocuencia poética de José María Pemán, en la sobriedad densa y martilleada, de Ramiro de

Maeztu, en la incisiva corrección de Jorge Vigpn, en el terso clasicismo de José Luis Vázquez Dodero. El

hecho era insólito: se creía en Dios y en España con voluntad de estilo. Aquél,no fue el impacto del 98 en

la mentalidad contrarrevolucionaria, sino más bien el renacimiento del buen temple tradicional, el de

Francisco de Quevedo o Luis de Granada. La primera gran, victoria de Acción Española fue

la.reconquista del idioma. Y se alcanzó en la adversidad institucional, es decir, muy contra corriente,

porque, como sentenciaba Nebrija, la lengua sigue siempre al Imperio.

Pero se hizo algo más grave y decisivo : se alzó un banderín de enganche intelectual. La tradición es un

sistema de usos y un esquema abierto de verdades conquistadas y sabidas; de ahí el peligro de que sus

seguidores se limiten cómodamente al aprendizaje, se detengan reaccionariamente anclados, y renuncien

a la arriscada invención que es la continuadora cíe la tradición y, aunque, subsiguiente, la más alta

empresa mental. Los hombres de Acción Española reivindicaron la, razón creadora, y lograron afincaría

noblemente entre ellos. Doble fue la faena: redescubrimientó y actualización de verdades. El ariete de

aquella operación fue un" hombre que estaba de vuelta de´la otra orilla, Ramiro de Maeztu, con Unamuno

el más ideólogo de los noventayochistas, y el único de ellos que superó los planteamientos dé aquella

relevante promoción española. El predicó tenazmente la disciplina y el rigor lógicos, sembró incansable la

inquietud cultural y dio a la tradición el decoro intelectual que no tenía desde, la muerte de- don

Marcelino. Con Maeztu colaboraron también, entre otros muchos, Amezua, Arcilla, Arrarás, Calvo

Sotelo. Corts, Eliseda, González Ruiz, Lozoya, Julio y Leopoldo Palacios, Pemartín, Pradera, Riber,

Rodezno, Sainz-Rodríguez, Solana, Valdecasas, Valdeiglesias y Yanguas. La segunda gran victoria de

Acción Española fue la elaboración de una doctrina, más exactamente, la puesta a la altura del tiempo de

la concepción cristiana y española del mundo. Ello entrañaba principalmente una interpretación

menendez-peláyista de nuestro pasado, una idea del hombre como "res sacra" ,y una teoría monárquica y

popular del Estado unitario.

Luis Diez del Corral ha apuntado que Acción Española estuvo en "estricta dependencia francesa", confio

,que´ probablemente ha querido señalar al grande y denostado Carlos Maurras. Estimo que este juicio está

apoyado en indicios más bien superficiales como lo son ciertas citas frecuentes, algunn lectura,

recomendada y la analogía de un titulo. Acción Española no fue, desde luego, pura originalidad, ni pudo

serlo dada su índole tradicional, pero eoitre muchas de sus posiciones básicas y las maurrassianas hay

distancias astronómicas, ¿Cómo equiparar, el cartesianismo positivista, el nacionalismo excluyente y el

clasicismo paganizante de Maurras con el tomismo espiritualista, la hispanidad generosa y el barroquismo

ortodoxo que caracterizaron tantísimas páginas de Acción Española? En cualquier posible paralelo estos

contrastes son tan rotundos y palmarios 7omo inexcusables.

La huella de este breve y robusto movimiento en el suelo patrio es, por su magnitud´ y proximidad,

difícilmente ádvertible. Nos movemos sobre ella como liliputienses, y no es extraño que tomemos por

natural accidente órográfico lo que es,,en puridad, el vaciado de un talón del gigante. La España

tradicional, que ha sido hasta ahora la única viable, como ha demostrado trágica y reiteradamente la

experiencia, tiene con Acción Española una tremenda deuda, cuyo pago nadie reclama, pero que es de

imperios", justicia -anotar para lección de todos en el.gran libro de caja de la Historia. El título de esta

cuenta tan principal debe decir: españolización de España.

Gonzalo FERNANDEZ DE LA MORA

 

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