Constitución breve y rápida     
 
 Diario 16.    04/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Constitución breve y rápida

La ponencia constitucional continúa a ritmo de adagio la redacción del borrador

de Constitución. Los ponentes, imbuidos de su papel de padres fundadores de la

democracia española, se han propuesto, según parece, ofrendar al país y quizá al

mundo una constitución modelo en la que todo esté previsto. Con la futura norma

fundamental puede que algunos sueñen inaugurar una nueva etapa del

constitucionalismo universal. De ahí la parsimonia con que van dando a luz los

artículos, el cuidadoso manejo de los precedentes y el criterio exhaustivo con

que se abordan los sucesivos temas.

Los optimistas aseguran que en dos semanas habrá una primera relación completa,

pero la aparición de cuestiones conflictivas como la de las autonomías, que los

ponentes han preferido evitar para no discrepar, puede alargar mucho más estos

preliminares trabajos constituyentes. Además, aunque se lograra ultimar el

proyecto de texto sólo estaríamos al principio de un largo proceso que comprende

una discusión en el ámbito de la comisión, un debate en el Pleno y la ulterior

remisión al Senado.

En cada una de estas fases es de prever que muchos diputados y senadores quieran

aportar su granito constitucional, pues no todos los días se redactan

constituciones ni se superlegisla para las generaciones futuras. Puede suceder

incluso que el Senado -gajes del bicameralismo- no esté conforme con la

redacción remitida por el Congreso de Diputados, lo que obligará a reunir una

comisión mixta y, eventualmente, a una o varias sesiones conjuntas de ambas

cámaras. Finalmente, se requerirá la convocatoria, preparación y celebración de

un referéndum.

Sólo después del veredicto popular habrá Constitución, Y entonces empezará la no

menos compleja tarea de elaborar las leyes orgánicas que hagan operativos muchos

de los preceptos constitucionales. ¿Qué fecha llevará la futura Constitución? En

un alarde de humor algunos piensan que no se está redactando la última

Constitución del siglo XX, sino la primera del siglo XXI. Lo que no admite duda

es que un país como éste, desmantelado institucional y jurídicamente no se puede

permitir el negro lujo de una prolongada provisionalidad.

Nuestros constituyentes deberían recordar que las constituciones que han tenido

mayor perdurabilidad se han redactado en poco tiempo y sin ningún afán de

abarcarlo todo. En un verano, el de 1787, los Fathers Founding norteamericanos

redactaron su brevísima Constitución, que aún pervive. La Constitución que más

ha durado en Francia, la de la III República, es un conjunto de leyes

constitucionales sin pretensiones paradigmáticas, redactadas también en su mayor

parte en unas pocas semanas. La actual Constitución francesa es fruto también

del trabajo de otro verano, el de 1958, de una comisión cuyo texto se pudo

someter a referéndum en el mes de septiembre. La Constitución de nuestra II

República fue también obra rápida de unas Cortes elegidas en junio de 1931, que

en diciembre del mismo año, veían su obra terminada. Lamentablemente el verano

de 1977 no ha sido utilizado aquí para la redacción de un primer borrador como

muchos esperaban al día siguiente de las elecciones.

También en este tema y seguramente de una manera subsconciente se ha seguido el

patrón italiano. La actual Constitución de aquel país fue obra de un Parlamento

elegido en junio de 1946, que sólo acabó su trabajo en diciembre de 1947. Año y

medio para hacer una Constitución detallada, muchos de cuyos preceptos se han

quedado durante largo tiempo en proclamaciones retóricas sin aplicación

práctica. Un año fue también lo que tardó en redactarse nuestra famosa Pepa, la

Constitución de 1812, que sólo sirvió para la exportación, porque aquí apenas si

llegó a estar vigente- ¿Pretenden también nuestros parlamentarios contribuir al

equilibrio de la balanza de pagos con una Constitución exportable, aunque aquí

no llegue nunca a aplicarse?

El nuevo régimen democrático necesita cuanto antes una carta básica que, sin

perfeccionismos, regule brevemente los temas fundamentales de la vida política.

También aquí vale aquello de lo bueno, si breve, dos veces bueno. Una

Constitución breve y rápida sería el mejor servicio al país de unas Cortes que

fueron elegidas, sobre todo, para eso.

4 NOV. 1977 DIARIO 16

 

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